lunes, 20 de agosto de 2012

CARLOS JAVIER MORALES



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Menciona a:
José Mateos,
Carlos Marzal,
Josep Maria Rodríguez,
Juan Meseguer



Bio-Bibliografía

Nació en Santa Cruz de Tenerife en 1967. Se dio a conocer con El pan más necesario, que obtuvo el Premio Villa de Martorell en 1994, publicado por Seuba Ediciones. En esa editorial aparecieron sus dos libros siguientes: Madrid como delirio (1996) y La cuenta atrás (2000). En 2005 publica Años de prórroga, al que siguen Nueva estación (2007) y Este amor y este fuego (2011), los tres en Ed. Biblioteca Nueva.
Ha desarrollado una extensa labor como investigador y crítico literario, de la que han surgido varios libros y numerosos artículos. Dirigió el portal  www.poesiadigital.es de 2009 a 2011. Para mayor información, www.carlosjaviermorales.com
Es doctor en Filología Hispánica y profesor de Lengua y Literatura Españolas en el instituto de secundaria “Andrés Bello”, de su ciudad natal.



Poética

La poesía es un respiradero desde la tierra —desde mi tierra— hasta el cielo más alto.




Poemas
                                              
                                               CERTEZA

                   Un hombre enamorado puede hablar de la vida,
         convencer a las gentes y unirlas a su causa.
         Un hombre enamorado es un peligro:
         puede deshacer muros, cerrojos,
         y abrir los ataúdes.
         En su carne más honda podrá ser despreciable
         porque toda su suerte está en el otro cuerpo;
         podrá no saber nada, pero hablará de cosas evidentes,
         porque estará tocando la pulpa de este mundo:
         sus zonas más fecundas y sus miembros dolidos,
         y con sus labios besa apasionado
         todas las incidencias de la piel adorada,
         que es su puerto seguro.
         Un hombre enamorado nunca es tonto
         y cuando se equivoque lo notará enseguida:
         sus frases no dependen del orgullo, sino de la obediencia
         al ritmo que le marca el pecho del que come,
         y cuando haya devorado más allá de lo justo,
         su mordisco le hará rectificarse
         y devolver la fruta al árbol de la vida.
         Un hombre así no puede hacernos daño:
         estará obsesionado con las líneas de la boca que ama
         y siente que su tronco está en otra cintura
         y sabe que está andando con las piernas ajenas
         y palpa la conciencia de estar inacabado,
         de que es un miserable cuando piensa en sí mismo.
         Por eso no podrá ofendernos nunca:
         porque a cualquier persona le pedirá refugio
         como si todos fueran el brazo que le falta.
         Nosotros somos libres de abrirle nuestras puertas:
         si no le abrimos nada, se marchará contento
         a abrigarse en el fuego de la carne que acaricia sin pausa
         porque es suya.
         Un hombre enamorado es la certeza
         de que la vida guarda algún secreto
         que habremos de agarrar tarde o temprano.

                                               (De Madrid como delirio)


                   EL PASEANTE

         Apoyaba su oído en la negrura
         de todas las fachadas más viejas de mi pueblo.
         Caminaba despacio y se miraba
         en los charcos de lodo del Parque del Retiro.
         Y siempre que podía hacía una pausa
         en los puestos de fruta al aire libre.
         En los días de lluvia sonreía
         y contaba las gotas de todos los cristales.
         No quería mirar al sol de frente
         en las tardes de agosto: le bastaba
         con el ardor sediento del asfalto.
         Le daba miedo el mar: como los niños,
         quería tocarlo todo y se inquietaba
         al ver el horizonte siempre lejos.
         Le faltaba la luz y el aire y el sonido.
         Buscaba a Dios por todas las esquinas.

                                      (De Este amor y este fuego)


           

            LLEGAR

Hemos llegado a hoy: ya el mar no es sólo
la porción de este mundo
que habrá de conducirnos a otras tierras.

Mira el mar cómo brilla, cómo pide
nuestra mirada entera. Tú no puedes
hacer hoy las maletas de otro viaje.
Tú no puedes pensar qué comeremos
de aquí a un mes, de aquí a un año,
de aquí a siempre.

