miércoles, 22 de abril de 2009

JESÚS ALONSO BURGOS





















Mencionado por:
Julián Alonso
Montserrat Garcia Ribas

Menciona a:
Felipe Boso
Juan José Cuadros
José Jiménez Lozano
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Carlos Vitale
Dionisia García
Esperanza Ortega
Miguel Casado
Montserrat Garcia Ribas


Bio-bibliografía

Jesús Alonso Burgos (Palencia, 1952). Licenciado en Derecho por la Universidad de Valladolid. Abogado. Desde 1978 reside en Cataluña. Es autor de los libros de poesía: Inventario y poemas (edición definitiva 1979), La estrategia del viaje (1980), Navegaciones y naufragios (1987), Escenas de la Ciudad celeste (1995), Estrategias de la usura (premio San Juan de la Cruz, 2011) y La tierra deshabitada (premio Ángel Urrutia, 2015); y cinco de ensayo: El luteranismo en Castilla durante el siglo XVI (1983), Formas simbólicas de lo religioso (1989), La familia del Dr. Frankenstein. Materiales para una historia del hombre artificial (2007), Blade Runner. Lo que Deckard no sabía (2011) y La llamada al testigo (2014); así como de una edición crítica de Figuras delincuentes y Figuras delincuentes en el Quijote, de Constancio Bernaldo de Quirós (2008). En 2009, la Fundación Díaz Caneja publicó una antología de su obra poética bajo el título de Paraíso y Exilio.




Poética

“Hagamos, pues, un pacto, alma mía: yo te llevaré a lo más escondido del bosque, a lo interior, al silencio de lo que está oculto, para que oigas el borboteo del agua y la música de los caramillos, para que el dios que está en ti despierte y dance desnudo junto a la fuente de donde mana el Ser, cuando un rayo de sol se filtre entre los grandes árboles e ilumine la umbría; yo te devolveré la risa. Y tú ya no llorarás más, alma mía, ya no habrá razón para tanta pérdida ni dejarás que la usura de los días se enseñoree”.

(Sobre el que se adentra en el bosque, de Escenas de la Ciudad celeste, 1995)




Poemas


Rihla de Ibn Battuta
…temiendo el peligro de los caminos.
Ibn Battuta


Para Ibn Battuta
es este poema.

O para nadie
es este poema.

Para las interminables arenas
y las palmeras de sabrosos dátiles.
Para la oscuridad
y la luz de los caminos.

Para que el viajero
lo ofrezca
en el morabito de Burhan ad-Din Ibrahim.

Para que sea oración
en el morabito de Burhan ad-Din Ibrahim.

O para nadie
es este poema.

Inútil y ocioso
entonces.
Para ser olvidado,
para que el tiempo
lo asedie y lo destruya.

(de Navegaciones y naufragios, 1978)




Sobre los modos de la liturgia

…se perderán en el tiempo
como lágrimas en la lluvia.

Blade Runner



Ni ese delicado relicario que adorna el cuello de una dama y que esconde un retrato,
ni el pájaro que atravesó el mar y luego erró su ruta,
ni la triste melancolía del idiota que babea en un asilo,

ni nada que no sea la pura perfección del círculo: su vacío: su ausencia:

eterno aparecer y desaparecer de lo efímero que, por eso mismo, participa también de la eternidad:
tránsito en una brumosa e irreal estación.

Y sin embargo, sin embargo, todos esos efímeros momentos, todos esos desolados momentos fueron la trama de los largos días. Al igual que el humo que el viento dispersa pero que, en su levedad, es lo que da sentido a la tarde del otoño.

Y entrarán también al vacío los afanes que se perdieron en el tiempo.
Y la memoria y los recuerdos entrarán al vacío, de donde alguna vez salieron.

Porque todo vuelve a su origen. Todo regresa.

(de Escenas de la Ciudad celeste, 1995)




Miniatura: para René Char

Porque acaso, hermano, el poema sea sólo eso:
el lento discurrir del tiempo y el hastío por las calles de esa ciudad que un día paseara Thomas Sterns Eliot

y entonces para nada sirva la memoria de otros días, de los días mejores, ni el recuerdo de tantos hombres y tantas cosas buenas, de todas aquellas palabras y promesas en las noches de púrpura dorada

y este poema
sea sólo
un ejercicio de consentimiento.

(De Paraíso y Exilio, 2009).




Juego y descarte

El secreto está en el descarte:
desprenderte de las cartas malas
para coger nuevos triunfos,
naipes
que te aseguren la victoria.

Tiras un seis
porque esperas un rey,
tal vez un as.

Pero no te llega el rey
ni el as;
sólo un cuatro.
Has calculado mal.

Tiras un instante
porque esperas
el absoluto,
tal vez un dios.

Pero no te llega el absoluto
ni el dios,
ni siquiera
una caricia
o una ofrenda.

Te has descartado mal.
Otra vez has perdido.
¿Cuándo vas a aprender a jugar?

Algún día
nadie te dará la revancha;
entonces perderás sin remedio.

Lo mejor sería que aceptases
tu incapacidad para el juego,
tu mala fortuna, si prefieres,
y quedarte con el seis y el instante.

Por lo menos son un seis
y un instante.

(De Estrategias de la usura, 2011)

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