sábado, 14 de abril de 2007

CARLOS PARDO


















Mencionado por:
Elena Medel
Harkaitz Cano
Luis Bagué Quílez
Juan Antonio Bernier
Ventura Camacho
Ana Gorría
Daniel García Florindo
Juan Pardo Vidal
Juan Andrés García Román
Pablo López Carballo
Iris Blanco
Ernesto García López
Francisco Onieva
Grabriel Núñez Hervás
Raúl Díaz Rosales
Joaquin Juan Penalva
Fruela Fernández
Albert Lladó
Valero Cortadura
Ramón Bascuñana
Jorge Díaz
Adolfo Cueto
Mariano Martínez
Domingo C. Ayala
Nacho Montoto
Mario Cuenca Sandoval
José Manuel Soriano Degracia
Alba González Sanz
Joaquín Piqueras
Juan de Dios García
Hasier Larretxea
Marta Merino
Alfonso García-Villalba
Raúl Alonso
Ángel Muñoz Rodríguez

Menciona a:
Juan Carlos Abril
Luis Bagué Quílez
Juan Antonio Bernier
Harkaitz Cano
Marcos Canteli
Yolanda Castaño
Mario Cuenca Sandoval.
María Eloy-García
Rafael Espejo
Agustín Fernández Mallo
Jorge Gimeno
Ana Gorría
Abraham Gragera
Martín López-Vega
Antonio Lucas
Elena Medel
Luis Muñoz
Andrés Navarro
Mariano Peyrou
Lorenzo Plana
Alberto Santamaría
Julieta Valero




Bio-bibliografía

Carlos Pardo (Madrid, 1975) es autor de los libros de poesía El invernadero (Hiperión, 1995), finalista del Premio Hiperión de Poesía, y Desvelo sin paisaje (Pre-Textos, 2002), Premio de Poesía Emilio Prados y Echado a perder (acaba de aparecer en Visor), Premio de Poesía Generación del 27. Coeditó el volumen Hace falta estar ciego. Poéticas del compromiso para el s.XXI (Visor, 2004) junto a José Manuel Mariscal y ha preparado la edición de Tratado de urbanismo de Ángel González para la colección Lecturas 21 (Bartleby, 2006). Dirige la revista anónima de la editorial Pre-Textos.








Poética

En varias formas, con diverso estilo,
en diferentes géneros, calzando
ora el coturno trágico de Esquilo,
ora la trompa épica sonando,
ora cantando plácido y tranquilo
ora en trivial lenguaje, ora burlando,
conforme esté mi humor, porque a él me ajusto
y allá van versos donde va mi gusto.

JOSÉ DE ESPRONCEDA









Poemas



LOS ALANOS emigraban.
El astrólogo cosía el cielo.

En las llanuras y en las cordilleras,
en los bosques de escombros mitológicos
los tilos esparcían su ortodoxia,
golpeaban al alba los baldones
de pacíficos reinos,
vertían plomo en campos roturados.

A ti y a mí
bajo el caparazón de un cielo rosa
nos cuida el siglo XXI:
cónsules de la retaguardia,
altivos aranceles del amor aduanero.
El alma en su paisaje
filosofa; es el tacto
quien nos da la razón.

Te quiero al modo de los viejos
pintores del trecento,
humana y geométrica,
ojos negros, piel blanca,
rebeca roja
y camiseta verde militar

Ya debería el tiempo andar por ahí.

Las tejas son del gris del dragón de Komodo.

Las horas de la tarde
nuestras contemporáneas.


NADIE PREGUNTA quién pero nosotros,
comparsas del planeta
burgués, comentaristas
del reciclaje, hombres piojo,
medimos la parábola de la próxima elipse
por si acaso quisieran lanzarnos al desagüe del tiempo
entre los pre y los pos,
porque si todo instante es irredimible-
mente gasto,
todo sujeto es un conservador.

Para empezar alguien dice nosotros
pero quién entre ruidos
sin un nombre vernáculo
por exceso de lata,
aun enfermo de abulia en blogs de periferia,
llamara nomadismo a este

deambular del trabajo al videoclub,
hacerse el muerto en la contrapartida
del crujir de las ramas,
del adiós de la savia a la página en blanco,
a la página impura

y aburre ser tan tonto en tiempos sulfatados.







