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Ricardo BórnezPedro A. González MorenoMenciona a:
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Jesús Hilario Tundidor
José Ramón Crespo Juan Carlos MestreJulio SantiagoManuel RicoMaría SalgadoMoncho Otero
Pascual Izquierdo Pedro A. González MorenoRafa Mora
Bio-bibliografíaManuel López Azorín (Moratalla, Murcia, 1946) Reside desde 1982 en San Sebastián de los Reyes. Allí fundó el
Colectivo Helicón de Poesía y Relato donde creó los cuadernos
La música de la palabra. Dirigió y presentó Tertulias de Autor a través de Canal Norte T.V.(1992-2000) Puso en marcha y dirigió el
Centro de Estudios de la Poesía en la Universidad Popular José Hierro(1996-2000); creó y dirigió la revista Poesía en la diana;
Y ha escrito los guiones de cortometrajes sobre Claudio Rodríguez, José Hierro, Rafael Morales y Rafael Montesinos. Colabora en revistas de ámbito nacional e internacional, está incluido en varias antologías y ha sido traducido al árabe y al inglés.
Obra poética publicada:
Marasmo (1986)
Vértigo, Premio Zenobia 1993.
Amar es mi ejercicio, accésit del Premio Joaquín Benito de Lucas 1997.
Versos para después de una película (1998)
Un sueño hecho realidad, romance de la fundación de San Sebastián de los Reyes (1999)
Libro del desconcierto Premio Rafael Morales 2000.
Azul de los afectos (2001)
Crónica de Babel Premio Almedina 2002.
De la vida y otros ríos (2003) y
La ceniza y la espuma (2008)
Su blog:
http://manuellopezazorin.blogspot.com/PoéticaLa poética está en lo que se escribe.
Yo me escribo a mí mismo para escribir a todos.
PoemasLa casa del olvidoEl hecho de escribir no es que me salve
de hacerle frente al mal, y de asumirlo
como entrada a la casa del olvido,
la casa de la cual nada se sabe.
El hecho de escribir, es que me vale
para poner al sol, mientras escribo,
la sombra en la que voy, como vencido,
envuelto en un temor que nadie sabe.
El hecho de escribir: sacar las dudas,
ahuyentar esta sombra que me envuelve,
dejar en el papel el miedo escrito.
Sé que el hecho de hacerlo no me cura,
pero alivia esta lucha que mantiene
mi vida con la casa del olvido.
Del libro De la vida y otros ríosEl miedoJamás el miedo tuvo casa propia.
Habita los rincones y socava los muros
para que pase el frío de la duda.
Penetra en los armarios, donde se guarda el sueño y la
( esperanza,
Junto al latido de todo lo querido y de las ilusiones.
No tiene casa propia. Se adueña de cualquiera,
si la percibe frágil, para debilitarla.
Puede erigirse en amo de las habitaciones y del tiempo,
de la decoración y de los actos.
Jamás permite el miedo que crezca, en la estructura, la
(confianza,
ni que la madreselva adorne la fachada con su aroma.
Desconcha la pintura con las vacilaciones,
aniquila la fuerza con dudosos adverbios…
y cierra las ventanas y las puertas
a certezas seguras, a posibles mañanas luminosos.
Deja, el miedo, la casa en la penumbra.
Con una arquitectura apenas sostenida, vacilante,
totalmente insegura, inhabitable… y sola.
Jamás el miedo tuvo casa propia.
Un molesto inquilino ha sido siempre.
De Libro del desconcierto
El valor relativoNo presumo certezas ni contengo verdades absolutas y nunca me cuestiono el valor relativo de los versos
ni la luz que desgranen
o la sombra que viertan las palabras
sobre quienes las lean.
Yo trato de encontrarme y de buscaros,
de abrazarme a la música
con su perfecto ritmo en las palabras,
en todos los sentidos.
No pretendo una estética concreta
ni solo contenido para escribir palabras y palabras.
Edificar la casa, darle luz a las salas,
sentido a los jardines, serenidad a todas las ideas,
sosiego a la emoción.
Las sensaciones…
ponerlas en su sitio.
Hallar conocimiento y desde él,
comunicar, si puedo, cuanto sé de lo vivido en mí,
(De ese tiempo que es mío y que me abraza
Como a todos vosotros.)
de lo que adviertan todos mis sentidos
sobre lo más hermoso, sobre lo más horrible,
para dármelo y dároslo.
De manera sencilla,
decir en lo que cuente mucho más
con las claves precisas del misterio y la magia
de lo que es poesía.
Abrir la caja mágica
para que vuelen las palabras, libres,
por todos los caminos,
por todos los senderos de la vida y el sueño.
(
Es cosa de entomólogos,
me dice el cazador de las libélulas,
el que atrapa la vida por las alas de sílabas
en un preciso vuelo de emociones y músicas,
es cosa de poetas.)No presumo certezas ni contengo verdades absolutas y sé bien que no importa
el valor relativo de mis versos
ni la luz que desgranen
o la sombra que viertan mis palabras.
Yo me escribo a mí mismo para escribir a todos
y ando perdido siempre entre las hojas
del claroscuro bosque en que habitamos,
acechando crisálidas,
tratando de buscaros, de encontrarme,
en este tiempo y esta historia nuestros.
(Y cómo darle caza al lepidóptero
si es cosa de entomólogos, poetas…)
Del libro Versos para después de una películaLA SIEMBRAPresentí la llegada de todas las tormentas
y seguí en la tarea de trabajar los días
porque el hombre es más hombre si se afana en los sueños
de hacerse mientras cuida los campos que le siembras.
(Es más fácil, después, que florezcan cosechas,
recoger algún fruto que alimente el latido,
crecer en el camino hecho con pasos limpios.)
Vi al tornado tragarse, con sus negros anillos, la esperanza,
yo seguí en la tarea de aprender caminando,
de corregir errores,
de arreglar los destrozos...
(Todo sueño persiste cuando existe el propósito.)
Vi la astucia de los vientos metálicos
cercenar todo aquello que impedía su paso.
Yo persistí en mi sueño,
resistí como pude, caminando,
buscando dónde arar para sembrarme.
De esta tierra de siembra surge, fértil,
cosecha que reparto para todos.
Y me siembro de nuevo.
Del libro La ceniza y la espuma