domingo, 1 de noviembre de 2015

JUAN PEREGRINA MARTÍN

















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Bio-Bibliografía

Juan Peregrina Martín (Granada, 1978) es filólogo, y logró el D.E.A. tras los cursos de doctorado sobre Leopoldo María Panero.
En 2000 publica A deshoras en la Colección Genil de la Diputación de Granada y en 2006 Soledad amante destino en la Editorial Ficciones con palabras preliminares del profesor de la Universidad de Granada, José Ortega Torres. En 2014, con prólogo de Cristina Hernández, publica en Melilla un libro doble junto a Fernando Soriano: el poemario de Peregrina  se llama Estigma y Artificio (Geepp Ediciones) y está “escrito por Isaías Gálvez y Jesús Montalvo, no por mí”. En 2014 también, el diseñador Luis Castellón, prepara, diseña y edita el Libro carmesí de las XXI cantatas sacrílegas, poemario erótico, publicado en Londres en edición no venal.
Coordinaba los Encuentros Literarios y mantiene un blog: Me no know nothing en wordpress.




Poética


    IX
Desnudo, vil, profano.
La soledad que busco.
Dudo de mí, de todo.

Sé que soy
oro cano
como dijo el maestro,
nada más cuando escribo.

Y me duele mi edad.
Y me duele saber
que aún me falta mucho.

Y piedras e impaciencia.
Y locura y silencios.
El vivir cada día.

Me moriré escribiendo,
chillándote poemas
escritos en esquinas.

Ayer.

(De A deshoras)



Poemas


Jesús Montalvo e Isaías Gálvez entonan una despedida conjunta

Después del laberinto en las tabernas
acecha la memoria y el latido:
memoria lenta de cimbreantes piernas,
latido raudo en borbotón fundido.

Después de las canciones sempiternas
y espejos diferentes, lo que ha sido,
fue herejía y será por las internas
arboledas sucintas del olvido.

Minotauro precisa laberinto
para el mito marcar en la memoria
del espejo que fuera nuestro nombre:

hereje la canción del vino tinto
con las notas sencillas de la historia
y la difícil condición del hombre.

(De Estigma y Artificio)




  VII
  Metáforas del color
Para A.V.E.

Los homéridas no supieron
de sus caderas: mejores diosas
hasta sus andares, albas y rosicleres
las ganadas posiciones,
amantes uterinos,
mástiles que pintara Böcklin.

Tiresias fue ambos del placer y lo supo:
como recitaba Lope despreocupado
del movimiento cinco veces verde,
del final de su cintura,
confundiendo adrede el amor,
el deseo, la ceguera.

(De Libro carmesí de las XXI cantatas sacrílegas)










Oh, bellos enemigos…
Conozco la sentencia del injusto,
mas vislumbrar el crimen es ceguera:
¿nacer? quizá; porque vivir, seguro.

Isaías Gálvez

Laberinto es mi rostro,
soledad mi destino:
mi padre fue salvaje
como mis labios híbridos.
Disintiendo del mundo
recovecos fatigo:
interminables salas
de gemelos ladrillos.
Me visitan cadáveres
futuros del sentido:
nos encontramos solos
en mitad del camino.
Condenado a vagar
consumido por ritos,
ritos de indiferencia
y guerra de latidos.
Ziz-zag son mis arrugas,
y niebla mi destino:
momentos de ceguera
en cánticos sanguíneos.
De siete en siete entran
del sol a mis colmillos:
la luna es de metal
en vísceras extinto.
Pezuñas litográficas
conjuran el olvido,
recito historias hímnicas
del mundo y sus designios:
recuerdo un mundo absurdo
y sonrisas de niños,
petrificadas lámparas
que en la memoria humillo.
Amanita y rencor
muscaria de trïunfo:
canto con la tristeza
que aporta el esclavismo.


Espero que liberen
o que ocupen mi sitio:
espero un cambio o muerte,
un jazmín o un delirio:
ansío cuerpos núbiles
y una esperanza ansío,
pues cómo vive el hombre
si alfanjes son su signo.
Pero yo no soy hombre
ni humanos son mis gritos:
carnívoro animal
alimento de símbolos.
Mi sino es soledad,
mi rostro, laberinto:
en lucha ambos copulan
por la estirpe del mito.
Dejadme libre, pues,
liberadme os exijo:
cumplid con la lectura
en el altar antiguo:
la recompensa es alta
si el héroe surge altivo:
qué importa ardid o nombre
si acepto el sacrificio:
dejadme muerto y muerto
recordad mi suplicio,
pues agónico canto
“oh, bellos enemigos…”


(Inédito)

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