sábado, 15 de noviembre de 2008

ARTURO TENDERO















Mencionado por:
Francisco Javier Irazoki
Ricardo Fernández Moyano
Rubén Martín Díaz
Andrés García Cerdán

Menciona a:
Antonio Cabrera
Karmelo C. Iribarren
Francisco Javier Irazoki
Eloy Sánchez Rosillo
Miguel D´Ors
José Corredor-Matheos
Francisco Brines
Vicente Gallego
Carlos Marzal
Antonio Moreno
Ángel Aguilar
Javier Lorenzo
León Molina




Bio-bibliografía

Arturo Tendero nació en Albacete en 1961. Estudió teatro y periodismo en Barcelona, pero tras cinco años de ejercer, cambió de gremio. Ahora imparte clases de Educación Física en un instituto de su ciudad natal y de Poesía en la facultad de Humanidades, en el Centro de Profesores y en la Universidad Popular. Ha publicado varios poemarios; los últimos: Adelántate a toda despedida (Pre-textos, 2005), La memoria del visionario (Visor, 2006) y Cosas que apenas pasan (Hiperión, 2008). Ha ganado algunos premios, como el Manuel Alcántara, el José Agustín Goytisolo, el Gerardo Diego y el Jaén.




Poética

Después de haberle leído a Borges que él no profesaba una poética, sino que con el tiempo había ido aprendido algunos trucos útiles, ¿cómo voy yo a enmendarle la plana al maestro? La experiencia me ha enseñado que cuando te pones a escribir, estás empezando cada vez, y que los aprioris, más aún si son teóricos, lo único que consiguen es falsear tu escritura (esto se lo había leído a José Ángel Valente). En cambio los trucos, o el oficio, la parte artesanal de la escritura, como queramos llamarlo, acaban ayudándote a encarrilar la inspiración, a borrar con trabajo las huellas del trabajo, como siempre anda repitiendo Miguel D´Ors.




Poemas



La lluvia en el umbral

Igual que una trampilla que se cierra de golpe
y nos deja en penumbra, prisioneros,
un trueno repentino es la señal
de que el verano acaba.
Es sólo media tarde y ya tenemos
que encender la bombilla
para alumbrar las simples
tareas cotidianas.
Dos moscas aturdidas sobrevuelan
las sobras del almuerzo
y del verano.
De pronto no apetece ya salir.
Miro por los cristales,
recorro las estancias sin fijeza,
como las moscas, con un peso en las alas
que no deja volar el pensamiento.
Estamos de mudanza sin habernos movido.







Alcancía

Igual que una moneda
antigua, diminuta,
también, si así se quiere,
completamente inútil,
aquel cañón de sol
que llegaba a mi infancia
por la persiana rota.
Eternas caravanas
de motas peregrinas
danzaban en su haz.
Sabe Dios desde dónde
vendrían a mi alcoba.
En esta luz de mayo
renace aquel asombro
de la contemplación.
Tú formas parte de ella,
pues se escuchaba,
del fondo de la casa,
tu trajín laborioso
y todo lo tangible
como un aura guardaba
tu olor, tu protección.
Ahora que es infinita
la grieta en la persiana
y que cabéis de sobra
la casa y tú en su espacio,
en la luz que poblasteis,
como en un ascua, soplo
y se reaviva el fuego
dormido de mi vida,
que está ya para siempre
expuesta a la intemperie.







Finis terrae

Despierto y oigo un mirlo
que disputa al silencio su reinado.
Vuelvo a cerrar los ojos.
La mañana es un tren que se avecina
en la estación desierta.
Todos duermen,
nada, sino la voz del mirlo
deja pensar que el mundo está existiendo.
Como si, solos,
el mirlo y yo que escucho,
no muy despierto aún,
mantuviéramos viva
la conciencia del mundo.
Por eso, cuando el mirlo calla más
que de costumbre,
vacila la existencia, se adelgaza,
más leve que el rocío,
se desvanece en humo su fragilidad extrema.

1 comentario:

Andoni Rentería dijo...

¡Por fin un afín que se decide a mencionarme a Miguel d'Ors! (O Miguel D'ORS, como dice mi contraria.) De los tres, este es el que más me ha gustado, pero me han gustado los tres. Animo y salud(os), se nota que la gimnasia no está reñida con la poética...