domingo, 18 de febrero de 2007

EDUARDO MOGA


















Mencionado por:
Enrique Falcón
María Salvador
Iván Humanes Bespín
Bruno Marcos
José Luis Ángeles
Rubén Martín
Raúl Quinto
Juan Vico
Juan Luis Calbarro
Ramón García Mateos
Marian Raméntol
Vicente Luis Mora
Cesc Fortuny i Fabré
Francisco Javier Irazoki
Juan Manuel Macías
José Luis García Herrera
Andreu Navarra
Jordi Corominas i Julián
José Luis Zerón Huguet

Menciona a:
Marta Agudo
Bel Atreides
Juan Luis Calbarro
Francisco Javier Cubero
José Ángel Cilleruelo
Ramon Dachs
Jordi Doce
Enrique Falcón
Agustín Fernández Mallo
Antonio Gamoneda
Ramón García Mateos
Sergio Gaspar
Juan Antonio González Fuentes
Ricardo Hernández Bravo
Carlos Jiménez Arribas
Juan López-Carrillo
Bruno Marcos Carcedo
Mariano Peyrou
Tomás Sánchez Santiago
Carlos Vitale







Bio-bibliografía

Nací en Barcelona en 1962. He publicado los poemarios Ángel mortal (1994), La luz oída (Premio Adonáis, 1996), El barro en la mirada (1998), Unánime fuego (1999), El corazón, la nada (1999), La montaña hendida (2001), Las horas y los labios (2003) y Soliloquio para dos (2006). He traducido a Arthur Rimbaud, Ramon Llull, Frank O’Hara y Charles Bukowski, entre otros. Soy responsable de las antologías Poesía pasión. Once jóvenes poetas españoles y Los versos satíricos, así como del ensayo De asuntos literarios. Practico la crítica literaria en revistas como Letras Libres, Revista de Libros, Cuadernos Hispanoamericanos, Quimera y Archipiélago, entre otras. Codirijo la colección de poesía de DVD ediciones.



Poética

Las poéticas son un género desprestigiado. Apenas hay poetas que no encabecen sus poéticas con una diatriba contra las poéticas, o, cuando menos, con alguna manifestación de displicencia. Yo, en cambio, creo que constituyen un encomiable ejercicio de rigor intelectual. Entiendo la poesía como la máxima expresión del arte verbal: la que toma a las palabras, no sólo como instrumentos de comunicación, sino también como entidades sensoriales, y las utiliza para crear belleza y despertar emoción. La poesía me sirve para descubrir nuevos ámbitos de la realidad, y para alterarla a través del lenguaje. También para sumergirme en mí mismo, y descubrirme, o interrogarme, o aniquilarme. La poesía me permite suspender el tiempo: el instante se hace eterno, y olvido que he de morir. Gracias a la poesía vivo más: soy más.








Poemas


[Poema XXII de Las horas y los labios, Barcelona, DVD ediciones, 2003]

La ropa tendida ha dejado de moverse. Las moscas ya no vuelan. No oigo los relojes ni las miradas. Un prolongado aguijón atraviesa el cristal desnudo que circunda la carne, lo solo de una calle imprecisa, la supuración de los sauces y las sombras.

Lo que quiero es que te vengas a vivir conmigo.

La boca sabe a caucho. El dolor, acequia insomne, riega, otra vez, los cartílagos, las laderas de la intimidad. El cuerpo se despliega como un animal excesivo: se siente, cruelmente, cuerpo, sombra del cuerpo, éxtasis y humillación del cuerpo, artefacto que conviene al fuego y a la licuefacción del fuego. Y tropiezan los ojos y se cuartean los pómulos y se sublevan las cosas interiores, y el cuerpo lucha por desprenderse de este mármol que desordena, de este mármol con senos y eternidad que ocupa sus pensamientos como una noche quemante, como una multitud manchada de amor. La monotonía es un esqueleto que sonríe. La monotonía se derrama en los cuencos del alma, y redondea sus anfractuosidades, sin que se estremezca ni una sola hebra de su oscuridad. En la monotonía veo una plaza sin nadie, crepitante de silencio y de cigarras, cuyo polvo se levanta en tolvaneras dolorosas cuando sopla el mal, cuando pezones centinelas se allegan, nuevamente, a mis pezones. (¿Qué suscita esta metástasis? ¿Qué lluvioso poder acompaña a un aroma tan frágil? ¿Por qué se desprenden estos volúmenes malos del árbol frenético de los días?)

Una gaviota adorna, como una gárgola, el balcón de una fachada ennegrecida.

Prométeme que querrás a mis hijos, prométeme que no te reducirás los pechos, prométeme que estarás siempre dispuesta.

Un autobús espanta a la gaviota. Un fragor sucio envuelve a los cuerpos que esperan junto a los semáforos.

Prométeme que nunca me harás esto.

