viernes, 8 de junio de 2007

MANUEL ARANA RODRÍGUEZ


























Mencionado por:
Carmen Camacho
Áreo Lórima
Valero Cortadura
Antonio García Villarán

Menciona a:
Luis Gámez
Gustavo Adolfo Romero
Enrique Zumalabe
Siracusa Bravo Guerrero
Javier Barrero
Jesús Cervetto
David Mena
María Alcantarilla
Rocío Bueno





Bio-bibliografía

Huelva, 1981. Licenciado en Filología Hispánica, actualmente cursa los estudios de doctorado. Codirige, junto a Manuel González Mairena, la Revista Chichimeca (http://www.chichimeca.net/) desde 2001. Ha publicado algunos de sus poemas en antologías como Antropología Desnuda. Poesía joven (2002) y Poesía por venir. Antología de jóvenes poetas andaluces (2004), y en las plaquettes Con la mejor intención (2002) y Jam Sessions (2006).



Poética

José Miguel lleva despierto demasiado tiempo. Tenía que haber dado ya alguna cabezadita. Pero no. Él sigue, erre que erre, esperando que pongan el capítulo de Ranma en el que, por fin, se reconcilia con Akane y viven felices para siempre.

José Miguel cree ciegamente en el poder salvífico del símbolo artístico, por eso, sigue esperando ese ansiado capítulo, a ver si esta vez no le pilla en el baño.




Poemas


…en un abrir y cerrar de orejas, las quejas se convierten en moralejas. Mi sombrero de ala ancha rueda por las rodillas hasta tocarme el último hueso del sentido común. Entonces, despierto, suspiro y comprendo. Cada una de las tajadas masticadas con un sonoro crujido de mandíbula estaban rodeadas de un halo de increíble alegría. No importaba el futuro. Quedémonos hoy con eso –me repetía-, y mañana será otro día. Porque este año todo va a cambiar. Estos paños no podrás secar. El engaño es una manta polar. Entremeses y sacas, placa-placa. Silencio. La función va a comenzar…




…shhhhh, shhhh, shhhh, sisea todo lo que quieras. Bracea con tus alitas de pollo loco. Contornea tus caderas, feliz en el agua, no esperes que salte. Shhh, shh, sh. Recula, amaga. Y hazme ahora un truco con los rayos negros que salen del rabillo del ojo. Sigue pareciéndote a todas las que veo, a todo en lo que creo. Redondea las puntas de los zapatos que me compro. Pero ¡espera!, ratona, espera. Mírame (cuando te hablo, cuando te escribo, cuando construyo luminosos alrededor de tu portal), mírame al entrecejo. Siéntate, escucha y engorda…



…innecesario, precario, impoluto, reaccionario, mal fario entre tus labios, tus ojos, mojo, cojo, estroncio, bario, radio, manojo de rastrojos que separan nuestros pupitres. Manejo la pluma como florilegios de floretes volantes. Te atribuyo sin compasión divinidades, sin prisa, más callao que un roto o un descosío, eso sí, cuento hasta quedarme sin respiración, hasta que apareces y las palabras desvanecen. Qué le voy a hacer si podemos alambicarlo todo, en la destilería clandestina de tus profundos, hondos, lirondos, me parto y me mondo, qué le hago, hija, qué le hago a estas alturas de la película…

jueves, 7 de junio de 2007

FRANCISCO RUIZ NOGUERA






















Mencionado por:
Aurora Luque
Diego Media Poveda
Raúl Díaz Rosales
Javier Pérez Walias
Mercedes Escolano
Paola Laskaris
Juan Carlos Martínez Manzano
José Cabrera Martos
Francisco Fortuny

Menciona a:
José Infante
José María Prieto
Luis Martínez de Merlo
Francisco Fortuny
Aurora Luque
Vicente Valero
Juan Antonio González Iglesias
Vicente Luis Mora
Eduardo Casilari
Remedios Orellana
José Luis Rey
Alberto Santamaría
Luis Bagué Quílez

y dos maestros:Alfonso Canales
Pablo García Baena



Bio-bibliografía

Francisco Ruiz Noguera (Frigiliana, Málaga, 1951). Profesor de Lingüística en la Universidad de Málaga. Fundador y director de las revistas El Laberinto de Zinc y Robador de Europa. Sus cinco primeros libros (Campo de pluma, La manzana de Tántalo, La luz grabada, Simulacro de fuego, Arte de restaurar) están recogidos en Campo de pluma (Poesía reunida), ed. y estudio de A. García Berrio, Málaga, Ciudad del Paraíso, 1997; con posterioridad ha publicado El año de los ceros, Madrid, Visor, 2002; El oro de los sueños, Madrid, Hiperión, 2002; Memoria (Antología), intr. de Vicente Luis Mora, Málaga, Monosabio, 2004; Materia griega, Córdoba, Cuadernos de Sandua, 2005. Ha obtenido la Beca a la Creación Literaria del Ministerio de Cultura (1989) y los Premios de Poesía Ricardo Molina (1989) y Antonio Machado (2002); en 2003 fue finalista del Premio Nacional de Poesía. Ha publicado numerosos trabajos sobre poesía contemporánea y poesía medieval española, entre ellos: Antología de la poesía española contemporánea, Ottawa/New York, Legas, 1991; Antología de la poesía medieval española, Málaga, Ágora, 1995; Frontera Sur (Antología de jóvenes poetas malagueños), Málaga, Puerta del Mar, 2007; y ediciones de la obra de Domenchina, Muñoz Rojas, García Baena, Alfonso Canales, Manuel Alcántara, Vicente Núñez, María Victoria Atencia, Pérez Estrada, José Infante.



