jueves, 3 de noviembre de 2011

REBECA ÁLVAREZ CASAL DEL REY










Fotografía de Javier Jimeno Maté






Mencionada por:
Juan María Jiménez López
María Solís
Deborah Antón
José Antonio Rodríguez Alva
Diana García Bujarrabal

Menciona a:
Alfonso López
Ana Pérez Cañamares
Cristina Morano
Diana García Bujarrabal
H-elena Rodríguez
Isla Correyero
Jesús Malia
Juan María Jiménez López
Julieta Valero
Luz Pichel
Mar Benegas
María Solís
Nuria Ruiz de Viñaspre
Óscar Aguado
Óscar Curieses
Óscar Pirot
Pepe Ramos
Sonia Bueno
Yaiza Martínez
Verónica Delgado Mayordomo
Víktor Gómez



Bio-bibliografía


Rebeca Álvarez Casal del Rey (Madrid, 1976)
http://lanochedeperfil.blogspot.com/
Publica su primer poemario en 2010, en Ediciones Amargord, donde posteriormente coordinó la colección Candela de poesía. Ha sido antologada en Blanco Nuclear (Sial) y Poetrastos (LVR), y próximamente estará en Inabsent(i)a (Nanoediciones). Participa en numerosos recitales (sobre todo en el madrileño barrio de Lavapiés), colabora en la web Culturamas y ultima su(s) próximo(s) poemario(s). En algunas librerías ya está disponible la segunda edición de su (hasta la fecha) único libro publicado, Suponiendo la cicatriz como posibilidad de la herida, prologado por Julieta Valero.


Poemas


Cuervo
Hay un resto de noche junto al día que empieza.

Hay un resto de noche de perfil,
próximo a la piscina. Su ojo
es el punto de fuga del jardín,
su silueta forma sombras chinas sobre el muro,
enjaulada por verjas
que el reflejo del agua hace temblar.

Hay un resto de noche de perfil
despeinando muñecas
cerca del mediodía.
Y de pronto abanica
el aire que lo encierra
y callan las chicharras un instante.

También hay una niña,
está tumbada al sol, sobre la hierba.
Y hay un resto de noche de perfil,
tal vez (si le dejara) besaría sus ojos.
Pero la niña duerme,
de momento el cuervo no es más que un pájaro.

De Suponiendo la cicatriz como posibilidad de la herida (Amargord, 2010)



Profilaxis
Presérvate
de la descendencia y de la mortalidad
prematura.
Ponte la distancia y comprueba
(cada cinco minutos)
que sigue ahí,
que no ha sido engullida
ni se ha deteriorado.
Nunca te falla el cronómetro
para reponerla en el transcurso de las eternidades.
¡Eso, tú sigue interrumpiendo!
(no vaya a ser
que se produzca el contacto).

Ella no tiene frenos, abróchate
bien fuerte el cinturón.

Haz una pausa
durante el intercambio de salivas y las pieles siamesas.
Ordénale desnudarse y alinea sus zapatos, dóblale
la ropa en el armario
y las rodillas.

Mírala en contrapicado, poderoso
y protegido,
que en el centrifugar de los juncos no se desprenda
la juntura del monstruo bicéfalo.
¡Sí, imponte!
Ella también prefiere el látex
(para fregar los platos a los que tú
sacas brillo).

¿O es que la consideras
corrosiva?
¿tal vez babilónica?
Pero no, los restantes orificios
no te inquietan, ¿no acostumbran
conllevar alianza?
¿O tal vez temes
ser parido hacia dentro, pasto
de su voracidad?

Con suspiro,
ella encoge los hombros.
¿Qué duda cabe?
¡te alaba la razón y te la envidia!
(aunque a menudo termine
maldiciéndola a voces y a portazos).
Pero algunas veces
necesitaría abrasarse en el abandono
de pausas, esterilizaciones y prudencias.
Derretirse. Puenting. Grito. Sobrepasar al vértigo.

Aunque si compartir estropajo es
demasiada proximidad para tu aguante,
en algo estáis de acuerdo:
para ser dos se necesita
un poco de distancia.

Del poemario inédito La espera horizontal


Piedra

Tú también serás polvo, junto a nuestras cenizas.

Ensangrentado altar que nos sirvió de almohada,
te pintamos, esculpimos y arrojamos
contra el enemigo.
Tú, inerte, no nos juzgaste,
mientras en nuestras manos afilabas guadañas.

Testigo mudo y ciego y quieto
de nuestras vidas reducidas a instante.
Caminamos sobre ti y tú
no dices nada.
Hacemos de ti muros,
iglesias, corazones,
hasta llegar a hundir
en ti nuestras raíces.

Eterna montaña reducida a guijarros.

El viento, el agua, el hombre,
te dinamitarán
y tú
te harás pedazos.
Serás escombro y lápida,
y sellarás la tumba que encierre nuestros huesos.

Mientras, podré sentarme a descansar sobre una piedra,
al borde del camino, al margen de la Historia.

Del poemario inédito La espera horizontal

2 comentarios:

Juan María Jiménez López dijo...

Me alegro muchísimo, de que estés ya aquí. Que sea fructífero y gozoso. Te lo mereces.

Rebeca Álvarez Casal del Rey dijo...

Gracias, Juan, una ilusión estar por aquí.