El muerto y su referente

DEDUCE mi estatura:
un palmo por encima del
idéntico perímetro craneal.
Mira si tengo bultos.
Quizá me reconozca por su nombre
y sea el de la silueta
en el diván.
Es mi padre, le hablo
de mí al borde de una orografía que
podría ser colina y de una hilera
de olivos hacia la pendiente
del horizonte. Persevero
como bien consumible
y, después, ese trozo
que nadie quiere una vez sacudido
el mantel, ni los pájaros
ni el viento,
ese trozo soy yo.

Era cuando la espiga
iba a dar a un arroyo, a su pequeña
comunidad.
El día del entierro
de un familiar me acompañabas, Padre,
por un sendero de granito.
Repasábamos
la cepa genealógica,
la niñez de tu esposa y la ruptura
con la anterior.
Y ya no había muerto
ni tierra ni real
olor a tierra.
El paisaje,
un inventario de diminutivos.




(de Echado a perder)

miércoles, 11 de abril de 2007

JUAN ANDRÉS GARCÍA ROMÁN


















Mencionado por:
Pilar Blanco
Nieves Chillón
Iris Blanco
José Luis Gómez Toré
Rubén Martín
Nacho Montoto
Juan Manuel Macías
David Leo García
José Manuel Gallardo Parga
Ángel Cerviño
Ernesto Castro
José Cabrera Martos
Julio César Galán
Francisco José Martínez Morán
Martha Asunción Alonso
Juan Carlos Rosales
Sara R. Gallardo
Annalisa Marí Pegrum

Menciona a:
Lorenzo Plana
Ana Gorría
Carlos Pardo
Antonio Lucas
Annalisa Marí Pegrum
Nieves Chillón
Yolanda Castaño
Andrés Navarro
Andrés Neuman
Iris Blanco
Juan Carlos Reche
Juan Antonio Bernier
Josep María Rodríguez
Alberto Santamaría
Julio César Galán
José Luis Gómez Toré
Mariano Peyrou
María Eloy-García
Rafael Espejo
José Daniel García
Fruela Fernández
Abraham Gragera


Bio-bibliografía

Nací en Granada en 1979. Me licencié en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada en la Universidad de mi ciudad.
Mi trabajo de tesis es una investigación sobre el concepto de utopía en la poesía de Paul Celan e Ingeborg Bachmann.
He publicado los libros Perdida latitud (Hiperión, 2004) y Las canciones de Lázaro (Adonáis, 2005)





A modo de poética

Mi poética son en realidad dos versos: uno de Ungaretti: Cerco un paese / innocente y otro de Eugénio de Andrade: Lo real es la palabra. Mi poética se halla entre la búsqueda desesperada de una patria que nos devuelva la pertenencia integral al mundo de las realidades perdido, por una parte, y el reto que supone el no aceptar la realidad dada, sino aquella que la palabra puede dejar en nuestras manos: un puesto de censura vigilante respecto de las raíces del lenguaje convencional, de la simbolización en que comienza el poder (burgués), la imposición de una mirada. La poesía (Ingeborg Bachmann) es siempre lo otro, "lo esperado, lo deseado, un reino de fronteras desconocidas y abierto hacia adelante", pero es una lucha cuyos frutos nosotros tal vez no veremos: por eso el poema deviene en sueño de un poema verdadero, integral, total.





Poemas


MIRADA DISTRAÍDA


(En un tren hacia Klagenfurt, estación de Hallein, aledaños de Salzburgo)

Para Juan E. Wilhelmi
Mediodía, pero el copo cae en el copo.
Un cuervo vuela a la escritura de la palabra marzo -Hallein-;
sus alas en la nieve abren y cierran las puertas de los bosques.
Quién hay, quién vive aquí, ya sin otro destino
que la mirada allende el acebal,
quién vive aquí
y qué vamos a hacer en estos días de primavera
con la nieve en el ala más temprana.
Continúa el trayecto y la pupila, viejo néctar de mirlos y verano
se licúa en la nieve, también sin esperanza.

