martes, 5 de diciembre de 2006

ANTONIO GÓMEZ






















Mencionado por:
Sergi Quiñonero
Antonio Orihuela
Julián Sánchez
Juan López de Ael
Iris Blanco
Luis Felipe Comendador
Gustavo Vega
Roberto Farona
Emilia Oliva
José Antonio Cáceres
Rafael Peralto
Hugo Izarra
Isabel Méndez


Menciona a:
Ada Salas
Luis Felipe Comendador
Fernando Beltrán
Uberto Stabile
Elías Moro



Bio-bibliografía
Antonio Gómez (Cuenca, 1951) Milita activamente en la experimentación poética desde 1968. Como creador y lector-espectador, ha sufrido y gozado intensamente la poesía experimental en todas sus modalidades, visual, objeto, concreta, fónica, performace, etc. Desde sus comienzos nunca dejó de escribir poesía, aunque esta faceta sea casi desconocida.





Poética

Al enfrentarme hoy a este intento de analizar mi poesía, no puedo evitar el ver toda mi obra como algo accidental. Esta circunstancia, presente desde el primero de mis poemas, imprime en mi poética el carácter de provisional o transitoria.
Casi cuarenta años de fiel convivencia con la poesía y todavía mí respuesta se diversifica en estilos y tendencias diferentes.
Sin objetivos claros ni determinados. Sin buscar rupturas deliberadas, ni pretender ser espejo de contraste. Mi actitud poética me ha conducido hasta el convencimiento personal de que toda realidad puede ser enriquecida al abordarla con nuevas técnicas, siempre que el rigor y la honradez estén presentes en todo el proceso del acto creativo.
Tengo muy claro que el ejercer de poeta no es consecuencia de la inspiración, ni tampoco de una aventura estética. La poesía (en mí) es un hecho intrínseco, inmanente, esencial y necesario. Es también un continuo aprendizaje, atento siempre a la realidad inmediata y abierto a todas las teorías, a todas las corrientes.
La comunicación cada vez más directa y los continuos conflictos con la realidad, hacen que el lenguaje se mantenga vivo innovándose. Evoluciona la imagen, se descubren nuevas posibilidades expresivas, nuevos significados, nuevos tipos de relaciones que renuevan y comunican otros contenidos. El acto de fusión de diversas disciplinas enriquece mi obra y por propia evolución y convencimiento me libero de estructuras literarias y ciertos rigores ortodoxos.






Poemas


A veces las palabras
nada significan.

Cada ausencia,
cada huella,
cada cicatriz,
son un poema.

( de ¨Caminar por caminar cansa¨. Edt. Diputación de Badajoz)



La realidad,
con sus trampas,
compone
y descompone.
Da luz,
junta
y reconcilia.

Abre o cierra,
dice o calla.

(de ¨Sueños ajenos¨. Edto. El Gato gris.Valladolid)






Llámame necio y mentecato,
estúpido, imbécil
o simplemente ignorante.
Pero déjame tranquilo
que descanse adormecido,
que repose sosegadamente
hasta aletargarme amodorrado.

Deja que ejerza sin estrategias.
Me lo pide el cuerpo
y no importa cómo quede
ni el lugar.

Cuando la ventaja es injusta
el valor de la derrota
nada debe preocuparnos.

( de ¨Agua, pan y cama¨. Edt. Escuela de Arte de Mérida)

UBERTO STABILE















Mencionado por:
Antonio Orihuela
Antonio Gómez
Inmaculada Luna
Luís Ene
Francisco Vaz

Luis Felipe Comendador


Iván Vergara
Javier Gato
Carlos Frühbeck
Lupe García Araya
Rafael Peralto
Alberto García-Teresa



Menciona a:
Inmaculada Luna
Fernando Beltrán
Ángel Petisme
Eva Vaz
Jesús Aguado


Bio-bibliografía

Nació en Valencia en 1959. Cursó estudios de Hª del Arte. En los '80 diige el café-librería Cavallers de Neu, la Editorial Malvarrosa y funda la Unión de Escritores del País Valenciano. Desde 1991 reside en Huelva donde dirige los Encuentros Internacionales de Editores Independietes EDITA, la revista de poesia Aullido y trabaja como gestor cultural en el Ayuntamiento de Punta Umbría. En la actualidad trabaja intensamente en las relaciones culturales hispano-mexicanas.


Poética


En el escenario de mi poesía actúan de la mano el tiempo fugitivo, la delincuencia del deseo y todas las contradicciones que hacen de mí un ser político y caótico. Creo en el amor como fuente de toda resistencia y entrega, metáfora de cuanto singular y plural convive en mi interior. El amor aligera las maletas del tiempo, y escribe la música de mis olvidos. Me preocupa el mundo en el que vivo, el lugar dónde lo habito y el amor con que lo hago. Son mis ojos los de un niño que no deja de sorprenderse frente a la turbadora armonía de la naturaleza humana. Me interesa más la emoción que la perfección, el duende que el príncipe, el milagro que la fe. Sólo así puedo entender que un poema de amor se convierta en un acto radical, de resistencia, de compromiso con la realidad y más allá, de compromiso con las ideas, con los sueños, con las utopías.

