jueves, 12 de marzo de 2009

YOLANDA SÁENZ DE TEJADA VÁZQUEZ





















Mencionada por:
Luis Alberto de Cuenca
Micaela Serrano Quesada
Noemí Trujillo
Juan María Jiménez López


Menciona a:
Ángel González
Eva Vaz
Luis Alberto de Cuenca
Sebastiano Grasso
Luis García Montero
Miriam Reyes
Jose luis Piquero
Almudena Guzmán
Trinidad Gan
David González
Joan Margarit
Ventura Camacho


Bio-bibliografía

Yolanda Sáenz de Tejada Vázquez (Huelva, 1968) es creativo y escritora. Muy interesada en los temas científicos de actualidad, colabora con empresas que aplican sus diseños a la ciencia para conseguir una mayor calidad de vida. Es miembro de la Plataforma de Mujeres Artistas contra la violencia de Género.
Su primer libro: ¡A Jugar! (Mondadori 2008, en colaboración con Eduard Estivill), ha obtenido un gran éxito y se ha traducido a varios idiomas. Nace a raíz de una profunda investigación en el campo de la conducta infantil, aplicando el juego como herramienta para conseguir buenos hábitos en los niños. Publica también Tacones de azúcar, Primer Premio Internacional de Poesía Sial 2008 y, El Camino del Sueño (Aras llibre 2008, también con Eduard Estivill), una serie de normas para dormir bien.
Actualmente coordina varios proyectos culturales entre los que destaca POESÍA EN EL PALACIO (ciclo lírico mensual que patrocina HOSPES Palacio de los Patos en la ciudad de Granada) desde su fábrica de sueños a medida LALUNAESMÍA (lalunaesmia.es).

Y vive en un lugar cerca del cielo, donde cultiva pimientos y poemas…

http://www.yolandasaenzdetejada.com/

http://www.lalunaesmia.es/

http://yolandasaenzdetejada.blogspot.com/


Poética

Lo más hermoso que han sufrido mis huesos cuajados de versos es que los lean aquellos que no habían leído antes poemas y que, (además, sobre, entre, con, encima, genial…) disfruten.




Poemas

A las palabras de amor les viene bien un poquito de exageración…
A. Machado


Te sentaste
en el incendio
de mi piel.
Sereno,
omitiendo el dulce
dolor
que tu voz
inyectaba en mi
lengua,
en mi pelo,
en mi cerebro…

Me levanté
agitada,
acercándome
—como una serpiente—
a tu olor;
codiciando la dulce
saliva de
tus venas;
deseando
(con mi veneno)
morder tu cuello
sin
com-pasión

Y quise besarte.
En las manos,
en el pecho,
en la boca…

Pero no lo hice.
Me senté de
nuevo en
mi silla y
sólo puse
mi móvil sobre
el tuyo
para verlos
—desde la
derrota de mi ardor—
hacer,
encima de la mesa,
el amor.

**********



Confundir el amor con echar un polvo debería haber confundido a la muerte…
SEBASTIANO GRASSO, El amor confundido


Levantó las cejas
y apartó la sartén del fuego.
Después,
agotada,
se limpió las manos
con el trapo azul de Portugal.

Antes de abrir la puerta se persignó
—dejando en su frente un rastro de grasa—.
Cariño,
dijo con una voz quebrada,
casi vacía,
ven a la cocina
que quiero hablar contigo…


Cariño rugió mientras le gritaba
que su cerveza no estaba fría
y que si entraba en la cocina,
después olería a pescado.
Le voceó a su hijo que no cambiara la televisión y
se levantó,
cargando de ciática la grasa de su culo.

Al llegar a la cocina
vio el reflejo de un demonio que sonreía
y una mancha de ilusión
en las pestañas de su mujer.

Después de decirle
que lo dejaba por otro,
cariño lloró.

***********


TESTAMENTOObra en que un autor, en el último período de su actividad (en este caso en el primero) deja expresados los puntos de vista fundamentales de su pensamiento o las principales características de su arte, en forma que él o la posteridad consideran definitiva.
Diccionario de la R.A.E.


Queridas hijas de mi vientre
y de mis pechos
cuajados de besos;
de mi boca
plagada de versos,
y de mi ardor…

Queridas hijas
mías,
ambas dos.
Hoy
os quiero leer mí
testamento.

Os dejo
en este poema
el pan
de las estrellas,
las hormigas que se
conmueven
cuando barro el patio,
y las carcajadas sordas
del limonero.

Incluyo también
los pimientos
sembrados de odas,
las lágrimas
desbordadas al veros
dormir,
y el vuelo limpio
de los ojos
de vuestra abuela.

No me olvido
del poema
de Ángel González
que me saqueó
la pasión;
del olor a plancha
en la casa materna
de la sierra,
y de la declaración
de amor de
vuestro padre.

Os dejo
(por supuesto)
mi viejo bolso.
Está cosido con
mis pestañas
y dentro atesoro
la noche de amor
que viví en el desierto.
(Cuidado al abrirlo
hijas mías,
que aún guarda
una duna ardiendo.)

Queridas frutas
aún metidas en mis
entrañas,
aún por terminar
de parir vuestra propia
vida.
Os dejo
(para terminar)
lo más
valioso para mí:
mi ignorancia
de la maldad
y mi utopía
de vivir.

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