Poética

Tres pilares —evocación, sugerencia, ritmo— levantados sobre los cimientos de la mirada, la memoria y el lenguaje. Todo es del dominio de la memoria y del ejercicio del recuerdo; del material que en ella se almacena se nutre esa celebración, narración o elegía que es, en definitiva, el poema; y es el ejercicio del recuerdo —buceo en la memoria con las armas del lenguaje— el que levanta la arquitectura del texto. Recordar es volver a mirar: así también la escritura, nueva mirada que se orienta, ahora, con una luz distinta —interior e interesada— a la de aquella otra que orientó la percepción primera. Tengo especial predilección por las miradas que se apropian del entorno y descubren en él lo que la apariencia oculta: siempre el juego de la sugerencia sobre el de la declaración explícita y plana. Se trata de embarcarse en una búsqueda con “aspiración constante de algo nuevo” (Juan Ramón Jiménez). Algunos tripulantes para llegar a buen puerto: Heidegger (la poesía, nueva “fundación del ser”), Rilke (“Sálvese de los temas generales y vuélvase a los que le ofrece su propia vida. Intente, como el primer hombre, decir lo que ve y lo que experimenta y ama y pierde”), Mallarmé (“El poema no se compone con ideas, sino con palabras”), Valéry (“La poesía es un arte del leguaje”), Cirlot (“La única dificultad verdadera de un poeta es el hallazgo de su propio lenguaje”), Stevens (“Todo poema es un poema dentro de un poema: el poema de la idea dentro del poema de las palabras”), Lezama: “Cuando me siento claro, escribo prosa; y cuando me siento oscuro, escribo poesía”), Juarroz (“El sentido que tiene la poesía es darle voz al sentido oculto”), Bachelard (“En los poemas se manifiestan fuerzas que no pasan por los circuitos de un saber”), Machado (“Palabra en el tiempo”), Gil de Biedma (“En mi poesía sólo hay dos temas: el tiempo y yo”). Y siempre: la arquitectura verbal de Góngora, la altura transparente de San Juan de la Cruz y la acidez brillante de Quevedo.



Poemas


La busca
J. A. M-R.

Miro cada detalle de este espacio:
el granado cercado por zarzales,
el lugar donde el pozo
no es más que una maraña
de juncos y de espinos,
la maleza que oculta la vereda,
los muros derruidos de la casa.
Intento levantar sobre esta imagen
—como raíz al agua,
en busca de su esencia—

la que vive, distinta, en la memoria.

Pero cada reclamo
es como una pavesa
que voló incontrolada y se detuvo
sobre un papel en blanco
y allí dejó su huella,
que, perdiendo la fuerza de su fuego,
esconde bajo el gris de la ceniza
sólo una mancha fría: un capricho tostado,
un breve cerco sepia, ya sin vida.

(De Arte de restaurar, Huerga & Fierro, 1997)





El año de los ceros / 2

¿Borrón y cuenta nueva?
La perfección redonda
del año de los ceros
no es más que un espejismo
que se esfuma en las sombras de la tarde.

Como todos los años
—sólo un juego de cifras—,
empieza cada día
el año de los ceros:
no es más que el territorio
donde escribir tu historia:

la tuya, irrepetible,
esa en que la memoria —suma y sigue—
va dibujando el trazo de una vida
titulada Francisco Ruiz Noguera
(que cada lector ponga su nombre en este verso).

(De El año de los ceros, Visor, 2002)




La rueda

Le vierge, le vivace et le bel aujourd'hui
Va-t-il nous déchirer avec un coup d'aile ivre
Ce lac dur oublié que hante sous le givre
Le transparent glacier des vols qui n'ont pas fui!

Mallarmé


Los ojos del que mira,
quitando el velo falso
que teje la costumbre,
van descubriendo el mundo cada día:

¿una ruleta franca,
o números marcados
sin un hueco previsto a la sorpresa?

Aquí otra vez mi frente,
mi boca, mis rodillas,
la diligencia viva de mis manos;

ahí el blanco del muro,
la quietud de los muebles,
la claridad rayada en la ventana;

y allí el destello débil
de los sueños pasados,
el territorio frágil del recuerdo.

Así la luz despliega,
con el ritmo de siempre,
este telón urdido por el tiempo
donde firman su tregua
el sueño del presente y la memoria:

una paz necesaria
para doblar, segura,
la hoja caducada de la agenda.

Como cada mañana
—mirando atrás sin ira
y mirando sin ira hacia el futuro—,
vuelve a girar la rueda:

la frente, los recuerdos,
las rodillas, las manos, la ventana:

el círculo gozoso de la vida
trazado con paciencia
por los puntos certeros
de la muerte escondida entre las horas:

los puntos que dibujan
el círculo vicioso de los días.

