viernes, 22 de julio de 2011

FERNANDO VALVERDE





















Mencionado por:
Raquel Lanseros
Juan María Jiménez López
Jesús Cárdenas
Daniel Rodríguez Moya

Menciona a:
Luís García Montero
Benjamín Prado
Raquel Lanseros
Felipe Benítez Reyes
Carlos Marzal
Joan Margarit
Daniel Rodríguez Moya
Javier Bozalongo
Javier Vela
Yolanda Castaño
Antonio Jiménez Millán


Bio-bibliografía

Fernando Valverde (Granada, 1980) ha publicado varios libros de poemas entre los que destacan Viento favorable (Colección Juan Ramón Jiménez, 2000) Razones para huir de una ciudad con frío (Visor, 2003) y Los ojos del pelícano (Visor, 2010). En 2005 obtuvo el premio Federico García Lorca y en 2010 el prestigioso Emilio Alarcos del Principado de Asturias.
Es uno de los creadores de la antología viva Poesía ante la incertidumbre (Visor, 2011) publicada en siete países por diferentes sellos editoriales.
Doctor en Filología Hispánica, licenciado en Filología Románica y apunto de licenciarse en Antropología, trabaja como periodista del diario EL PAÍS y dirige el Festival Internacional de Poesía de Granada (España). Además, es colaborador habitual de importantes revistas como La estafeta del viento o Cuadernos Hispanoamericanos.
Como periodista, ha realizado reportajes en países como Nicaragua, Palestina, Bosnia Herzegovina, Siria, Israel o Montenegro.





Poética



“El fin del poeta es convertirse en mil hombres y que en vez de leerlo a él nos leamos nosotros mismos. Para que ese milagro sea posible, la poesía tiene que emocionar. Ese es el límite de la poesía. Creo en una poesía sencilla, que no simple, capaz de establecer un diálogo con el lector sin pedestales, sin falsas poses, sin elitismos interesados. Los buenos poemas se entienden, comunican, emocionan e incluso conmueven. No soporto el arte de la apariencia, de los mundos interiores que necesitan remover mucho los charcos para resultar profundos, tampoco la necesidad de algunos poetas de aparentar que son “artistas”, como si tuviesen una sensibilidad diferente, superior. En definitiva, estoy convencido de que la sencillez es lo más difícil de todo, lo que arranca del lector un sincero: “es verdad” que justifica la creación”.





Poemas





LA CAÍDA
A mi madre


¿Recuerdas cómo mueren los pelícanos?
Bajo el sol de la tarde
que golpea la costa del Pacífico
el agua los engulle como al plomo.

Nada puede salvarlos.

Hay tanta dignidad en el vacío,
tanto amor en sus vuelos,
que en el último instante escogen el silencio.
Sólo queda
el golpe de sus cuerpos contra el agua
como un rumor de viento imperceptible.

Desde esta habitación no puede verse el mar,
no existen altas rocas y no queda horizonte
que no hayan destruido.

No importa,
intuyes un rumor en esta noche negra,
puedes tocar su brazo.

Recordarás entonces, al percibir el frío,
que en otoño ese mar que tanto amas
se vuelve gris y deja
los nombres del pasado escritos en la arena.

Te has sentado a mirarlos.

Frente a ti,
torciendo el horizonte,
un niño se sumerge entre las olas.
El levante, tan cálido y perfecto,
lo traiciona y lo empuja.

Has venido a salvarme.

Tus brazos,
tan frágiles ahora,
cubren el cuerpo de mis nueve años
hasta tocar la orilla.

Es cierto,
desde esta habitación no puede verse el mar
pero tiemblan mis manos igual que aquella tarde.
Ahora cojo las tuyas,
siente cómo te amo,
cómo salvas mi miedo con tus gestos,
cómo tienes la vida sujeta entre los dedos.

Deja a un lado la carne,
has golpeado tanto tu rostro contra el agua
que la luz se ha quebrado.

No hay estrellas debajo del océano.

Abre los ojos,
es tan ciega la muerte que el temor te confunde.
Abre los ojos,
búscame ahora en medio de este océano,
voy a agarrarte fuerte con mis brazos,
siente cómo te aprieto,
busquemos nuestra orilla,
el mar no ha dibujado nuestros nombres,
es hoy, no somos el pasado,
es salado el sudor,
es la espuma del mar contra las rocas
este miedo en tus labios.

Nos espera la vida.








Un lobo

Dentro de este poema pasa un lobo
que deja sus pisadas en la nieve.

Sigiloso y hambriento,
recorre una ciudad
que miró confiada hacia el futuro.

Hoy han bajado todas las persianas.

