viernes, 14 de diciembre de 2012

JOSÉ CARLOS ROSALES




















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Bio-bibliografía

José Carlos Rosales nació en Granada el 27 de noviembre de 1952. Ha publicado los poemarios El buzo incorregible (Granada, Corimbo, 1988; Granada, Maillot Amarillo, 1996), El precio de los días (Sevilla, Renacimiento, 1991), La nieve blanca (Valencia, Pre‑Textos, 1995), El horizonte (Madrid, Huerga y Fierro, 2003; Premio Ciudad de San Fernando), El desierto, la arena (Sevilla, Vandalia, 2006), el cuaderno Dos movimientos (Málaga, Centro Generación del 27, 2009) y Poemas a Milena (Valencia, Pre‑Textos, 2011; Premio Gerardo Diego). También ha publicado Libro de faros (Málaga, Puerta del Mar, 2008; antología poética y estudio preliminar sobre la metáfora del faro en la literatura hispánica), Memoria poética de la Alhambra (Sevilla, Vandalia, 2011; estudio introductorio y selección de poemas en lengua española relacionados con la Alhambra y el Generalife) y la recopilación de artículos literarios Los secretos se escriben (Granada, Alhulia, 2008). Es doctor en Filología Hispánica. Actualmente reside en su ciudad natal.






RAZONES PARA ESCRIBIR UN POEMA (Una poética)
José Carlos Rosales

Tal vez lo más sensato sería no tener ninguna clase de razón o razones poéticas, y mejor en plural, ya lo sabemos, una sola razón es una razón única, razón que fácilmente se nos convertiría en razón inapelable, inmóvil o sagrada: razón obligatoria, qué desastre sería entonces escribir poemas… Quizás lo más prudente sería carecer de motivos o causas a la hora de escribir: el mundo no parece respetar otra norma que no sea la de la supervivencia, y a veces ni siquiera eso, así que no sé si los poetas hacemos bien en buscar fundamentos donde apoyar nuestro trabajo, como tampoco sé si el fruto de ese trabajo sería mejor si estuviera generado con el auxilio de argumentos, finalidades o principios, quién sabe, tal vez eso sería presuntuoso, algo así como pensar la vida o el mundo no tienen sentido pero yo sí, mis poemas tienen razones para ser. Y en medio del caos del mundo, o de la arbitrariedad de la vida que se nos escapa, estarían nuestros poemas, archipiélagos de piedad o conocimiento o belleza, islas en medio de un mar enloquecido que, lo mismo que nos trajo hasta aquí, nos llevará algún día sin pedirnos la venia, sin tregua ni diálogo. Alguna vez pensé que mis poemas serían eso: un refugio, un espacio donde poner a salvo lo que el mundo desprecia, ignora o pisotea, el espacio donde otros pudieran encontrase o saber. Sí, eso es lo que pensaba antes; y ahora no sé si todavía lo pienso.

(Newark, Delaware, 2012)






Poemas



Catorce de mayo, sábado

Pierden plumas los pájaros que vuelan
y abandonan su suerte en las regiones
donde anidó un pasado ineficiente.

Atravesando un cielo sin fisuras
pierden plumas los pájaros: lo saben,
mas lo olvidan tranquilos cuando vuelan
y anhelan atinar con la salida.

Recobrarán de nuevo su plumaje
en otras latitudes y en las plazas
vuelan sueltas las plumas que perdieron.

(De El precio de los días, 1991)



MONTAÑAS DE ARENA

Hace tiempo que miras las montañas de arena
sin saber lo que guardan. Miras cómo se extienden
sus dominios y miras también la superficie
voluble de las dunas: sabes que saben algo,
sabes que no lo dicen. Están mudas o ciegas,
han perdido su origen, y se mudan despacio,
y no cambian de sitio.

Las montañas de arena son montañas de vida
quebrada. Su silencio se volvió necesario
para que el mundo fuera capaz y vanidoso.
Pero la arena pálida que mancha los caminos
es un rastro indeleble: lo pisamos y cruje,
y seguimos andando sin encontrar el nombre
que nombra o califica.

Las montañas de arena, almacén de ceniza
donde el miedo envejece. Las montañas de arena
y su humilde mecánica: mirar dónde te paras,
pensar cómo se llega.

(De El desierto, la arena, 2006)




Mirando las pirámides de Teotihuacan

Estas piedras perdieron el estuco
y se quedaron solas
bajo un cielo sin límites:
pasaron los ejércitos, cambiaron
el nombre de las cosas y otros dioses
trajeron otra herrumbre. Pasó el tiempo,
creció el musgo que pisas o que piso,
todo volvió a ser verde.

Paseamos ahora
entre piedras vacías. No sabemos
por qué siguen unidas, sin estuco,
estas piedras que ofrecen,
al que quiera mirarlas, magia seca,
un misterio sin fruto, la clausura
final, ya sin remedio. Tú las miras,
yo miro tanto empeño malgastado,
tanta piedra tozuda
tanto tiempo esforzándose.

Y pienso si nosotros no seremos
con el tiempo también una pirámide,
si también la maleza, si el silencio,
nos cubrirán despacio,
si también sin estuco seguiremos
unidos sin misterio, fruto fértil,
magia sin nombre donde el tiempo fluya.

(De Poemas a Milena, 2011)

1 comentario:

antonio molina medina dijo...

Hay muchas razones para escribir un poema..., yo diría necesarias razones para seguir siendo un ser humano útil, en esta sociedad que adolece de lo primordial: entregarse al otro sin pedir nada a cambio.
Cuando era muy niño mi abuela me cantaba las coplas de su paisano Federico García Lorca al que conoció en su pueblo y el mío en nuestra eterna Granada y de ahí mi inquietud por la poesía y todo lo relacionado con ella. Siguen indagando a poetas como Blas de Otero, Ángela Figues, Antonio Machado, Miguel Hernández.., seria la lista interminable. Y caes en sus redes por el amor y la grandeza de sus formas de hacer y de armar que al final es el amor y la amistad lo que prevalece en sus escritos. Te cambia la vida y lo único que cuenta ya para muchos de nosotros es seguir viviendo por unos ideales embebidos en las palabras que te llevan a los hechos por los que vives y morirías…, si no la vida no tendría sentido. Que mayor felicidad que alguien te diga: UN BESO MI VIEJO AMIGO… Es la mejor frase que alguien me dijo en mi soledad.

Un abrazo

Y gracias por compartir

Antonio