Y los muslos remontan los muslos. Y se apresura la sal de la lentitud, que recojo con la lengua temblorosa. Y la lengua atraviesa la lengua y el acero. Y el cielo es manos, y aquello en que se posan las manos. Y los dedos son hambre. Tú me has hecho sentir cosas que no había sentido con nadie. Y los muslos, enzarzados, alcanzan la médula del instante, la lápida de lo nunca sido. Y los ojos lamen y saquean y penetran en lo oscuro. Y la blusa cae. Y el aire cae. Y los vientres se levantan y caen y se levantan y se enceguecen de mucosas. Sólo con oírte al teléfono me humedezco. Y el silencio alcanza el límite de la saliva, y lo acaricia. Y las formas intercambian sus centros, se desnudan de escamas y escaleras, hasta que ya no sé dónde están mis brazos, el pene aturdido, la península de los sueños, los nombres. Esta tarde no te pongas nada debajo. Y cae la piel, que descubre sus sabrosos barrizales, sus diamantes escondidos, y se vuelve a incorporar, como una ola del yo, como una murmurada cadena. (El yo es quebradizo: depende de una mano que alza el vuelo y el orgasmo, y que se convierte en nuestra mano). Y la piel, al caer, es más piel, más concentración de baba y piel, más pureza agolpada o ebriedad de dientes. Y encuentro dureza en el sudor y en las entrañas, donde bate un viento espeso, palabras que arañan y gotean, hendiduras coléricas, zumo entreabierto. Me gusta esta urgencia; significa que me deseas. Y todo se desmorona en un golpe rojo, en una sucesión de espasmos que burla al tiempo y deshace el conglomerado de los días, en un hueco voraz en el que me arrebujo para saberme cosa, nada, dios, brizna poseída por el mundo, o alimentada por su demolición.

¿Me quieres?

Y todo esto sucede mientras cruzo una calle a la que mi delirio proporciona una dolorosa exactitud.






[Fragmento inicial de Soliloquio para dos, Santa Coloma de Gramenet, La Garúa, 2006]

Dime, alma, qué cincel has empleado
para que sea yo tu forma,
qué sombra subyace en mi sombra,
o qué memoria soy, qué invertebrada
conciencia.
¿Has moldeado el aire?
¿Asientes a mis volúmenes, a mis ojos?
Acaso sea hijo de tu luz,
y acaso ese resplandor aterido
me rescate de lo inconcebible
y me alimente de lo mortal:
tu fiebre me unce al ser.
¿Qué extraña potencia, alma,
constituyen mis manos?
¿Son las tuyas?
¿Tienes tú manos?
¿Ven?
Dime, oh, alma, si es tuyo este silencio
o si son los engranajes de mi cuerpo;
dime si dictas tú mi sangre
o es mi sangre la que te articula;
dime si eres mortal
o sólo sucumbes al azar.
¿Existes, alma?
¿Existo yo,
o soy un arañazo de la nada?
Te hablo, y no sé a quién.
¿Por qué es tu transparencia
mi opacidad?
¿Por qué desconozco tu idioma,
si en mí converge cuanto hay,
y me iluminan soles dispares,
y recae en mi piel el peso de lo que se aleja?
¿Por qué no te veo, alma,
si advierto las hondonadas celestes,
los remolinos de la fragilidad?
Me oigo anochecer, y morir,
y construirme;
te niego, alma: niego tu azul
y tus guadañas;
niego tus células,
en las que cunde lo incomprensible.
Y oigo tu levedad,
que me atenaza; y aquilato
tu soplo homicida,
el fluir de tu ausencia
por mis capilares
y mi ropa.
¿Eres, alma?
¿Determinas mi latitud y mi penumbra?
¿Coses mis latidos?
¿Me acunas?
¿Por qué no recalas
en mis signos, y fotografías mis miedos,
y me ratificas en tu hoguera sin causa,
ajena al tacto, despojada de tildes,
pero que siento en el fondo de mi nombre,
derramada,
derramándose?
¿Por qué no lloras?
¿Qué mar es el tuyo, alma?
¿Te poseo
o soy yo tu objeto?
¿Qué abstracciones, pájaros,
estragos
son tu carne,
o la mía? (…)






[Poema III de Cuerpo sin mí, de inminente publicación en Bartleby Editores]

Salardú

Asoman
—rasguños
de carmín— las violetas en el hielo.
(Lo inanimado bulle;
fracasa
la piel sin claraboyas de la nieve).
La claridad cincela
las flores,
y aviva los cristales
esponjosos, y apaga las hogueras del agua
como una mano grande que alisara
las arrugas del mundo. La claridad agrupa
lo que brota desnudo y se abraza
al aire, lo que suda y serpentea
entre coágulos de escarcha,
lo que, encrespado, se reviste
de pausas
y adopta forma
de ventisca o amor. La claridad
es la niebla callada que me envuelve
con la delicadeza del rebeco
que baja del nevero a abrevarse,
entre las brasas del silencio,
mientras destella
la noche.
Los años pacen en la claridad
como en un mar plagado
de espejos, y los ojos del alerce
son los ojos del padre, y la humedad
que nos quema es un pájaro doliente,
y la sangre del viento es sangre derribada,
que abandona su nicho de máquinas y lenguas,
y se reclina en la luz.
Y de la claridad nace la nieve,
como un desmigajarse
meticuloso
de lo visible y lo abierto,
como una flema
sin peso
que barnizase
de incertidumbre el cielo.
La nieve
se reconstruye con su muerte:
tocamos
su desaparición.
En la nieve se esconden círculos
que nos contienen, besos caídos de los labios,
silencios
con cuyo resonar elaboramos
nuestro silencio; su fuego es
la casa en que nacemos,
la lluvia
que nos deseca;
y nos encadenamos al fluir de sus llamas,
porque buscamos el abrigo
de un mundo en el que no palpite lo vacío,
en el que prevalezca cuanto es inmaterial
y, sin embargo, encarna en cuerpo;
un mundo en cuyos límites empiece
de nuevo el mundo.
La nieve
comparte la sustancia de los ojos.
Crezco en ella: regreso.
Palpo su luz metálica: soy niño. Acaricio
su levedad, y lenguas leves
me acarician. Siento los copos como espadas
blandas, dormidas en las depresiones
de la piel, y me quema
su blancura, eclosión oscura de alas;
me quema
como una llama
glacial, como una llama que fuese también piedra.
La claridad
se endurece en la nieve: es ácida,
como la nieve,
y arraiga en ella, hasta alcanzar
el centro del instante, el borde del instante,
el cansancio que impregna las palabras,
heridas por la miel
inalterable de lo sido.
Todo naufraga ahí, y se perpetúa.
Y las tinieblas
supuran,
evisceradas por la claridad.