(de Las canciones de Lázaro, 2005)





animal

Para Daniela Zietemann

el alma anciana musita un animal
un animal antiguo
el alma anciana como la corteza
o la greda de los cántaros musita un animal
un marsupial sin pelo
y sin apenas ojos
ni nada sólo sabe trepar a la tetilla
por la pelambre para comer luz sólo luz
dieta de luz

concentrada en su alimentación
como los gusanos de seda en las cajas
de los niños
come que come luz y luz y más luz
de tanto comer luz ocurre un apagón
un eclipse
entonces aprovecha el animal
deviene mariposa
en la noche del mundo:
poema

(inédito)




corona

el primer rey era deforme
nació con una protuberancia sobre el cráneo que llamaron corona pero esa deformidad le confirió mucho poder
ésa fue la única corona de hueso la única auténtica corona: una sola corona de verdad en toda la historia de los hombres
a partir de entonces el resto de los reyes simulaba la deformidad con coronas de arcilla acero oro
(inédito)

martes, 10 de abril de 2007

JUANA CASTRO





















Mencionada por:
Isabel Pérez Montalbán
Rosa Lentini
Elsa López
Milena Rodríguez
Isabel Rodríguez
Julio Rivera
Domingo F. Faílde
Dolors Alberola
Esther Muntañola
Matilde Cabello
Prudencio Salces
Dionisia García
Mercedes Escolano
Aurora Saura
Francisco Morales Lomas
Mª Luz Escuín
Josefa Parra
Francisco Vélez Nieto
Javier Montoro
Lucía Rosa González
Ángela Mallén
M. Cinta Montagut
María Solís
Rafaela Sánchez Cano
José Cañuelo
Antonio Flores Herrera
Enrique Sánchez Campos

Menciona a:
Aurora Luque
Isabel Pérez Montalbán
Julia Uceda
Noni Benegas
Eduardo García
Rafael Guillén
Dolors Alberola
Domingo F. Faílde











Bio-bibliografía


JUANA CASTRO. Villanueva de Córdoba 1945. Maestra especialista en Educación Infantil. Articulista y crítica literaria. Publicaciones: Cóncava mujer (1978); Del dolor y las alas ( 1982); Paranoia en otoño (1985); Narcisia (1986); Arte de cetrería (1989), 2ª ed. La Palma 2004; Alta traición (1990); Fisterra (1992); No temerás (1994); Del color de los ríos (2000); El extranjero (2001); Los cuerpos oscuros (2005) y las antologías Alada mía (1995), Memoria della luce (1996) o La extranjera (2006). En prosa Valium 5 para una naranjada (1990). Medalla de oro de Andalucía. Premios “Juan Ramón Jiménez”, “Carmen Conde”, “San Juan de la Cruz”, “Solienses”, “Carmen de Burgos” –éste de artículos periodísticos- y “Meridiana”, del Instituto Andaluz de la Mujer.




Poética

Escribo poesía porque lo necesito: para saber, para comprender, para desentrañar. Y porque cuando llevo mucho tiempo sin hacerlo me siento sucia y me sube peligrosamente la tensión (arterial).




Poemas


MÁS ALTA


Daba el sol en lo alto y mi sangre se alzaba
de su propia marea dibujándose en olas.
Hervía el agua en el fuego, y las tijeras
esperaban su turno junto al lienzo
de hilo perfumado de espliego.

Poco a poco la carne fue tornándose espuma
hasta que, yo en la cumbre, sin caballo
ni tregua me entregué a la carrera
de un ansia que colmaba la sien del mediodía.

El dolor y el placer iban ambos a una.

Me agarré a los barrotes de acero de la cama
y embestí, como pude, aquella tempestad
de la que era yo misma capitán y jadeo.

Nunca estuve más alta que, cuando entre los truenos,
oí que la matrona -marino sin frontera-
cantó más que gritaba "ya está aquí".
Y era yo sola el mundo, y entre mis piernas daba
a la luz otro mundo recobrado del frío.





MADRE DEL AGUA


Llueve sobre vosotros y llueve en mi garganta.
Llueve entera la noche este silencio y llueve
sin arca que refugie
vuestra piel en la rosa de los vientos.

–Hoy a madre le temblaba el mentón.
Chorreaban las puertas sin un ancla de amparo,
y la casa crecía,
y yo pisaba charcos descorriendo el oído
del diluvio y la nada.
Porque ahí en el brasero se sientan mis mitades,
esos dos niños huérfanos que no conoceré.
Y traigo una carcoma colgándome en los labios,
pero no sé el camino de las hojas brillantes
y me vuelvo a mi casa
y os dejo con la lluvia y el temblor de los trenes.

