martes, 21 de agosto de 2007

DOLORS ALBEROLA
















Mencionada por:
Raquel Zarazaga
Juana Castro
Pilar Adón
Juana Vázquez
Domingo F. Faílde
Javier Vázquez Losada
Laura Rosal
Ismael Cabezas
Vicente Martín
Antonia Cerrato Martín-Romo

Menciona a:
Pilar Adón
Ana Becciu
Domingo F. Faílde
Luisa Futoransky
Juana Vázquez
Juana Castro
Isabel de Rueda
Carlos Valverde
Vicente Martín
Carlos Rivera
Mauricio Gil Cano
Álvaro Quintero
Josela Maturana
José Mª. Pinilla
Verónica Pedemonte
Rafael Esteban Poullet
Mariano Rivera Cross
José Cercas


Bio-bibligrafía

Dolors Alberola (Sueca, Valencia, 1952) ha publicado, entre otros, los siguientes títulos: Cementerio de Nadas (Madrid, 1998), Conversaciones con Uriel (Cádiz, 2001), El monte trémulo (Barcelona, 2003), El libro negro (Madrid, 2006), Arte de perros (Jerez, 2006). y De piedra y sombra. Antología poética (1982-2006).
Traducida al gallego, catalán, portugués, francés, italiano, árabe, serbio y ruso, su obra ha sido recogida en numerosas antologías: La palabra debida (Sevilla, 2000); Mujeres de carne y verso (Madrid, 2001); Poetisas españolas, antología general, de Luzmaría Jiménez Faro, tomo IV: de 1976 a 2001 (Madrid, 2002), así como en revistas y otras publicaciones.


Poética

Agua es la palabra, pero deja con sed. La sed que no se apaga entre sus sobrias formas. Zahorí de los signos, precipito mi mano hacia esa fuente, para no escuchar, no decir, no ver jamás el poema buscado.




Poemas



El vuelo de la lechuza

Como un copo de luz se alza la vieja iglesia.
El cielo está manchado de negras alas rotas,
los arbustos, ya ralos, donde, oscuros,
los ángeles se esfuman. Miro todo
igual que una lechuza, centinela
del instante de vida en que vivimos.
Atrás las luengas piedras
que quedarán cansinas tras la noche
en que el silencio ocupe cada sombra,
cada beso, el silencio, cada deseo un sordo
griterío de cieno. Sobre el oro
que enmarca la portada, ya encendiéndose,
una cúpula bruna señala hacia el vacío,
los arbotantes abren, arcos de luz, sus arcos
y el óxido desciende
hasta opacar la sed de esa sonajería
que seguirá doblando, después, bajo la lluvia.





Ladrón de sueños

Le estoy robando al tiempo cada imagen.
Cada día perfilo la línea de una torre,
el enigma del vuelo de los pájaros,
el olor de las rocas, cuando caen al mar,
las faldas amarillas de la luna.
Observo, lentamente,
cómo se aman los perros, las orugas,
los tercos moscardones de la tarde,
los muchachos de barrio en las esquinas
de esta vida que acaba cuando nadie
quiere ponerle el punto de remate.

Le estoy robando a Dios su arquitectura
por si acaso no hay nada tras la muerte.





Regreso de Sodoma

Como el perro que gime al contemplar al amo
y ladea la cola y husmea en la vertiente;
como el perro que sabe que está escondido el hueso
y escarba, escarba, escarba en el pasado,
intentando mirar hacia las cosas
que ya no tienen fechas.
Lo mismo que ese perro
que se muere de frío en un camino
y los hombres suceden y lo miran,
pero no ven el daño. Lo mismo que ese can,
veo pasar la muerte, es una niña
que viene de Sodoma, como si aún tuviera
una antorcha encendida; la ciudad
tiene ya un nuevo nombre y otras casas
que se vienen cayendo como antaño.
Lo mismo que el lebrel
que persigue a la niña y va lamiendo
esa mano pequeña capaz de reventarlo,
lo mismo que esa fiera reducida,
que ese torpe animal, ya sin memoria,
que ese que fuera lobo y ahora, dócil,
se tumba sin comer y mira, miro,
y la muerte, la niña,
me tiende una sonrisa mientras palpa
mi testuz con la mano que pudiera ser de ángel.
La muerte, esa chiquilla que aún viene de Sodoma
como si nunca el dios quisiera perdonarnos.

1 comentario:

Elisa Fiz dijo...

Sobrios y fuertes, estos poemas que nos ofrece. Seguiré su poética.