Es tarde,
trato de no hacer ruido
y que avancen los versos como pasan los días
para que el lobo escoja
un camino que lleve a otro lugar,
una presa más débil.

Pero en este poema espera un lobo
que ha venido a buscarme.
Aunque intente estar quieto y no hacer ruido
salta por las palabras un recuerdo
que me arranca un aullido y me devora.








El lago

Esta nieve que pisas va a convertirse en barro
y en el lago veré mi rostro sin el tuyo.

He transitado el borde de la orilla,
he querido cruzarlo sin mojarme los pies
y he tropezado tanto que me duelen las manos.

Debajo de la hierba esperan piedras
que reciben mi piel como una encrucijada.

Pero no se la apropian,
los cuerpos son tan bellos cuando el tiempo los toca
que no nos pertenecen,
son un bosque prohibido.

Quedará para siempre la marca de un reflejo
porque no van los brazos a olvidarlo todo
aunque se hagan más grandes nuestras dudas.

Las canciones que olvidas son huellas en la nieve
y en la piel de los lagos se deshace el futuro.

miércoles, 13 de julio de 2011

FRANCISCO JAVIER SILVA













Mencionado por:
José Sánchez del Viejo


Menciona a:
José Sánchez del Viejo
Luís Enrique Prieto
Florián Recio Terraza
Pureza Canelo
María Blázquez Alonso
Faustino Lobato Delgado
Rufino Félix Morillón
Basilio Sánchez
Marian Raméntol Serratosa




Bio-bibliografía

Francisco Javier Silva nace en Almendralejo (Badajoz), el 22 de noviembre de 1961. Su infancia transcurre entre juegos y estudios, su adolescencia entre estudios y trabajo. A los veinte años, y tras la muerte de su madre, tiene que dejar los estudios y centrar su vida en el trabajo, llevando esta situación aparejada el abandono momentáneo de la escritura.
En el año 2002 participa en el Foro Literario Sensibilidades dirigido por el escritor madrileño Luís Enrique Prieto. Sus consejos y enseñanzas hacen que de nuevo retome el camino dejado. Desde ese momento no ha dejado de escribir, obteniendo en su trayectoria algunos premios, como el XXVI Concurso de Poesía García Plata de Osma (2003), con la obra Los vértices del mar, IX Concurso de Poesía García de la Huerta. (2006), el III Certamen de Cartas de Amor convocado por la Universidad Popular y la Concejalía de Juventud del Ayuntamiento de Villanueva de la Serena. (2008) o el VI Certamen de Poesía del Colectivo Ataecina. (2009).







Poética

Las palabras conocen bien los paisajes de nuestras vidas, las sensaciones nacidas al calor de nuestros versos o nuestra prosa.Las palabras sustentan nuestra geografía afectiva, nacen con nosotros, crecen y envejecen.Las palabras son trazos que subrayan los matices de instantes en nuestra vida. Las palabras nos habitan y, sin embargo, no nos pertenecen.




Poemas





SI ME QUITO
“Lo quiso todo o nada.
Por eso dejó todo:
para tenerlo todo”
(José Hierro)


Si me quito
las oscuras luxaciones que el dolor
me adhiere como escamas de luto
en la pesadumbre de los párpados,
los grafitis que trazo en mi lengua
para acuchillar los gritos imprecisos
que maduran como lúgubres crucigramas de silencio,
los verbos intransitivos que me sembraron otros,
las mariposas de cenizas que aún fosforecen
en los escaparates de rebajas de mi anoréxica memoria
como luces gangrenosas,
las vértebras carcomidas,
el moho, las llagas,
las lágrimas que se adentran y humedecen
el esqueleto de un alma casi extinta,
y las grietas por donde alguna vez
se asoma la alegría.
Si me quito
las distancias ojivales que las hojas del otoño
dejan en mi espalda
cuando barren las calles sin luz y sin penumbras,
la lluvia y el frío que se acumula en las fotografías,
nombre y apellidos,
y los recuerdos...
Si saldo mis deudas
y pago hasta el último euro por este tiempo
de vivir a renta,
y cuento la bruna plusvalía que firma
sobre mi piel las manos del verdugo,
me hallaréis desnudo,
sin nada,
preguntándome a solas
qué parte de mí muere en los cementerios
y qué parte sobrevive con las manos extendidas
a los árboles.

Del poemario “¿Dónde estarán los pájaros?”









EL FINAL


El final jamás será leído,
el final nadie lo conoce,
el final donde se pierde la lucidez
y germinan los cráneos,
el final donde la muerte
esparce su esperma en tu esqueleto
a cambio de un poco de vida.
Cuando llega el final
sólo soportas el peso del mármol,
y te vence la luz
con un rumor a poleas de sombras,
cuando llega el final sólo escuchas,
muy lejos, la geografía incorpórea
que deja el beso de la despedida.

