jueves, 6 de febrero de 2014

FRANCISCO PRIEGUE













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Bio-Bibliografía

Francisco Priegue (Avilés, 1991). Estudia Bachillerato y es presentador de Tinta en los oídos, un programa sobre música libre y poesía en la radio online Radiadora.org. Poemas suyos aparecen en revistas de diversa índole como la Revista El Bollo, La Contraportada, Texedores de Lletres o la revista digital Groenlandia. Ha publicado la plaquette Llegar tarde es una rutina (Oficina de Información Juvenil de Avilés, 2011) y el libro de poemas Desde momentos encapsulados (Groenlandia, 2013). Ha ganado certámenes de poesía a nivel local y regional como el Premio P de Poesía/Piloña 2011 o el Concurso Poético-Experimental del VI Festival Internacional de Poesía “Palabra en el Mundo”, habiendo obtenido previamente premios en concursos literarios en institutos de Educación Secundaria. Realiza recitales de perfopoesía en el Festival de Andar por Casa y a veces participa en timbas poéticas. Melómano empedernido y amante de los videojuegos, mantiene su propio blog desde agosto del año 2009, que actualiza de vez en cuando: www.franciscopriegue.blogspot.com




Poética


No dan nada por la tele. La Wii encendida. El mundo sin batería. La cabeza gira en un ambiguo movimiento de traslación. Varias ideas no surgen en las típicas máquinas tragaperras o de arcade de los bares, pero se comprimen en algo menos de siete años en una ciudad con abundantes restos de polución. Una temporada fructífera en la que la adolescencia se aleja en un único ticket de ida de clase business. La caligrafía tiembla en la tinta intercambiable del bolígrafo. Las gomas de borrar esperan dormidas en la vitrina del hall a que un viejo despertador de campana las despierte. Las manos del poeta ya no saben qué pensar, qué tocar, qué escribir, qué mostrar al mundo. Metamorfosis de un videojuego en folios de DIN A4. La partida no queda guardada. La biografía del jugador impresa en la gorra roja de Super Mario.




Poemas


I

Te quiero peldaño a peldaño húmedamente.
Si sólo pisas el escalón correcto
te equivocarás en el mismo momento
en que lo hagas.

No sé si describo con exactitud
las huellas que lloran
en la capucha del anorak
o si resisto bien esta nieve que me quema.

Porque soy un error que te subsume,
un cosmos perdido
que ya no sirve.

(Del poemario «Desde momentos encapsulados», Editorial Groenlandia, 2013)






II

Ya el hoyo se ha cubierto, sosegaos,
bien pronto en los terrones removidos
verde y pujante crecerá la hierba.

ROSALÍA DE CASTRO

Ya no crece hierba en la médula espinal.
Está comenzando la erosión
de la tierra suelta en la memoria,
enviando señales luminosas al cerebro constantemente.
Hay una maraña en mi espalda de
arena
viva,
carne
trémula
erupcionando volcanes dormidos cuya lava llega a mi cabeza.
Y explota
al chocar el pasado oscuro contra un muro
que se erige en la hierba muerta.

Esto es todo lo que puedo escribir
cavando mi propia tumba en las piedras que escuchan lo que digo.

(Publicado en la revista “El Bollo”, Avilés, Pascua 2011)




III

Ibas caminando,
tropezando con piedras
y cogiste una.
Dale forma con otra piedra,
trabájala. Que ella lo sienta con aspereza.

Ibas caminando
por lugares conocidos,
cayó un rayo.
Viste fuego
quemando un árbol caído.
Corre,
prepara un buen banquete para tu familia
aunque viváis en un banco del parque.

(De la plaquette «Llegar tarde es una rutina», Oficina de Información Juvenil de Avilés, 2011)




IV

Voy a amarte como a una muerte silenciosa
que me queme los labios al pronunciar tu nombre.
Morderme la lengua hasta hacerla sangrar
para que se vierta en tus oídos
es lo único que ansío.
Ya no consta en ningún documento
que estos versos estén firmados por mí,
ni que yo hubiera estado ayer
en este lugar,
ni siquiera que hubiera nacido alguna vez.
Ya no consta nada, no.
Sólo soy
polvo disidente que ya no duele.

(Incluido en el Tumblr de Tenían veinte años y estaban locos, de Luna Miguel)




V

Ahora estoy solo en esta montaña migratoria
como el ermitaño que congeló sus relaciones
para vivir una nueva vida.
Un gran abandono,
un sucedáneo de la realidad
brota de mi pecho
descarnado por un eclipse.
Sólo queda
una caja llena de espejos rotos
y la calavera de un gato negro
en el único estante de mi habitación,
tan largo
como la última era glacial.
Quizá
si pudiera vivir todo ese tiempo
me daría cuenta
del sentido de la vida.


(Inédito)