lunes, 9 de agosto de 2010

CARLOS CONTRERAS ELVIRA









Joaquín Pérez Azaústre
Ariadna G García
Ana Gorría
Camilo de Ory
Juan Marqués
Luis Muñoz
Sofía F Castañón
Jordi Doce
Rosario Villajos
Álvaro Tato



Bio-bibliografía

Carlos Contreras Elvira (Burgos, 1980) es Licenciado en Humanidades (Universidad de Burgos. Curso 2002-2003 en la University College of Cork, Irlanda.), Licenciado en Dirección de Escena y Dramaturgia (RESAD. Curso 2009-2010 en la Escola Superior de Teatro e Cinema de Lisboa) y Master en “Edición, Gestión y Producción, de revistas” (Universidad Pontificia de Salamanca). Ha sido lector de español en la Western Michigan University (EE.UU.), trabaja como redactor externo para la revista literaria Qué leer y es columnista del Diario El Mundo-El correo de Burgos. Es autor de los libros Bildungsroman (VI Premio Internacional de Poesía Joven “Martín García Ramos”. Point de lunettes, 2007.); El mismo otro (Premio Letras Jóvenes de Castilla y León 2007 -Poesía-. JCyL, 2008.); Orikata (XI Premio de Teatro Arte Joven de la Comunidad de Madrid. Ñaque Editora, 2008.); Resumen del silencio (XXVII Premio Leonor de Poesía. Diputación Provincial de Soria, 2009.); El espejo hablado (Antología Periodística, Vol. I. Celya, 2009.); Ius Soli (Premio Letras Jóvenes de Castilla y León 2009 -Teatro-. JCyL, 2009.); Cartografía del verbo (Amor, Literatura y Nación en la América Latina del siglo XIX: historia de un palimpsesto). (Fundamentos, 2010. Finalista del IX Premio de la Crítica de Castilla y León.); Verbatim Drama (Premio de Textos Teatrales “Marqués de Bradomín”. INJUVE, 2010.); Matrioshkas (Antología personal bilingüe. Traducción al portugués de Rita Custodio y Álex Tarradellas. Babel, 2010.) y El eco antipado (III Premio de Poesía joven de RNE. Pre-textos, 2011).


Poemas


(PALABRAS A UNA MUCHACHA GORDA)

Mueves los muslos como si supieras
que eres heredera de una historia repetida.
Oscilas las caderas
con la seguridad de quien conoce
que la moda es lo primero que se pasa de moda.
Pero también te preguntas si es sólo por lástima
que el chico de la barra te sonría
y crees que tu vida es sólo una isla
en los ojos distantes de los otros.
Cierto día quemaste tus peluches
por ver arder con ellos
el principio y umbral de tu tristeza,
pero, a pesar de todo,
bailas con la energía secreta de la piedra,
con un antiguo don de fuente o labio.
A pesar de ti, enseñas el ombligo y ríes:
sabes que la poesía también te necesita.

(De Bildungsroman. Point de Lunettes, 2007.)





(BRONX INTERIOR)


Estacionaba su cuerpo en mí de noche en noche
como quien aparca una limusina
en una calle humeante, oscura, del suburbio.
Ataba mis muñecas al marco de la cama
(odiaba que tocara el satén de su corpiño)
y con la corbata de twill negro de su chófer
conseguía lo que otras bajando la persiana:
doblaba mi mirada
como si de una esquina del barrio se tratara.
Después –ignoro cómo–
se inventaba la puerta de una excusa
por la que se marchaba de puntillas
dejando tras de sí un rastro tan nuevo
como el recuerdo de lo que nunca ha sucedido.
Y allí quedaba yo: solo, atado, absurdo, ciego.

(De Bildungsroman. Point de Lunettes, 2007.)






(HUÍDA)

Como el muñeco verde
de los nuevos semáforos urbanos,
que anda sin avanzar en una caja
de la que no consigue salir nunca.

Como ese peatón luminiscente
que camina despacio porque hay tiempo,
y al final siempre termina por correr
ante la cuenta atrás del segundero.

O al revés. Como la figura roja
que va contando el tiempo hacia adelante
mientras repone fuerzas para el verde

con que sueña fugarse de la caja.
Sí, más bien al revés. Como el palíndromo
que se borra al huir de su reverso.

(De Resumen del silencio. Excma. Diputación de Soria, 2008.)






(TRAMPANTOJO)

Cuando la niebla cae en la ciudad
la canalla se oculta en el Calypso.
Marianna Negovici es la zarina
del panóptico inverso de un peep show
y los hombres que aman a sus mujeres
le meten un billete en el liguero
para que compre a su hijo algo bonito.

Algunos rastrean su futuro en esa copa
que un Manhattan convierte en ilegible,
mientras otros le guardan el secreto
a un vecino igual de desdichado
que quiere imaginar la realidad
más allá de su casa y la oficina.

Bocabajo, subida a la barra americana,
una ninfa desnuda como el viento
toca su acordeón a los clientes
poniéndole guirnaldas a una noche
que late sin corazón para olvidar.
Ya nadie tiene ni un gramo de muerte
en la cartera y todos disimulan
su fracaso quitando nombre al hecho.

Al alba, el sol desdice las leyendas
cantadas sobre un suelo de serrín.
Frustrados por saberse quien no quieren,
prolongada su estela al infinito,
dos planetas avanzan paralelos
hacia el punto en que fuga la alegría
su estricto e inalcanzable trampantojo.

De El eco anticipado (Pre-Textos, 2011.)

2 comentarios:

Sergio dijo...

Magnífica tu muchacha gorda. Sí, señor.

José María Banús dijo...

Buena metáfora la del semáforo.

Saludos.