Poemas

DICE GUILLESPIE


Dice Guillespie que la muerte no es lo peor
que no es el dolor la mejor escuela
ni el hambre nos convierte en campeones.
Dice Guillespie
que no son más fuertes quienes más pueden
que los son quienes más resisten
quienes de la derrota levantan caricias.
Dice Guillespie
que lo más peligroso nunca es el peligro
que lo más peligroso es la seguridad
con la que eludimos siempre el mismo peligro.
Dice Guillespie
que no es un hombre acabado
que es sólo un hombre que está acabando
que nunca el final sustituye al fin,
porque en realidad
dice Guillespie
que le dijo Parker
que le contó Cortázar
que en lugar de hacer el amor
ya va siendo hora
que el amor nos haga.

(de Los días contados, Editorial Diarios de Helena, Elche 2000)



PAISA

oye paisa tu compra algo mi
reló, gafa, goro
bueno, bonito, barato paisa
tu compra algo mi…


pero es que no te enteras…
no quiero nada de ti moreno
ya todo lo tengo,
tus bosques, tus minas, tus piedras
preciosas, tus negras
toda tu piel y sal
y los leones enjaulados
y los bancos de peces,
hasta el color púrpura de áfrica
-el cuerno de la abundancia –
lo tengo yo…

pero oye paisa yo amigo tuyo
yo sólo busca trabajo en españa
sólo compra algo mi
yo hambre, yo no casa
yo amigo paisa, mucho amigo


no negro, tu no amigo mío,
esta no es tu tierra
yo tengo ahora el tiempo
y el fondo monetario internacional
y todas, todas las malditas
organizaciones no gubernamentales
para lavarme la cara y el culo
y venderte como siempre
lo que antes ya era tuyo

oye paisa pero yo siempre bueno con tu
yo gusta barsa y pallea
y mucho toro en sevilla
yo sólo hambre paisa
mucha hambre…


eres tonto negro,
tu nunca amigo mío,
tu hambre me da de comer
tu sed llena mis piscinas
tu mujer calienta mi cama
tus heridas de bala las fabrico yo
yo soy tu virus del sida negro
yo soy el blanco
de todas tus pesadillas.

no paisa no
yo siempre amigo tuyo
yo cuida bien tu familia
yo sólo tener la vida,
mucho querer y amor
y sonrisas
que paisa ya no tiene,
sólo eso paisa, la vida.


(de “Cien días de Mayo”, Editorial Homoscriptum, Monterrey, México 2006)



LOS IMPOSTORES

El olvido es la madrugara donde el miedo les hace fuertes
son como amantes inexpertos despidiéndose una y otra vez
sin terminar de pronuNciar nunca el definitivo adiós.
Los impostores conocen todas las entradas y salidas de los sueños
todos los rodeos que hay que dar para llegar antes a ninguna parte.
Los impostores se suceden uno tras otro
confundidos entre la niebla y el amor ciego
son el ir y venir de una misma cosa
el plazo de una deuda que no se paga.
Ellos trazan las fronteras de paises imaginarios
y juegan a conquistarlos desafiando al miedo.
Son audaces ante la adversidad
y pálidos bajo el fuego.
Ellos siempre andan pisándose los talones
en su loca carrera por no ser advertidos.
Frente a la verdad son invisibles
mudos frente al silencio.
Los impostores nunca tienen el mismo rostro
ni usan palabras que los delaten,
emboscados en sus viejas gabardinas
los impostores pasean al acecho bajo la lluvia.
Dicen venir de lejos
pero son siempre del mismo lugar
sus huellas no perduran
sus manos frías cambian de color
cuando alguien las estrecha.
Los impostores habitan el amor
como se habita una casa vacía,
mienten para sobrevivir
y viven con la incertidumbre atada al cuello.
Los impostores nos engañan con su certeza transparente
nos conducen sin tregua ni descanso
al lugar de siempre.
Los impostores somos nosotros mismos
cuando cerramos los ojos
ante el amor que duele.

(inédito)











lunes, 4 de diciembre de 2006

DAVID GONZÁLEZ


















Mencionado por:
Antonio Orihuela
Vicente Muñoz Álvarez
Alfonso Rabanal
Vicent Camps
Sergi Puertas
David Mardaras
Begoña Paz
Lluís Pons Mora
Iñaki Echarte
Julián Sánchez
Ernesto García López
Juan Antonio Mora
Carmen Beltrán
Fermín Vera Arrieta
Sofía F. Castañón
Sonia San Román
Pablo Texón
Javier Esteban Gayo
Víctor M. García
Isabel Bono
Antonio Pérez Morte
Toño Soria
David Refoyo
Safrika
Garikoitz Gómez Alfaro
Francisco Vaz
Daniel Macías
Luis Felipe Comendador
Iván Mariscal
Jorge Barco
Javier Vázquez Losada
Jorge Díaz
Antonio Huerta Orihuela
Sibisse Rodríguez
Gsus Bonilla
Héctor Castilla
Andrés Ramón Pérez Blanco
Víctor Sierra
Javier Das
Ismael Cabezas
Yolanda Sáenz de Tejada
Antonio García Villarán
Begoña Leonardo
Ana Vega
Javier Gato
Eva Márquez
Eduardo Boix
Alfonso García-Villalba
Pedro J. Serrano
Alicia García Nuñez
Teo Serna
J. Jorge Sánchez
Emma Cabal Sánchez
Elvira Laruelo
Esteban Maldonado


