lunes, 26 de mayo de 2008

JUAN CARLOS MARTÍNEZ MANZANO



















Mencionado por:
Julio César Jiménez Moreno
Miguel Ángel Contreras

Menciono a:
Rafael Inglada
Catarina Valdés
Adela Campos
Francisco Miguel López
José Luis Abrahan
Miguel Ángel Contreras
Francisco Ruiz Noguera
José Manuel Pozo
Enrique Villagrasa
Alvaro García
Alfredo Taján




Bio-bibliografía

Málaga, 1968
Licenciado en derecho e historia del arte por la Universidad de Málaga. Experto Universitario en Estética del siglo XX y Arte Contemporáneo. Diploma de Estudios Avanzados “La pintura figurativa en los 80. La última generación del color”. Consejo de dirección de la revista “Robador de Europa” de la Universidad de Málaga. Director de la colección “Varadero” de poesía.
Libros publicados: Madrid Versus Biedman, Ed. Vitrubio, Madrid, 2001; La casa de los Fósiles, Ed. Hebe, Málaga, 1998; Los Encorvados, Ed. Varadero, Málaga, 2000.
Antologías: La poesía que llega, Ed. Huerga y Fierro, Madrid, 1998; Al sur, Rev. Alhucemas, Granada, 2003; Anden Sur; Ed. Ministerio de Fomento, Madrid, 2008.







Poética

Es difícil prescindir del mar sabiendo que su silueta es de perímetros oscuros, cuando su verdadera naturaleza es silenciosa, cuando su visión es anacrónica y su simetría es imposible. Es difícil no calibrar su presencia cuando empuja las montañas hacia el interior, las obliga a crecer, con piedras que pagan su insolencia con óxido





Poesía


El gran arco tumido del mercado de Salamanca

Construía carreteras,
ciudades, nidos de pájaros…,
en aquel papel grueso que envolvía la carne.
Subía al facistol
con la batuta de tripas de cerdo.
Y aquellos lentos cuchillos
se acercaban al mostrador
y me invitaban a gozar
de la ictericia de aquellos animales muertos





Las pequeñas cúpulas del mercado de Salamanca y sus duendes
(1986)

El agua sucia de las cámaras frigoríficas
Me producen horribles pesadillas
Es solo agua embarrada, traslúcida
Agua sin turbulencias, quieta, sin aire
Agua sin precaución que vivió dentro
De los animales y se desploma en la
la inmensa suciedad de la noche
al margen de toda esta muerte
Buscando huecos donde vivir de nuevo.
De esta agua nunca se escuchará un rumor.






Las naves laterales del mercado de Salamanca

La carnicería tenía una puerta trasera
que nunca se abrió.
Sepultada por cajas, mandiles,
almanaques, bolsas de aserrín;
tenía una mirilla
- que mi madre siempre mantuvo limpia -

Trepaba una luz intermitente y ruidosa,
doce horas de luz diaria.

La mirilla me entierra.






El último cuarto

Frente a la cámara frigorífica
El perfil de las reses exalan
el pequeño peso de los arpones.

Pero el último cuarto es tranquilo
está hecho para el sosiego,
se ve mejor caminar la sangre
por los surcos de las baldosas.
Allí los animales no piensan,
son enredos de pelos y grasa.