jueves, 2 de agosto de 2007

OSWALDO GUERRA SÁNCHEZ




















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José Carlos Cataño

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José Carlos Cataño
Isidro Hernández
Antonio Martín Medina
Eugenio Padorno
Ernesto Suárez



Bio-bibliografía

Oswaldo Guerra Sánchez (Islas Canarias, 1966) es profesor de lengua y literatura en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. Además de algunos ensayos literarios (el último: Senderos de Lectura, Ed. La Discreta, Madrid, 2002), ha publicado los siguientes libros de poesía: Teoría del paisaje (Premio Esperanza Spínola, 1991), De una tierra extraña (Col. Pasos sobre el mar, 1993), De camino a la casa (Ediciones La Palma, Madrid, 2000) y Montaña de Tauro (Archipliego, Las Palmas de Gran Canaria, 2004).




PESCO CEBADA
(A modo de poética)


Tras la celosía, de pequeño, vi germinar semillas que al azar planté con tanto amor en vasos de yogur, entre liñas de ropa recién lavada.

Sé que a nadie importarían semejantes actos de creación (si es que alguna vez ejercí gobierno sobre ellos) y, sin embargo, estuve cerca de los pequeños misterios que nos hacen vibrar.

Recuerdo aquella solana como el espacio más abierto de la casa.

Todas en hilera, las plantas se alojan en sus recipientes, aguardando idéntica fracción de luz cada mañana. Sin dolor, entre trapos, el misterio se va tejiendo y destejiendo ordenadamente...

Pero desde aquí hoy no sé, todavía, si veré sus frutos en esa red albeada, a través de la que contemplo velas de lona en el recinto cerrado de este sombrío puerto.

[De De camino a la casa, Ed. La Palma, Madrid, 2000]






DESPOJOS DE LO BELLO

La belleza primera
se desgajó de los valles
la belleza más nuestra
arrinconada en rincones
gajos sobre gajos
en el gran muladar
del valle.

Ellos solos
los despojos de lo Bello
verlos
aguza el Dolor.

Pintamos un resto de belleza
o la dolorosa imagen
de su quebradura.

Dolor:
despojos de lo Bello.

[De Montaña de Tauro, Ed. Archipliego, Las Palmas de Gran Canaria, 2004]











PIRA COMO PARA UNA NOCHE

Aprisa, aprisa, pues antes de que el astro humee la tierra hay que tenerse dentro de las paredes del Sitio del Sol. Cerca del cielo. A cobijo.

Como lecho, plantas que apresaron aroma entre las nervaduras: tomillo, poleo, lavándula, hierbas de buen olor. Bien prensadas se harán nido para toda la noche.

La bóveda se cierra poco a poco. Luces muy pequeñas se prenden a la tela más oscura, y a tientas recojo como frutos de una vida los rostros alegres y los tristes de quienes me visitaron. Solitarios, detenidos en el lugar de siempre, lamparitas que se hacen mayor dolor en cada tensado. Sé que todos vienen a verme a un tiempo, y más aprieto el tul negro, más negro, negro...

Esta noche será toda de la llama. Por las copas de los pinos cae el encarnado del cielo, ascuas en busca de oloroso osario.

Pira como para una noche. Para una nueva derrota, larga, desde la ceniza.

[De Montaña de Tauro, Ed. Archipliego, Las Palmas de Gran Canaria, 2004]





TÁNTALO

Lo veo recoger algas frente al océano, despojos de la fruta del pan, pulpa de cocos partidos. Empecinado.

Las aguas apenas se mueven al sol hermoso de la tarde.

Heredero fácil de Edén, su rostro oscuro lleva la condena de no poder beber su propia agua y de no poder saborear la fruta que le dan sus árboles.

Así también mis aguas, que no puedo beberlas cuando están quietas, casi a la altura de mi boca... Y mis frutas, que me las suben demasiado altas, como de Edén a Utopía.

Aunque a nadie hurté nada.

[De Cuaderno de Meeru, inédito]

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