miércoles, 20 de marzo de 2013

RAFAELA SÁNCHEZ CANO




Mencionada por:
Menciona a:
Carlos Clementson.
José de Miguel.
Francisco Carrasco.
Antonio Varo Baena.
Soledad Zurera.
Manuel Sanchis Salmoral.
José Luis Checa.
Francisco Alemán Páez. 


Bio-bibliografía




Poemas



SER MUJER

Ser mujer es:
Es ser, aquella nube vaporosa,
la nube primigenia de la vida;
y su ya consecuente gota de agua
constante, transparente y primitiva.

Es ser el claro arroyo, el mar salubre,
la inquietud de la brava catarata,
la dulce calma del inmenso lago;
es ser la nitidez del agua misma.

Es ser fecunda tierra, honda raíz;
es ser la grata ofrenda de su fruto,
un fruto de árbol de perennes ramas.
Es ser la eternidad que reta al tiempo
con pasión de volcán, con miel por lava.

Es ser el largo férreo silencio
de un afilado grito que desgarra
el espacio más sordo de siglos
de tanta, tanta Eva maltratada.

Ser mujer es:
Es, ser nube, agua, tierra, raíz, fruto,
eternidad, reto, pasión, volcán, miel,
silencio; aún siendo todo esto
el grito de mujer cae en la nada.




POEMA DEDICADO A EL JAZMÍN                                                                                                  

                                        VOZ BLANCA

                             Era noche estrellada
                         de un tórrido verano.
                         En el típico patio cordobés
                         me encontraba sentada
                         en la perenne silla
                         con asiento de enea.
                         Allí escuché por vez primera,
                         siendo todavía muy niña,
                         la fragante voz del Jazmín
                         que me cantaba
                         la bella canción de la esencia
                         ejecutando en verde pentagrama                                     
                         sus notas blancas,
                         olorosas y tiernas.
                         Se sucederán los veranos.
                         Aventarán otoños hojas secas.
                         Tiritarán los inviernos.
                         ¡Florecerán todas las primaveras!
                         y la flor del Jazmín será por siempre
                         la -voz blanca-  de la naturaleza.





                                 PENÉLOPE DE MI               


Cuanto tiempo tendré que esperar, ¿Cuánto?
a que aparten de mí
ese corsé invisible
que comprime mi voz,
que me coarta,
que corroe mis ansias de ser yo.

Cuanto tiempo he de esperar
sufriendo este incoherente destino
que no, no me deja explicar
que me forjaron,
en el principio de los tiempos,
para acunar la vida,
para vivir en el amor
no en la agonía del maltrato,
de la opresión.

Cuando entenderán
que llevo dentro
la firmeza de la total entrega,
la dulzura en mi sentir
y la MÁGIA de la maternidad.

Cuánto habré de esperar,
-Penélope de mí-
tejiendo, entre la sin razón,
los hilos de una culpa inexistente.  

Cuándo se han de enterar
los inmisericordes,
el por qué , para qué 
de mi razón de ser. 

Dedicado a todas las mujeres del mundo y en especial a las víctimas de la violencia de género.        
Esta poesía está editada, con motivo de Cosmopoética 2010, en la revista literaria SUSPIRO DE ARTAMISA.       



martes, 12 de marzo de 2013

ANA PATRICIA SANTAELLA




Mencionada por:

Menciona a:
Luis Rosales,
Inmaculada Calderón Gutiérrez,
Manuel Sanchíz Salmoral,
Luis Oroz,
Paz Puente Greene,
Adrián Pérez Castillo,
Rocío Biedma,
Carlos Pérez Torres,
Sara Castelar Lorca,
Isabel de Rueda,
Concha lagos,



Bio-bibliografía 



Nace en Córdoba, pasa su infancia en el barrio de la Judería, junto a su inolvidable abuela Consuela y su familia. Estudió trabajo social en Granada, se ha vinculado a distintos proyectos sociales y humanitarios, como la edición de la Antología poética, “Versos para derribar Muros”, de la editorial Los Libros de Umsaloua, y  el disco de idéntico nombre a favor de Gaza, gracias a la Universidad de Alicante, y a la soprano Ascensión Padilla, a Inmaculada Calderón y los músic@s que han participado.
 Ha publicado en diversas antologías y revistas literarias nacionales e internacionales.
Ha formado parte de del Encentro poético Mar Adentro de Candás ( Asturias ) , del Encuentro Voces del Extremo “ poesía y capitalismo “, de las ediciones de Cosmopoética. Festival Internacional de poesía de Córdoba, 2008 y 2009, y de las recientes jornadas Mistralianas, dedicadas a Gabriela Mistral en Vicuña (Chile).
Ha participado en las II Jornadas Mistralianas en la Rioja en 2011.
Fue organizadora del Hermanamiento dedicado a la escritora cordobesa Concha lagos en Córdoba. Ha participado en la ponencia: Concha lagos, obra poética y exilio dentro de las jornadas de estudios transversales de 2009 de la Universidad de Alicante. 
La editorial cordobesa, ediciones de Papel, le ha publicado: Viajes de Nube y Sol.
Actualmente colabora con el semanario cultural Argentino Argenpress.
Ha participado en el catálogo dedicado al escultor José Manuel Belmonte, exposición que ha sido comisariada por la escritora Matilde Cabello.  