HARKAITZ CANO











Mencionado por:
Karmelo C. Iribarren
Pepe Ramos
Carlos Pardo
Izaskun Gracia
Iván Repila
Antonio Aguilar
Joaquín Juan Penalva
Pello Otxoteko
Hasier Larretxea
Aitor Francos
Emilio Varela Froján

Menciona a:
Benjamín Prado
Itziar Mínguez
Roger Wolfe
Karmelo C. Iribarren
Sebastià Alzamora
Miren Agur Meabe
Rikardo Arregi Díaz de Heredia
Joseba Sarrionandia
Carlos Pardo
Abraham Gragera
Luis Melgarejo





Bio-bibliografía

Harkaitz Cano nació en San Sebastián en 1975. En 2006 recibió el Premio de la Crítica al mejor libro de prosa escrito en euskara por Neguko zirkua. En 2004 publicó una antología poética bilingüe: Interpretación de los temblores. En castellano también pueden leerse sus novelas El filo de la hierba y Jazz y Alaska en la misma frase y un libro de crónicas neoyorquinas muy personal: El puente desafinado.





Poética

Escribes tres o cuatro poemas que darán la medida
de lo que será algún día un libro de poemas.

Los relees y los sopesas. Los destruyes porque no dan la talla
de ninguno de los poetas que admiras.

Te dedicas a otras cosas.
Vivir. Pensar. Ver qué pasa.

Qué va a pasar.

Pasará que jamás volverás a escribir un poema.

Pero el oficio, ya lo tienes.





Poemas



LA POESÍA ES FICCIÓN (Y UN CUERNO)

No me considero una persona demasiado atormentada.
Pero a veces la resignación se apodera de mí.
Qué le vamos a hacer, todo cambia.
Un antiguo compañero de clase está a punto de casarse
con una chica del opus dei;
otro lleva más de nueve meses en la mar
pescando ilegalmente;
nueve meses, todo un embarazo,
quizás se haya hecho persona en el vientre de la mar
ya que no lo hizo en el de su madre.
A veces una tremenda resignación se apodera de mí
porque cuando tu soledad choca con la mía
me hace daño.
Este sentimiento se parece, cómo decirlo,
a descubrir que cuando cumplimos veintiún años
las chicas que tenían nueve cuando nosotros teníamos trece
tienen ahora diecisiete.
Descubrir al final de una noche, violenta y repentinamente,
que ese amanecer culpable y aquellos tiernos pechos
que nunca osamos imaginar que llegaran a serlo
ya no serán nuestros.
No sé si se entiende dicho así.
Que nos damos cuenta de esto y de aquello,
que hemos apurado ya todos los vasos de nuestra ingenuidad.
Que perdemos la mayor felicidad por el más mínimo error:
por eso, los errores diminutos son los más dolorosos.
Los grandes errores, no tanto.
Podemos acurrucarnos y vivir dentro de ellos,
o dar vueltas alrededor.
¿Qué hacer, sin embargo,
con un error que no es sino el ala de un insecto?
La risa es la única terapia
para ciertos asuntos que nos preocuparon.
Pero ni siquiera eso es suficiente.
Como tampoco lo es cubrir espejos con sábanas
para ser invisibles. Sobre todo, eso.
Y que todo lo que perdemos en la vida,
lo hemos perdido por no ejecutar a tiempo,
hace ya mucho, un adagio, un saludo
o un gesto
de complicidad.

De: Interpretación de los temblores, (Atenea, 2004)







BASQUIAT


Yo soy Jean Michel Basquiat:
artista negro que las pasó moradas
marginado por blancos y mulatos;
soy el que metía el dedo en el ojo
del gusto establecido
y lo sacaba del culo de cantantes rubia platino.
Soy el que pintaba sobre las puertas y las cortinas de su casa,
aquél a quien sus amigos robaron el frigorífico cuando murió
porque pintado en él había un dibujo que podía malvenderse
por cuatro duros.

Yo soy Jean Michel Basquiat.