(De El oro de los sueños, Hiperión, 2002)

miércoles, 6 de junio de 2007

ROSA COMES


















Mencionada per:
Txus Garcia


Menciona a:
Txus Garcia
Montserrat Abelló
Tàsia Trigo
Mireia Calafell
Beñat Sarasola




Biobibliografia

Rosa Comes va néixer a Tarragona el 1973. És llicenciada en Filologia Catalana i tècnica de gestió cultural. El 2007 publicarà el primer recull de poemes en solitari: 3: Atzar (Arola Editors). La seva activitat creativa en el camp de la poesia s’ha concretat en la publicació de diversos poemes en reculls col·lectius i revistes: D’ard, Esment. Revista Catalana de Poesia, Dones i literatura: present i futur i 11 poetes a la Vaqueria 1999. De la seva poesia s’ha dit que “destaca per un llenguatge audaç i un estil ben poc autocomplaent”.

El seu bloc: http://blocs.tinet.org/poetiques




Poètica

El fet d’escriure poesia és per mi una manera de processar la vida, de donar un sentit a les experiències que vaig vivint i de transformar-les en temps propi. La poesia que m’agrada és sempre aquella que surt de les entranyes, aquella que no pot distanciar-se de la persona que escriu, aquella que no fuig de les paraules quotidianes i es refugia en una cuirassa formal, sinó que dóna un nou valor a les expressions més íntimes i més habituals del llenguatge.




Poemes


Que la carn es faci vers

Que la carn es faci vers
i que el vers es faci carn.
Que l’A sigui el llavi moll
i tremolós d’aquell punt àlgid
―febre de l’entrecuix―,
i que l’ungla del dit sigui
síl·laba encavalcada dins del sexe.
Que una M es faci pell:
pell de mà, melic, mugró,
mirada mig tancada de desig,
munió de cabells eriçats en el joc,
el joc de sempre i sempre nou,
la forquilla d’una N apassionada,
que insisteix en els punts febles
del plaer. Que el silenci
faci un crit a la metàfora
i que junts copulin sempre i sense fi,
sobre el llit ben escandit i rítmic
d’un poema etern i anatòmic.





Asma

Marxes del cap i perdo el ritme,
tot el que em diu i m’anomena.
És aquest l’últim poema que et dedico?
Cervell i atzar es contradiuen,
són repel·lents inconciliables.
I el nostre cos és una lletra
múltiple i asmàtica,
i cada gest es fa malgrat la voluntat,
fora-intenció, a batzegades,
fora del temps mil·limetrat i dèbil.
Si vols, emprenya’t, però és així.
El maluc s’encorba a costa
de la recta, els ulls s’aturen en el trànsit
malgrat les ganes de tancar-se,
l’ungla es desprèn tot i el dictat
de l’hora i de la contenció,
i el braç és part d’un alfabet
inútil per escriure històries.
La mà, el cap, la cella,
aquesta pestanya contra el vent,
viuen malgrat el teu constructe
i parlen i criden sense acord,
entretallant respiracions,
ignorant la connexió d’aquell sentit
que cerques, començant paraules sense fi
d’inconeguts significats que mai es defineixen.
Ets asma. Ets grafia. Accepta-ho.





La ciutat no va ser inhòspita

Fa dies que els punts se’m resisteixen
i cada centímetre del cos
vol encabir-se dins d’un marc,
una línia argumental que el signifiqui.
Has d’acceptar-ho, tu que tant parles de l’atzar.
La ciutat no va ser inhòspita,
ni els elements van fer revolta
per destruir-te la sintaxi,
alliberada i expectant.
Va ser el present, el nombre que mai
compta la suma, que va irrompre,
impietós, dintre la lletra de l’estómac
i et va dir el que no volies:
oblidar-se del constructe del record,
l’artifici de vocals encavalcades
als extrems, admetre que principi
i fi són unitats sense sentit
i que narrar no és la mesura.
No estaves preparada, malgrat els versos;
i vas haver de restar al llit,
fulminada per un set renovador,
pensant, totalment equivocada, que el fet era
un punt estratègic dins la història,
una inflexió que responia
a confluències tipogràfiques.

lunes, 4 de junio de 2007

FRAN ALONSO




Mencionado por:
Begoña Paz
Chelo Suárez Muiños

Menciona a:
María do Cebreiro
Lupe Gómez
Ana Romaní
María Lado
Olga Novo
Antón Lopo
Carlos Negro
X. L. Méndez Ferrín
Jenaro Talens
Ángel González



Bio-bibliografía

Fran Alonso (Vigo, 1963) es escritor, editor y periodista. Trabaja en el ámbito editorial, mantiene su blog Cabrafanada (http://cabrafanada.blogspot.com/) y colabora en prensa. Sus libros obtuvieron diversos premios. Durante los años 90 dirigió la colección de poesía Ablativo Absoluto, de Xerais. Publicó sus primeros poemas en la carpeta A rota dos baleeiros (1991). Después dió a la luz Persianas, pedramol e outros nervios (1992); Tortillas para os obreiros (1996); Cidades (1997), traducido al castellano por Espasa Calpe; Subversións (2001) y Balada solitaria (2004). También es autor de una desenfadada y conocida antología de la poesía gallega: Poetízate (2006). En el ámbito de la narrativa, publicó Tráiler (1991); Cemiterio de elefantes (1994); Silencio (1995); O brillo dos elefantes (1999), Males de cabeza (2001) y Cartas de amor (2006).