Poética

Hablar de poesía es siempre difícil. Hoy por hoy, la veo cómo un espacioso camino para engrandecernos éticamente, para volver o regresar a las raíces de la humildad, aumentar las miras al contemplar el mundo o a los demás. Es la poesía, primordialmente, una senda estética por la que transitamos y nos balanceamos. Un venturoso carril de encuentros y desencuentros.
Ana patricia Santaella Pahlén
POETAS FAVORIT@S:   Luis Rosales, Wislawa, Julia Uceda, María Victoria Atencia, Inmaculada Calderón Gutiérrez, Manuel Sanchiz, Rafaela Hames, Dolores Izquierdo labrado, Adrián Pérez Castillo, Paz Puente Greene, Cristina lacasa, Ana María Fagundo, Manuel Gahete, Verónica Aranda Casado.




Poemas





                                                                                              A José Manuel Belmonte.
                                                                                                Por tu tesón, por tus manos prodigiosas 
   TERCERA  RESIDENCIA                  La primera residencia, la Tierra, la segunda,
                                                                                                 el cielo, y la tercera: La creación.

 A cielo abierto,
a piedra abierta,
taladrabas
la esquiva roca endurecida.
De las vísceras
de la cantera surgía
el cautivo remolino de la sangre,
la veta pétrea
del color del azabache.
Prodigioso el buril,
parejo de la luz y el desafío,
vaciaba la raíz
del ámbar, del hombre,
de la vid y  la manzana.
Danzaban
las fraguas rocosa de la forma.
Y del mimbre ondulante
 del esfuerzo, brotaba
el lomo plateado de la piedra,
el contorno esbelto de jinetes
 cabalgando
 bajo la gozosa mordedura
 del delirio,
alzando
 la enérgica creatividad del Universo,
 la ventana imaginaria del prodigio.
        La tercera Residencia.





  NACER                                        A Claudia y Carolina
                                                                                  mis sobrinas más pequeñas
Nacer
 ese esquivo misterio
de renovadas criaturas
poblando la implacable
continuidad de la especie.
Muchedumbre múltiple
de seres indefensos,
de minúsculas manos
 y bocas también diminutas.
     Asidas abreváis,
de los senos maternales
en vínculos sublimes, que sólo
desde el mimbre materno,
desde la láctea levadura,
desde el blanco,
 gozoso requesón
 puede instintiva,
 tiernamente,
furiosamente
 entenderse.





LA  PARTIDA                                      A Jennifer Wilson
                                                           Que tanto nos dio a tod@s
Era tan blanca
la luz
en las manos abiertas de tus ojos.
      Tan blanca era…
Que alejaba yo, la furiosa consumación
del adiós.
Un vértigo de cobre
me decía, me hablaba…
Me dejaba los labios
cubiertos de zozobra,
y el costado,
arañadamente herido,
arañadamente extraño,
con un sol de luto
en los bordes secos de la boca.
Sin querer decir
 una palabra,
sin querer decir vacío,
sin querer decir ausencia.
Era tan blanca tu luz,
tan blanca era…

viernes, 1 de marzo de 2013

HUGO IZARRA




Mencionado por:

Menciona a:
Abraham Gragera
Diego Zaitegui
Jesús Urceloy
Martina Garea
Miguel Sánchez Gatell
Pedro Juan Gutiérrez
Raquel G. Otero
Raúl Zurita
Rebeca Yanke
Susan Urich
Susana Vecino


Bio-Bibliografía

Nací en ese infierno con vistas al mar llamado Vigo el día quince del mes de septiembre del año 80 del siglo pasado. Desde entonces he muerto varias veces. He seguido escribiendo, a pesar de todo, por puro aburrimiento, por incapacidad absoluta y demostrada de hacer otra cosa. Me han publicado dos libros: Gominolas para los patos y Música para atravesar los túneles. Lo más normal es que me muera sin volver a publicar otro libro. Cuando lo haya hecho, cuando me haya muerto de verdad, donaré mi alma a la ciencia y mis poemas a los analfabetos.





Poética

Se puede vivir sin ella.




Poemas


Manifiesto
Yo,
que siempre he sido un infiltrado,
un impostor, un paria, un cero a la izquierda,
un simulacro fallido de hombre libre, un traidor cutre,
un gordo obsceno, un apestado.