Menciona a:
Antonio Orihuela
Vicente Muñoz ÁlvarezIgnacio Escuín
Lluís Pons Mora
Luis R. Lucas


Bio-bibliografía

David González: 1964: San Andrés de los Tacones, Gijón. Dirige la colección de poesía Zigurat, que edita el Ateneo Obrero de Gijón. Ha publicado, entre otros, los siguientes libros: Reza lo que sepas (Eclipsados, 2006), El amor ya no es contemporáneo (Ediciones Baile del Sol, 2005), Tango azul (Universidad Católica de Córdoba, Argentina, 2005) y Anda, hombre, levántate de ti (Bartleby Editores, 2004). Sus poemas han sido traducidos al inglés, al alemán, al francés, al árabe y al húngaro.






Poética


Escribo para limpiarme por dentro.




Poemas


HISTORIA DE ESPAÑA: NUDO

Un nudo. Esto, explica la anciana,
fue lo último que hizo mi padre
con sus propias manos.
Un nudo.

Piénsalo.

Es lo último que hace ese hombre
con sus propias manos.

No estrecha entre sus brazos
a su madre, a su hermano o a un amigo.
No acuna en ellos a su hija recién nacida.
Tampoco le acaricia las nalgas a su mujer,
ni le acaricia los pezones, los pechos,
las mejillas, el pelo tan siquiera…No,

con ellas, con sus propias manos,
lo último que le permiten hacer a ese hombre
antes de fusilarle
y arrojarlo a una fosa común es

Un nudo, repite la anciana
para las cámaras de televisión
de un canal de historia. Historia
de España: de un tajo,

el entierramuertos cortó el cordel
que el padre de la anciana
se había atado alrededor del tobillo
para responder así a la pregunta
que horas antes le había hecho su mujer:

¿y cómo vamos a distinguir tu cuerpo
entre todo ese montón de cadáveres?

Mientras aparecen los títulos de crédito,
la anciana le da un beso al cordel,
y luego devuelve a su caja de pino
este nudo
que todavía nadie, repito, nadie, se ha molestado
en deshacer.


Este poema pertenece al libro “Anda, hombre, levántate de ti”. Bartleby Editores, Madrid, 2004.





LUTO
Me despiertan los obreros de la construcción
a golpes de sudor y de sangre.
Por los tejados se propaga una epidemia de gaviotas.
La mañana está de luto por la muerte,
en Rabat,
de otro artista del hambre:
el escritor autobiográfico,
natural de la región del Rif,
Mohamed
Chukri,
de sesenta y ocho años,
analfabeto hasta los veintiuno.

De tarde,
a las cinco,
asisto al funeral:
una misa cantada
que se me antoja,
y se me hace,
interminable,
debido,
quizá,
a que no me sé de memoria la letra de las canciones
y no puedo,
por eso,
unir mi voz a la de los demás.
Tampoco era mi intención.
No acepto la muerte,
no la celebro
y no la canto:

el hermano pequeño de F, mi vecina,
era un año más joven que yo
tan solo
y No Bebía
No Fumaba
No Se Drogaba

¡¡¡DERRAME CEREBRAL!!!

Ninguna regla
a la que atenerse
para seguir vivo[1].

¿Ves lo que te decía?, me pregunta F
cuando me abrazo a ella para darle el pésame.
Lo que me dijo el otro viernes,
en mitad de la calle,
a la altura de los Jardines del Náutico[2],
mientras que yo,
impaciente,
consultaba de reojo
el reloj que había a su espalda,
el reloj de La Escalerona:
la película estaba anunciada para las cinco,
y ya eran menos cuarto pasadas
y aún no había sacado la entrada.

¿Ves lo que te decía?, repite. ¿Lo ves?
¿Dónde está? ¿Eh? ¿Dónde está?


Tu hermano está ahora con los ángeles,
trata de consolarla el padre de Mohamed Chukri[3].


No, Haddu, no. Dónde está


Dios.


Este poema está incluido en mi libro “Reza lo que sepas”. Editorial Eclipsados, Zaragoza, 2006.





UN HOMBRE AFORTUNADO

Son las 09:00.
Procuro no hacer ruido al levantarme.

Ángeles duerme.

Voy al cuarto de baño
y me lavo las manos
y la cara. Entro en la cocina
y enciendo el fogón eléctrico
para que vaya calentando mientras

abro mi estuche
y saco el medidor de glucosa,
y le inserto una tira reactiva,
y saco el pinchador
y le inserto una lanceta.

Pínchate en la parte lateral de los dedos,
me aconsejó una enfermera en el hospital,
así no perderás sensibilidad en las yemas.

Acerco la gota de sangre
al extremo de la tira reactiva.
Al cabo de veinte segundos
aparece una cifra
en la pantalla líquida
del medidor de glucosa. 164.
Es decir: 34 mg por encima
del nivel normal de azúcar en sangre,
que antes de las comidas
no debería sobrepasar los 130
ni descender por debajo de 70.

A continuación, cojo la pluma precargada
(y digo pluma porque su aspecto y tamaño
son los de una pluma estilográfica)
y le retiro el capuchón,
y la giro suavemente
hacia delante y hacia atrás,
hacia arriba y hacia abajo,
diez veces,
hasta que la insulina se mezcla uniformemente.

