jueves, 17 de abril de 2008

PAOLA LASKARIS


















Mencionada por:
Raúl Díaz Rosales
José Manuel Lucía

Menciono a:
Francisco Brines
Carlos Marzal
Vicente Gallego
Miguel d’Ors
Álvaro García
Raúl Díaz Rosales
Agustín Calvo Galán
Francisco Ruiz Noguera
Germán Cánovas Hernández
Annelisa Addolorato
Aurora Luque
Pablo Fidalgo Lareo
José Manuel Lucía Megías
Ana Gorría





Bio-bibliografía

Nacida en Pavía en 1975. Licenciada en Lenguas extranjeras por la Universidad de Pavía (1999) y Doctora en Iberística por la Universidad de Bolonia (2004). Profesor contratado en Lengua y cultura española por la Universidad de Pavía (2003-2009) y desde 2006 es Ricercatore en la Facultad de lenguas y literaturas extranjeras de la Universidad “Aldo Moro” de Bari. Sus investigaciones se centran máximamente en la producción poética y teatral del Siglo de Oro y del siglo XX. Escribe poesía en italiano y español. Algunos poemas han sido publicados en blogs y revistas literarias:
Afinidades electivas (http://lasafinidadeselectivas.blogspot.com/2008/04/paola-laskaris.html)
Afinidades afectivas Italia (Nomadi Mondi) (http://www.afinidadesafectivasitalia.blogspot.com/)
«ariadna-rc», nº 37, otoño 2007, revista en línea (http://www.ariadna-rc.com/numero37/)
Escritores Complutenses 2.0 (http://www.ucm.es/BUCM/escritores/)
«Álora la bien cercada», nº 24, dicembre 2007, p. 51.
«Robador de Europa», nº 5, novembre 2007.
«Catálogos de Valverde 32», Hipotecas familiares, nº 2, settembre 2009, p. 28.
«Catálogos de Valverde 32», MetamorfosisViaje, nº 3, en prensa



Poética

(Fragmentos)

“Todo pasa menos el corazón” (Federico García Lorca)
“En la eternidad tendremos el premio de no haber tenido horizontes”. (Federico García Lorca)

"¡Ojalá tuviera cuerpo la nostalgia para empujarlo fuera de la ventana!
¡Destruir lo que no puede suceder!" (Odiseas Elitis)






Poemas



Almirante

Los demás siempre estuvieron en tu contra,
no produjiste en ellos la más mínima duda.
Todos, unánimemente,
los que te conocieron
y los que nunca oyeron tu voz
ni miraron en tus ojos,
todos,
rechazaron continuamente tu nombre
al salir de mis labios
que otras letras no quisieron
ni quieren pronunciar
sino las que anuncian tu perfil
instantáneo y puntiagudo.
Ojalá pudiera sentarme con ellos
en la soleada y larga orilla
de la indiferencia, de la injustificada ostilidad,
mientras que me dejo llevar por el caudal
imperioso y autoritario
de la que fue tu linda sonrisa.
¡Cuán poco ambicioso fuiste!
Dejaste de conquistarles a ellos,
a las palabras hinchadas de indolencia y cansancio
que te vertían por encima,
a sus miradas frías e infecundas,
y te conformaste conmigo
con clavar tu pendón en la arena mojada
de una isla sin playas, sin dueño.
Te hiciste con mi alma como los conquistadores
con el oro, la plata, la tierra.
Viniste y me despojaste de los bienes
que nunca había tenido y que nacieron
al verte.
Me rendí a tu presencia como una esclava;
como los patos perseguí tus andanzas
al ser tú la primera imagen que tuve del mundo.
Sin embargo, la sed de tu sangre peregrina
soltó las cadenas de mi añorada dependencia
devolviéndome la libertad que nunca pedí,
que nunca encontré.
Ahora soy como una tierra sin conquistador,
perdida en un mapa que todavía ha de trazarse,
fuera del alcance de tu poderosa mirada,
lejos de sus dominios.
Lo único que me dejaste y que sigo conservando
celosamente
como marca inextinguible e imborrable
de la antigua pertenencia,
son los hierros pesados y fríos
que aún llevo atados a los tobillos:
de tanto desearte han crecido hasta anudarse estrechos
a la viscosa y húmeda superficie del corazón,
que sigue vivo, que sigue tuyo.
Vuelve
a la isla perdida que conquistaste,
a la que diste un sentido;
no te dejes atraer por otras playas inexploradas,
por unas palabras que nunca oíste decir,
que nunca pudiste colonizar.
Aquí tienes tu puerto, aquí está tu bonanza.
No mires con codicia al horizonte,
no borres de tu brújula mi norte,
no desaparezcas de las huellas de mis pies.
Vuelve a tu tierra,
almirante.








