jueves, 24 de noviembre de 2011

MIGUEL ÁNGEL YUSTA





















Mencionado por:
Ricardo Fernández Moyano
Laura Gómez Recas
Francisco J. Picón
Marisa de la Peña
Alonso de Molina

Menciona a:
Alonso de Molina
Alfredo Piquer Garzón
Ángeles Fernangómez
Cristina Cocca
Fernando Jiménez-Ontiveros
Luisa Arellano
Marián Raméntol
Marisa de la Peña
Blanca Langa.





Bio-bibliografía


Miguel Ángel Yusta Pérez (Zaragoza 1944) poeta y escritor, tiene una larga trayectoria ligada a la literatura y los medios de comunicación. Es columnista del diario Heraldo de Aragón.
Sus más recientes trabajos son los poemarios:
Luces y sombras, fotopoemas, con fotografías de C. Moncín. (Gobierno de Aragón. 1999) con comentarios de diversos autores. Peregrino de ausencias (Unaluna 2006). Teoría de luz (Ualuna 2007), con prólogo de M. Vilas. Reloj de arena (Unaluna 2008), prólogo de Rosendo Tello. Senderos de amor y olvido (Unaluna 2009) Prólogo de J.Verón Gormaz. Ayer fue sombra (Aqua, 2010) I Premio de poesía de la D.G. de A. Cancionero de coplas aragonesas (Olifante, Papeles de Trasmoz, 2011), prólogo de J.L. Melero. El camino de tu nombre (Quadrivium 2012) prólogo de José Luis Gracia Mosteo, en imprenta. Amar y callar, en preparación. Poemas del silencio, en preparación
También las recopilaciones:
Rincón de coplas (Unaluna 2006) con prólogo de J. Barreiro. Y Artículos indefinidos (2010) con prólogo de Ricardo Vázquez-Prada.
Ha participado en antologías y poemarios colectivos. Algunos de sus textos han sido recogidos, entre otras, en las revistas literarias "Criaturas Saturnianas, Barataria Imán”, así como diversos artículos relacionados con el folckore aragonés y con la copla, con cuya autoría ha obtenido numerosos premios.
A través de su cargo en la Junta Directiva de la Asociación Aragonesa de Escritores, organiza numerosas actividades literarias, presentaciones, ciclos, conferencias etc. Es actualmente director adjunto de la revista literaria Imán, órgano de la Asociación Aragonesa de Escritores.




Poética

No se entretiene en equilibrar la balanza porque la balanza es él: copa, tallo y raíz.
En la raíz, el humanismo, el sustento del cedro poderoso, la profundidad que define a la poética y el aliento a la poética en un grado natural, sin que ni un solo condicionante aplaste la autenticidad que le nace sin querer entre los versos. En el tallo, la madera cabal del buen hacer, la densidad que se nutre de la sinuosidad del Sena, del secreto de la luna, o de la inocencia rescatada de una infancia en años de amargura… Y en la parte más aérea, una fronda honesta de “sentires”, perenne y generosa, que cimbrea con el azote del cielo y se deja ladear por la dulzura aparentemente irracional de lapasión.
Sensible, relator, leal y diestro en el manejo del arma articulada, del recoveco, de la oración, de la dignidad última de la escritura.
(Laura Gómez Recas)






Poemas

Metro de París. Línea 6
Ella ha entrado en Picpus y se ha sentado frente a mí
Sus palomas cansadas buscan el regazo
mientras sólo me mira por un fugaz instante
(hay algo de eternidad en esa mirada velada de monotonía).
Los fluorescentes del vagón son incompatibles con el día gris.
Bel-Air, Dumesnil, esta línea seis me llevará tal vez a ninguna parte.
Quiero que siga ahí, sentada mientras cruzamos el Sena.
La línea seis aparece y desaparece como mi deseo de vivir,
túneles y tejados , estaciones llenas de negros cansados,
de blancos cansados, de ninfas con auricular y móvil,
de labios, ojos, formas, miradas. besos, caricias...
Quai de la Gare, no te bajes por favor, ya llegamos.
Déjame que te contemple furtivamente
porque hace tiempo que no sentía el estallido de la belleza en mi alma.
Los asientos de plástico marrón no saben de estas cosas
ni los anuncios de las estaciones
(sea feliz en Turquía por quinientos euros)
En la Place d’Italie se ha llenado el vagón,
hay un raro vaivén de gente azarosa y extraña.
Se la van a llevar y yo estoy muerto, atado a mi vida, en mitad de la seis.
Llegaré solo a Denfert-Rochereau...