–No me quiero morir.
Mientras entro en mi cama oigo afuera la lluvia,
la lluvia en vuestro embozo,
la lluvia que os empapa las sombras y las manos,
mi lluvia vuestra, huérfana,
mis niños arrecidos, tan huérfanos de mí.





LA BOLSA O LA VIDA

Tú los ves ahí colgados, tirados, y dices,
vaya cosa, son cosa de mujeres, tonterías,
lo llevan para meter el pintalabios,
el móvil, quizás una compresa. Y te olvidas.

Pero ellas no olvidan, lo llevan como a un gato,
como al fiel compañero, como su santo y seña,
como su claro ex-libris.

Te equivocas si crees, en tu inocencia,
que esa cosa de rafia o de piel beige
sirve para tener a mano el colorete, las llaves, el perfume.

Yo la he visto de noche,
esa cosa respira, es una megalópolis,
no está quieta por dentro, es multiforme y crece.
A la hora del pan huele a cerveza,
y cuando está nublado
te puedes encontrar con que ahí dentro
hay una hija, un sol, unas tijeras
de robar rosas rojas.

Ahí, a tres de julio, he visto amanecer los pájaros cantando
y había un abanico para un novio
y una estrella de miel para la madre.
En el rincón azul, las gafas de coser,
las recetas del padre a la fecha de hoy,
la muestra de la tela –preciosa– que le dio el tapicero.
Al fondo la novela, la última, de Doris Lessing
y el bono de 10 horas del gimnasio.

Por ahí pasa un río,
pasa el día, la música, la niebla...

Esa cosa. Mi bolso.

Que va a dar al mar.

lunes, 9 de abril de 2007

ELSA LÓPEZ

















Mencionada por:
Fermín Vera Arrieta
Sofía F. Castañón
Aurora Saura
Gracia Iglesias
Luis Oroz
M. Cinta Montagut
Maria Jesús Silva

Menciona a:
Juana Castro
Olvido García Valdés
Cecilia Domínguez Luis
Alicia Llarena
Chantal Maillard
Pablo García Baena
Luis García Montero
Jesús Aguado
Javier Vela
Paúl M. Viejo
José Martínez Ros



Bio-bibliografía

Elsa López (Guinea Ecuatorial, 1943). El viento y las adelfas, Inevitable Océano, Penumbra, Del amor imperfecto (Premio Internacional de Poesía “Ciudad de Melilla”), La Casa Cabrera, La Fajana Oscura (Premio Internacional de Poesía “Rosa de Damasco”), Cementerio de elefantes, Al final del agua, Tránsito, Magarzas, Mar de amores (Premio Nacional de Poesía “José Hierro”), Quince Poemas (de amor adolescente), La pecera, A mar abierto (Poesía 1973-2003) y Travesía (Premio de Poesía Ciudad de Córdoba “Ricardo Molina”). Su obra ha sido traducida al árabe, francés, inglés, italiano y neerlandés.





Pequeña Poética

Soy una mezcla de ser melancólico y político. La melancolía me conduce a la filosofía, a la estética, al discurso poético; la política me empuja a la batalla. En mi obra hay una asidua referencia al mundo del arte, textos dedicados a pintores, a músicos o a escultores que me enseñaron a mirar el mundo de una manera diferente; textos dedicados a lo que nunca podré llegar a ser como una larga declaración de carencias. Escribo sobre lo que no tengo; escribo sobre lo que carezco o poseo en medidas distintas a mis deseos y por eso escribo del amor, de otros países, de otras culturas, de paisajes y seres imposibles. Siempre he creído en las palabras como una vía de conocimiento o de transformación. Pero, de verdad, de verdad, lo que más me gusta es navegar y cocinar para los amigos.




Poemas



El descendimiento

Desgarrarse del hijo.
Desprenderse de la carne.
Trazar una línea imperceptible desde el centro a la luz
y ver cómo la luz parte en dos tus esperanzas,
demuestra cómo el mundo se nutre de lo ajeno.
Así la muerte y sus gestos oscuros.
Así los brazos en cruz como una interrogación sobre el vacío.
Así la cama desierta
y el ruido de la sangre golpeando las ventanas.
Así las sombras.

Eso fue una mañana
y ya no hubo otros marzos que llevarse a la boca.
El tiempo se detuvo para siempre en el mantel a cuadros
y ella supo, a partir de ese día, del dolor y sus costumbres,
de la lágrima vertida,
de la punzada de vidrio en el centro del pecho,
del grito que se extiende como un bálsamo,
de las grietas del alma,
de la herida.