Tomaba café sobre mis lienzos, comía sobre ellos,
me enfurecía, reconciliaba, desesperaba, revolcaba
y dormía sobre ellos cuando me dejaban.
Soy aquél que utilizaba sus cuadros como agenda
y apuntaba en los lienzos los teléfonos de mis novias
hasta que me enfadaba con ellas, y entonces los tachaba;
porque la mejor forma de resaltar las cosas
y de que la gente haga caso y repare en ellas
es borrarlas;
borrar todo lo que uno pinta
es la manera, el único camino.

Yo soy Basquiat.

Boxeé con Warhol y lo vencí en tres asaltos.
Soy yo. Yo soy Basquiat.
Hice el amor con todas las progres chic
del downtown neoyorquino.
Basquiat, el que vendía al mismo precio cuadros
que me llevaban dos semanas o diez segundos de trabajo.
Porque en ese temblor de muñeca de diez segundos
–esgrima y pincel–
se condensaba mi vida entera.


Yo soy Basquiat
niño problemático
joven de pelo rasta que aspiraba a exprimir la vida
para dejar un cadáver como para follárselo
y olvidó que todo cítrico tiene dos mitades.
Yo soy Basquiat:
ingenuo
absorbido por el mercado
inaguantable
seductor
profundo
superficial
natural
artificial
todo lo que tú quieras, ahora que estoy muerto.
Ése soy yo, ése que cuando no tenía dinero
o su camello le fallaba
dormitaba en Washington Square.

El que pintaba con dos tocadiscos y dos televisores encendidos
con el volumen a tope,
ladrón
villano
coronado rey
madre y abuela del fracaso
hijo del éxito,
aquel que en el fondo de los ojos
tenía aún la tristeza latente de un niño amordazado.
Y, cómo no, aquel que murió de sobredosis con veintisiete años,
el que quiere sacar su brazo de debajo de la tierra
para borrar de un último brochazo su lápida
incapaz de apuntar o tachar
un último número de teléfono,
aquel que yace
en este nicho de Brooklyn
y en cada uno de sus
cuadros.

Yo soy Basquiat.

De: Interpretación de los temblores, (Atenea, 2004)





ALEMANIA AÑO CERO


Al volver del colegio traía en la cartera
trozos de carbón desprendidos de los carruajes.
Su familia los recibía cual oro en paño.
Pero las cosas se torcieron, padre murió,
la conciencia del niño dejó de medirse
en la escala de la picaresca.
El niño, antes de saltar al vacío,
observó su casa desde otra casa,
su ruina desde otra ruina;
su esqueleto desde otro esqueleto.
Vio las ventanas, tapiadas por maderos en cruz.
Ningún tesoro para un infante allí
tras los postigos carcomidos.

E la nave va. Y el niño, salta.

Rebobinamos la última secuencia una y otra vez,
resucitando al niño y desafiando a la gravedad,
cerciorándonos de los trucos de montaje:
nos aseguramos así de que Rossellini
dejó con vida al niño actor, al menos.

Abrimos la ventana, para ventilar.

Inédito

ÍÑIGO SAN SEBASTIÁN




























Mencionado por:
Lucas Rodríguez
Carmen Beltrán
Eduardo Fariña
Pablo López Carballo
María Inmaculada Fernández Barjola

Menciona a:
María Inmaculada Fernández Barjola
Francisco J. Uriz
David Eloy Rodríguez
Karmelo C. Iribarren
Pablo López Carballo
Lara Otero
Luis Rodríguez Lucas
Antonio Orihuela
Carmen Beltrán
Diego Palmath
Eduardo Fariña





Bio-bibliografía

Íñigo San Sebastián Barja (Logroño, 1980), es Ingeniero Técnico Industrial en Electrónica por la Universidad de La Rioja. Ha publicado los poemarios Asfalto (Ed. Celya, 2004) y Ciudad, peregrino inmóvil (Ed. 4 de Agosto, 2006). Poemas suyos han aparecido en la recopilación Voces del extremo VI. Poesía y canción (Ed. Fundación Juan Ramón Jiménez, 2004). Fue uno de los ganadores en el V Certamen de Cuentos del Ateneo Libertario Al Margen (Valencia, 2000), publicando en el correspondiente libro, y ha aparecido junto con otros autores en libros como Cuentos por encargo (Ayto. Logroño, 2003), El de la triste figura. Visiones de El Quijote desde La Rioja (I.E.R., 2005), entre otros. Codirige el fanzine literario Lapapelera y ha colaborado con diversas publicaciones como Fábula, Entelequia, Portales, etc.





Poética

Palabras que no escondan, que no disfracen, que no sobren: que digan lo que no puedan decir otras, y que lo digan de veinte formas diferentes; nadie dijo que fuera a ser fácil. Adaptar la tradición al presente: partir desde cero de nuevo. Sabiendo ya dónde estamos (esto se antoja imprescindible), caminar sin saber bien hacia dónde, lanzar el mayor número de preguntas aunque no se esperen respuestas, y que las múltiples verdades coexistentes caigan por su propio reflejo.
Desde el privilegio de un atrio hemos decidido usar las palabras: podemos llorar en la esquina de un cuarto oscuro, levitar sobre una jauría adulante, levantar edificios sin puertas ni ventanas. ¿No sería más sensato decir algo?