(De Teoría de luz)





Mi descapotable de juguete

De niño quería un gran descapotable blanco.
Soñaba con él, tal vez lo había visto
en alguna película lejana.
Y sólo en sueños pude conducirlo.
Luego fui un aturdido adolescente;
las horas pasaban tan lentas que a veces
se paraba el reloj del tiempo en la impotencia.
Durante algunos años, fui a un colegio de curas:
recuerdo largas tardes, interminables estudios sin retorno,
sopapos y rosarios,
escapadas al váter del patio en los recreos
donde, a oscuras, descubrimos el sexo,
pobre placer de frutos inmaduros.
Y el olor rancio de la soledad
en el amanecer sobre el colchón mojado.
Hasta que un día decidí de pronto
que ya era casi un hombre y todo un bachiller.
Después, la rebeldía,
mi querido París donde se abrió la vida,
los besos y los senos de mujeres soñadas,
las orillas del Sena llevándose la mugre
acumulada en años de tinieblas.
Era la libertad de vivir sin permiso.
Y en ese punto justo o no pude o no supe
hacer, sencillamente, mi gran revolución
y me hicieron discípulo del convencionalismo.
Visto correctamente,conduzco un coche nuevo,
tengo una casa grande, buena calefacción,
viajo y amo a mujeres que tal vez también me aman...
Mas cuando por la noche llego tarde a mi casa,
solo en mi habitación, en la suave penumbra
aún me siento al volante de aquel descapotable
en el limpio y hermoso ensueño de mi infancia...

(De Ayer fue sombra)




Esta noche.

Te quería decir en esta noche
cuando ya nadie habita en la distancia
y dormidos los pájaros
es el silencio dueño de las vidas.
Te quería decir, y te lo digo,
aunque a veces me corte las palabras
el saber que tu oído las escucha
y tus ojos las miran,
que esta tarde cuando volvía a casa,
tan silencioso y solo,
mientras sobrevolaba el pensamiento
utópicos lugares,
de pronto, te me has aparecido
con tus ojos profundos
y tus manos repletas de caricias,
abierta la sonrisa,
piernas de adolescente, apresuradas
por llegar a mis brazos
y rodearme fuerte con los tuyos.
Tu cabello jugando con el viento,
extendidas las manos en el aire,
presentidas caricias.
Venías, llegabas y te quedabas...
Entonces he sentido que la tarde
se llenaba de luces
y que toda la gente sonreía.
Que aún era hermoso el mundo
y los taxis, las casas, los semáforos.
Que las tiendas, las calles , las aceras
se llenaban de luces de repente
e íbamos del brazo, felices como niños.
Pero esta tarde no has aparecido.

Por eso te lo digo,
que te he echado de menos en las horas
que otro día mataban poco a poco.
Y aunque al subir a casa
ha sonado el teléfono y me has dicho te quiero
por un momento, amor, por un momento,
las luces se apagaron en mi alma...
Por eso te repito,
pero tal vez callarme debería,
que cada tarde, amor, que cada tarde,
me dejes que la acabe entre tus brazos.

(De Amar y callar)

2 comentarios:

Marisa Peña dijo...

Un gran poeta, una gran persona, un imprescindible como escritor y como amigo.Un placer encontrarlo en este rincón.Abrazos.

mis-herías dijo...

Fantástico descubrimiento!