Guinea era mi mundo

Mi infancia tiene nombres:
Rio Muni, Santa Isabel, Ekuko,
Ebibiyin, el bosque Fang, los pamues,
y el cuento de una boa que devoraba el cielo.
Mi mundo era una playa de arenas infinitas,
palmeras que se doblan hasta alcanzar la orilla
de un océano único sin horizonte alguno
y un niño de piel negra dormido sobre el tronco
sus bracillos colgando sobre el añil del agua.
Mi mundo era esa playa.
Los niños calabares desnudos en la espuma
y miles de cangrejos
brotando entre mis dedos como corales rojos
y una barca sin remos que avanza hacia nosotros
cargada con la pesca del sol y la alegría.
Guinea era mi mundo.
Un viejo paraíso poblado de serpientes,
tiburones azules, y hausas de colores
sentados a la puerta y al calor de mi madre.
Mi mundo era la selva y un elefante herido.
Un río y los cayucos
sorteando los cuerpos de hipopótamos grises.
Y quedarnos absortos oyendo los tambores
que anuncian nuestro paso camino de un poblado
donde aguardan los viejos y sus viejas historias
de bosques y elefantes que van hacia la muerte.
Oler los cafetales,
escuchar el estrépito enorme de los pájaros
y oír la algarabía de los pequeños monos
que brincan por los árboles.
Y ver cómo maduran la yuca y la malanga
y devorar el jugo de un coco entre las manos
y bailar un balele a ritmo de tambores
al compás de la selva y sus tristes aullidos.
Aquel era mi mundo, especial y distinto,
y no habrá ningún otro ni yo seré la misma.






La música de las esferas*

¿Qué misterio se oculta detrás de esa penumbra
de pozos y gargantas?
¿Qué luz para esa rara oscuridad del mundo?
¿Qué gota de rocío? ¿Qué fauces?
¿Qué secreto devora eso otro en que nos transformamos?¿Que perpleja hermosura de ese cuerpo sin rumbo que gira
suspendido del aire y luego desafía las puertas de la nada
como si germinara de un pedazo de nube,
como si fuera una mota de hielo,
un copo de cristal, una nube sin agua;
como un raro planeta
fecundado y dispuesto a parir otros mundos;
como si fuera lluvia o garganta de pez;
como si fuera un nido, como dulce de azúcar;
como un útero cálido, como la misma muerte;
como ceniza fría, como algodón en rama?
¿Qué misterio este corazón mío dispuesto a recibirlo?


*Pitágoras aseguraba que los planetas eran siete y, al igual que las cuerdas de una lira, vibraban produciendo música. Decía que esa música la oímos desde que nacemos y por eso no somos conscientes de ella, al igual que un herrero ya no oye los sonidos del martillo. O tal vez la música de las esferas sea sólo silencio.

domingo, 8 de abril de 2007

JUAN PARDO VIDAL

















Mencionado por:
Luna Miguel
Francisco Domene

Menciona a:
Juan Luis Panero
Raquel Lanseros
Luna Miguel
Ana Gorría
Germán Guirado
Francisco Domene
Luisa Castro
Maria Eloy-García
Kepa Murúa
Luis García Montero
Isabel Bono
Luis Bretones
Enrique Cabezón
Carlos Pardo





Bio-bibliografía

Juan Pardo Vidal nació. Estudió Filología Hispánica y más tarde aprendió a amar la literatura. Es educador social en Centros de Reforma y de Protección de menores. Aparece en diversas antologías (Opera Prima, Riomardesierto), colabora con revistas literarias como Antaria, Salamandria, Luke, también con la prensa local y puntualmente con prensa nacional. Ha publicado “Poemas de amor a una piedra” con Celya (Salamanca) y la colección de relatos “Tus muertos” con El Gaviero Ediciones. Es autor del Circuito Andaluz de las Letras y posee una enorme fortuna.











Poética

Os creí, dioses del Olimpo,
cuando dijisteis fulgor, crepúsculo,
ruinas de Trieste,
y quise decirlo yo también,
pero en lugar de eso escribí:
piedra, mujer y hombre.
Gracias a que tú me dijiste
que lo habías entendido
y que era tan hermoso
como el fulgor de un atardecer
sobre las ruinas de Trieste.
Y volví a escribirlo,
diecinueve veces,
hasta que lo comprendí.