Luego enrosco una aguja en el extremo de la pluma,
selecciono las unidades de insulina (12),
y me inyecto en el brazo izquierdo, por debajo de la piel.

Las 09:10.

Ángeles todavía duerme.
Su cabeza dentro del hueco
que ha dejado en la almohada la mía.

Vuelvo a la cocina
y me preparo el desayuno:
12 gramos de margarina,
60 de pan integral
y 200 cc de leche desnatada, sola,
con café, malta o té. Con café.

Miro a través de la ventana
mientras desayuno en silencio:

una mujer sacude una alfombra,

pasa el camión del butano,

el perro de un viejo marica
ataca ladrando a un patriarca gitano,
el gitano amenaza al perro con su bastón,
el perro retrocede pero no deja de ladrar.

Ángeles se da la vuelta en la cama.
La miro. Cómo duerme. Cómo sueña.

Y sé

que todo está bien,
que no tengo ningún derecho a quejarme,
que soy un hombre afortunado,
que no le puedo pedir más a la vida,
que es suficiente

con que ella

esté

ahí.


Este poema está incluido en mi antología “El amor ya no es contemporáneo”. Ediciones Baile del Sol, Tenerife, 2005.






[1] Poema de Ramón Santana, de su libro Si te duele al tragar (Asociación Crecida, Huelva, 2002).[2] En esta plaza triangular se alzaba el Hospital de la Caridad, derrumbado durante la Guerra Civil.[3] En El pan desnudo, de Mohamed Chukri, página 16 (Círculo de Lectores, Barcelona, 1992).

ÁNGELES LENCE GUILABERT








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Menciona a:
Mª Victoria Atencia
Agustín Calvo Galán
Matilde Selva
Antonio Gamoneda
Ada Salas
Begoña Montes


Bio-bibliografía

Ángeles Lence Guilabert, nacida en Río de Janeiro (Brasil) en 1959, es española y reside en Valencia desde 1986. Doctora en Filología francesa, trabaja como profesora de francés y subdirectora de Cultura y Extensión Universitaria en la Escuela Técnica Superior de Ingenieros de Telecomunicación (ETSIT) de la Universidad Politécnica de Valencia (UPV).
Entre sus publicaciones literarias se encuentran los poemarios Sombras (1996), La palabra en el espacio (2002) y Ceniza y Llama (2003), publicados en la Colección de Poesía de la UPV, así como las colaboraciones en las antologías poéticas El Cerro de los versos (Barcelona. Editorial Atenas, 2004), Polimnia 222 (UPV, 2005) y La voz de los versos (Barcelona. Editorial Atenas, 2006). Sus últimas contribuciones poéticas han sido para la antología en valenciano “Poliversos” y “Poliversos II” (UPV, 2007 y 2008), para la revista “Álora” (nº 24, Málaga, 2007) y la revista “Alkaid” (Valladolid, 2009). En 2010 ha traducido y editado, en colaboración con Anna Ferrero, el libro “Poemes i altres poemes” de José Mª Pinilla.
Coordina en Valencia la tertulia “Café Palabra”, con sede en la Associació L’Escola del Cabanyal, organizando todo tipo de eventos artístico-literarios.



Poética

Entiendo la poesía como un impulso creativo que parte de la expresión para alcanzar una estética; como una emoción que quiere compartirse para confirmar su veracidad, como un divertimento que trasciende y me inunda. Entiendo la poesía como una forma de vida y de conciencia: con ella sufro y gozo, desamo y amo, denuncio y alabo. Así, dos polos contrarios parecen erigirse como árbitros de mis textos: lo puro y lo oscuro, sin grises. Cada poema es una afirmación o una negación que se pretenden rotundas en un afán de vulnerar la percepción del lector. Un poema debe sugerir, emocionar, convencer, zaherir, gustar, provocar, pero nunca dejar indiferente; técnicamente bien resuelto, un buen poema es, para mí, el que al ser leído o escuchado, sacude los sentidos.




Poemas


TÚ DECIDES

Soy maleta de cartón
En el fondo del armario

O te quedas

No samsonite perdida
En vuelo de bajo coste

O te vas




NOCTURNO


Caes en cascada sobre este río
que suena, ebrio de agua,
hasta lo más hondo
del vaso en que bebemos
cada noche los insomnes.




_TEN
___TEM
_____PIÉ

Vida, aperitivo
que toma la muerte.
Tú, mi gran banquete.




CELOS

El plano más oscuro de la tierra
no es comparable
a la piel dormida de las cobras
que yacen bajo mi cama.
Cuando su amo quiere, se despiertan
mudadas en tenaces cascabeles
indignos del deseo.




