sábado, 23 de noviembre de 2013

YOLANDA LÓPEZ



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Bio-bibliografía

Es funcionaria de carrera en la Administración de Justicia. Licenciada en Filología inglesa, técnica en turismo, traductora y pintora por la Escuela de Artes y Oficios de Ourense y el Centro de Arganzuela de Madrid, se dedicó a la docencia a nivel medio y universitario. Realizó el DEA, la tesina y el doctorado sobre la identidad en la obra de Eudora Welty. Fue investigadora en universidades de España y del extranjero colaborando con diferentes ponencias y artículos de ensayo. Es autora de los poemarios individuales premiados Verdugos impolutos (Rábade, 2005), Obertura sen heroe (Follas Novas, 2006), Grietas (Visión Libros, Madrid, 2012), Temblor fiero (Lastura, 2013) y Moralla (Follas Novas, 2013). Galardonada con diferentes premios de poesía (Suso Vaamonde, Rosalía de Castro de Cornellá, Aurelio Aguirre, Antón Tovar, Fundación CEPAIM para la solidaridad, Xosé Neira Vilas, mención de honor del Manuel Oreste Rodríguez, Manuel María de la Casa de Galicia de Guipúzcoa, o el Picapedreros de La Oca Loca), textos de su autoría aparecen en diferentes revistas literarias y libros colectivos Ha publicado  relatos y artículos de opinión en periódicos de Galicia. Forma parte de los grupos literarios Bilbao y Poekas de Vallecas. Ha participado en recitales benéficos, en homenajes a intelectuales, y en espectáculos de poesía, pintura, fotografía, música y danza oriental. Ha impartido cursos literarios y ha sido jurado de certámenes.






Poética

Escribir es fecundar la vida y dejar preñada nuestra muerte.
Con la poesía hacemos arquitectura volátil y disparo necesario.
La poesía es la herramienta con la que movemos la conciencia social.
Cuando el pensamiento es poético, la palabra es música.
El poema es el edificio de la emoción y del pensamiento sublime.
El poemario es la puerta que nos lleva al universo de la imaginación y de la fantasía reales.




Poemas


LA  GUITARRA  DE  LA  LUNA
Me atraganto en el obelisco nácar
que me estrangula resonante,
con la niebla virgen a mis espaldas,
perturbando la cadena indemne del dolor.
Soy terciopelo silencioso,
púrpura con la pluma contenida en el frutal reposo,
alas agudas de viento y granizo
acorralándome  en el campanario de tu rincón sonoro.
Eres artista de bruma añeja,
tiempo errabundo,
esperpento de tu soledad hiriente,
vendaval cegador,
vendaval de labios amantes que vibran en tu pecho.
Cántame con tu color madrugador tiñendo corazones de colibrí. Trénzame con tu espiral
y su olor a muerte,
con la perla menguante de mi luna.
Eres tinta china pintándome la piel serena,
ansia contenida en el misterio cándido,
fiera pupila dilatada en la penumbra planetaria.
Aquí te acaricio,
guitarra de mi sepulcro pavoroso.
Eres el ébano intermitente en mis ojos maltratados.

Inédito. Poema premiado en el III Premio Picapedreros




LA MUJER TRANQUILA

Frenética. Rápida y constante. Frenética me hundo en el devenir de las horas rotas. Frenética pronuncio tu nombre en cada segundo de existencia, en cada latido fustigándome en las sienes, en cada instante en el que navego y callo para no gritar tu nombre. Frenética me ahogo, nado a contrafuego en las aguas turbulentas de mi hoguera, nado entre la espuma ruda y turbia, entre tu llama que gime silencios sin respuesta. La tempestad rompió mi cuerpo dividido, mi alma quejumbrosa en la noche y su clamor. Pero permanezco frenética, a la espera de la llegada inexistente, de tu llegada que invento como un pájaro lánguido y veloz.

Grietas (Visión Libros, 2012)


  

NATURALEZA VIVA

Vivo sin vivir en mí
Y tanta vida espero
que muero porque no muero
San Juan de la Cruz



Vivo sin vivir en mí, y en mi consuelo hallo la vida despojada de sus dudas, de cuclillas sobre el espesor del árbol mañanero, entre troncos y ruinas escritas en la noche y su melancolía hiriente, que el pájaro de la felicidad oculta su mirada en las anclas del delirio ingrato, irguiendo sus alas de azabache al despertar.
Vivo sin vivir en ti, pero no muere mi libertad cayendo sobre el azufre de tus ojos, del imperio sonrojado con la lluvia viviendo en las arpas olvidadas, de la muerte que llama a golpes sobre tu espectro a contraluz.
Muero porque vivo sin latido, vivo porque no muere el desasosiego de los días incautos, de la lluvia azul rompiendo el eco en los poros de mi piel helada, de mi corazón resquebrajado por la esperanza de no saberte lejos, de saborear el latido que calla a voces lo que deletreo con el grito de mi vivir vivo sin vivir en ti.

Temblor fiero (Lastura, 2013)

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