Poética

Para mí la poesía es profundamente subversiva, flexible como el chicle, tiene propiedades diuréticas; y alivia porque es un magnífico tranquilizante sin prospecto. En dosis altas, crea adicción o alergias. Su capacidad subversiva o sus reacciones alérgicas me permiten lanzar una mirada interpretativa y crítica sobre mi tiempo, del que soy hijo inexcusable. Además, la poesía tiene el cometido de expresar las ideas, reflexiones, sensaciones ou emociones que no aparecen recogidas en los diccionarios




Poemas


Comunicabas, cando eu che falaba
dos mil teléfonos que ten a vida.
Intermitentemente, comunicabas
e, ás veces, non contestabas.
Non recoñecías o sinal.
E cando te chamaba, de cuarto a cuarto,
de leito a leito, de saba a saba,
ou de boca a boca, comunicabas,
intermitentes, estraños sons
de mudez e ausencia.

(De Persianas, pedramol e outros nervios, 1991)



Comunicabas, cando yo te hablaba
de los mil teléfonos que tiene la vida.
Intermitentemente, comunicabas
y, a veces, no contestabas.
No reconocías la señal.
Y cuando te llamaba, de habitación a habitación,
de lecho a lecho, de sábana a sábana,
o de boca a boca, comunicabas,
intermitentes, estraños sonidos
de mudez y ausencia.



(De Persianas, pedramol e outros nervios, 1991)


***


Secuencia B

Da sístole á diástole
hai soros, veas, osíxeno, sangue, algunha transfusión,
fígados de cartón con sondas que furan a pel.
Condición de morte, rebumbio de enfermeiras
das mil mareas que todos os días me electrocutan vida,
en proporcións abondas para eu subsistir
nas camas acáricas deste hospital.
Hai ventás, alturas, vértigos tentadores e unha ría ao fondo
comida pola urbe que xa a penas vexo.
Transcorre o día entre dores, o cheiro do serrín,
suicidios interiores de enfermidade febril.
As noites, contracción de insomnio e dores de cabeza,
o pensamento en prelavado,
e unha cousa hepática, ou renal ou pulmonar
que confabula en min e acompañante,
e os médicos decretan insuficiencia respiratoria.
Como, engulo, devoro asepticamente os alimentos que
cada vez máis me tenden a man cara á morte.
Tuso entre estertores e penso tortillas de bogóns
que me facía a mamai cando o meu corpo vivía.
Dificilmente combato unha palidez loura que me devora
nesas interminables mañás de termómetros e esperas.
Consciente vou sendo da miña condición de becho, sebo ou besbello
dese anzol azul ao que chaman morte e que me vai preparando
os tendóns para que saiban da hora da derrota.
En todo hai un aquel de neurolóxico, incerta ansiedade,
corrupción da mente devastada. Pero en cada parte médico,
en cada veredicto sanitario, en cada principal efecto secundario
vive un anuncio de estrume, de ecuadores e vértices,
que presaxian a fin de tanto boleardo, de rosquillas e silleiros.
E na vixilia dos que me coidan, eles todos, na súa propia,
hai algo de arrepío inesperado, de terca morbosidade,
de loucura instintiva da desesperación.
Son os síntomas dunha longa gónica agonía,
as picadas secas na arteria vencida.
Por máis que maldigo os soros que pouco e pouco
me van enchendo o corpo de viruta.
Por máis que me revelo contra o sangue que se me incha e seca
ata estouparme nas cuncas dos ollos e no incendio da fronte.
Por máis que rexeito sístoles, vixilias e medicación
que me alteran o ritmo nervioso e a respiración.
Por máis que a suor se apodera tamén das sabas, das paredes, e
mesmo dos estertores do pobre manuel,
pobre manuel, que delira na cama contigua.
Por máis que fillos, compañeiros, e a miña propia figura
me miran cos ollos sondados de impotencia.
Por máis que escoite os ecos –patéticos– do televisor
procedentes do 708, e do 713, e do 701
e de calquera cuarto e
por máis que todos teimen en que non estou só.
Por máis que as lembranzas sexan máis doces ca nunca
e tente inutilmente para a boca atraer a morneza
das bragadas, do sangue e das filloas,
figadeira que noutrora me deu felicidade.
Por máis que o queira.
E mesmo sen querelo, porque xa non hai esparto que faga barricada.
Sinto como a morte respira debaixo da cama,
e rube polas sabas, e me ronda os ollos,
e quere espertarme entre tusidos e ruptura do ritmo cardíaco.
Sinto como me golpea as tempas, como me penetra as vísceras,
como fai metástase, como envelena o soro, como alenta sobre min,
fetidamente, como me destroza o fígado, como me vence,
tan fatalmente, tan inevitablemente, talmente
unha espiral de pedramol, bile de alacrán, cascudas esmagadas
para sempre.
Para sempre, quer dicir nunca,
que aquí remata todo.

