Mencionado por:
Vicente Llorente
Vicente Llorente
Menciona a:
Pablo G. Bao
Amalia Bautista
Ernesto Filardi
Enrique García-Maiquez
Félix Grande
Almudena Guzmán
Joan Margarit
Itziar Mínguez Arnáiz
Itziar Mínguez Arnáiz
Jorge M. Molinero
Juan Vicente Piqueras
Mario Rodriguez García
Javier Salvago
Rafael Sarmentero
Roger Wolfe
Biografía
(Valencia, 1978 …)
Blogs:
Blogs:
Poética
Soneto doble con estrambote para el perrito Toby
Tendría siete años como mucho
(y ya infectado de literatura:
incluso de antes hay algún poema
horrible y desbordadas redacciones
que siempre se excedían de los límites
-acababan en cuento fantasioso-
que al resto establecía el profesor
-a mí me daba siempre rienda suelta-)
cuando de mi libreta vino al mundo
a sufrir y a gemir como yo mismo
mi pobre y desgraciado perro Toby:
el único animal de compañía
que tuve de pequeño -no descarto
que supliera carencias ya escribiendo.
Un día el profesor con gesto triste
se me acercó al pupitre y fue conciso:
No escribas más historias del perrito
Toby porque te pueden hacer daño.
Quizá don José Luis no comprendiera
que Toby estaba vivo y me importaba
más que mis compañeros o que él mismo:
por eso en mis relatos se salvaba
(el caso es que al final morían siempre
los amos que tenía y todo cristo
en un ensangrentado desenlace).
Así que tuve que sacrificarlo
en un cuento final -tal como dicen
los taurinos que el ruedo endiosa al toro-.
Desde entonces escribo a su memoria.
Poemas
Trato
Amor -huésped molesto- ¿a qué has venido?
¿Qué trato es el que esperas se te ofrezca
allí donde tan solo has abusado
de la hospitalidad que te brindaban?
¿Qué buscas embargar en esta casa?
¿Qué vienes a cobrar que se te deba
a una familia en ruinas, desahuciada,
que nunca te aceptó lo que prestaste?
¿No ves que puse ya la otra mejilla
no sé ni cuántas veces -sin cansarte-
por ver si recibía una caricia?
Lárgate, por favor, no me atosigues.
¿No tienes otro en quien cebar tu saña?
Hagamos ya las paces: tú me ignoras
y yo vivo sin ti si es que esto es vida.
Trato
Amor -huésped molesto- ¿a qué has venido?
¿Qué trato es el que esperas se te ofrezca
allí donde tan solo has abusado
de la hospitalidad que te brindaban?
¿Qué buscas embargar en esta casa?
¿Qué vienes a cobrar que se te deba
a una familia en ruinas, desahuciada,
que nunca te aceptó lo que prestaste?
¿No ves que puse ya la otra mejilla
no sé ni cuántas veces -sin cansarte-
por ver si recibía una caricia?
Lárgate, por favor, no me atosigues.
¿No tienes otro en quien cebar tu saña?
Hagamos ya las paces: tú me ignoras
y yo vivo sin ti si es que esto es vida.
La nana de los
párpados candados
Te
agarras fuerte a mi como cayéndote
para
abocarte (fuente que va al cántaro
-me
encanta cuando finges ser la frágil-)
vertiéndome
susurros al oído.
Que
no puedes dormir y que te cante
la
nana de los párpados candados,
canción
de cuna en campo de batalla
que
ampara a los soldados que la portan.
Me
afirmas que aun adulta tienes miedo
al
coco de las noches sin mis besos,
al
lobo aullando cantos de sirena.
Empiezo
a musitar lo que me pides:
'Para
que si te sueltas de mi mano
puedas
volar, mi niña, duerme ahora...'
Así
Preguntas
manteniendo la mirada
-un
gesto de nobleza que te honra-,
ahora
que lo sé, cómo me siento.
Y
qué voy a decirte que no sepas.
Tener
a estas alturas la certeza
de
que ha ocurrido lo que sospechaba
es
encontrar la pieza que le falta
al
puzzle que has echado a la basura:
yo
el hilo suelto en la uña de un felino
que
acaba por tirar, deshilvanando
los
últimos pespuntes de un harapo,
tú el
soplo con que apagan una vela
que
exhibe exiguas fuerzas de flaqueza
a
punto como está de consumirse.
