sábado, 19 de marzo de 2011

RUBÉN MARTÍN DÍAZ


















Mencionado por:
Ricardo Fernández Moyano
Andrés García Cerdán

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Bio-bibliografía

Rubén Martín Díaz (Albacete, 1980) ha publicado dos libros de poemas: Contemplación (Vitruvio, 2009) y El minuto interior (Rialp, 2010) por el que recibió el Premio Adonáis 2009 y el Premio Ojo Crítico de RNE 2010. Es autor de dos cuadernos de poesía: Desde una ventana con vistas a la vida (Toledo, 2008) y Los límites humanos (Toledo, 2009) y de un cuaderno de relatos: El arte de entender los naufragios (Toledo, 2010). Ha obtenido el II Premio Nacional de Poesía Fundación Siglo Futuro-Caja de Guadalajara, la XV Edición del Certamen Poético Versos de amor “Memorial Francisco de Aguilar” y el Primer Premio de Poesía del Certamen de Jóvenes Artistas de Castilla-La Mancha 2009. En 2010 fue galardonado como albaceteño distinguido en cultura por la Peña de Albacete en Madrid de la Casa de Castilla-La Mancha y nombrado Hijo Predilecto de Casares de Las Hurdes (Cáceres). “La pluma de barro” es su blog.




Poemas

EL ORIGEN DEL MUNDO

Ahora duermes en tu pequeño cuerpo
como ceniza de una hoguera extenuada
y es hermoso contemplarte así,
tan pura y limpia,
blanca de luz
bajo la negra bóveda de la noche,
miel para estos ojos míos
que acarician tu sueño
de temprana luna encendida.

Pesa en el aire esta madrugada,
ya descuelga sus sombras,
su páramo
engulle todo lo que obró el día
y ahora es humo de nada.
Y así,
en este silencio transido
de entumecida lengua,
agotada de estar lamiéndote la piel
durante horas,
así te sigo amando,
con el pulmón manchado de sombras
a la espera de verte amanecer
en brazos de un nuevo día.

Eres el origen del mundo,
la gruta húmeda y aseada
donde nace esa luz
que otorga vida a las cosas.

Pero ahora, dormida en el descanso,
como una luciérnaga dulcísima
que inverna su gracia y su vuelo,
incubas el beso de la mañana
para poner tu sol sobre mis labios.

De Contemplación (Vitruvio, 2009)





EL FUEGO

Veo quemarse
aquel montón de ramas secas
a varios metros del camino,
la combustión
da origen
a otra forma de materia:
respiración del fuego,
pálpito de la llama,
columna espesa de silencio.

Mirar y deducir sus consecuencias
es todo a lo que apuesto,
no seré yo quien cese tal proceso
de oxidación violenta,
tal hermosa codicia de la luz.

Crece de súbito la llama,
una danza buscada por qué mano
en pleno mes de abril,
ahora que la lluvia no sucede
porque hasta el cielo contribuye
al rojo espectro natural
alimentado por las ramas.

Y aunque las horas pasen
y el fuego mengüe en su perfil,
todo aquello que fue
seguirá siendo
en otro rostro,
con distinta nostalgia.

Es la materia
como el poema:
ni se crea ni se destruye,
siempre estuvo, y siempre
habrá de estar.

De El minuto interior (Rialp, 2010)




LA MADRE

A mi madre

La madre duerme
sentada en una esquina del salón.
Afuera de la casa
la luz recoge
aquellos signos que la tarde muestra:
pequeñas pinceladas de un estío
que pronto ha de llegar.

Mientras escribo enfrente de ella, pienso:

Hace bien poco
íbamos de la mano hacia el colegio,
me cuidaba en mis juegos
y en mis noches de lágrimas.
Y ahora,
sentada en una esquina del salón
con los ojos domados por la luz
que atraviesa el cristal de la ventana,
descansa de esos tiempos
–no tan lejanos–,
de aquella voluntad
cumplida.


Con verdadera vocación,
con una extrema sutileza,
dejo a medio el poema
y me levanto de mi silla,
me acerco
y la respiro:

__________huele a verano.

De El minuto interior (Rialp, 2010)