(De Tortillas para os obreiros, 1996)



Secuencia B

De la sístole a la diástole
hay sueros, venas, osígeno, sangre, alguna transfusión,
hígados de cartón con sondas que abren la piel.
Condición de muerte, jaleo de enfermeras
de las mil mareas que todos los días me electrocutan vida,
en proporciones suficientes para que yo subsista
en las camas acáricas de este hospital.
Hay ventanas, alturas, vértigos tentadores y una ría al fondo
comida por la urbe que ya apenas veo.
Transcurre el día entre dolores, el olor del serrín,
suicidios interiores de enfermedad febril.
Las noches, contracción de insomnio y dolores de cabeza,
el pensamiento en prelavado,
y una cosa hepática, o renal o pulmonar
que confabula en mi y acompañante,
y los médicos decretan insuficiencia respiratoria.
Como, engullo, devoro asepticamente los alimentos que
cada vez más me tienden la mano hacia la muerte.
Toso entre estertores y pienso tortillas de bogones
que me hacía mi madre cuando mi cuerpo vivía .
Dificilmente combato esta pálida palidez que me devora
en las interminables mañanas de termómetros y esperas.
Consciente voy siendo de mi condición de bicho, cebo o gusano
de ese anzuelo azul al que llaman muerte y que me va preparando
los tendones para que sepan de la hora de la derrota.
En todo hay un algo de neurológico, incierta ansiedad,
corrupción de la mente devastada. Pero en cada parte médico,
en cada veredicto sanitario, en cada principal efecto secundario
vive un anuncio de estiércol, de ecuadores y vértices,
que presagian el fin de tanto roscón, de rosquillas y silleiros.
Y en la vigilia de los que me cuidan, ellos todos, en la suya propia,
hay algo de horror inesperado, de terca morbosidad,
de locura instintiva de la desesperación.
Son los síntomas de una larga gónica agonía,
los pinchazos secos en la arteria vencida.
Por más que maldigo los sueros que poco a poco
me van llenando el cuerpo de viruta.
Por más que me revelo contra la sangue que se me hincha y seca
hasta explotarme en las cavidades de los ojos y en el incendio de la frente.
Por más que rechazo sístoles, vigilias y medicación
que me alteran el ritmo nervioso y la respiración.
Por más que el sudor se apodera tambien de las sabanas, de las paredes,
e incluso de los estertores del pobre manuel,
pobre manuel, que delira en la cama contigua.
Por más que hijos, amigos, y mi propia figura
me miran con los ojos sondados de impotencia.
Por más que escuche los ecos -patéticos- del televisor
procedentes de la 708, y de la 713, y de la 701
y de cualquier habitación y
por más que todos se obstinen en que no estoy solo.
Por más que los recuerdos sean más dulces que nunca
e intente inutilmente para la boca atraer la tibieza
de las huevas, de la sangre y de las filloas,
figadeira que en otro tiempo me dió felicidad.
Por más que lo quiera.
E incluso sin quererlo, porque ya no hay estropajo que haga barricada.
Siento como la muerte respira debajo de la cama,
y trepa por las sabanas, y me ronda los ojos,
y quiere despertarme entre toses y ruptura del ritmo cardíaco.
Siento como me golpea las sienes, como me penetra las vísceras,
como hace metástase, como envenena el suero, como alienta sobre mi,
fetidamente, como me destroza el hígado, como me vence,
tan fatalmente, tan inevitablemente, talmente
una espiral de pedramol, bilis de alacrán, cucarachas aplastadas
para siempre.
Para siempre, es decir, nunca,
que aquí acaba todo.

(De Tortillas para os obreiros, 1996)



***

Avoa, que son esas cruces?
Sonche fillo, a marca do crime, da infamia e a luz
taquigráfica que levanta acta para o auditorio
da historia. Ah, que baixo falas, avoa.
Non levantes a voz, neno, que non terás palabras
para os teus versos. Tanto ten, avoa, agora sei;
é unha historia covarde de horror e de espanto
co silencio do mar, testemuña de cargo, batendo
sobre as rochas e as penas, entre a brétema dun cabo:
cabo castigo, cabo tristura, cabo rocha cun
exército necrófago, oficiando na estrada as cunetas
da Bombardeira. As cruces son as cicatrices
da terra, o berro anónimo que se converte en rapsoda
da traxedia desde aquel mencer de outubro do 36,
cando unhas mans riscan o chan e serigrafían
a lembranza que agora se abraza na árbore dos heroes.
E quen as fai, avoa? A xente, que disque non se fan soas
e non levantes a voz, neno, que non terás palabras
para os teus versos. Ah, son as pegadas da rabia,
da rebelión que perpetúa ao vento a memoria coma
unha zanfona. As cruces, nove; unha por cada corpo sen vida:
nove na Volta dos Nove. Nove para esconxurar a infamia e
convocar as vítimas: o Manuel, o Felicísimo, o Ghonda,
o Lijó, o Rei Chiquito, o Fidel, o Pelonio, o Ferreiro
do Burgo, o Generoso. E a música, avoa? Son as
voces dos presos de Oia, que cantan coa tripa e
non levantes a voz, neno, que non terás palabras
para os teus versos. Son nove, avoa, nove imborrables
cruces con nomes de goma, nove pingas con que
a acordanza grava a metraxe inmedible dun crime
impune. Escoita, avoa, son as cruces as que levantan
a voz, e o seu eco de sangue érguese máis alá da dor,
máis alá do medo, máis alá do mar, máis alá do tempo.

