jueves, 18 de junio de 2009

JOSÉ ELGARRESTA
















Mencionado por:
Antonio Daganzo

Menciona a:
Rafael Soler,
Miguel Galanes,
Montse Cano,
Mª Antonia Ortega,
Pablo Méndez,
José López Rueda
y Pepa Nieto.



Bio-bibliografía

Nací en una ciudad lo suficientemente grande como para que no se notase (Madrid) y ése ha sido precisamente mi gran drama existencial: nunca se ha notado mi presencia en ningún sitio, hasta el punto que he comenzado a preguntarme si es real, extremo que constituye el tema fundamental de mi obra y en el que coincido con la mayoría de los creadores de todos los tiempos, así como con mi amigo el quiosquero, los empleados de la tienda de ultramarinos donde sigo comprando y la mayoría de los que conozco. Por consiguiente, no debería sentirme solo, pero así es y ello es otro gran misterio que también conforma el núcleo de mi obra: un extraño déficit de afecto que me lleva a intentar encontrar mi hogar en el universo, que es, como todos sabemos, una casa demasiado grande, donde cualquiera puede perderse y de hecho así sucede, sin que hasta el momento haya encontrado la explicación. De todo ello se sigue que cuanto he escrito es una interrogación abierta y me temo que continuará de la misma forma hasta el final, ya que, según mi experiencia, el hombre existe en el mundo como pregunta, no como respuesta.
Durante toda mi vida me he visto impelido a desahogarme con las cuartillas y esta grafomanía explica todos mis libros, de los que mencionaré los poemarios “Poesía 1.975-2.000”, “Derecho de asilo””Lo que no somos” y “El sacerdote Invierno”, así como "Cuentos ácidos", "Cuentos ejemplares" y la novela "Cutrelandia ( I y II )" en la vertiente narrativa de mi obra. Por lo que se refiere a los temas de que tratan, son muy variados: Dios, el amor y la muerte. No creo que se pueda escribir sobre más cuestiones, aunque lógicamente tengo un gran número de historias sobre diversos personajes, que a su vez oscilan sobre estos vértices de la existencia y están tan perplejos y confusos como yo. ¿Son heterónimos? ¿Son yo mismo? ¿Son los lectores? A éstos dejo la respuesta.





Poemas



Carta abierta a un poeta

Hoy un amigo me he regalado su último libro
y lo que dice el libro es que, en definitiva,
sólo querría volar alto en el cielo,
pero se ve reducido a arrastrarse por el fango
que es la vida cotidiana, la de todos los días,
y lo más terrible es que uno se acostumbra
y termina pensando que eso es lo bueno,
chapotear en el barro, y lo otro realmente
no deja de ser una bobada, fantasías infantiles.
Tiene razón mi amigo, hay algo llamado supervivencia
y en su nombre la especie sacrifica al individuo,
la estrella devora a la estrella y el universo se fagocita a sí mismo,
pero como ninguno de nosotros es el universo
nadie sabe de qué va todo eso y pasa de saberlo,
uno se conforma con hallar un hueco y allí,
sin sacar la cabeza del fondo, por si se la pisan,
aguantar mecha hasta la consumación de los siglos,
que es como algunos optimistas llaman
a los pocos momentos que nos quedan de vida.
Bien, tal vez esto sea así y hasta pueda considerarse
un resumen cabal del pensamiento humano,
al menos en cuanto a sus efectos en la mayoría de la gente,
pero debo señalar que un poeta, como mi amigo,
es un grano de arena en la máquina del mundo
y no se contenta con hacerla chirriar,
lo cual es bastante incluso para muchos sabios,
sino que necesita salir de su agujero
y cagarse en los engranajes de la máquina
y saber si, cuando muera, su cabeza reposará en otra cuna
o en la cesta del verdugo, segada por la guillotina de la nada.
Está claro que a los poetas,
aparte de deleitar a la concurrencia con armónicas estrofas,
lo que nos gusta es incordiar,
dar un toque desgarrado al sonido del arpa,
en una palabra: aguar la fiesta.
Es así y nadie tiene la culpa de ello.
Además, si fuera de otra forma,
es posible que incluso hubiera fiesta,
pero no invitados.









Canto a la globalización

¡Oh, Ministros, Presidentes, poderosos de las naciones poderosas!
¡Qué seguros estamos con vosotros!
Pero estamos solos.
Rodeados de un anillo tecnológico
que ningún grito podría franquear,
pero no cogidos de las manos,
no cantando todos juntos en la noche profunda,
unidos sólo por la silenciosa evasión de los viajeros de primera clase.
¿Qué planes tenéis para la humanidad?
El mundo está triste,
los expertos se dividen
entre los que no saben lo que va a ocurrir
y los que no saben que no lo saben.
¿Sabéis pilotar la nave sin estrellas?
En los mares de la incertidumbre
sólo la compasión encuentra el camino.
La compasión es claridad, aunque se equivoque,
la compasión es riqueza, aunque se arruine.
Sólo queremos que nos expliquéis
la razón de este desvalimiento colectivo,
por qué tenemos la sensación
de ir en un tren que ya habéis abandonado.

1 comentario:

Teresa Maldonado dijo...

"Compasión" es una de las palabras que más me gusta de nuestro idioma. Todavía existe, de vez en cuando, en nuestro mundo globalizado.

Teresa Maldonado
Blog: palco de la Sèvignè