Definición

Amar es compartir la cama de un enfermo,
dejarse acariciar por manos temblorosas,
sentir la calentura de unos labios
en noches de sed y de desvelo.
Amar es olvidarte de tu cuerpo.

domingo, 3 de diciembre de 2006

VÍCTOR M. DÍEZ
























Mencionado por:
Marcos Canteli
Eloísa Otero
Raúl Vacas
Susana Barragués
José María Cumbreño

Menciona a:
Eloísa Otero
Tomás Sánchez Santiago
Miguel Suárez
Aldo Z. Sanz
Carlos Piera




Bio-bibliografía

Poeta. Nacido en León en 1968. Entre sus obras publicadas se encuentran títulos como Evaporado va, Oído en tierra, Voz fuera de campo, Ser no representable o Circo varado. Siempre ligado a la escritura, ha colaborado en diferentes diarios como columnista, así como en revistas literarias, Festivales de cine (como SEMINCI), catálogos de pintura o guías de viaje. Es conocido por sus trabajos con músicos (SIN RED, cuarteto de improvisadores), grupos de teatro y, en general, como agitador cultural y creador proyectos estéticos contemporáneos.






Poética

Se obstina uno en el intento de ir más allá de las estéticas conservadoras, comerciales, imitativas, estériles o sublimes. “Canto contra la pureza; y en eso/ soy dócil a mi dios herrumbroso...”, puede leerse en uno de mis poemas. Contra quienes hablan de “la tradición” como algo unívoco y sacro, reclamo que mi tradición también es de este mundo: Holan, Rimbaud, Montale o Vallejo, entre otros, son compatriotas y maestros míos.“Espinoso y atonal”, así ha descrito mi voz algún crítico: Sí, músico de free jazz, si fuera músico, baconiano en la manera de trabajar la tela... Deudor del cine maravilloso de Cassavettes, hermano en el arte de la improvisación. Sí, quizás, ojalá, sea yo ése. Mi compromiso es con la escritura viva, que vivifica, contra el poder que allana las voces, contra el vaciado general de las artes y de la vida. Mis únicas armas son la imaginación, la libertad y el riesgo, en perpetua metamorfosis.







Poemas



Gazpacho del pintor trabajando

Tomates muy maduros. Corta, pela, tritura. Rojo.
El pimiento verde. Pan mayor, hueso, tierra.
La sal gorda y la sal fina, cristales rotos hacia el interior.
Oro viejo en el aceite para mudez del brillo.
Nieve deshecha del pepino, peladuras, desnudez y agua multicolor.
Dedos, ojos; manos, labios, lengua; respiración.
La sencillez ámbar del ajo, alojándose.
Lo que remueve un hombre agachado cerca de la tierra.

El cuenco incoloro, la cuchara invisible. Invitación.



Dibujo

¡Sucumbe, precipítate!
Crees oír una voz.
Es el contorno, el límite de tu dibujo.
No, no es nadie en el paisaje
ni a tu espalda.
Bebes, miras, mides.
Entre lo consciente y lo involuntario,
ése es el estrecho margen. Lo borras todo.
Sueles pensar como un fotógrafo
en el cuadro exterior.
Enumeras los modos de caer. Hace calor.
Estas cansado de palabras, mueves las manos
bajo el sombrajo. Paisaje dicho.
Has sido eyectado, expelido...
Las palabras te pesan, otro trago, nadie escucha.

Piensas en esos modos de caer.
Miras a través de los prismáticos
la loma enfrente. Bodegas.
Lo profundo es visible. Recomenzar.





Pero se oye

Los domingos un cadáver. Erguido.
Cruza pálido el umbral del cabaret.
Un cadáver con guantes
tacones de bailarín escenario botas de aviadores
alemanes en los pasillos. Labios pintados:
la cantante grita, oídlo, en las habitaciones interiores.

Ropa de escenario deshecha, su voz
de cantante grita. Pequeña ciudad grita.
Baile, baile, baile... y morfina alemana en los apartes.

Aquí nació Buenaventura Durruti, el héroe o
el gran perro malnacido.
La ciudad es un agente doble.
Fotografías de un baile, músicos vencidos
fumando en las traseras.
Los domingos un cadáver familiar...

espías delatores habitaciones falsas fosas paseados.

La memoria de lo no vivido en primera persona,
así desordenada, se vivifica.
Una música sin partituras; canción de escombros
en la ciudad ocupada; tumbas sin nombre.


( Poemas de Voz fuera de campo Ed. Icaria. Barcelona, 2004)

viernes, 1 de diciembre de 2006

ANTONIO ORIHUELA















Mencionado por:
Enrique Falcón
David González
Isabel Pérez Montalbán
Vicent Camps
Enrique Cabezón
Bernardo Santos Ramos
Tiago Gomes
Iñaki Echarte
Julián Sánchez
Juan Antonio Mora
Carlos Durá
Carmen Beltrán
Fermín Vera Arrieta
Sonia San Román
José María de Montells
Alma Aguado Calvo
Íñigo San Sebastián
Javier Esteban Gayo
Ángel Calle
Laura Giordani
Antonio Crespo Massieu
Balbina Prior
Arturo Borra
Juan López de Ael
Iris Blanco
Safrika
María Inmaculada Fernández Barjola
Ángel Padilla
Agustín Linuesa
Garikoitz Gómez Alfaro
Daniel Macías Díaz
Luis Felipe Comendador
Antonio Huerta Orihuela
Roberto Farona
José María Cumbreño
Javier Das
Marta Merino
Iván Vergara
Luis Antonio González Pérez
Alicia García Núñez
Carmen Peralto
Pedro Javier Martín Pedrós
Alicia Martínez
Matías Escalera
Rafael Peralto
J. Jorge Sánchez
Alberto García-Teresa
Hugo Izarra
Isabel Méndez