(Inédito, 2006)



Abuela, ¿que son esas cruces?
Son, hijo, la marca del crimen, de la infamia y la luz
taquigráfica que levanta acta para el auditorio
de la historia. Ah, que bajo hablas, abuela.
No levantes la voz, niño, que no tendrás palabras
para tus versos. No importa, abuela, ahora lo sé;
es una historia cobarde de horror y de espanto
con el silencio del mar, testigo de cargo, azotando
la pena sobre las piedras, entre la niebla de un cabo:
cabo castigo, cabo tristeza, cabo roca con un
ejército necrófago, oficiando en la carretera las cunetas
de la Bombardeira. Las cruces son las cicatrices
de la tierra, el grito anónimo que se convierte en rapsoda
de la tragedia desde aquel amanecer de octubre del 36,
cuando unas manos rasgan el suelo y serigrafían
el recuerdo que ahora se abraza en el árbol de los héroes.
¿Y quien las hace, abuela? La gente, que no se hacen solas
y no levantes la voz, niño, que no tendrás palabras
para tus versos. Ah, son las huellas de la rabia,
de la rebelión que perpetúa al viento la memoria como
una zanfoña. Las cruces, nueve; una por cada cuerpo sin vida:
nueve en Vuelta de los Nueve. Nueve para conjurar la infamia y
convocar a las víctimas: Manuel, Felicísimo, Gonda,
Lijó, Rei Chiquito, Fidel, Pelonio, Ferreiro
do Burgo, Generoso. ¿Y la música, abuela? Son las
voces de los presos de Oia, que cantan con la tripa y
no levantes la voz, niño, que no tendrás palabras
para tus versos. Son nueve, abuela, nueve imborrables
cruces con nombres de goma, nueve gotas con que
la acordanza grava el metraje inmedible de un crimen
impune. Escucha, abuela, son las cruces las que levantan
la voz, y su eco de sangre resuena más allá del dolor,
más allá del miedo, más allá del mar, más allá del tiempo.

(Inédito, 2006)

domingo, 3 de junio de 2007

AÍDA ACOSTA ALFONSO
























Mencionada por:
Sonia Betancort
Antonio Praena
Raúl Vacas
Josefa Sánchez Sousa
Luis Mundaca

Menciona a:
Sonia Betancort
Raúl Vacas
Tomás Acosta Píriz
Miguel Ruis Risueño
José Manuel Sánchez Duarte
Marusa Martín García
Juan Navidad
Porfirio Mamani- Macedo
Antonio Praena
Antonio Colinas
Susana Barragués
Nira Etchenique
Gioconda Belli



Bio-bibliografía

En la ciudad de las cigüeñas nació Aída Acosta Alfonso y emprendió el vuelo a tierras salmantinas, a la textura de granito y a los altos árboles…
Sus versos están repartidos en: Antología de Poesía, La luminosa voz de la poesía (Salamanca, 2004); Antología Paisajes del Infierno Colección Gárgola de Poesía (Salamanca, 2001); Revista Álamo; Revista Literaria “Atril” de Salamanca; Revista Literaria “Papeles del Martes” de Salamanca; Revista “Papeles del Novelty”; Revista Plátano Verde de Venezuela; y colaboraciones en el Libro de Carnaval de Ciudad Rodrigo. Participó en el I Festival de las Artes de Castilla y León. Y fue coordinadora del proyecto “Poetas al tren” (2004).
Suele caminar, y tropezar de vez en cuando, discute con la soledad y colecciona mariposas de luz. Y le gusta mucho, cenar un verso muy largo…
http://aidaacostaalfonso.blogspot.com/






Poética

Escribo para dimensionar el espacio con las palabras, para soplar la tinta del papel y descubrir caracoles, para construir retales y abrir de pájaros la habitación que me acompaña, escribo quizás para el reencuentro, para la búsqueda, para la luz…




Poemas


Hoy la tristeza es capicúa
se encierra en una torre consumista
llena de garabatos,
su tiempo de deshoras
es la llamada
del silencio,
es la mujer que llora
abriendo su vientre
de pájaros negros,
es el andén
y los pasos que fueron,
es la sonrisa obligada
y los árboles viejos,
el empeño por vivir al desvivirse,
iniciar cada día
una pirámide inversa
que se llena de mar
que se ahoga.
Esta tristeza
lleva piernas largas
y abre senderos
en las manos del olvido.
No quiero hoy
que llegues a casa
con un rastrojo lánguido
de lo que fue ayer
de la tibieza que no hubo
de los besos que olvidamos darnos.
Hay demasiada tristeza, hoy,
demasiada arquitectura
de lo que nunca será.

