lunes, 10 de noviembre de 2008

JUAN MANUEL MACÍAS























Mencionado por:
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Bio-bibliografía

Cartagena, 1970. Es filólogo, helenista y traductor. Colabora en diversos medios escritos con artículos, poemas y traducciones de poesía griega. Tiene publicados la traducción y edición de las poesías de Safo (DVD Ediciones, 2007), del poemario de María Polydouri Los trinos que se extinguen (Vaso Roto Ediciones 2013. Premio de la Sociedad Griega de Traductores de Literatura a la mejor traducción de una obra griega contemporánea, 2013) y de la poesía completa de Cavafis (Pre-Textos 2015); asimismo, es autor de los libros de poemas Azul de enero (2003), Tránsito (DVD Ediciones, 2011) y Cantigas y cárceles (Isla de Siltolá, 2011), y del libro de prosas y ensayos Sucede en la voz de otros (Isla de Siltolá 2015). Ha coordinado la página web de DVD Ediciones. Es fundador de la revista de poesía Cuaderno Ático

http://www.diosas-nubes.blogspot.com/



Poética

“A los más de los poetas, padres y jóvenes dignos de padre,
nos confunde la imagen del bien. Lucho en ser breve,
me hago oscuro; el que busca lo sutil extravía
nervio y aliento; se infla quien va tras lo sublime;
por tierra el muy prudente repta, y el que huye al trueno;
quien quiere una variante prodigiosa dibuja
un delfín en los bosques y un jabalí en las olas.
Evitar un pecado conduce al vicio cuando falta el arte.”

(Horacio, de Epístola a los Pisones, traducción de Juan Manuel Macías)

***

Más allá de las enfermedades del conceptismo, concibo un poema como un objeto fabricado de pura memoria. Un objeto cantable. Y, si hay suerte, hasta bailable.



Poemas


ABRIL Y LA CHICA DE LA CANTIGA

E nulhas guardas migo non trago
ergas meus ollos que choran ambos.
Martín Códax


La lluvia en el tejado y tú lloviendo
de tus ojos, eterna, en la cantiga.
Abril. El mar sombrío. Y tú, la espiga
sola y frágil, tejiendo y destejiendo

por la encharcada noche. Yo te tiendo
todo mi espeso sueño y mi fatiga,
pero tú no me escuchas, alta amiga.
Tú, vigilante y sola. Yo cayendo.

Quien te soñó de cara al mar de Vigo
ha muerto, ha muerto igual que yo y que todos.
Quedan tus ojos rotos en mil gotas,

la sal de abril sonora de gaviotas.
Y tú lloviendo. Y yo por estos lodos
sé que nunca seré ―nadie― tu amigo.

(De Azul de enero, Madrid, 2003)




ALGUIEN

Es la noche infinita, como un ánfora,
donde el recuerdo se parece al vértigo;
donde las sombras quieren perfilarse
en cuerpo, en ola, en tempestad, en isla.
Este vago murmullo de silencio
forja de nuevo voces que callaron
para siempre en mi oído. Es la noche
desesperada por la exactitud.
La caverna del cíclope, su aliento
bañando en vino y sangre las palabras
pesadas como piedras sin edad.
El sabor en mis labios del naufragio.
El sabor en mis labios de los besos
de Calipso, en porfía de sus lunas.
El largo cielo de las travesías
que era espejo del mar, y el mismo mar,
inagotable espejo de ese cielo.
Los miembros y las vísceras trillados
por un monstruo de insomnios y leyendas;
los miembros y las vísceras que fueron
antes la voz riendo ante la hoguera
o la mano leal con una lanza.
El incesante coro de sirenas
cuya virtud reside en que, al dejarlo
de oír, vuelve y persiste en su tristeza
y teje de dolor la lejanía.
Los ojos de Nausícaa, que a menudo
se parecían al otoño joven.
Es la noche infinita, y ya no sé
si soy el viajero, el que recuerda,
si mi recuerdo es sueño, si yo mismo
acaso soy el sueño de algún otro;
y no encuentro mi nombre, y tengo miedo
de perderme en la noche para siempre.
Pero de pronto hay un atisbo, un trueno,
la lluvia que amartilla los tejados,
la humilde tierra, ebria de humedad,
tu cuerpo que palpita junto a mí,
tus ojos que no veo y que me miran
desde tu umbría, el remanso en tus labios
que recorren mis dedos, y los surcos
de tu cara, con todas las respuestas,
reconstruyéndome a la luz del tacto.
Esos surcos que dan por fin la forma
a la noche infinita como el mar.

Cantigas y cárceles (Isla de Siltolá, 2011)




CADENCIA

Vinieron los desiertos
gritando
para besar el filo de los párpados.

Pudiera ser la sangre
una partitura en blanco.
Y el corazón vagaba por sus márgenes
arrancándose las tardes una a una.

O tal vez la esperanza
un tardío paso de baile
desarbolado sobre el calendario.

Pudiera ser el miedo
la habitación de un hotel
momentos antes de mudar de ángel.

Era tanta la cólera o el llanto
que todas las agujas solidarias
marchaban como un sueño
a clavarse en los ojos del piano.

(De Tránsito, DVD Ediciones, 2011)

3 comentarios:

Antonio Serrano Cueto dijo...

Esta entrada amplía un poco más mis lecturas de Juan Manuel, a quien frecuento desde hace algún tiempo en su blog "Las diosas y las nubes". Aplaudo la iniciativa.
Un saludo.
(Añado "Las afinidades electivas" a mi lista).

Betty B. dijo...

Como siempre, un valiente rumor de tradición y una voz personal y delicada. Y todo para mostrar una cosa simple y dificilísima: cuatro poemas preciosos.
Gracias.

La_Dama dijo...

Interesante lugar, viaje hacia lo desconocido de la poesía. Me dejaré caer por aqui de tanto en tanto.