miércoles, 23 de enero de 2008

ALFREDO SALDAÑA































Foto: Columna Villarroya

Mencionado por:
Ángela Ibáñez
Antonio Pérez Morte
Nacho Escuín
Ángel Guinda
Ricardo Fernández Moyano
Ángel Sobreviela



Menciona a:
Fernando Andú
José Antonio Conde
Nacho Escuín
Ángel Gracia
Ángel Guinda
Manuel Martínez Forega
Antonio Méndez Rubio
Elena Pallarés
Jorge Riechmann
Tomás Sánchez Santiago




Bio-bibliografía

Alfredo Saldaña (Toledo, 1962), profesor de Teoría de la Literatura y Literatura Comparada de la Universidad de Zaragoza, es autor de los libros de poesía Fragmentos para una arquitectura de las ruinas (Zaragoza, PUZ, 1989), Pasar de largo (Zaragoza, PUZ, 2003), Palabras que hablan de la muerte del pensamiento (Zaragoza, Olifante, 2003), El que mira las palabras (Bari, La Torre degli Arabeschi, 2004) y Humus, inédito.





Poética

Escribir con la voz que dicta la conciencia más severa,
escribir al margen de los coros más afónicos y las modas más obscenas,
escribir desde la soledad solidaria con los otros,
escribir desde la desposesión y la distancia de uno mismo,
escribir desde la diferencia, desde la orilla, desde el otro lado,
escribir desde ese lugar donde la palabra apenas se oye pero más y mejor se escucha,
escribir desde la línea en que la vida encuentra su frontera con la muerte,
escribir desde el amor vencido y contra el amor amordazado,
escribir al compás del tiempo traicionado,
escribir contra el miedo, contracorriente, a contratiempo.

(De Pasar de largo, 2003)




Poemas



HOMICIDIO

La vida —uno de los rostros
de la muerte— lo mató
aunque lo matara otra metáfora.

(Variante)

Qué más da qué metáfora lo matara,
la vida al fin y al cabo le dio muerte.

(De Pasar de largo, 2003)



* * *



Ahora sé que el dolor es sólo la idea del dolor, un lugar irreductible al lenguaje, no es más que sentir —como escribiera Artaud— cómo se desplaza el pensamiento en uno mismo. Ahora sé que la herida ocasionada por la ausencia se cierra en el encuentro con el silencio, más allá de las palabras con las que nos presentamos y en las que creemos reconocernos ante los demás. Ahora sé —lo he leído— que el dolor carece de nombre y de identidad, no es de nadie, ni tuyo ni mío, es de todos y sé también que cuando alguien cae en la batalla todos, de un modo u otro, caemos con él. Ahora sé que hay un mundo más allá de este mundo, una casa dentro de esta casa, unas líneas ocultas entre las líneas escritas de este texto, un atardecer perdido entre el día y la noche. Ahora sé que todo fue un sueño, que mi corazón fue una construcción de tu conciencia y que hoy descansa entre libros, sobre las estanterías de escayola de este cuarto abuhardillado, entre la tierra y el cielo, entre la memoria y el deseo, entre la sangre y el aire, sobre el recuerdo histórico de todos nuestros muertos. Ahora sé que sólo soy un personaje de ficción cuya sangre alguien está transformando en la tinta impresa de este texto: soy ya un texto, tejido textual, cuerpo devenido en discurso que fluye como la corriente de este río. Alguien me escribe —quiero decir que alguien está reduciéndome a escritura— y sé que jamás leeré lo que los ojos del murciélago trazaron con su mirada sobre la superficie de las aguas. Ahora sé su nombre y dos o tres cosas más.

(De Palabras que hablan de la muerte del pensamiento, 2003)



* * *



Cuando la devastación haya concluido su trabajo,
¿quién avivará el fuego en las mañanas de invierno?,
¿quién dará testimonio con su palabra?,
¿quién conservará en sus pupilas los paisajes de la memoria?,
¿quién calmará la sed de todos los vencidos?,
¿quién rasgará con su faca la línea quebrada del horizonte?

Entre los pliegues de su corazón el bosque aún protege su secreto.

(De Humus, inédito)

1 comentario:

Luciérnaga dijo...

Mamma mia!!

Eres un crack.

Y me gustó especialmente las palabras que hablan de la muerte del pensamiento.

Besos!