Menciona a:
David González
Daniel Macías Díaz
Eladio Orta
Isabel Pérez Montalbán
Uberto Stabile
Jorge Reichmann
Ernesto Suárez
Antonio Gómez
Antonio Rigo
Antonio de Padua Díaz
Lucas Rodríguez Luis
Alberto García-Teresa
Antonio Montesino
Antonio Crespo MassieuRamón Maruri
David Eloy Rodrí­guez
David Castillo
Enrique Falcón
Enrique Cabezón
Francisco Peralto
Juan Manuel Barrado
Manuel Vilas


Bio-bibliografía

Antonio Orihuela (Moguer, 1965). Doctor en Historia por la Universidad de Sevilla. Últimas publicaciones: Comiendo Tierra, www.babab.com/ biblioteca. Piedra, corazón del mundo (Germania. Alcira, 2001). Narración de la llovizna. Baile del Sol. Tenerife. 2003. El mal: técnicas de análisis y prospección superficial. Diputación. Badajoz. 2004. Tú quién eres tú. Ed. Idea. Tenerife, 2006. y La ciudad de las croquetas congeladas. Baile del sol, Tenerife. 2006 Suyos son también la novela experimental x Antonio Orihuela. LF Ediciones. Béjar, 2005; y el ensayo La Voz Común: una poética para reocupar la vida. Tierradenadie Ediciones. Madrid. 2004. Coordina los Encuentros de Poetas “VOCES DEL EXTREMO”, de la Fundación Juan Ramón Jiménez desde 1999. Más información sobre el autor en http://es.wikipedia.org/wiki/Antonio_Orihuela
Todos estos libros se pueden conseguir en la librería virtual de PAQUEBOTE: pedidos@paquebote.com.





Poética




WAY OUT

La poesía dejará de ser una cosa triste
cuando empiece a tener que ver con la vida de la gente,
cuando la gente vuelva a ser la que decida qué hacer
con sus vidas y con las palabras,
mientras tanto
todo esto que hacemos seguirá siendo

literatura.





Poemas


MAREA ALTA


Los restos del galeón hundido en la ciénaga del las vacas.

Tu foto en el parque con un gorro de lana,
con el tiempo picoteándote la cabeza y las manos
entrelazadas en el último tranvía frente al Sado.

El sol cayendo y llenando de sombras las piedras del dolmen
que estábamos excavando.

Una bolsa de malacofauna de la cueva de los Azules
en el claustro de San Bartolomé de Puelles.

La primera vez la nieve.

Los días iguales.

Todo, todo lo que se fue alejando

y tu voz, madre,
secreto hilo de este cuerpo mal cosido.

(De Narración de la llovizna. Editorial Baile del Sol. Tenerife. 2003)




MEMORIA DEL CAMBIO

La choza que nos dibujaste aquella tarde,
con su hombre primitivo y todo,
la excavé yo treinta años más tarde.

No creo que nadie soñara entonces con corbatas
o morir joven sobre la primera moto que nos prometían
si llegábamos a bachillerato.

Estábamos pendientes del verano
y el humo del primer amor
y su sabor a tabaco.

Oíamos las proezas de los otros,
ávidos de que fueran ciertas,
y mientras llegaba nuestra hora
nos entrenábamos
con la única literatura que apreciábamos,
revistas pornográficas
con accesorios comentarios de texto
que ninguno nos tomábamos la molestia de leer.

Moría Franco
y nosotros, afortunadamente, no teníamos ni puta idea de política,
no tuvimos que correr delante de los grises
para justificar después
habernos convertido en pequeños fascistas,
porque, al fin y al cabo,
sólo de pequeño fascista se puede seguir soñando
con pagar los plazos de una segunda vivienda.

Nuestras traiciones, también afortunadamente,
no tendrían como escenario ninguna idea por la que vivir,
sino algún cuerpo en el que morir
de gusto,
o abrazados, bailando
je t’aime, moi non plus...
y ellas, que no sabían francés, ofrecían sus bocas
mientras nos mentíamos que aquello era para siempre,
para el fin de semana,
porque el lunes era una fórmula matemática,
y el martes una carrera alrededor del instituto,
y el miércoles una interminable clase de religión,
y el jueves era la monotonía de la química
que precede a las noches brillantes
donde volvíamos a amarnos
ajenos a estados de excepción,
golpes de estado en Suresnes
y al paraíso que los altavoces instalados en los Dyanes
decían que estaban forjando para nosotros.

Nuestra realidad, afortunadamente era otra,
un estado perfecto y fugitivo,
un mundo fantástico que resultó,
a medida que fue desvelando sus misterios,
irreparable.

Como la choza aquella que,
en nuestro primer año de escuela,
nos dibujaste,

la misma que treinta años después excavé
para constatar que también tu dibujo
era mentira.

(De La piel sobre la piel. Ediciones de la Mano Vegetal. Universidad de Sevilla. 2004)





CUANDO LOS DÍAS ARDÍAN

a David González, Jesús Márquez y Daniel Macías,
impecables viajeros
y a Manuel Vilas que me prestó su 850.


Mi primer coche lo compré en 1991,
un Citroën Mehari del 79,
uno de los últimos modelos que se fabricó en España,
cuando aún no había autopistas
y las carreteras eran sitios
donde se podían alcanzar velocidades de crucero de 70 Km./h.