Poemas


VIVIR, PERO ¿CÓMO?

“Le spectre du n’importe
quoi me crève, tout est
n’importe quoi et derrière
apparaît le spectacle accablessant.”
Alcatraz


Bukowski le dijo a Van Gogh
­― aunque Vincent nunca lo supo,
por ese matiz que es el tiempo―
que las putas quieren dinero,
no que te cortes una oreja.
Es el sentido práctico de la vida
que me dice claramente:
olvídate del edificio,
esa chabola que hiciste dúplex
― la buhardilla donde mirar al mundo
y el sótano donde crear las armas―.
Vivir sólo parece posible
si me confunden con otro.
Cualquiera.





FOTOGRAFÍAS

Sé que por más que haga,
por más que mis dedos
me dibujen en el papel,
por más que el lloro
y la sonrisa,
la rabia,
te intenten dibujar como a mí,
sé que al final
sólo será una foto
con grietas en el papel
y los bordes amarillos.
Y luego, polvo.

Los dos poemas anteriores pertenecen al libro Asfalto (Ed. Celya, 2004)




OLIVEIRA DE AZEMÉIS

Veo la tensión en todas las venas
que se marcan por la sien hasta las uñas
que se muerden con los dientes desgastados
de tanto apretar contra sí mismos.

Van con el gesto torcido de la cara
que les puede partir un imprevisto
que les sigue al caminar solos por aceras
de calles donde se apilan horas punta.

Con el calzado de hipoteca, el pago del paro,
la tarjeta de seda o la corbata de seguridad
se abalanzan como curtidos perros

atropellados en la cuneta de una carretera
cortada por las obras de los hombres
que son más grandes que los hombres.



AUGUSTA EMÉRITA

Hemos sobrevivido a la vida,
pero sólo es cuestión de tiempo.
Estoy seguro de que juntos podremos
mezclar nuestro polvo
depositándolo sobre un canto sin aristas
― el ladrón que las roba
corre sin descanso
sin nadie que quiera perseguirle―
porque llegados a este punto
el licor es una gota evaporada
sobre una lengua muerta y olvidada
grado a grado, mota a mota,
en el aire que respiramos.
En el eco de su caída,
tan sólo las piedras se escuchan
mudas, atentas,
aguardando a que el sol las queme
para olvidar su imagen, que es la nuestra.


Los dos poemas anteriores pertenecen al libro Ciudad, peregrino inmóvil (Ed. 4 de Agosto, 2006)

sábado, 17 de febrero de 2007

BRUNO MARCOS



























Mencionado por:
Raúl Herrero
Eduardo Moga
José Luis Puerto

Menciona a:
Antonio Gamoneda
José Luis Puerto
Eduardo Moga
Raúl Herrero


Bio-bibliografía

Bruno Marcos Carcedo (San Sebastián, 1970). Reside en León. Es licenciado en Bellas Artes por la Universidad de Salamanca y combina la actividad en el campo de las artes plásticas con la literatura y la docencia. Ha realizado numerosas exposiciones en España, Portugal, Italia y Nueva York. Colabora en el suplemento cultural Filandón del Diario de León y ha publicado una obra poética Libro de las Enumeraciones (1996), un ensayo de estética Muerte del arte. (1997) y las novelas Lo más profundo es la piel (2002) y La fiesta del fin del mundo (2004). Ha recibido varios premios como los de Arte Joven y Letras Jóvenes de Castilla y León y de Creación literaria del Instituto Leonés de Cultura y del Ministerio de Cultura. Ha sido incluido en la antología Poesía pasión. Próximamente publicará el libro Nevermore surgido a partir de un blog y, en la actualidad, escribe el diario del payaso y el esqueleto.


Poética

A la fuerza centrífuga que nos lanza hacia fuera se le une otra centrípeta, una espiral que va hacia dentro y que, en su ensimismamiento, recupera al otro en la autenticidad.
La tinta que arrastra la poesía es una reconstrucción de la inocencia en la que se da una ascensión de las cosas hasta su fundación en el lenguaje y en la conciencia.
Es poéticamente como el hombre habita esta tierra y no es barbárico escribir poesía después de Auschwitz, después de todos los Auschwitz la poesía es más necesaria que nunca, aunque, a veces, ella misma sea pasar una temporada en el infierno.



Poemas



Fragmentos
de
Libro de las enumeraciones
Colección Provincia, Diputación de León, 1996.


Ha hecho falta el odio para llegar a este relato
el odio ante la blanca terquedad del dolor
el odio de las aguas lisérgicas.

Me ha dado miedo mucho tiempo este relato
pero el relato me ha perseguido y me ha llegado
su brisa helada bajo el sol.

