lunes, 18 de febrero de 2008

JULIO CÉSAR JIMÉNEZ




















Mencionado por:
Raúl Díaz Rosales
Miguel Ángel Contreras

Menciona a:
Raúl Díaz Rosales
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Miguel Ángel Contreras
Juan Carlos Martínez Manzano
Francisco Plata



Bio-bibliografía

Málaga, 1972. Licenciado en filología hispánica por la Universidad de Málaga. Títulos editados: De las cosas sustituibles, 1996; Estrategia para la fuga (Premio Málaga-CREA 1996); Del ámbito del desorden o quince revelaciones imprevisibles, (Premio Ateneo de Málaga 1998); Genial Picasso (coautor, 1996); Julio César Jiménez. Compañeros de viaje, 2000; Contra Sanguinem, 2001. Ganó el premio María Zambrano del 2001, el Homenaje Manuel Alcántara 2002 y el reciente XVI Premio Ciudad de la Palmas de Gran Canaria (2008). Es incluido algunas antologías: La poesía que llega, jóvenes poetas españoles, 1998; The world of quantum culture, Praeger/Greenwood, USA, 2002); Las sendas interiores, 2005; Ocho poetas jóvenes de Andalucía, Florida, USA, 2006; Doce al sur, 2006; Frontera Sur, antología de jóvenes poetas malagueños, 2007; o Andén Sur, Málaga en la poesía del siglo XX, 2007. Coordina la revista cultural de la Facultad de Letras de Málaga Robador de Europa.

www.juliocesarjimenez.com



Poética en 10 líneas

Escribir algo bello no sólo es posible sino fácil, y en ocasiones hasta ridículo o insulso. Más allá de lo bello, el estremecimiento —difícil efecto— exige técnica y esfuerzo, y éstas son condiciones que están, por lo general, ocultas al lector, amontonadas e inertes, como virutas, en la vida útil de una papelera. Aquellas dos, como condiciones necesarias, nacen de la idea de búsqueda de lo que no se sabe bien qué buscar, es decir, el popular je ne se qua, algo tan inagotable como aburrido. Quizá por ello la vida —sea o no una farsa, un fingimiento— está antes que la poesía, y ésta es, o así lo entiendo yo, instrumento y fin al tiempo. Instrumento de conocimiento y emoción, y fin en sí misma.
La poesía es, podría decirse, un uso, un asidero invisible, una intuición que, para el que tiene la puntual suerte de poseerla, acarrea un peculiar oficio de dimensiones preciosistas, de manera que un hipotético desprecio a esta idea sería algo más propio de necios que de insensatos.






Poemas


SACANDO (DISCRETAMENTE) AL HOMBRO DE SU SITIO UNA TARDE DE VERANO
Lanzar piedras
sea quizá
guardarlas en el aire,
atribuirles
mordeduras de viento,
proponerles una breve
vida de asalto.

Lanzarlas sea quizá
ensayar nuevas técnicas
de la ira, empeñar en las nubes
un furibundo
gesto puntual,
tensar las brisas
como bocas disponibles,
heridas deseantes.

Hacerlo sería como sorprender ventiscas,
como hacer del cielo una estrecha sima curva,
como si se le diera a lo inerte
una inútil carrera prodigiosa:
devastar el cielo con el hombro.




LO QUE SUCEDE POR ENCIMA DE UNO

Una vez dijiste: “esperar resultó en extremo grato.”
Y pareciste sorprendida. Fue también sorprendente para mí, pues todos los quehaceres habían sido misioneros, una inoída lengua suplicante. Yo no había pensado que tú, incapaz de ver nada, pudieras captar eso.

Stephen Spender



La palabra irretractable,
el hambre en las manos,
la suerte entera apostada.

Las causas inexactas
de la vigilia, del latido
que sobra, la previsión del dolor.
El valor de lo imprevisible,
caer en la cuenta
de que no sabemos suficiente.

Alejarse de uno, acercarse de nuevo,
conseguir buenos frutos
para la casa y la familia.

El gesto amable
en lugar de decir
algo insensato,
cambiarlo por un tiempo
que no condujo a nada.

Lo que deforma rostros,
noticias diluyéndose
en la sangre, el paisaje de fondo
en los ojos.

Todo lo que vuelve
con el mismo signo de temblor.






JOSÉ LUIS JIMÉNEZ SE SIENTA JUNTO A SU PADRE MUERTO

No hay nada más sólido en un cadáver
que su voz última.
No son sus manos remolinos óseos
ni sus brazos candados de sangre
ni su cuencas adarves solares.
Es,
sencillamente, su última voz oída..

La familia lo sabe
y por eso se amontona sobre su boca,
le tocan los labios y refrescan la cara.
Comprueban que el hombre aún está vivo.

A mi me pasan las manos por la nuca
y me llaman Pepito
como cuando era soltero y rebelde
y le arreglaba al viejo
su flamante Diane 6.

Le gustaba conversar sobre mecánica y política
(una forma más de amar, de rozarse),
y llevaba al niño a veladas de boxeo.
Entonces no se veía tan serio como ahora,
que parece el hombre más triste del mundo.

No me pierde de vista, ancla los ojos
en mis dedos amarillentos, donde el cigarrillo,
por donde yo también me iré.

¿Qué pensará un hombre
que no sabe adónde irá a parar
de un momento a otro?
¿Qué puede decir?

Pero no habla. En lugar de eso
se desmonta por dentro,
abre la boca,
lanza una mueca a la ventana,
atrae por última vez
la atención de la luz.

Mi padre está muerto
y es como un trueno manso,
un eco entre mis dedos.
Una lengua saliéndole de los ojos.

3 comentarios:

PERRO MALO dijo...

Me parece muy bueno. Ignoro si es fácil o no encontrar tus poemarios. Los buscaremos, un saludo

safrika señorita dijo...

suscribo lo anterior, que el perromalo siempre se me adelanta

El detective amaestrado dijo...

¿Podrías decirme donde hacerme con tus poemarios? Me quedé con hambre de más