martes, 19 de octubre de 2010

JORDI COROMINAS I JULIÁN

















Mencionado por:
Juan Vico
Daniel Cundari
Rubén Darío Fernández

Menciono a:
Juan Vico
Álex Chico
Laia López Manrique
Iván Humanes
Ana Vidal Egea
Sofía Castañón
Ventura Camacho
Sergio Gaspar
Mario Cuenca Sandoval
Txus García
Carmen Moreno
Eduardo Moga
Jahel Virallonga
Pablo Méndez
Rebeca Yanke
Saray Pavón
Rubén Darío Fernández










Bio-bibliografía

Jordi Corominas i Julián (Barcelona, 1979) ha publicado dos novelas en catalán (Una dona que sap jugar amb els peus y Colors, ambas editadas por Abadía editors) y una biografía histórica, Macrina la madre, publicada en 2005 por la editorial milanesa Jaca Books. En 2009 coeditó la antología Matar en Barcelona (Alpha Decay). Es integrante y cofundador del proyecto músico-poético Loopoesia. En su labor crítica es coeditor de Panfletocalidoscopio.com y colabora con otros en 2010 ha publicado su primer poemario, Paseos Simultáneos (Vitrubio). Actualmente colabora con la emisora RNE y espera la publicación en 2011 de su libro de relatos El mayórdomo de la muerte (Barataria) y de otro poemario con el título provisional de Oceanografías. Sitio web: http://corominasijulian.blogspot.com/





Poética





Apuntes mínimos
1.- Mimar lo cotidiano para entender lo profundo.
2.- Desde mi punto de vista la realidad es un regalo que nos permite encontrar poesía en cualquier rincón, ergo no hay límites con lo que se plasma en el verso.
3.- Me interesa mucho el concepto de suite poética por lo sinfónico de la idea y el ver un poema como si fuese un río o un paseo, con lo que podemos acercarnos a captar la totalidad, y repito lo de acercarnos.
4.- El detalle y su complejidad, lo cotidiano y la trascendencia de la normalidad.
5.- Lo obvio de integrar el ritmo con las ideas que el poema vierte
6.- No confundir la hiperrealidad con el surrealismo








Algunos poemas



Duermevela

Y no sabe usted que cerezas me regaló
en el corte inglés, las pulsaciones del lado
derecho son más fuertes, mensaje con Grana
padano de la bella easo, el teléfono y la almohada,
los arabismos no dan de comer, como se caiga el libro
será peor que un coscorrón, mirando hacia la calle,
me quito la sábana, hace calor como en la sabana
y estamos en Barcelona, George Harrison y Bangladesh,
las noticias de las tres, en la radio se confiesan para
que cerremos los ojos, es una terapia colectiva
con hojas de adormidera, me gustaría estar en Madrid
pero
mañana tengo que madrugar por Francia, los camiones
de la frontera, dos horas de trayecto. ¿Duermo?
creo que ya emití algún sueño, menudos desmanes,
en el autobús la hija contaba a la madre del descubrimiento
de América, Amerigo Vespucio, así pronunciado,
sin una c, las tierras que pisó Colón eran Indias, era otra jurisdicción,
él definió el Continente, el límite, París y Roma se unen entre paseos
y estaciones de tren, los niños me saludan desde el balcón,
sólo veo faldas en el aire, los metros me recuerdan poemas
junto a las vacas del cementerio, lechuga con maíz
y un asesino que canta canciones a los abedules,
estoy preocupado, no puedo masturbarme, sonará el despertador.
Bona nit.


Agua
En la ventana del tren hay una carrera
de espermatozoides, freno en la estación,
líquida balada, saludad a la acuosa
noche de San Lorenzo, compañera de la tormenta
integrada en el cristal tapiado de beige.

Dos corren por las escaleras, el automatismo
se fragmenta, arranca y el viejo velociraptor
está como una regadera, en el rectángulo,
visión desde mi asiento,
caen cascadas del charco ciego del tejado
cuando pasamos por un huerto entre barracas
Y girasoles.

Seguro que alguien firmó el contrato
de residencia en el edificio elíptico,
resaca heliocéntrica, obras públicas
en suspenso, vegetación, graffiti, chasquido
anciano en el charco de la desolación.

Hay más pintadas de bienvenida, partículas
elementales en una población con nombre
decápodo, chaparrones
del plástico protector, mi barrera
para tocar el mundo tiene cascadas
que son patas pterodáctilas, en una zanja
las gotas brillan, perlas, diamantes mojados.

Son cincuenta minutos, atisbo un descampado,
un señor muy dominguero lleva paraguas
amnésico de la noción de esos cúmulos
fantasmagóricos que le entusiasmaban
en la infancia.

Yo prefiero fábricas abandonadas, caen chuzos
y pienso en la inutilidad que la precisión da
al espacio entre punto y punto
como si los cables naranja, lila, rojo, amarillo
magenta, verde, azabache y celeste
no dieran una fanfarria que apague
la melancolía de locomotoras en desuso
cuando ralentizamos la marcha.

Descarrío el oremus con la ventana, se han sentado
unas rusas, los raíles chispean bien cubiertos
de hormigón, regreso a mis pies y
diluvia un guiño del platanero, íntimo de la frutería,
ducha irónica y estéril.




El droguero y la fregona
¿Mamá, vende drogas
el droguero?
mi guardería acariciaba su imperturbable
negocio, cinco lustros transcurrieron
y ahí sigue, con esa misma
podrida fachada de letras
pidiendo un parapente para borrar
motas antediluvianas, reguero
selecto de secretos
que a nadie interesan.

Suena la campanilla, plástico y desodorante
horror vacui, angosta trastienda,
la progenitora reclama al retoño,
Jaime, hay un cliente, póngame
una fregona de mocho amarillo,
se dislocó el palo de tanto usarlo.

Jaime, siervo de quien te parió,
sempiterna bata azul, bajito
como tus ancestros, alopécico
con billar y patillas, reprimido
homosexual que sorbe el pecho
primigenio, Jorge Javier castrado,
sólo quiero el mástil rojo con su mocho,
mis cincuenta euros no son tocomocho.


Cuatro y veinticuatro. ¿Tiene cambio?
Sí. ¿Quieres un cubo? La dictadora
del mimbre lee mi iris hacia
el techo de su catedral, catacumba y telaraña
de
ambientadores, perfumes, lejía,
higiénicos, pañuelos, cocina,
antical general, papel albal, insecticida,
limpia suelos, a máquina, raticida,
quitamanchas, Suavizante, amoníaco y salfumán.

Su hedionda caverna es un sarcófago
demacrado, réquiem
momificado del ayer.

Hasta luego, dejaré mi casa
como los chorros del oro,
no sin antes ser soldado
con bayoneta, samurai
de baja estofa, romano
con ariete numantino,
y un americano que arma
su arma para pulir
las grietas de la debacle.

Mimo lo cotidiano
para entender lo profundo,
no hay más explicación.

1 comentario:

José María Banús dijo...

Μια μεγάλη ποίημα.

Saludos.