Del poemario “Las aristas del viento





UN DÍA, DE PRONTO, TE DAS CUENTA

Cuando venga a buscarme,
díganle:
se ha mudado.”
(Oliverio Girondo)


Un día, de pronto, te das cuenta
que el viento mueve las sillas de tu casa,
tintinea en los vasos,
deshace tu cama
y desliza un gemido de pájaro herido
en los trozos de cal hollados por las uñas,
en las cortinas y los armarios,
hace saltar el pan del tostador
y fragmenta los besos en la saliva
que dejas en el cristal cuando apuras tu copa.
No tienes tiempo para arreglar la ventana
o limpiar el polvo de los muebles,
y caducan en los almanaques los copos de nieve
mientras se escapan tu mujer y el deseo
en los inviernos del jardín,
dejándote sin voz que teja canciones de cuna.
Un día, de pronto, te das cuenta
que el viento muda su piel de reptil
en los peldaños de la escalera,
y no reconoces ni el eco de tus pasos,
se hacen los pasillos más estrechos,
extraños y húmedos,
y agrupas axiomas en el sordo lenguaje del silencio,
se te llena la soledad de soledades
cuando los minutos dejan sin memoria
tu reloj de pulsera,
y sólo eres una sombra tras la luna del espejo
sin deseos de irse
sin ganas de quedarse.
Un día, de pronto,
cuando llegue la vida preguntando por ti,
encontrará que no hay mirillas en la puerta de tu casa
ni buzones con tu nombre,
y solo el viento,
ocupando tu sitio,
le dirá: “se ha mudado”.

Del poemario “¿Dónde estarán los pájaros?”

sábado, 2 de julio de 2011

MANUEL MARTÍNEZ FOREGA











Fotografía de Colunma Villarroya




Mencionado por:
Ricardo Fernández Moyano
Ángel Guinda
Ángel Sobreviela
Carlos Bozalongo
Alfredo Saldaña

Menciona a:
Jesús Jiménez Domínguez
Miguel Ángel Ortiz Albero
Joaquín Sánchez Vallés
Ángel Gracia
Ana Muñoz Gómez
Ángel Guinda
Octavio Gómez Milián
Alfredo Saldaña
José Corredor Matheos
Antonio Gamoneda






Bio-bibliografía


Manuel Martínez Forega (Molina de Aragón, 1952). Es poeta, ensayista y traductor. Ha publicado una treintena de títulos de esas disciplinas y obtenido algunos premios de poesía y traducción. Finalista del premio nacional de la crítica en 2009 con Ademenos. Sus traducciones han dado a conocer en España la poesía de André Pieyre de Mandiargues y a los poetas checos František Halas y Josef Kostohryz y los ensayos de Ariel Kyrou. También tradujo a Vladimír Holan. Preparó la edición antológica 20 poetas aragoneses expuestos para la EXPO 2008; ha editado, introducido y anotado la edición europea de Toda la luz del mundo. Minimal love poems de Ángel Guinda. Y ha traducido, introducido y anotado la única edición castellana canónica de Monsieur Teste de Paul Valéry. Fundó algunas colecciones de poesía como “La Gruta de las Palabras” de Prensas Universitarias de Zaragoza y “Cancana” y “Libros de Berna” de Lola Editorial. Figura un unas cuantas antologías españolas de poesía y está traducido al checo, ruso y búlgaro.
http://www.forega.wordpress.com/
http://www.biblioforega.blogspot.com/








Poética


Abomino de las poéticas.






Poemas



Publio Vergili Maronis

Cuando llegas a casa
sin haber dicho una sola palabra
debiendo decir tanto,
te preguntas si es cierto que la causa
es la razón o es motivo el instinto
de tu cabal desdicha.
(Ademenos)
******


Diez años

La intimidad protegida del bosque,
la seductora fruta de las bóvedas
de los árboles, ángulos de pájaros,
mina infinita de música y ramas,

túnel de iluminadas sombras líquidas.
Canto, siempre el mismo canto del único
ayer que fui: la pinza del cangrejo,
y la forma del ladrillo en el agua,

la calavera en el talud murado.
Cuando fui uno, completado y único,
y en la cima, en la picota, un deseo

de piedra sustentaba mi futuro.
Y en lo más alto estuve de lo mínimo,
pues era yo uno solo, no escindido.
(Inédito)

******

Has sabido regresar a la sombra de donde procedes. Y allí de nuevo una duda: ¿A dónde ir?
(333 días)