Poemas








TERAPIA

Cortar pedacitos cortar pedacitos
cortar pedacitos de papel
como si estuvieses loco
como si hubiera un orden
en las cosas rotas
en los pedacitos de papel
cuadrados sobre la mesa
abrir la ventana o soplar muy fuerte
para poder cortar más pedacitos
otros pedacitos casi igual parecidos
con distintos mensajes
con consonantes rotas
trocitos de papel
cuadraditos de vida
pedacitos en fila india
como palabras a un analfabeto




EL CAMINO

Cuando éramos niños
en Andalucía sólo las bicicletas dibujaban eses,
más tarde también tu cuerpo desnudo
pero yo no sabía leer sobre tu vientre
palabras como “sí” o como “sed”.

El camino que nos condujo hasta aquí
también serpenteó con capricho,
como cuando éramos niños,
pero ya sin razones para recordar.
Seguramente fue entonces
cuando dije márchate
en lugar de te quiero.
Y tú me creíste
como se creen las cosas
sin mucho convencimiento:
ciegamente.





CON RAZÓN

Si te doy la razón,
es sólo porque no es mía,
porque yo no sabría qué hacer con ella,
ni cómo cuidarla para que floreciera.
Te la doy porque tú sabrás tratarla
como la incertidumbre se merece,
llevarla a comer a restaurantes caros,
mostrarla, como a un gato persa,
en una reunión de razones de peso.

Si te doy la razón,
no me la devuelvas
manchada de argumentos sibilinos
cuando te canses de abrazarla en las tertulias,
cuando te avergüences al comprobar
que es intolerante e incorrecta.

DAVID REFOYO















Mencionado por:
Iker Biguri

Menciona a:
Iker Biguri
Miriam Reyes
Eva Vaz
Fernando Beltrán
David González
Jesús Losada
Mercedes Cebrián
Mercedes Díaz Villarías
Kutxi Romero





Bio-bibliografía

Nací en Zamora en 1983. Estudié Publicidad y Relaciones Públicas en la Universidad Pontifica de Salamanca. He publicado en las antologías Bar Sobia (La Bella Varsovia, 2005) y en “Palabras para Cervantes” (CELYA, 2005).




Poética

Hay gente que se gana la vida escribiendo poéticas como esta. No quisiera yo, Dios me libre, quitarle el pan a nadie.






Poemas



Hombres

He visto hombres talentosos
abatidos sobre sí mismos
éxitos traumáticos irreconocibles
empresas cuyas ganancias
enviaron a tipos como nosotros
a vagar por las calles
esposas que se marcharon una noche
chevrolets estacionados durante meses
en el mismo trozo de asfalto
canciones alegres provocando suicidios
cristales rotos cassetes cuatro o
cinco pavos y unos chatos de vino
con los que olvidar la puta cuerda
floja/ floja
salvo cuando estuvo sobre el cuello
aquella vez que diste el paso
al frente, al vacío desde una silla
treinta centímetros nos separan
de la muerte.

Desilusión.
Pies blancos colgados del paraíso.





Pensylvania

Tu madre bailaba
con todos los hombres
acusados por el ponche
apoyaba su cabeza
bajaba poco a poco la mano
y trataba, por todos los
medios, de alcanzar
nalgas culo o cualquier
elemento que causara
vergüenza en su acompañante

luego reía
rechazaba invitaciones
no más copas no más hoteles
a mis años, por favor

se pasaba los bailes sonriendo

luego despertaba en un coche
al lado de un tipo gordo
con la camisa manchada de semen
los ojos envueltos en alcohol
y salía corriendo
dejaba de sonreír
y se refugiaba en casa

lloraba sin parar
ante el desprecio de Morgan
Que la miraba como a otra puta
más
mientras tomaba otro vaso de agua
otra pastilla
y junto a la ventana leía
durante horas al Walt Wilthman

drogado incendiario enfermo
cogía su automóvil y circulaba
hacia el oeste
hasta que el efecto rutilante
de la droga se desvanecía


entonces volvía a casa
abrazaba a su esposa y hacían el amor
y Morgan recitaba largas odas
a la felicidad mientras tu madre
pensaba en otros hombres
y en el cadáver de su hija
enterrada en el jardín de atrás
por expreso deseo de la familia.





