martes, 20 de mayo de 2008

FRANCISCO MORALES LOMAS
















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Bio-bibliografía


Presidente de la Asociación Andaluza de Escritores y Críticos Literarios que concede desde hace catorce años los Premios Andalucía de la Crítica. Doctor en Filología Hispánica, licenciado en Derecho y Filosofía y Letras, profesor de la Universidad de Málaga y catedrático de Lengua Castellana y Literatura. Ha sido finalista del Premio Nacional de Literatura (Ensayo) en 2006 con su obra Narrativa andaluza fin de siglo y en los años 1998, 1999 y 2002 del Premio Nacional de la Crítica con Aniversario de la Palabra, Tentación del aire y Balada del Motlawa; y del Premio Andalucía de la Crítica en 1998. Premio Joaquín Guichot de la Consejería de Educación. Forma parte del Consejo Asesor de la revista “EntreRíos” (Granada), del Consejo de redacción de “El maquinista de la Generación” (Centro Generación del 27), “Canente” (Universidad de Málaga-Diputación) y “Papel Literario”. Ha publicado unas cuarenta obras de diversos géneros: narrativa, poesía, teatro y crítica literaria. Podemos citar Aniversario de la palabra (1998) y Tránsito (2006).





Poética

Mi escritura poética ratifica una necesidad de búsqueda permanente, una investigación continua que se fundamentaría sobre dos planos básicos: el del conocimiento de la realidad y el modo de interpretarlo o transformarlo. Además, desarrolla un conflicto entre la sensibilidad y la expresión que indaga claramente sobre la vida, sobre lo que mancomuna a los hombres, sobre la disposición de un humanismo solidario. Se inserta mi lírica en una amplia tradición que con todo se quiere reescribir. El lirismo ahora debe ocuparse de encontrar cabida para el sujeto y la colectividad, el sueño y las cotidianidades. Una lírica que intenta articular, consensuar, sintetizar las contradicciones, en reencontrar el gusto por la emoción y también por la expresión, en mostrar su inquietud más cercana a lo ajeno que a lo propio. De suerte que el humanismo solidario de corte socializante se interioriza alcanzando una nueva síntesis entre lo ajeno y lo personal, entre lo que importa a la colectividad y lo que importa a cada uno. Poesía de ímpetu hasta llegar a la desesperación más perturbadora; poesía de serenidad hasta rozar el desaliento; poesía de verdad hasta configurar la esperanza; poesía libre en un mundo transfigurado que se percibe con múltiples matices. Se impregna de un vitalismo meditado que no deja paso a ningún universo fantasmagórico. En cambio, sí existe un recorrido simbólico que incluye, entre sus elementos compositivos, la constatación objetiva que a veces toma el distanciamiento para traducir la amplitud de la desilusión. Por último la perspectiva psicológica se detiene en los conflictos del hombre, en la tipología de males contemporáneos y, en cierta manera, es una propuesta de interés sociológico en el que lo básico es el humanismo solidario.










Poemas




I

Hoy quiero confesarles
mi fragilidad de cuento de hadas,
lo transparente que puede
resultar el vértigo de la vida.
La indeterminación como causa.
Quizá por esa necesidad
que tenemos
de llamarnos hombre o mujer
y esparcir nuestro olor a puerta cerrada.
Un mundo que gira
dentro de otro, y a la espera.
Un mundo insatisfecho
que sostiene el asombro.
Antes, el miedo a la luz,
después, el miedo a tanta claridad.
Y siempre la necesidad
de encontrarnos en un punto,
esa vieja melancolía de los locos.






II

¿Te acuerdas de la primera lluvia?
Mucho antes de la declaración de la renta,
de que el corazón se consumiera
en una odisea de instancias,
de que el corazón escandalizara
el paso del tiempo.
Tenías todavía futuro.
Ahora sólo tienes pasado
y algunas historias de la mili.
Todo está en su sitio.
También la lluvia que ahora
me conmina, otra lluvia diferente,
una lluvia sin historia,
con muchas letras de banco
y muchas hipotecas.
Me pregunto qué será entonces
de mi pasado,
de aquella lluvia que me inundó
un día como hoy, y me hizo crecer.
Hoy es de nuevo la lluvia
contra las fachadas,
la lluvia persistente de otras vidas,
y la necesidad de encontrar
la puerta del mundo.
Aceptarnos en el aire que respiramos,
en los pasos que hemos dado,
en el retrato de la pared,
en los árboles que crecieron
mucho más que nosotros.




III

Desprevenido ante la certeza
de la materia, esa inocencia
que como el hielo se ciñe a una regla.
Rodeado de trompetas y letargos.
De la bondad del cielo prisioneros.
Reducidos a la magnitud de un tiempo
que no nos pertenece.
Adoradas imágenes, ¿qué escondéis
en vuestro paisaje de criptas cerradas?
Arden las tardes
y como el hojaldre crecen,
crecen como ladrones en la escoria.
En el orden de las cosas
son mudos motores que se agotan.
En un peligroso sueño se desvanecen.
Y como el aire, mueven su tiempo
de hojas secas, de hojas que en la ceremonia
de las selvas se desvisten.
Nunca he sabido de qué inocencia
me he adueñado, ni de qué piedra
harán mi tumba.

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