sábado, 15 de diciembre de 2007

HILARIO JIMÉNEZ GÓMEZ


























Mencionado por:
Javier Pérez Walias
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Luis García Montero




Bio-bibliografía

El extremeño Hilario Jiménez Gómez (Montánchez, Cáceres, 1974) es Licenciado con Grado en Filosofía y Letras -Filología Hispánica-. Ha estudiado con detalle la escritura de algunos poetas de la llamada Generación del 27 y sobre ellos tiene publicados diversos artículos y trabajos, destacando el libro Lorca y Alberti, dos poetas en un espejo (2001) reeditado ya en varias ocasiones; citar también, entre otros, el volumen Pablo Neruda, un corazón que se desató en el viento (2005), que ha coordinado en el centenario del poeta chileno, y la edición de una amplia selección poética de Félix Grande titulada Una grieta por donde entra la nieve (2006). Profesor, conferenciante, colaborador en revistas científicas y de creación y jurado en varios premios literarios, en los últimos años se ha acercado a la creación poética: Paisaje sin figuras (1995) aún inédito, En un triángulo de ausencias (2003) ilustrado por Eduardo Naranjo, Versos color naranja (2003) y Delirio in extremis de un aguador con sed (2004), original composición en torno al agua. En 2006 vio la luz un libro colectivo con tres amigos bajo el título Cuatro poetas en un tobogán, donde recoge una pequeña antología personal junto con algún inédito.

(http://www.hilariojg.blogspot.com/)





CONVERSACIONES
(a modo de poética)

Ya sentenció Antonio Machado que la poesía es la palabra esencial en el tiempo, por lo que interpreto yo que es tarea del poeta no sólo profundizar en la esencia de las cosas sino percibir su discurrir en el tiempo; debe estar sumergido «en las mesmas vivas aguas de la vida», en expresión exacta de santa Teresa. No sé qué es la poesía... Leo y escribo y leo porque no entendería mi vida de otra manera. Nuestros sentimientos acompañan a la poesía, y a la vez los disfrazamos de pensamientos, deseos y vivencias; las poéticas sólo sirven para desnudarlos. El poema siempre será un misterio entre el poeta y el lector. No todos los poemas saben hablar de la vida ni todos los lectores han aprendido a mirar y a tener conciencia del tiempo. Como dijo Luis Cernuda, sólo podemos conocer la poesía a través del hombre; acaba donde el hombre acaba, pero a diferencia del hombre nunca muere.





Poemas



He seguido tus palabras y estoy aquí.

La noche cubre la estancia;
todo ya anochece.
Oscuro y abatido
mi cuerpo
se extravía en tu laberinto
y la eternidad
es como el agua al fin.

Y recogido en tu abrazo todavía
pienso
que la fugacidad del hombre
descansa en un suspiro,
el mismo que tú y yo
hoy compartimos entre sombras,
lentamente extasiados.

En un triángulo de ausencias (2003)



***


RUINA

Una casa oscura y vacía que invade la niebla.
Una cama deshecha de la que caen sábanas usadas.
Unos pasos que se despiertan dormidos
caminando ciegamente hacia la luz.

y ella le llama desesperada
... pero él no la escucha

La corriente de una puerta abierta
le arrastra sin remedio hacia el vacío
mientras la luna amanece con dientes de muerte
sonriéndole sobre las olas.

y ella le tiende su mano
... pero él no la mira


En su cuerpo desnudo la humedad del mar
hará brotar semillas y rosas negras
y las nubes contemplarán extasiadas
el milagro de romperse ambos en cada roca.

y ella le grita sin consuelo
... pero él no la siente


El niño galopa asustado por el viento
con el esqueleto de la luna entre sus piernas.
Y su madre atada entre las sábanas
llora vacía tras un espejo estéril.

Versos color naranja (2003)


***


LA BUSCA

Siempre esperó aquella noche de ventanas cerradas
donde abrazarse a un susurro amanecido
que le diera la mano y paseara su vida.

No recuerda por qué allí sus ojos
desearon probar besos mudos de madrugada,
cómo se dejó atar sin remedio
a cansados sueños de pies cansados,
su cuerpo humillado
ante el desnudo perfecto de la manzana madura.

Sólo confiesa que los pequeños secretos
no han desaparecido con las duchas ni los viajes.
Que dos manos sin dedos tejen por su espalda
la fina tela de las palabras que caen como el día.
Que tras esa voz serena y oscura se pierde
aquel viejo árbol enterrado en cemento.
Que ya no existe si cuando despierta
una sombra no duerme sin ropa a su lado,
con unos labios delgados y mudos
que se saben dueños de la tierra.

Cuatro poetas en un tobogán (2006)




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