Semuret

Alguien tuvo la estúpida idea
de colocar aquel libro en el escaparate
en el que nunca nadie se fijaba
salvo esa vez en la que una monja
puso el grito en el cielo por colocar
aquel magnífico libro debajo de “Religiosa”

Así se llamaba la librería y la monja
no pudo soportar leer la palabra religión
junto a “la máquina de follar” de Bukowski

La mujer de hábito –super monja-
logró que aquel libro fuese retirado del
dichoso escaparate aunque no pudo evitar
por más que quiso, que “la máquina de follar”
se retirara del mercado

La inquisición estaba en auge en los ochenta
y en los noventa y en los dosmiles
y la librería cambió su nombre y su fe
para, entre otras cosas, seguir vendiendo
libros que dicen que follar es divertido

Y la monja sin saberlo.

sábado, 7 de abril de 2007

JUAN LÓPEZ DE AEL
























Mencionado por:
Ángela Serna
José Luis Álvarez Vélez

Menciona a:
Ángela Serna
Antonio Gómez
José Blanco
Begoña Abad
Julián Alonso
Antonio Orihuela





Bio-bibliografía

Nace en Quintanilla San García (Burgos) en 1951 y reside en Vitoria-Gasteiz desde muy joven. Comenzó sus estudios de arte a los catorce años, si bien no ha cesado nunca de estudiar, sobre todo al lado de su viejo maestro y amigo personal Jorge Oteiza, con quien ha colaborado en distintas publicaciones y exposiciones de poesía visual. Cuenta en su haber con más de treinta exposiciones, instalaciones y otras formas de hacer arte, así como innumerables exposiciones colectivas con los artistas de más prestigio del panorama nacional, llámense Brossa, Fernando Millán, Antoni Miró, Gustavo Vega, Antonio Gómez, Angela Serna, Julián Alonso, Bartolomé Ferrando... Ha organizado distintas exposiciones de poesía visual en Vitoria-Gasteiz, donde posee una Galería de arte con su nombre. Sus obras han sido expuestas en numerosos países: Portugal, Alemania, España, Francia... Es considerado por sus propios compañeros como uno de los doce mejores poetas visuales del panorama visual español. Su trabajo ha sido estudiado en varias revistas de arte del Estado, especialmente en Elgacena y en Texturas (con un amplio Monográfico). Aparece reseñado en varios libros y diccionarios en el Estado español. Tiene publicado un libro de poemas : Sentado en el borde de un vaso, Ed. Arte Activo, 2003. Y ha colaborado en varios libro colectivos de poesía.






Poética

Para mí la poesía es una forma de expresar el mundo y mis sentimientos hacia todo lo que me rodea. Los poetas-artistas, en fin todos los creadores, somos como pequeños “dioses” que reinventamos el mundo a través de lo que cada uno de nosotros entiende por belleza, pues es con la belleza como nos salvamos del horror de la vida cotidiana. Y nuestro mensaje, lo queramos o no, va siempre hacia los otros como un grito de amor o de esperanza. Utilizamos las palabras, pintamos con ellas, para llorar o para reírnos de nosotros mismos. Y esta es una forma de salvarnos con las armas de la literatura.





Poemas




AL LUAR

Al luar
Silencio

En las casas de fado
Las velas encendidas
Silencio

De luto el barrio alto,
Llorando está la Alfama,
Y un murmullo de miles de personas
Va y viene por la baixa

Silencio
El alma está triste

¡Querida Amalia nuestra!
Desde hoy el fado,
Preñado como está
De tu saudade,
Es ya más fado.

Al luar
Silencio
Llorando está la Alfama



SENTADO EN EL BORDE DE UN VASO

Apático, vacío
Me asomo al borde
De un vaso de cristal
Que hay en la mesa
Y me siento
Cual mono pequeñito.

Tan pequeño
Que sentado en el borde
Del cristal
Doy un salto
Y me lanzo
Hacia el fondo
Rompiéndome en pedazos.





SIN TÍTULO

Una
Dos
Tres veces
He bajado al infierno.

La primera
Sin saber siquiera
Dónde estaba.

La segunda
Fui bajando despacio
Empujado por yo no sé qué cosas.

La tercera
Amanecí en su fondo.

Y es que el infierno sí existe…
Yo lo vivo y lo veo
Cada vez que me asomo
A los espejos.