Cuando ya hemos ganado
el pan que nos mantiene, el pan que sabe
a nuestro fuego, a nuestro mantel limpio;
cuando hemos levantado nuestra casa 
sobre la roca de un amor tan firme,
cuando ya está caliente nuestro lecho,
¿a qué viene esta prisa por marcharnos?,
¿qué mar hay que surcar, qué nuevo día
para no estar jamás en nuestro sitio?

Hemos llegado a hoy: el mar ya es sólo
el paisaje total de nuestra vida.

Hemos llegado a hoy.

Hemos llegado más allá del tiempo.

                                               (Inédito)

viernes, 3 de agosto de 2012

LOREN FERÁNDEZ




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Jesús Urceloy


Bio-bibliografía

Nacida en Madrid en 1962. Licenciada en Geografía e Historia por la UCM, en la especialidad de Historia Antigua, ha escrito tanto en prosa como en verso. En prosa ha publicado con la editorial SM la novela “El hijo del héroe”, tiene pendiente de publicación “El palacio de Linares”, en la colección Hitos de Madrid, y varios premios de relato: Ateneo Primero de Mayo, Kiskitinak, Pluma de Oro, FEAFASS. Ha recibido clase de escritura creativa de Angel Zapata, J.J.Millás y Antonio Molina, e impartido, a su vez, clase de novela en el taller Puro Relato. En poesía ha publicado el libro “Mitología de las Piedras”, con la editorial Amargord, la plaquette “Extrarradios” en Barco de Ideas, y obtenido el premio Verbo Azul.


Poética

Cree que la poesía es una forma de mirar el mundo, de buscar al otro y de encontrarse, para entender de qué barro estamos hechos.




Poemas


YO DIBUJÉ EL PRIMER BISONTE

Yo dibujé el primer bisonte
sobre un vientre de roca
con sangre de los hijos muertos
y hollín de las hogueras que nos salvaron del terror.

Yo bebí cicuta y cristales rotos.
Fui la muchacha que flota en el río de flores heladas.
Crucificada bocabajo
mis entrañas son devoradas eternamente
mas nunca renuncié al fuego
ni a una sola de sus extensiones.

Mis carabelas navegaron los canales de Marte.
Mi oído conoce el idioma de los peces pulmonados.
Soy todos los hombres que fueron
y aquellos que habrán sido,
el robot que llora lágrimas de parafina
y el mutante poseído por el cerebro de la colmena.

Serenamente veré pasar los milenios
cerrados y purísimos
hasta que se extingan los dinosaurios
y los ángeles y los cometas
y ese accidente de los protones que fue vivir.
Como el primer bisonte
acurrucada sobre el vientre de piedra
sangre y rescoldos de lo que, tal vez,
nunca haya existido.
(De Mitología de las piedras)



OFELIA MIDE LA LONGITUD DEL TIEMPO


De cuatro a siete me cae encima esta tristeza grande de los hombros
como una bata de hospicio.

De cuatro a siete no salgo de casa.
Con puntualidad de sanatorio,
evito el móvil callado, la puerta oscura, el “no disponible”.

De cuatro a siete me quedo al borde de la nevera
buscando chocolate puro
o que el frío congele mi conciencia.

Después
consumada la certeza del silencio,
es el tiempo tan largo,
tan cansado de arrastrar el mundo,
que me tengo que inventar
poemas, pecados, orgullos, dramas ajenos,
para no morir como un perro
de siete a cuatro.
(De Mitología de las Piedras)



SE ALQUILAN TRASTEROS

Bajo mi piso se alquilan trasteros.
Tres veces al día oigo el metálico chirriar de las puertas,
tres turnos de gentes que guardan silencio
en idiomas extraños.
Cuatro metros cuadrados
donde la soledad apenas cabe;
cuatro esquinas de un colchón amarillo
donde restañar el miedo, las ausencias y los esqueletos.
Y un cajón de fruta donde guardarlo todo.

Abajo
llora un hombre de voz tan dura como un naufragio, como un desierto, como un baobab.
Gime palabras que suenan a arena removida en los charcos.
El trastero es oscuro, estrecho,
profundo, húmedo,
frío como una tumba
y es su muerte pequeña cada noche

¿Serán tan frías las verdaderas tumbas?
            (De Extrarradios)