Esto no es ninguna historia porque no te va a llevar a ningún punto, porque no va a haber ninguna génesis ni ninguna hecatombe, esto son las descomposiciones de los grandes excrementos, un instante en el proceso, un libro de enumeraciones que va a ayudar a bailar a quien está llorando y a llorar al que está bailando sobre los médanos en el sopor simpático de la sedación.
****


... yo me senté en el
semen seco y en las huellas de los dientes sobre la manteca helada e imágenes sin hilazón entraban en mí porque el conjunto de mi percepción crepuscular era áspero y citado sobre una pizarra donde la fertilidad era un impulso ciego de inanidad, donde la fertilidad resbalaba sobre cuellos de grasa y cavernas térmicas y no conocía más que un sillón vacío donde había un silencio nutriéndose en la opacidad. Tenías roto el camisón y bajo la luz débil en la mesita estaba la casa de alfileres y el pie de la lámpara con una jirafa que estiraba el cuello hasta la palmera junto a la bombilla. Daba la lata el viento contra la persiana. Rezaban en el pasillo a oscuras mientras cada uno en su cama se ovillaba. No hay ningún gesto dentro del frío, no hay muerte ni vida, dolor ni memoria sólo temperatura en la postura y mucho frío fuera y mucho frío dentro y antes y después al calor de la electricidad y agarrados como los mendigos mejilla con mejilla para producir más calor, sin amor, sólo temperatura y sobre el filamento todo cumplido como el circuito de la electricidad.

***

No tiene fin la ansiedad y muerde la piel como una solución carbónica y recorre el interior del tiempo y se enquista en los labios como una cifra mientras el corazón se sacude como un pez.

Es tarde y el televisor está encendido y sobre cuántas cosas precarias se sostiene nuestra vida y la luna temblando impenitente, y nosotros que moriremos para siempre y tantas cosas difíciles de nombrar fuera del absurdo.
Ahora es el silencio del electroshock e invisibles, flotando sobre el campo: la desesperación, el abandono, las humillaciones, la indignidad, la crueldad, los tormentos, el miedo, la incomprensión, la incapacidad, el deterioro, la degeneración, la repulsa, el dolor...
Y en la habitación el sabor crudo del fósforo frotado sobre las piedras del ferrocarril y los pezones sostenidos dulcemente junto a los cristales aplastados sobre el amor y en el lecho dalias ocultas bajo hortensias.

Hay en ti un territorio dulce sobre el que no tengo fuerzas para hablar. Es un campo de eucalipto con un sabio en una almena. No diré más. De todas formas es tarde de algún modo y estaremos sucios y olerán nuestros sobacos como un libro ajado y carnoso y estoy cansado del insomnio y mi despreocupación es más grande que mi dolor porque los barcos están cruzando mi ventana y me da igual. Somos esto: el resultado de una patada fuerte a la pelota.
Puede que sea el momento de la locura o de la soledad tan enorme que no exista más que en el espacio de la locura pero sólo hay una sensación como de estancia vacía y de que mis sábanas son las más ásperas del mundo y de que al fondo, en la garganta de la tómbola, hay una doncella en el barro.

***

Hay un aspecto aburrido sobre las escenas obscenas, tal vez el final o el comienzo de un estado de ánimo pero qué es este sabor que hay en mi boca y esta luz blanca que no cesa de volar sobre mi felicidad, cuándo apareció esta mordedura junto a mis testículos, qué es este suelo. Salud y objetos y palabras ponen en marcha mandíbulas lejanas, cosas incomprensibles.

***

Estoy equivocado en el futuro y estoy equivocado en mi pasado. Me he rendido en la esperanza y mi cuerpo se ha depositado en las olas y he desistido en los bramidos que podían desentrañar el mar y no creo en ellos y sólo les tengo nostalgia.

Cualquiera que sea la sustancia de este texto está abandonando mis venas y su marcha deja la sustancia de otros relatos secundarios y los argumentos también han desistido de sus formas y mi alma está engordando y me convierto en una bola sentimental que llora con afán de felicidad, en una boca conmovedora que quiere hablar mientras este libro se cierra como una herida y se extingue en mí bajo el presagio de su aura construida a través de la ceremonia de su reproducción.

Nada ha bastado aún para destruirme aunque
tengo la sensación de haber sido destruido.






Poemas
De
Serás para nunca
Aparecidos en la antología Poesía pasión. Doce jóvenes poetas españoles
Libros del Innombrable, 2005.

¿Para qué tú?
Preguntas para el barro,
cabeza de barro, piel de barro.
Música de no, cuerpo de no.

Entro en mí y hay esto:
¿Para qué tú?

Es este cuerpo un campo de nunca.
Carne o sombra o luz.

Suena un silbido sin señales:
¿Para qué tú?

Trozos de sangre entre la hierba.
¿Qué edad, qué tiempo, qué qué
tuerce una felicidad de dedos?

Luz para nadie:
¿Para qué tú?



***


Estás ahí para temblar,
ave loca
en medio de la felicidad.
Eres en el miedo,
eres con el miedo,
eres el mismo miedo
y estás ahí,
flotas en el viento
y el viento flota en ti
como ceniza
adelantada al viento.
Poco a poco
das la espalda
a la tormenta
hasta que la tormenta
entra en ti.

