viernes, 30 de enero de 2009

PEDRO A. GONZÁLEZ MORENO




















Mencionado por:
Jesús Aparicio
Manuel López Azorín
Francisco Caro
Antonio Daganzo
Antolín Amador
Rafael González Serrano
Mari Cruz Agüera
Diana Rodrigo Ruiz

Menciono a:
José Corredor-Matheos
Nicolás del Hierro
Miguel Galanes
Federico Gallego Ripoll
Joaquín Brotóns
José María González Ortega
Manuel Cortijo Rodríguez
José Luis Morales
Francisco Caro
Juan Pedro Carrasco García
Rafael Morales Barba
Sonia Fides
Manuel López Azorín
José Luis García Herrera
Jesús Aparicio González
Cristóbal López de la Manzanara
Francisco Gómez-Porro
Ángel Luis Luján




Bio-bibliografía

Nacido en 1960 en Calzada de Calatrava (Ciudad Real). Licenciado en Filología Hispánica, es profesor de Lengua y Literatura y ha publicado los siguientes libros de poesía: Señales de ceniza (premio Joaquín Benito de Lucas), Col. Melibea, 1986; Pentagrama para escribir silencios (accésit del premio Adonáis), Rialp, 1987; El desván sumergido (premio “Villa de Madrid –Francisco de Quevedo), Libertarias, 1999, Calendario de sombras (premio “Tiflos”), Visor, 2005 y Anaqueles sin dueño (Premio “Alfons el Magnánim-2010), Hiperión, 2010. Parte de su poesía aparece recogida en La erosión y sus formas (Antología 1986-2006), Vitruvio, 2007. La Agrupación A-7 de Valdepeñas le editó en 2010 la plaquette titulada Dodecaedro.

En prosa, es autor también del libro de ensayo Aproximación a la poesía manchega, B. A.M., 1988, de la novela Los puentes rotos (IX Premio “Río Manzanares de novela”), Calambur, 2007, y del libro de viajes Más allá de la llanura, B.A.M., 2009.


Para una poética

Aquella mariposa
con el abdomen atravesado por el frío
de un alfiler, no es ya
la mariposa. Ella
aún está en la flor,
sobrevolándola;
está enredada entre el color y el polen,
viva aún en el roce que dejó en sus estambres.

Tampoco es ya el poema
esa reseca cáscara que queda
sobre el papel, la frágil
arquitectura de sus nombres, ese
pentagrama de sílabas que quisieran ser pájaro.

Aquí, sobre el papel,
sólo está, bien curtida,
la piel que no revela nada más que el oficio
de un buen taxidermista.

Pero el poema
(su verdad no escrita,
sus vísceras calientes
no enfriadas aún por las palabras)
se quedó ahí, aún no pronunciado,
manando por la herida,
turbia voz del dolor,
sobrevolándonos.


( De Calendario de sombras)



Poemas



SIEMPRE CRECE HACIA DENTRO LA MEMORIA

Siempre crece hacia dentro la memoria,
como una flor extraña
que renunciase al aire y que creciera
hacia el sueño inicial de sus raíces.

Todo crece hacia dentro, hacia el abismo
donde sólo se escuchan, fantasmales, las voces
de todo lo que un día
fue nuestro, de ese reino
que lentamente fue desamueblándose.

Ahora que ya todo se ha acabado cumpliendo
con la implacable precisión que tienen
a veces los presagios,
también crece hacia dentro
(hacia qué precipicios, hacia qué
nada oscura) el poema:
hacia un silencio último, donde sólo se escuche
el ruido de la luz sobre las cosas.

(De Calendario de sombras)




EL VINO TURBIO

No que me salve, sí que me acompañe”.
(Claudio Rodríguez)


No el vino que bebemos
para seguir creyendo, ni tampoco
el que piadosamente nos acoge
en agrias noches de taberna y frío;
ni aquel que con su roce sarmentoso
nos acaricia, ni
el que nos da su voz como en racimos
recién maduros: ese
vino que algunas veces pudo llamarse Claudio.

Hablo sólo del vino
que deja cicatrices;
no el que bebemos: ése que nos bebe,
cuya turbia gramática
siempre nos deja entre los labios
los más oscuros nombres
de la sed.








LA CARNE DEL MAR




Si él llama nuevamente por teléfono

le dices que no insista, que he salido...”

(Alfonsina Storni)




Que nadie toque el mar, que nadie toque

la carne de las olas,

que es carne de mi propia carne. Nadie

toque la piel sagrada de la espuma

porque con ella tejo, sin prisa, mi sudario.




Se pone en pie la sal igual que un hombre

que sale a recibirme

con su abrazo de algas: soy la amante

del mar, la que ya nunca

verá ponerse el sol desde la arena.




Que nadie pise el agua, que es flor de mi saliva,

metal del verde sueño de los náufragos.

Que nadie beba de esta transparencia

porque estará bebiendo de mi boca

el oscuro veneno de la sed.




Que nadie toque el pan

salado de mi cuerpo, porque sólo

ha de ser alimento para el agua.




Soy la amante del mar, la que ya nunca

confundirá el amor con la caricia.




(De Anaqueles sin dueño)

3 comentarios:

SONIA FIDES dijo...

Querido BicBéquer, ya sabes que me encanta tu poesía exacta y contagiosa.

Un beso súper.

Jesús Aparicio González dijo...

Una voz necesaria en nuestro tiempo de poesía.
Sabes que releo tu obra, aquí una vez más. Destaco tu poética. Y... de acuerdo... todo está al borde de suceder.

Un abrazo

Laura Gómez Recas dijo...

En tanto mi librería me abastece de versos tuyos, he decicido saber de ti y comenzar ya a leerte.
Te encuentro aquí y aquí comienzo y aquí abro el apetito.

Un abrazo,
Laura