lunes, 3 de septiembre de 2007

JOSÉ LUIS GARCÍA MARTÍN


















Mencionado por:
José Luis Piquero
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Menciona a:
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Hilario Barrero
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Bio-bibliografía

José Luis García Martín nació en Aldeanueva del Camino, Cáceres, en 1950. Es poeta, crítico literario, profesor de literatura en la Universidad de Oviedo y director de la revista Clarín. Autor de una extensa obra literaria, entre sus publicaciones más recientes están Mudanza (2004), recopilación de su poesía completa; A decir verdad (2006), última entrega de su diario; y Arco del paraíso (2006), libro a propósito de la ciudad de Venecia.




Declaración poética

Poesía es crear lo que no vemos.





Poemas



EL INSOMNE (1940)

No he podido dormir en estos años últimos.
¿Dónde, dónde encontrar un rincón en mi patria
al que no lleguen gemidos inocentes?
Mi corazón fue campo de batalla
pateado por héroes y asesinos;
ahora es una piltrafa que arrojar a los perros.
¿Quién podrá perdonarme si yo no me perdono
tanto dolor inútil al que asistí impotente?
Oh Dios, si castigarme quieres
no encontrarás otro infierno
peor que esta memoria aterradora:
todos los muertos siguen agonizando en ella,
todos gimen, aúllan, me suplican
la salvación que fui incapaz de darles.
Paz, piedad y perdón pedí para los otros;
mientras tenga memoria, a mí ¿de qué me valen?
Si he sufrido bastante, concédeme tu nada;
déjame dormir eternamente
ya sin memoria mía, ni de Ti, ni de España.

(De Treinta monedas)





A UN ESTUDIANTE
CAÍDO EN EL FRENTE DEL ESTE
EN 1941


No vivió muchos días, pero sí grandes días.
Coleccionaba tardes silenciosas,
altas noches serenas,
sueños de niño que ha crecido de pronto
y no sabe qué hacer con tanta vida.
Los frutos caen cuando están maduros.
Él cayó antes de tiempo, pero a tiempo.
Sus vacaciones nunca terminaron.
No había cumplido veinte años. Nunca
engañó a una mujer,
delató a un compañero,
cerró las manos con codicia,
sospechó que sus padres le mentían,
que las palabras más hermosas
—patria, Dios, destino, sacrificio—
eran sólo coartada de canallas.
Ya es leve tierra en dura tierra ajena.
Ninguna tierra fue dura para él.
Donde él estaba, estaba el Paraíso.
Si le queríais, no lloréis:
sonreíd como él sonreía
cuando una bala, piadosa, lo encontró.

(De Al doblar la esquina)





EL PASAJERO

A veces, raras veces, siento la fatiga
de una travesía demasiado larga.
Se me cierran los ojos, llego a puerto.
¡Tantos queridos rostros me sonríen!
Es de nuevo la casa de la infancia,
el patio, el río, mi madre que me llama,
el verano en París, el cuarto diminuto
donde por primera vez no estuve solo
y luego, por primera vez, estuve solo.
Cierro los ojos. En la sombra el mundo
y a una nueva luz todas las cosas
que alguna vez amé, que tuve y que perdí.
Todas me esperan al final de todo.
Están muy cerca ya. ¿No se divisa
la tierra firme tras de aquellas nubes?
Miro la lenta estela de mi vida,
incesante se borra frente a mí.
El pasado, el futuro, espuma blanca,
monótona escritura que no acierto
a descifrar. Sueño en llegar a casa,
en acabar un viaje demasiado largo,
sin ilusiones ya, con agua apenas.
Estoy listo, adiós, adiós, la maleta
rebosa de impaciencia y de regalos.
Sueño en los rostros que me aguardan
–¡otra vez juntos tras de tanto tiempo!–
allá, en el puerto, bajo la tierra leve.

(De Mudanza)

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