CARMEN SALAZAR


























Mencionada por:
Gloria de Frutos
Amparo Huesa

Menciona a:
Gloria de Frutos
Amparo Huesa
Agustín Calvo
José María Pinilla
Matilde Selva
María Beneyto
Ángeles Lence
Amparo Santana
Lola Pérez-Melero
Dana Mael



Bio-bibliografía:

Nací en Bicorp (Valencia).
Pertenezco al grupo literario “Palabras Andantes” de Valencia.
He participado en tres antologías publicadas:
- En el Umbral de la Palabra (Círculo de Tinta, 1998)
- Invierno Nevado (Centro de Estudios Poéticos ,2001)
- La voz de los versos (Ediciones Atenas,2006)






Mi poética

Trabajo con lo INMEDIATO, pero a través de la poesía lo alejo. Uno la pasión de sentir con la frialdad al escribirlo. Siguiendo la máxima: “Que hay que escribir con frialdad lo que se siente apasionadamente”. Mi poesía discurre desde FUERA hacia adentro. Tomo un detalle de la realidad más inmediata y a través de él, desarrollo el poema. Mi poesía nunca es leída, sino cuando el tiempo ha dejado que su corazón, ese corazón que late en ella, se pare definitivamente. Mis poemas se ensamblan unos con otros, como los vagones de un tren. Quizás es una palabra lo que los une o los separa, o tal vez el significado de una duda resuelta a través del tiempo o todavía en proyecto de resolverse. El poeta necesita de unos silencios entre poema y poema. Ahí descansa el poema escrito y respira el poeta.











Poemas





DESDE LAS FRÍAS NIEVES

Después de muchos años
lo supe.
Supe que como vagones
de un tren interminable,
escritores de siglos atrás
llegaron hasta nosotros
para empujarnos con su vaivén,
hacia un andén
que nos habría de conducir
hacia un destino desconocido.

Escritores que llegaban
desde los bares del Sur
o desde las frías nieves
del Kilimanjaro.
Su movimiento constante
de acá para allá,
alternando la noche de París
con horas muertas en un frío escritorio
de una buhardilla sin ascensor.
Asistiendo al deslumbramiento
de una primera película,
donde un héroe anónimo
les hablaba de miseria y gloria.

PARÍS NO SE ACABA NUNCA
es una frase lanzada al viento
y como polen
recogida por el tiempo
y expandida en todas direcciones.
La experiencia de hombres
que atravesaron fronteras
para descubrir tan sólo,
su deseo de existir
en el punto exacto
donde otros abandonaron sus ideales.

Tal vez París sí se acaba;
pero nunca se olvida:
como una cumbre pisada años atrás
o soñada por el hombre.











LA CAJA DE PANDORA

No la abras
ni la escuches,
que es cristal
de fina capa.

Séllala con cintas de plata
y borra su tinta
con letras de agua.

Es de espuma su imagen
y sus palabras
las lleva el viento
como alondra en una playa.

Es caja y es alma;
y en sus ojos se lee
lo que al silencio escapa.

No hay hojas que tejan
sus raíces amargas,
ni velos que cubran
su desnudez opalina
y sus miradas.

No la abras ni la escuches,
más que cuando alguien
rasgue tu capa.

Mirando en esos ojos,
encontrarás lo que indagas,
y la llave
que esconde secretos de amor,
palabras...











TODOS LOS MARES.

Quiero que converjan
en mis ojos
el color
de todos los mares:
azules, verdes, marrones;
para, cual arco iris,
proyectarlos como un
calidoscopio.

Quiero cerrar los ojos,
para que juntos
se mezclen,
como junta el color
en su paleta el pintor
y los armoniza.

Esos mares recorridos
de arena y roca,
de sol y luna.
Partir con esa luz
que funde los colores
y los desdibuja en la memoria.

Mar con voz que grita
mientras el marinero
mira y calla.
Mar allá,
donde el mar solloza.


(“La voz de los versos”,
Ed. Atenas, 2006)

viernes, 16 de febrero de 2007

LUNA MIGUEL













Mencionada por:
Joaquín Ruano
Enrique Morales
Alfonso García-Villalba
Sergio Espinosa
Daniel Cundari
Emily Roberts
Ernesto Castro
Odile L’Autremonde
Unai Velasco
Maite Dono
Francisco José Martínez Morán
Andrés García Cerdán
Ángel de la Torre
Ana Gorría







Bio-bibliografía



Luna Miguel (1990) estudia Periodismo en Madrid. Es columnista en el diario Público y colaboradora de Quimera, Koult y Vice. Sus poemas han aparecido en diversas revistas y antologías nacionales e internacionales como Los Noveles, New Wave Vomit o 3AM. Es autora de los poemarios Estar enfermo (La Bella Varsovia, 2010), Poetry is not dead (DVD, 2010) y Pensamientos estériles (en prensa); y del relato Exhumación (Alpha Decay, 2010) escrito a cuatro manos con Antonio J. Rodríguez.
Mantiene un blog: http://lunamiguel.blogspot.com/







Poemas


SOBRE LA MEDIOCRIDADNo nos enseñaron a nadar
y en poco tiempo
aprendimos a ahogarnos.

La espuma era larga,
la cresta amarga y sonora.

Estallaba gota a gota
el aire
contra su propio cadáver.

No nos enseñaron a remar
y el temporal precipitó un naufragio.

La balsa, para la medusa.





