viernes, 23 de noviembre de 2007

JAVIER PÉREZ WALIAS














Mencionado por:
Agustín Calvo Galán
Álex Chico
Elías Moro


Menciona a:
Antonio Gamoneda
Daniel Casado
Francisco Fuentes
Francisco Ruiz Noguera
Hilario Jiménez
Javier La Beira
José Manuel Díez
Juan Carlos Mestre
Luis Alberto de Cuenca
Mercedes Escolano
Miguel Ángel Muñoz Sanjuán
Serafín Portillo








Bio-bibliografía

Javier Pérez Walias es Licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Extremadura. Ha publicado los siguientes libros de poemas: Ceremonias del barro, Ed. Ángel Caffarena, Ángel / Poesía, Málaga, 1988. Impresiones y vértigos de invierno, XVII Premio de Poesía Ciudad de Vélez-Málaga, Excmo. Ayuntamiento de Vélez Málaga, 1989. A este lado oscuro del cauce, (Taller de Creación Literaria), Universidad de Málaga, 1992. Cazador de lunas, (Colección Virazón de Poesía, núm.11), Málaga, 1998. Versos para Olimpia, Ediciones Imperdonables (Francisco Cumpián), Málaga, 2003. Antología Poética (1988-2003) (Mérida, Editora Regional de Extremadura, 2004) Los días imposibles, Calambur Poesía, 53, Madrid, 2005. Cazador de lunas / 6 Aguafuertes de Juan Carlos Mestre (Málaga, Colección Monosabio, nº 20, Ayuntamiento de Málaga, 2007).

http://www.javierperezwalias.com/



El oficio del poeta

Escribo porque me salva, porque es lo único que me queda, porque fija un sonido, unas luces, el final de un acto de amor, el escenario de unas horas de deseo. Así comienza un poema en prosa de Javier Lostalé titulado Confesión. Y ciertamente, toda manifestación artística, literaria y en esencia la de la expresión poética, acoge en sí misma una forma para la confesión semejante a la sencillez aparente, en su mecanismo, de un reloj de arena. Mecanismo para la confesión cómplice que se pone en movimiento desde la nostalgia de lo perfecto; que nos permite vivir dentro y fuera de las aguas comunes del lenguaje, como si fuéramos anfibios ―por la propia expresión― en nuestra próxima realidad. Este hecho nos otorga la gracia de indagar en sensaciones que se originan a flor de piel, que emanan de roces, encuentros y desencuentros, inadvertidos, tal vez, para el otro. Así, por el caudal del lenguaje fluye el agua de las palabras con música y del entendimiento, convirtiendo parterres de lo anecdótico en concreción de lo profundamente humano y común. De esta manera, y por medio de un uso casi encelado de esta lente que es la poesía, podemos rescatar, desde la oscuridad recóndita del ser, lo esencial de nosotros mismos y transmitirlo, para hacerlo palpable, a nuestros semejantes. Nunca el engaño fue tan bello.





Poemas



BAJO LAS AGUAS


He aquí, bajo las aguas, el beso prometido
en las arenas del bosque;
en aquel oleaje del bosque
que no era tuyo ni mío sino del cielo,
solamente del cielo.
He aquí mis dos manos acariciando las luces
que caían sedientas
desde cien mil estalactitas verdes.
He aquí aquel cielo.
Aquel cielo
que no era tuyo ni mío sino de tu licor
en ascuas,
de mi latir alado,
de nuestras lágrimas unidas bajo el tiritar
de las vértebras.

He aquí, bajo las aguas, el beso prometido
como una burbuja de aire;
como aquella burbuja de aire
que no era tuya ni mía sino del fuego,
solamente del fuego.
He aquí tus dos ojos acariciando las sombras
que caían sedientas
desde cien mil estalactitas verdes.
He aquí aquel fuego.
Aquel fuego
que no era tuyo ni mío sino de mi latir
en ascuas,
de tu licor alado,
de nuestras vértebras unidas bajo el tiritar
de las lágrimas.

He aquí, bajo las aguas, el beso prometido
como una burbuja de aire en las arenas del bosque.

(De Ceremonias del barro, Ángel Caffarena, 1988)





TRES FRAGMENTOS ÍNTIMOS


1

Y es que estas soledades
de callejas conocidas
hacen resucitar en mi interior
—siempre que regreso—
el amor desnudo con que la luna se detiene
sobre las baldosas de barro
y leve alumbra
los portalones antiguos.


2

Amable es la sombra
de estos árboles, que en volandas se agitan,
a la vera
del camino más triste
junto al río de la isla y las murallas.

A la vera y tras los ojos
del nuevo puente
que sobre remolinos y cantos
plenos de aire
respiran.


3

La luz de la mañana
se acomoda en el estanque
bajo el sosiego y la esencia fresca que da la piedra.

El bullicio de la claridad
y el cromatismo del sol sobre las copas
al entorno y a mí mismo quitan lindes.

(De Cazador de lunas, Monosabio, Ayto. Málaga, 2007)






DESDE LOS HAYEDOS DE BÉRTIZ

(elegía)


Fuiste
árbol
en tu tronco y en tus hojas
para que yo escuchara,
en pausado silencio,
todas las sombras del Señorío de Bértiz.

La niebla purifica aquí el alma
y el limón de los hayedos
otorga, en esencia, claros de luz
al que camina.

Humedeciste mis manos y mi espíritu
en el círculo frágil,
en el reflejo que pasa
de estas aguas bajando
como trazos de muerte
por entre el silbar
agudo y triste
de las cumbres.

Fuiste
árbol
en tu tronco y en tus hojas
para asirme, en un leve soplo,
a todas las sombras, a todas las tinieblas,
tinieblas o sombras
enmarañadas de Bértiz.

Déjame aquí, sereno, en descanso,
oyendo la caracola vacía
que me dejó tu silencio
y la claridad del bosque.

(De Cazador de lunas, Monosabio, Ayto. Málaga, 2007)