lunes, 21 de abril de 2014

MARI CRUZ AGÜERA


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Felipe Benítez Reyes
Ginés Aniorte
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Javier Salvago
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Josefina Soria
Juan Carlos Dana
Juan Vicente Piqueras
Katy Parra
Laura Campmany
Pepa Agüera
Soren Peñalver


Bio-bibliografía


Mari Cruz Agüera nació en Puerto de Mazarrón (Murcia) en 1967. Ha publicado Cardiopatías de amor (2005), El hilo frágil (2007), Travesía de naufrago (2007) y Palabras para tirar del puente (2010).



Poemas



Paseo Pereda
Aquí me tienes hoy, 
gata en celo que surca tus tejados. 
Las olas que humedecen balaustradas 
me salpican los dedos. 
Voy arriba y abajo por la calle 
de luz intensa y tuya 
mientras persigo entre los adoquines 
ese rastro de aromas que dejaste. 
Aquí, sobre este banco de sol tibio, 
se le cayó a tu boca algún silencio 
-aún retozan en él alas de ángel-. 
Y este color henchido de lavandas 
tuvo que florecer sobre tus ojos. 
Sí, me parece verte allá a lo lejos 
reír en las buhardillas, 
mientras dejas caer sobre mi pecho 
gorrïones ardientes de tus labios. 
Quiero trepar, huir hasta tu cuerpo, 
enmarañar mi piel entre tus manos, 
pero me quedo aquí, gata a la sombra 
de este jardín que vibra como agosto.
De el hilo frágil 2007






Canto final

Así de antojadizos son los pájaros.

Se posó en tu mañana,
comió del pan caliente de tus manos
y anidó en la cornisa de tus ojos.

No alientes tu dolor si alza su vuelo;
será el legado último, pues al abrir las alas,
también te habrá entregado su belleza;
y aunque después se marche -tan solo como libre-,
no juzgues su egoísmo,
fue tuyo mucho más que el poseerlo:
te amó con cada ensayo de su canto.

De Palabras para tirar del puente (2010)




La ventana

Siempre zarandeaba la mañana
las cortinas del cuarto
derramando en mis hombros diminutos
aspavientos de luz;
al fondo se escuchaba cierta música
y un sacudir de trapos contra el polvo,
de sillas enredándose en la escoba,
de ventanas al viento.
Yo imaginaba en todo ese alboroto
que alguien desmantelaba mi paisaje
y que al abrir la puerta encontraría
una imagen caótica del mundo,
pero cuando por fin me levantaba
y atravesaba el miedo a la intemperie
todo tenía su lugar preciso
y en el aire flotaba, como un bálsamo,
un aroma a jazmines.
Se estrenaba el hogar y la riqueza
era el amor del sol en el pasillo,
el corazón abierto de las sábanas,
la presencia segura de mi madre.


Ya no suceden días como aquellos,
nadie ordena la vida,
nadie dispone el rumbo de las cosas
con templado equilibrio,
todo es vertiginoso y absurdamente triste,
menos esta ventana
expatriada a la luz de aquel recuerdo
desde la que me miro, y soy pequeña.