Se lo compré a un mecánico de Sevilla,
mi padre vino conmigo a verlo,
cuatro barras y una lona vieja y raída a modo de capota
que mi madre cosía una y otra vez
porque solía rajarse
y entonces parecía el buque fantasma
desplegando sus velas en mitad de la noche,
por la carretera de Lucena,
cuando desear era tan fácil
y el verano se extendía más allá de la comisura de nuestros labios
por la hierba breve de la casa de los sueños azules de Paco Naranjo,
bajo la luz de la piscina del pulpo verde
y los hermosos cuerpos que ya no volverán.

Mi padre había venido todo el camino diciéndome
que si no había más coches en el mundo,
que había que ver la porquería que iba a comprar.

-No había, no había más coches en el mundo
que mi Mehari verde,
un coche de juguete para un mundo de adultos
que se habían cansado de jugar.

Mi padre le pidió al mecánico que le abriera el capó
y cuando vio lo que había allí dentro estuvo a punto de echarse a llorar,
latas viejas, piezas comidas por el óxido y la corrosión,
vestigios de la posibilidad de vida más allá de la muerte
envueltos en varios dedos de grasa negra y compacta
que manchaba con solo mirarla.

Le preguntó al mecánico que cuánto quería por aquel montón de chatarra.
-Trescientas mil.
-Será cargado de chorizos –le dijo.

Y el tipo aquel se puso rojo
y cerró el capó con sus gomitas entre los dedos.

Me había costado tres meses ganar ese dinero,
tres meses perdiendo los ojos de ocho a tres
en una fría habitación del Servicio Provincial de Arqueología
de la Excelentísima Diputación Provincial de Huelva,
tres meses absurdos
perdidos en dibujar fragmentos absurdos
extraídos del vientre de los siglos
en el corte y estrato de vetetúasaberdónde
según la metodología bulldozer,
clasificados en bolsas según el método Ogino,
dibujados según el plan Badajoz
e interpretados delante de una baraja de cartas de la bruja Lola
y tres velas negras, una por cada Doktor inútil
que allí seguirá haciendo como que trabaja
y otra por el calvo pelota con despacho propio
encargado de tocarse los huevos, leer el periódico
y vigilarnos.

-Trescientas mil.

Mis primeros tres sueldos,
se lo dije al Mehari, bajito, como una confesión,
un intento de reconciliación con aquellos cuatrocientos kilos de plástico ABC
y fibra de vidrio,
un intento de ganarme su confianza
para que aceptara venirse a casa, conmigo.

-Los platinos, estaría bien cambiárselos, me dijo el mecánico
antes de esfumarse.
Se los cambiaba cada año
pero siempre le costó arrancar.

Después hubo que cambiarle la batería,
los cables de arranque y las bujías,
la caja de cambios, que me enteré catorce años después
siempre había estado suelta,
la dirección, las trócolas, el bombín de la gasolina,
el depósito de combustible, el panel del velocímetro,
el interruptor de la intermitencia y hasta el cenicero
le cambié en una prospección arqueológica por Valverde
en la que me encontré un Dyane abandonado
que tenía intactos los muelles de los asientos
y un cenicero donde no había fumado nadie nunca.

Las ITV las pasaba porque le pintaba de betún las ruedas,
le rellenaba de plastilina los agujeros,
le echaba pegamento en los faros para que no se movieran,
ponía cara de cordero degollado
y me encomendaba a la Virgen de los Desamparados.

En verano, si arrancaba,
era una fiesta continuar hasta la playa,
quitarle los asientos y llevarlos hasta la orilla,
sentarse allí en un Mehari invisible
y mirar las olas
y el mundo que no parecía tan malo a la vuelta.

Pero en invierno
había que subir en él como si hubieras quedado con Admunsen en el Polo
y la lluvia entraba por todas partes
y se balanceaba en las curvas desbordando el salpicadero,
mojándolo todo,
achicando agua con las esterillas de plástico,
moviendo con la mano izquierda las escobillas perezosas del parabrisas,
empujando con la derecha las bolsas de agua de la capota,
taponando con cartones
las brechas del techo por donde el agua corría como un surtidor,
viajes hoy predecibles que fueron ayer
duchas frías a todo lo largo y ancho del suroeste de la península ibérica.

Subiendo un día a Zalamea se le rompió el bombín de la gasolina
y lo arreglé con un chicle.
Bajando otro día de Jerez fue el cable del acelerador
y se lo cambié por un cordón de mis zapatillas.

Nos montábamos cinco inútiles, cinco mochilas, dos jalones,
mil bolsas con material arqueológico, dos cámaras,
veinticinco mapas escala 1:25.000,
podía con todo el coche de plástico con su volante de plástico
y sus asientos de escai negro y su alma blanca.

Catorce años a mi lado, catorce mil averías entre mis manos,
catorce llantos por cada una de sus esquinas,
catorce años descargando maricones,
catorce años las orejas del bóxer Dor ondeando al viento en el asiento de atrás.

Catorce corazones, catorce cruces clavadas en el monte del olvido
y un poema que le escribimos David González y yo en Ayamonte,
un poema que hablaba de pasajeros que llegaban a la estación de la vida
tal vez porque por aquellos años estábamos sentados en mitad de las vías,
esperando un tren que nunca se dignó a pasar y arrollarnos.

