domingo, 5 de febrero de 2012

J. JORGE SÁNCHEZ
















Mencionado por:
José Navieras García

Menciona a:
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José Naveiras García
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Ana Pérez Cañamares
Perejaume



Bio-bibliografía

J. Jorge Sánchez (Barcelona, 1964). Licenciado en Filosofía y Doctor en Humanidades. Ha publicado numerosos artículos sobre Filosofía, Teoría de la Literatura y Política en revistas especializadas, así como prólogos a obras de Jack London y Guy de Maupassant.
Editor de Dunas en la playa: reflexiones en torno al poder (Ed. La Catarata, 1996), su trabajo poético incluye Del Tercer Reich (Germania, 2002) y Filosofía de la Minucia (Bartleby, 2008) y tiene en preparación los textos Bajo la lluvia (LVR]Ediciones, 2012) y Las vidas de las imágenes (Luces de Gálibo, 2012). Ha participado en los volúmenes colectivos La paz y la palabra. Letras contra la guerra (Odisea, 2003), 11-M: Poemas contra el olvido (Bartleby, 2004), Voces del Extremo: poesía y magia (Fundación Juan Ramón Jiménez, 2009) y en la recopilación de relatos Tripulantes (Eclipsados, 2006). Asimismo, ha colaborado en diversas revistas electrónicas y en papel (Es hora de embriagarse con poesía, Hilos de araña, Almiar, Al otro lado del Espejo, Groenlandia...) y administra el Blog “Bajo la lluvia” (http://jjorgesanchez.blogspot.com/).




Poética

Uno tiene la impresión de que los poetas no son los más adecuados para abordar, honestamente, las múltiples caras de la poética y de lo poético.
Por ejemplo, para una poética “singular”, la que se podría rastrear entre los textos atribuidos por firma a un sujeto, es preferible la perspectiva del crítico que, desde el exterior, tiene una visión más amplia y completa que la del propio autor cuyas “intenciones” poéticas, además, no tienen porqué reflejarse en los versos que escribe ni mucho menos ser percibidas como tales por el lector (como ilustra la “falacia intencional” descrita por Wimsatt y Beardsley).
Para una “subjetiva”, una poética definida poéticamente, es decir expresada según reglas “literarias” y no científicas, también cabe sospechar que las luchas dentro del campo literario en las que están envueltos los poetas, con los intereses, lealtades y servidumbres que ponen en juego, no les convierte en unos agentes cuyo juicio quepa anteponer al de otros. Tal vez sea preferible echar mano de conjuntos de descripciones ajenos al “negocio poético” - y por ello algo más desinteresados - para compensar esta falta de distancia.
Finalmente, para una definición científica u “objetiva”, ya están los teóricos de la literatura –o, mejor, los científicos sociales – que, probablemente, sepan un poco más del asunto.




Poemas

HITLER

¿Habrá algo más difícil que escribir un poema sobre él?

Sesenta o setenta años atrás,
en otro clima, en otra historia,
se le dirigían versos, se le invocaba.
La lírica se ponía a sus pies.
Hoy, parece que no puede haber nada más contrario a la poesía que su figura.

Pero nos equivocamos si imaginamos el reinado de Hitler sólo
como el reino de la oscuridad, la barbarie y la inhumanidad.
El reverso íntegro de lo poético.
Hubo luz para muchos millones de seres humanos.
He ahí lo terrible.
Se cantaba, se reía, se abrazaba, bajo su rostro.
“Yo te juro, Adolf Hitler...” a ritmo de salmo.

Chocaban las copas, refulgía el oro, sonaba la música, se corregía el baile.
Entre escritores, directores de orquesta, actores, se movían los brazaletes
de la esvástica.
No había incompatibilidad.
Fuera, en las calles, no todo era tiniebla.
Las madres paseaban a sus hijos, los hombres se abrochaban el abrigo.
Horst Wessel publicaba su poema: “¡Al viento las banderas!”.
Muerto, el texto se convirtió en himno.
Y Adolf Hitler lo ensalzaba.

No, no hay un muro que proteja al arte del mal.
El mal también aprecia el arte.
El arte también gusta del mal.
¿Humano lo contrahumano?
¿Bello lo aterrador?
Trueques en la historia. Desplazamientos en el tiempo.

Nada más.

(De Del Tercer Reich)






DISCURSO ACERCA DE LAS PASIONES DEL AMOR
Blaise Pascal


Lo sé.
Sé que mi cuerpo ya no está en su apogeo
que su órbita ha dejado atrás el Sol
encaminándose imparable hacia Plutón,
su destino entrópico.
Mis pechos se alejan, mi vientre
obedece a la ley de la doblez
y los canales de Marte se marcan en mis piernas.

Mas tú deberías saber
que eres un gigante gaseoso
que va perdiendo su espesor
aunque te mires y veas la termodinámica ausente.

Ensancha tu alma al par que tus dimensiones.

No te pido que al encontrarnos
estallen los gases nobles como cuando éramos,
el uno para el otro, novas cegadoras.
Pero sí que no vivas tu estancia en mi cuerpo
desde un vehículo orbital y, como yo,
midas en cada caricia la edad del universo.

(De Filosofía de la minucia)




ARQUEOLOGÍA DEL DECIR


IX

El concepto es viejo
y su decrepitud llama
al menosprecio.
Se arrastra,
encorvado y húmedo,
oliendo a cerrada senilidad
y en su carrito oxidado
transporta sus enseres
explicando historias pretéritas.
Un día, dicen, fue una metáfora,
joven y aceitosa,
blanca, pujante,
capaz de reunir lo lejano.

Tiembla el concepto
con su aire grave,
aquejado por la degeneración,
y los trastos amontonados
en su largo peregrinar
caen por los lados.
De nada serviría
recordar que su estremecimiento
tiene también otro origen:
a él, trabajador,
obrero del lenguaje,
se le piden cuentas constantemente
y pobre de él que se equivoque.
La responsabilidad aplasta sus hombros.

Cerca, el tropo.
Ingenioso, arrojado,
despreocupado,
ejecutivo de la sociedad de la lengua
ensimismado en sus próximos diseños,
seguro de que nadie
le exigirá responsabilidades
al creativo pues es la luz de la empresa.
No soporta más peso que el del aire.

Los paseantes
rehuyen
los canales maltrechos:
prefieren la tersura
del rostro adolescente.
Que bella es la figura.
Que torva la noción.

Conviene no participar de la ópera bufa:
la metáfora y el concepto
tienen, al menos, la misma edad,
la del hombre.

(De Bajo la lluvia)

1 comentario:

COLECTIVO POETAS dijo...

excelente propuesta. Es un gustazo ir siguiendo la obra e inquietudes de J. Jorge Sánchez.

Un abrazote,

Viktor