Que me crié entre católicos sin estar siquiera bautizado,
que renegué un millón de veces del dios al que rezaban,
que me agaché y guardé silencio y admití ser como ellos
aunque por dentro los odiase con todas mis fuerzas.

Que me fingí conservador por mantener un puesto de trabajo miserable,
hasta que me di cuenta de que la dignidad valía más que el miedo al hambre,
y entre los pobres que me quieren hago gala de un éxito que no me pertenece,
siempre que puedo, porque es más fácil mentir que decir lo que se siente.

Que, en vez de gritar y rebelarme, pagué con desdén a quien me dio desprecio,
que sobreviví huyendo del conflicto, de la responsabilidad, del compromiso,
que me hice el loco cuando hubo locas que decían amarme, aun sin amarlas,
que oculté mi enfermedad por temor a ser rechazado por los estúpidos.

Yo,
abanderado del fracaso, mentiroso, chantajista,
cobarde, rata inmunda, poeta infame, oportunista,
que no siempre confié en quien debí haber confiado,
que vendí barata mi integridad, porque era pobre y además imbécil,
y me estrellé contra muros que sólo existieron dentro de mi cabeza,
admito todos y cada uno de mis errores, uno por uno,
y no me arrepiento de ninguno, porque soy un necio.


Otoño de Vivaldi
Hay un momento
–no importa si estás vivo o muerto–
en que la vida se detiene, toma aire
y, sin mirarte a los ojos, recoge sus cosas
y se va de tu cuerpo para siempre,
te abandona sin dejarte
siquiera una nota.

El amor es un poco así,
como la propia vida. Acude cuando
no le llamas, te invade, te ilumina,
se cansa de latir, se apaga y se va
y te deja reducido a esto
que eras hoy, que fuiste hoy
que ya no volverás a ser,
por mucho que te duela,
nunca más.


Bondad divina
Dios le puso al hombre
un corazón para rompérselo,
un par de manos que llevarse a la cabeza,
dos ojos con que verse envejecer en el espejo
y un par de piernas que cediesen con el tiempo.

Creó el amor para excusar la traición y la mentira.
Se inventó la justicia, fue una broma innecesaria.
Le prometió una familia, y un coche y una casa;
no le advirtió de los distintos ministerios
y se marchó por donde había venido.


Cabalgar la mañana entre bostezos
Ocho y diez o puede que ocho y cuarto.
Y diciembre, que es rígido y cruel y perseverante,
ha vuelto a dejarse caer por la ciudad
y se entretiene haciéndose notar
–tal vez porque no es grande,
su presencia es más notoria–
en cada partícula de existencia.

La lluvia nos azota en diagonal
y aún es de noche, y el ruido acostumbrado
ha comenzado a instalarse ya por las aceras:
los pasos, las persianas, los motores de los coches,
las válvulas que rugen, las voces de los niños,
el abrir y cerrar de cremalleras, las miradas
nos inundan y nosotros no podemos
hacer más que contenernos.

Rostros proletarios, somnolientos,
cabalgan la mañana entre bostezos,
–algunos son blancos, pero los he
visto también azules y amoratados–,
encendiendo sus luces y sus cuencas
tras las lunas empañadas por el frío,
saliendo de los parkings, esperando
su turno para incorporarse al tráfico.

Algunos parecen impacientes por llegar,
otros caminan ateridos con la cabeza baja,
plegando el cuello, fumando e ignorando
invariablemente la sombra breve que,
tímida y fugaz, proyectan sin querer
sobre los escaparates.


La ciudad nos observa con ojos tranquilos
La ciudad nos observa con ojos tranquilos
porque tú y yo somos elementos en concordia
y cada paso que damos estaba ya escrito en el
Gran Libro de los Pasos y es gracioso vernos
así, como si siempre hubiésemos sabido dónde
acertar con el pie, dónde poner cada palabra.

Aquí, entre la gente que avanza y corre y empuja,
tú y yo somos dos estatuas de piel tan diminuta,
representando un papel para nosotros mismos.


Algunos poetas suben al cielo sin chaqueta y otros no
Después de escuchar a las viejas preconizando
con vehemencia las virtudes del Linimento de
Sloan, de observar sus extremidades como
si fuesen de otro, de sentir el bombeo de
la sangre concentrado en las muñecas,
el poeta C.B., existencialista sombrío
desconvencido y pragmático, invitó
a todos sus amigos a desalojar el
local y, poniéndose la chaqueta,
les deseó buena suerte y subió
a su casa a descansar con los
gatos. A admirarse la tripa
velluda, pálida y blanda.
A escribir algo, versos
sueltos, lo que fuese,
por malo que fuese.
Porque era triste
que un escritor
no escribiese.