Del libro Sudor de un paisaje



II

Me inscribo en este otoño
con sabor a sequedad
y tierra nueva,
me envuelvo enredadera
de nubes disecadas
para la despedida
de la luz
y su vértice impreciso.
Que sea este suicidio
un lecho de amarillo.
Huelen las tardes
a girasoles negros
y se advierten en mis manos
las granadas abiertas del olvido.
Este suicidio
de recoger tu sombra,
hojas secas para el libro
de tu ausencia
y reconocerte carcomido de vacíos.
Este suicidio
el amor que me sobra,
este amarillo.

Del libro Sílabas de Luz, poema publicado en La luminosa voz de la poesía, Caja Duero y I.E.S. Fray Luis de León, Salamanca, 2004


***


Es la tristeza que se advierte
en el horizonte amarillo.
Deshago un dolor inexacto
como arena entre las manos.
Hablo de la muerte
de la superación de las nubes
del paisaje que perdemos cada día
de la inconsciencia del amor.
Hablo de la muerte
de la presunción de ceniza
del olvido.
Hablo del recuerdo,
de las raíces y la memoria,
del color de la tierra
y la soledad conjugada
de los árboles.
Hablo de la muerte
de la caída vertical
de la extrañeza
de la lágrima de luz
que desprendemos.
Sólo hablo
de la muerte.

Del libro Sudor de un paisaje

sábado, 2 de junio de 2007

FERNANDO DÍAZ SAN MIGUEL
























Mencionado por:
Sonia Betancort
Antonio Praena
Luis Somoza
Susana Barragués
Lorena Escudero
Josefa Sánchez Sousa
Luis Mundaca

Menciona a:
Raúl Aragoneses
Susana Barragués
Isabel Bernardo
Sonia Betancort
Pilar Blanco
Ben Clark
Antonio Colinas
Luis Felipe Comendador
Lorena Escudero
Enedina Iglesias
Darío Jaramillo Agudelo
Juan José Mediavilla
Luis Mundaca
Emilio Papel
Maria Ángeles Pérez López
Antonio Praena
Renato Portales
José Luis Puerto
José Ramón Ripoll
Charo Ruano
Ada Salas
Luis Somoza




Bio-bibliografía

Fernando Díaz San Miguel, (Salamanca, 1974). Su obra poética, reunida bajo el título El Zumo de los Días, comprende hasta el momento los libros publicados: Poemas Menores (Salamanca, 1996), Cartas en la Manga, libro de poemas con forma de baraja española ilustrado por cuatro autores (Salamanca, 1998; segunda edición, 1999), Poemas Mayores (Salamanca, 1999), Poemas Imperfectos, finalista del Premio Fray Luis de León de Poesía de la Junta de Castilla y León, (Valladolid, 2001), Poemas Finales (Salamanca, 2003). Prepara la publicación en 2007 de Libro de la Luz. En 2005 publicó en forma de almanaque Meiosis, que forma parte del Libro del Hambre.
Ha participado en antologías como Las palabras de paso (Poesía en Salamanca 1974-2001) (2001) o Paisajes de infierno, (2002), Los lugares del verbo (2005) y ha publicado poemas y relatos en diversas revistas.
Es coordinador de la Tertulia Atril, director de la Colección Gárgola de Poesía y codirector de la Revista Literaria Atril (versión on-line en http://www.revistaatril.com/) y también uno de esos autores maniáticos y pesadísimos que, al más puro estilo juanramoniano, nunca dejan de corregir y rara vez quedan del todo satisfechos. Así sus obras publicadas, en penúltima versión, se pueden encontrar en http://www.diazsanmiguel.com/



Poética

Unidos, en una forma igual
de creer,
tejemos un misterio para buscar
en el fino hilo del orbeun sentido a la vida
que sólo da su fin.
Las estrellas no nos miran
y el hombre ordena el caos, una tela de araña,
para exhortar
su miedo.

(«Mayo») Meiosis (a.f. Ed. Salamanca, 2005)
perteneciente a
Libro del Hambre



Poemas


FLORES AZULES

yes, it well could be that my Flesh
is praying for ‘Him’ to die,
so setting Her free to become
irresponsable Matter.

W. H. Auden: «No, Plato, no»


Y si hemos de ser por fin
materia irresponsable
no quedará ya
ni lo que pudimos haber sido,
ni el sonido de aquel llanto
que decían eterno:
no existirá ya el deseo,
no existirá ya la conciencia;
pero juntos todavía,
mientras soy devorado con insidia,
los gusanos, a ti,
te susurrarán palabras hermosas.

de Poemas Imperfectos (Junta de Castilla y León, Valladolid, 2001)





MEMORIA

La memoria de un hombre
se construye
con pedazos de arcilla,
con el resto que queda pegado a las paredes de la entraña,
con besos fracasados.
La memoria de un hombre se construye
con lo que hay de mentira en los recuerdos,
con promesas,
con café y aspirinas,
con libros desgastados por el uso, con poemas olvidados,
con absurdas historias
que conducen al mito,
con miradas furtivas en vagones, y cuerpos
entrevistos en la sombra.
La memoria de un hombre,
revivida y violada a cada instante,
es un reflejo de luz en la mañana,
las tardes entregadas al asueto,
son tu risa y tu voz de este momento,
el sonido horadado que atraviesa el asfalto,
que es el tiempo, los símbolos propicios
y el color del olvido.

de Poemas Finales (Diputación de Salamanca, 2003)





