viernes, 1 de febrero de 2008

ADOLFO CUETO



Mencionado por:
Alma Pagès
Marta Fuentes
Carlos Javier Morales

Menciona a:
(Nacidos a partir de 1970, en España)Ana Isabel Conejo,
Carlos Pardo,
Javier Rodríguez Marcos,
Josep M. Rodríguez,
Kirmen Uribe,
Mario Cuenca Sandoval
y Pablo García Casado,
entre otros.



Bio-bibliografía

Asturiano nacido en Madrid (1969), ciudad en la que reside y en la que cursó estudios de Filología Hispánica y de Derecho, Adolfo Cueto recogió en Diario mundo (Palma de Mallorca, Calima, 2000) casi medio centenar de poemas, varios de ellos galardonados con distintos premios. Este primer libro le valió algunas críticas elogiosas, y fue destacado, incluso, de entre los editados ese año, como uno de los mejores de autor novel (El cultural, julio de 2001).

Incluido en diversas antologías, además de traducido parcialmente al inglés y al árabe, pronto verá la luz su segunda entrega poética, Palabras subterráneas, algunos de cuyos versos han sido adelantados en la plaquette no venal 7 poemas (Damasco, Instituto Cervantes, 2007).




Poética

Palabras en corrientes subterráneas,
subterráneas corrientes respiradas
–trabajadas, expresadas–:
palabras en corrientes necesarias.



Poemas


FADO


A Francisco Brines

Mujer: breve fue el tiempo
para decirse adiós. Dicho quedaba
en la terrible sombra del abrazo.
Toda una vida
para decir adiós. La vida sola
ahora desconchada en muros, llanto
donde escribo tu nombre de repente.

Como un tranvía abajo, me remontan,
Lisboa, los recuerdos: ese que yo creí
instante puro
y es hoy este pesado cadenaje de las losas
que alargan barrios lentos,
despaciosos peldaños,
en pendiente,
donde mi boca inclino hacia la tierra.

Mi lengua desgarrada tanto, tanto
para decir adiós. Vinagre habrá de ser
la noche,
hundiéndose ceñuda en los tejados
que van a dar al mar
por las cansadas,
las ateridas,
desconsoladas calles lisboetas.

(De Diario Mundo)




CARRETERA DE IDA Y VUELTA

Tan sólo hay un camino hacia la madrugada,
y lo saben tus días, y lo asfaltan los años. Lo acantilan
las grietas del alcohol. Nos adentramos
allá, con paso firme, entre los últimos
desheredados del atardecer. La noche va poniendo
las cosas en su sitio: lame al débil, arropa al
despojado, te acaricia
con sus uñas de plata; ves su falsa peluca, sus
templos y sus dioses derrotados, a quien busca
en lavabos oscuros, a tientas, sobre un cristal
herido, la dosis de esperanza que le salve; a quien pesa
otros labios incendiados de deseo, de
llaga abierta; ves…
(Etcétera.) Son jirones
de carne, de tiempo: diversos
momentos, maneras, lugares, pero
un solo camino,

sí. Tan sólo hay un camino
hacia la madrugada. Y estás
de vuelta tú ahora, ahí –de vuelta otro poco–. Estás
sintiéndote quizá extraño,
sintiéndote quizá lejos,
cuando ir y volver son ya lo mismo, las mismas
palabras secas, cansadas (como esa
nicotina del insomne). Como estas
palabras sin sueño ya,
palabras solas, que hoy son
carretera de ida y vuelta.



AMANTES

Porque late en sus venas la luz ruidosa del atardecer,
se han besado de nuevo. Dan
con la vista a otro sitio
que quizá no es de aquí, y unas ganas enormes
de gritar, de salirse otro poco
de este cuerpo pequeño, cuando los días arden
y es ya todo distinto, y es
un embargo igual: son esas mismas
pensiones arañadas del deseo, de otro modo
dispuestas, de par en par
abiertas las ventanas a la vida, oigo tu voz
crepitada, de madera quemándose, un quejido
difuso de sirenas, que se encienden
por tu cintura arriba, respira la ciudad, qué extraño incendio
me tiene entre tus labios, aún murmuran
los bares despedidos, hay un aire
que pasa, un agua subterránea, un tigre oscuro
que ruge, que no cesa, alguien que busca
tu nombre nuevamente, dice el mío.

Y hay luego ese pasillo solitario del fondo
de tus ojos –y grifos que se abren, y nunca más
se cierran–, y es de noche.

(Ya les cubren urgentes, salitrosas
sábanas, donde cabe el infinito.)

(De Palabras subterráneas)