Impronta

La fuerza de las palabras
revienta acumulándose
en mis entrañas
y no sale.
Son frases rotas
pedazos de una imagen
larga, eterna
insensible.
Fremen instantes
en mi alma forrada de disciplina
son encuentros fortuitos
que muerden la carne,
escupen latidos y latidos.
Me duele la maravilla improvisa
de esas miradas
llenas de descubrumiento.

Barcelona, 10/11/2002







Poética

La casa
cuatro paredes
un suelo, un techo
caja
de cualquier deseo.
En su centro
yo
perdida en dudas infinitas
azulejos de pasiones.
Mi yo amueblado
se vacía y se completa
según la resaca de los días.
Fuera está lo que llaman
mundo, cosmos.
“Hay que deshacerse de lo interior
y abrirse al exterior
para sacar poesía”, dicen.
Salirse de sí. Abandonarse.
Abrir las ventanas y mirar
en las casas mal cerradas
de los vecinos.
Falsa idolatria del voyeurismo,
espiar a quien no se conoce
contar su historia,
impresionar, disgustar,
ironizar.
Penetrar en cada cuatro paredes.
Esto es poesía, nueva poesía
televisión.
He oscurecido los cristales
de mis ventanas,
echado cerrojos a cada puerta
obstruido cada grieta
limitado cada pasaje de luz y aire.
He sepultado al cosmos
en la tierra húmeda
de mis entrañas
y de ahí sólo,
veo brotar
de vez en cuando,
poesía,
ciprés de sombra que apunta al cielo
más allá del techo.

Pavía, 24/08/2005







Jeroglífico
A R.D.R.

Las grietas
que he descubierto sobre mi piel
son las líneas de tu pensamiento.
Laberinto de palabras destrenzadas.

Bari, 28/03/2008







Cicatriz

Las palabras que surgen
del paladar del cielo
lamiendo la torsión
intrépida de los olivos
son de aire
y luz.
Me deja sin aliento
el latido de la tierra
bajo el corazón.
Quisiera cerrar los ojos
y contener el instante
verde y azul.
Cicatriz del paraíso terrestre.

Tren Bari-Milán, 29/03/2008




Tempus fugit

Un amigo mío colecciona relojes.
De movimento mecánico
exclusivamente.
Le gusta escuchar el latido regular
de los engranajes
y seguir con la mirada el fluir
rápido y circular
de la aguja de los segundos.
Los controla a diario,
a turno los lleva de paseo,
los vuelve a guardar,
los cuida con esmero:
cómplices silentes de su rutina.
Yo nunca me había fijado mucho
en los relojes.
Me bastaba que funcionasen
y que la batería apurase al máximo su existencia.
Me ha regalado uno.
Automático. 21 jewels.
El revés es transparente:
puedo ver sus inquietas entrañas
moverse.
Cada uno de mis sobresaltos
le da vida.
El color de sus rubíes
se parece al de mis glóbulos.
Desde que lo llevo al pulso
me sorprendo varias veces
mirándolo, fijamente.
Escudriño su cuadrante azul alta mar
buscando la estela de una nave
perdida en su horizonte.
Percibo su aliento sobre la piel
y lo siento vibrar, vivir.
Algo de su mecanismo
antiguo e incesante
–mientras quede atado a mi muñeca
como esposa metálica del tiempo–me hipnotiza.
Observo cómo mide los instantes
y hago el recuento
para ver si nuestros latidos
corren al unísono.
Parece entenderme. Me hace compañía.
Llena mi soledad.
Un día u otro puede que termine
hablando con él. Hablándole de ti.
Aunque algo me dice
que ya te conoce –no sé cómo–:
a cada minuto que muere
repite, metódico, tu nombre.


Bari, 4 /05/2014 

3 comentarios:

Jesús Aparicio González dijo...

Hermosa foto de tus manos en el agua (¿son tus manos?). Poesía para los ojos y para el alma. Refresca y da vida. Esencia y sugerencia es la poesía. Hermosos poemas también los tuyos.

Daniel Pérez dijo...

Me ha gustado mucho el poema "Cicatriz". Parece un intento de atrapar con palabras la magia efímera de uno de esos instantes fugaces y aparentemente banales que, sin embargo, nos emocionan o nos hacen sentir en paz. Muy bonito, y sencillo, lo que lo convierte en doblemente bonito.

José Alfonso Pérez Martínez dijo...

¿Laskaris es tu verdadero apellido? los Laskaris o Lascaris fueron emperadores de Nicea, en el siglo XIII. Un Lascaris nacido en Zaragoza, Constantino Láscaris Comneno Micolaw, fue profesor de filosofía en Costa Rica, en el siglo XX. Es una muy antigua y noble familia.