MEDIODÍA DEL 29 DE AGOSTO Y MAÑANA DEL 30

El mercado invade las calles.
Parado aquí en Cholula
en mitad del bullicio de gente,
siento su sopor cálido, los olores,
siento el paso extraño de los días,
pienso que saboreamos
ese zumo delicado que destilan,
y que se perderá,
nos perderemos de la memoria,
continuará el sonido acumulado
de la gente, los cuerpos, los objetos.

de Libro de la Luz (de próxima publicación)

viernes, 1 de junio de 2007

ANNELISA ADDOLORATO


















Mencionada por:
Ana Gorría
Paola Laskaris

Menciona a:
Clara Janés,
Bruno Mesa
Marta López Vilar,
Ana Gorría,
Pilar Adón,
Julio Reija
Paco León,
Sandra Santana,
José Cereijo
Goretti Ramírez.




Bio-bibliografía

Annelisa Addolorato Bertuzzi es italiana y actualmente vive entre Madrid y Milán, tras largas estancias en Barcelona y Liguria. Ha publicado su primer breve poemario bilingüe Farfalle e falene – Mariposas y falenas en Endymion (Madrid 2003) con introducción y traducción al castellano de Clara Janés - cuya poesía ha traducido a su vez al italiano (In un punto di quiete, CUEM, Milano 2000; Arcangelo d’ombra, Crocetti, Milano 2005). A partir de 1988 sus poemas han aparecido en Italia, y en los últimos años en España y Alemania también (Ellin Selae, PulcinoElefante, Akosma, http://www.adamar.org/ , Slovento, Sial, Hiperión…).
Desde 2003 forma parte de la Red de Arte Joven de Madrid. Escribe poemas bilingües, en italiano y español. También escribe cuento y novela. Es traductora y aficionada de bailes y músicas del mundo. Es licenciada en Filosofía estética (Milano) y Doctora en Filología Española (Universidad Complutense de Madrid): en enero de 2007 defendió su tesis titulada Mística y voz poética en la obra de Clara Janés. Desde la tradición a las vanguardias y la poesía actual. Análisis filosófico-literario.
Es autora del libro La parola danzante - Octavio Paz tra poesia e filosofia, Mimesis, Milano 2001.




Poética

Lamento sefardí – canción y poética de la viandante

Las cuerdas de mi corazón
Se tienden y no se rompen
Se alargan y no se quiebran

Ni tengo casa
Ni tengo patria
Perdí la tierra
pero gané
al mar entero de tu alma,

por el camino,
rompiendo las olas de la soledad

Las niñas del sol ya están menguando,
con el ocaso su canto se hace arena

Su mirada cambió el desierto en arco iris
y la nieve helada en agua dulce

Ni sinagoga ni mezquita, ni iglesia,
la casa de nuestro dios
está en el tejido cálido
de nuestras voces
entrelazadas
que bailan
que bailan

que se besan
que se besan

y que se cuentan el viaje

en el aire
y en las preguntas[1].

[1] Del poemario multidimensional naifMusicalInédito a dos voces Poemario flamenco.





Poemas



But our lot crawls between dry ribs
To keep our metaphysics warm.”
(T.S. Eliot)


Barche rosse

Riconoscere
il tempo spostato
non è da tutti

perché
nuotiamo
nei suoi filtri
di pece

e ci perdiamo
nelle sue ferite
meccaniche

sentieri
impervi e
coltri di fumo

La fretta meschina e
il vento del successo

- Ma ascoltare
non è mai
mancanza d’amore -

Devo ripetere
e ripercorrere
ogni parola

prima di dimenticarla del tutto

E con essa
la fragranza
del canto
lento

Coordinare
tutte le frontiere
perché si sciolgano
contemporaneamente.



Barcos rojos

Casi nadie
reconoce
el tiempo
desplazado

pues nadamos
en sus filtros
en la pez

y nos perdemos
en su heridas
mecánicas

vericuetos
senderos y
cobijas de humo

La prisa mezquina
y la brisa del éxito

- Mas escuchar
nunca es
falta de amor -

Hay que repetir
y recorrer
cada palabra

antes de que se me olvide del todo

Y con ella
la fragancia
del canto
lento

Coordinar
toda frontera
para que se derrita
a la vez
.[1]

[1] Publicado en La voz y la escritura, Sial-Ateneo de Madrid, Madrid 2006. Del poemario inédito Salto doble.





Jarros[1]

Somos nuestro mismo molde:
él fue el nuestro, nosotros el suyo
El molde del tiempo
cristalizado en un instante
absoluto y terrible,
grato y oscuro

Abrazo de vidas: humanas,
vegetales, minerales
Criaturas que se buscan y se huyen;
se otorgan y se quitan la respiración

Las pinturas mejor conservadas,
nuestros mosaicos,
tesoro cobijado por lo que nos quitó el aliento

La fórmula de nuestra supervivencia
guardada en un frasco
con grabada la bella palabra ‘lasca’,
destructora y que engendra mundos.

[1] Publicado en Los jueves poéticos II – Recitales de jóvenes poetas, Hiperión, Madrid 2007. Del poemario inédito La palabra ‘lasca’ o la reconstrucción de Pompeya.