Mi perro Dor se fue en él no hace muchos días,
en una mañana fría de invierno,
fuimos a comprar su pienso
y en la tienda nos dijeron que era el último saco,
que ese pienso ya no se volvería a fabricar,
el pienso que mi perro había comido toda su vida.

Me dijeron lo mismo del corazón de los dos,
ya no se fabrican corazones de lata ni corazones de perros como estos,
todos los corazones a partir de cierta edad se vuelven de plástico,
como los abrazos de los hombres que un día fueron tus amigos.

Yo había soplado esa tarde una tarta con cuarenta velas,
pero no sabía que había soplado tan fuerte ni tan lejos
como para que los dos me dijeran adiós al mismo tiempo
y para siempre.


(De La ciudad de las croquetas congeladas. Editorial Baile del Sol. Tenerife. 2006)

DAVID FERNÁNDEZ RIVERA


















(Foto: Luis Lorenzo)





Mencionado por:
Eddie (J. Bermúdez)
Ángel Padilla
René Letona

Menciona a:
Samuel Leví
Gonzalo Escarpa
Elena Medel
Francisco Castro
Antonio Redondo Andújar





Bio-bibliografía

David Fernández Rivera (Vigo, 1986). A pesar de haber publicado cuatro poemarios a sus veinte años de edad, el artista vigués centra todos sus esfuerzos en el directo. Actualmente, y tras haber fichado por la discográfica “Batiendo Records”, prepara su primer disco a la vez que promociona su segundo espectáculo: “Ecos de la noche”. En él se acompaña por el guitarrista Diego Pacheco, fusionando el recitado con una fusión de los palos flamencos más tradicionales.
Destaca por otro lado su trabajo como locutor de radio, primero dirigiendo un espacio poético en “Radio Ecca” para colaborar actualmente en “Radio Voz”.



Poética

Para mí el fin último de la poesía y de la creación en general es el de la comunicación. Para alcanzar dicho fin intento vestir la lírica de voces, música, interpretación, audiovisuales, etc. Lo que busco es alcanzar esa palabra tan lejana que podría llegar a describir un sentimiento en ocasiones tan distante y cercano como el amor o la tristeza. Y es que parte de mi creación difícilmente podría ser comprensible por la razón, ya que prentendo plasmar con ella lo indescriptible con el raciocinio.
El conseguir que esos trazos que un día cayeron sobre un papel lleguen al directo es mi gran ambición. Mi carrera artística no podría entenderse sin el directo, es más, considero que mis libros no dejan de ser un complemento del concierto, de la “comunicación total”, un diálogo incansable con un público que se convierte en protagonista del anhelo de caminar hacia el compromiso, la libertad, la paz o el humanismo.





Poemas


Título: “Luces”. Recogido en “Sentimiento y luz” (fotopoemario en colaboración con el fotógrafo Luis Lorenzo con edición del Ayuntamiento de Vigo y posteriormente incluido en la antología “Corceles”, “Ediciones Toro de Hierro”). Incluido también en el disco de la noche en colaboración con el multiinstrumentista y compositor cántabro Borja Ruiz con acompañamiento de piano, violín y cuerdas.

Era noche.

En la luna acristalada
estallaban dos mares de cerámica
sobre el aliento helado
de un galope.

Era noche…

Era noche y la savia salpicaba abanicos negros;
lloraba el resplandor, el espejo opaco.

Era noche…

La sangre era luna,
luz de cuchillos en vapor,
voz de la muerte.
Soledad…

Se abrían dos ojos de astillas.
Luz.
Manantial.

Y era noche…



Título: “Recuerdos” (Poema de “Canciones de mi ausencia”, edición digital en www.circulodeescritores.com y recogido posteriormente en la antología “Corceles”, Ediciones “Toro de Hierro”).

A Purificación García, por esos momentos inolvidables en nuestro rincón.

Oculté sus lazos
en los anillos punzantes
que rasgaron mi boca.

Los destellos
mordían el murmullo de mis ojos
sin ver la luz.

Suspiraban…
Maldecían y entregaban su vida
en las arenas nocturnas de mis turbiones.

Los martillos volaban
con sus golpes
en la cárcel de mi pecho
hasta humillar sus velas
en una maraña de escaleras
y corceles.

Veía su voz.
el lamento del galope
enmudecía
en los atardeceres de duermevela,
y yo buscaba el sueño.

Ahora,
atrapado en un laberinto
de palomas y suspiros,
te entregaste
a los espectros de mi soledad.

Y no te pude ver…

El perfume de mi noche
entierra
sus labios al recuerdo
y escucha
el sendero del amor.




Título: “Enterrados en la orilla” (Recogido en la edición digital “Canciones de mi ausencia” de www.circulodeescritores.com y posteriormente recogido en la antología “Corceles”, “Ediciones Toro de Hierro”).

Estallan dos trazos negros
en la llaga abierta
de una corona de disparos.

Naipes y espejos de crueldad;
sueño tocado de mariposas
con estocadas de laureles
en la dulzura de su espada.

Aunque la noche vea llantos,
veo a una muchacha
con un cinturón de sombras
en su boca,
en la mañana.