SAILOR'S GRAVE
Pacté con mi madre un tatuaje en el cuello.
Las dos compartiríamos marca,
las dos,
el sello de la tinta que nos une.

Sin embargo ahora
una cicatriz en el lugar íntimo
separa nuestras nucas para siempre.




NOTTURNO 223, CUARTA PARTE

Acabaré escribiendo
cualquier cosa
menos poesía.

Acabaré ahogada
en la sábana,
en la cama verde
que no alcanzo
cama
a la que no llego
por este camino
ruidoso.

Autobús: casa.

Argelinos dormidos.
Maricas que respiran
rápido
como si vivieran al borde
de la muerte.

Transporte atestado: casa.

Acabaré mareada
en la cuneta
dos euros ochenta y cinco
céntimos.

Y a cada hora el trayecto
es más
peligroso.
Y a cada hora
la cama
es más
extraña.

Acabaré mandando
Continental Auto
a la mierda.

Porque la vida
es cualquier cosa
menos poesía.

Porque qué tiene
de poético
el miedo hoy
en mi carne.

Acabaré haciendo
cualquier otra cosa
menos
poesía.

Porque no es lo que tú.

Ni lo que yo.

Porque no es lo que el mundo
necesita.

ROCÍO HERNÁNDEZ TRIANO

















Mencionada por:
Daniel Rabanaque
Daniel García Florindo
Anabel Caride
Tobías Campos Fernández
Esperanza López García
Antonio J. Sánchez
Pedro Sánchez Sanz
Jesús Cárdenas Sánchez
Isabel Martín Salinas

Menciona a:
Daniel García Florindo
María Jesús Soler Arteaga
Lorena Salas Ruano
Ana Mª Saldaña Fernández
Pedro Sánchez Sanz
José Ángel Valente
Luis Cernuda
Vicente Aleixandre
Félix Grande
San Juan de la Cruz





Lo que yo soy

Mi nombre es Rocío Hernández Triano. Nací en Sevilla en 1976. Me licencié en Filología Hispánicas.
He participado en distintas revistas literarias y en una antología de poesía, No quedará la noche(ediciones Ágora, 2004) .
Me gano la vida como profesora de Lengua y Literatura en un centro de Educación Secundaria de la provincia de Sevilla.











Poética

Escribir es un acto doloroso. Supone escarbar en la conciencia, descalichar las paredes de la memoria, entregarse a la palabra. Escribir es desmadejarse, deshilvanar la trama de la realidad y convertirla en un testimonio de lo que somos o fuimos o quisimos ser. Escribir es iluminar lo oscuro y cegarse o ver. Escribir es convertirte en testimonio y regatear con la muerte y la nada. Escribir es elaborar la mentira que encierran todas las verdades que duelen demasiado.








Poemas








El descanso del guerrero

Me decías: “tú eres mi descanso”
y azules se volvían los muebles,
los ruidos
y los vicios del tedio.
Vaciaba la penumbra
lavazas de ceniza sobre tu cuerpo firme,
sobre mi, que desnuda mi cuerpo te ofrecía.
Se estremecía la cal de las paredes,
temblaban las baldosas
y tiritabas y decías mi nombre.
“tú eres mi descanso”.
Nos tragaba la tierra.
Hacia el centro girábamos,
vivíamos raíces,
oscuridades líquidas.
Luego nos expulsaba,
cubiertos de los jugos que vienen de lo hondo,
húmedos y felices.

Pero todo ocurría como una irrealidad
construida o soñada.

El lunes me clavaba el disfraz de don nadie,
mi atrezzo o desventura.
Lo de fuera se vuelve polvo del desencanto,
cachivaches, objetos
inútiles o torpes.
Y nada justifica este cuerpo que aprendo
a querer como mío.
Pero vienes y dices: “tú eres mi descanso”
Y me abro y te trago
Con furia, con destreza.







Resurrección

Este amor es perderse,
olvidar los paraguas,
beber del aguacero como parto de otoño,
que del pecho te brote
un árbol desgajado y de fruta jugosa.

Este amor es tan líquido
Que me vuelvo torrente allá donde me tocas.
Es dolor verde y áspero como planta del trópico,
Como raíz amarga.

Este amor es perderse.
Olvidar lo que quise con ruindad o miedo,
como si de este mundo nada pueda llegarnos,
porque miné los puentes, soterré los recuerdos
y ya no tengo nada que me sepa a otra cosa
que tu sabor a limo.
Porque has vuelto mezquinos los gustos del pasado,
miserables o pobres.

Este amor es perderse,
que no nos reconozcan,
volvernos extranjeros en las viejas ciudades
que han sido nuestro amparo.
El vértigo que ofrece la libertad,
las calles para amantes furtivos.


Este amor es perderse,
renovarse, trocarse,
esperar de la vida un milagro de luz,
resurgir la esperanza.






Busqué la claridad

Busqué la claridad con los ojos abiertos
como quien sale ahogado de lo oscuro a la luz,
del légamo a la lumbre.
Como quien lleva siglos sumido en la tiniebla
Avancé torpemente,
vacilante, temblando
sobre un hilo invisible.
Pero estaba tu mano allá lejos,
como aquellas promesas en las que no creemos,
como aquellas promesas que han esperado tanto
que ya no se conocen.