jueves, 9 de agosto de 2007

ANTONIO AGUILAR RODRÍGUEZ















Mencionado por:
José Óscar López
Javier Moreno
José Daniel Espejo
Marta Zafrilla
Joaquín Piqueras
Alfonso García-Villalba
Andrés García Cerdán
Alberto Chessa



Menciona a:
José Óscar López
Diego Sánchez Aguilar
Javier Moreno
Antonio Lorente
Cristina Morano
José Daniel Espejo
Josep M. Rodríguez
Txema Martínez
Harkaitz Cano
Lorenzo Plana
Elena Medel
Julia Piera
Luis Muñoz
Andrés García Cerdán





Bio-bibliografía

Antonio Aguilar Rodríguez. Nací en Murcia en 1973. Actualmente trabajo como profesor de Educación Secundaria. He publicado los libros: El amor y los días (Universidad de Granada, 1998)- Premios Federico García Lorca-; El otoño encarnado de Ives de la Roca (Editora Regional de Murcia, 1998) –Premio Antonio Oliver Belmás. Allí donde no estuve (Rialp, 2003) –accésit Adonais-.
He publicado poemas y relatos en diversas revistas como La casa subterránea, Hélice, La isla desnuda, Litoral, Némesis, H o El coloquio de los perros, y he sido antologado en las colecciones de cuentos El corazón delator, Integrales y derivadas; y en Yo es otro de Josep M. Rodríguez y Periféricos de Ignacio Elguero.
He hecho incursiones en el mundo de las artes plásticas con la exposición Jardines clandestinos en la galería T20 y colaboro actualmente en Onda Regional de Murcia.
Blog: http://www.cajadetormentas.blogspot.com/





Poética

Entre el placer y la necesidad. O viceversa.





Poemas


MAÑANA DE DOMINGO

Mi alegría es la melancolía
y mi reposo son estas molestias.

Miguel Ángel Buonarroti.

Ha preparado el desayuno esta mañana,
se levantó temprano y lentamente
dejó crecer la masa.

Como en un sueño
ha recordado
la espesura del tiempo,
el ritmo giratorio de las cosas,
que pasaron, que pasan.

Por un momento breve
anidó por sus ojos
el ajetreo de los pájaros.

Después en esta poca luz
que la mañana ofrece a quien madruga,
rocía los buñuelos,
y se sienta a fumar
contemplando en silencio las volutas del humo
frente a la calle.

(Allí donde no estuve)





REDENCIÓN

La cabeza que pende hacia la barra,
la luz hecha de pan,
el pelo rubio, largo,
que casi alcanza la madera.

De entre todas las cosas la mañana
la ha elegido a ella, Dulce nombre de María.
También cabe el dolor
como un cáliz abierto de cristal
entre sus labios,
como un hilillo de saliva
entre las comisuras,
igual que una canción
puesta al aire...

Ella no es de este mundo. Lee
arrobada las últimas noticias,
las crónicas, el obituario,
y con una mirada dulce nos bendice
desde fuera del tiempo,
más allá del café,
de las mesas vacías, más allá
de la luz refractada en los cristales,
de la retama y de los hilos telegráficos.
Ella no es de este mundo. Ella cierra,
desde fuera del tiempo,
los ojos, más allá.
Ella que nos envuelve con su luz no violentada
a modo de esperanza.

(inédito)





HOY HA MUERTO MI ABUELA

Hoy ha muerto mi abuela,
un ser pequeño, exangüe,
horizontal.
Una sábana blanca y una mantilla,
que alguien le había regaló en vida,
tapaban su cuerpo enjuto.
No estaba hermosa.
No se podría decir que estuviera en paz.
Estaba allí simplemente
a expensas del dolor.

Todos sabíamos que aquel cuerpo
era el cuerpo sin vida de alguien
a quien habíamos amado,
a quien habíamos conocido,
de quien habríamos oído hablar en algún momento.

Observé a través del cristal
su nariz pronunciada por la delgadez extrema,
los pómulos descarnados,

la piel flácida.
Un ser único e irrepetible,
frente a esa masa informe
que poco a poco iba llenando la sala de espera,
diluyendo el dolor
en un dolor compartido en fracciones minúsculas,
en porciones de un pastel de cumpleaños.

Luego en la homilía
al cura le sonó el móvil.
Un hombre obscenamente gordo
que levantaba los brazos
como marcando unas comillas imaginarias
sobre la palabra de dios.

Tan sólo en una ocasión citó su nombre,
y luego habló de un padre y un hijo,
-de Agamenón y de Ifigenia-,
habló de cosas extrañas,
que en algún lugar
dentro de muchos años
tendrán sentido,
cuando ya no nos importen,
cosas que se esclarecerán para tener algo que ver
con los que estábamos allí,
con la que estaba allí,
frente al altar,
dentro de la caja cerrada.

No dijo que el dolor era como un eclipse,
que llega poco a poco,
que lentamente da su bocado seco,
que luego se aleja dejando un rumor
de hojarasca pisada,
que es áspero como una cicatriz.

En aquel momento, en mitad de la homilía,
sólo sentí el estómago vacío,
los pies cansados,
nada que ver con mi abuela,
nada que ver con nadie que estuviese allí,
y aún menos con aquel hombre
que miraba la pantalla de su móvil
mientras recitaba los Evangelios
de una memoria aburrida y monótona.

No dijo que el dolor nada tiene que ver
con quien lo provoca,
que el dolor es cosa nuestra.

Más tarde en el coche
me eché a llorar,
me eché a llorar por mi abuela muerta,
mientras sonaba la música
en el coche
de vuelta a casa, solo,
con esa emisora,
escuchando el adagio de la sonata II
para viola de gamba y clavecín
de Juan Sebastián Bach.

Lloré por mi abuela
en el coche
de vuelta a casa, solo,
cuanto no había llorado por mi abuelo,
al que quise con locura,
como el amor que hay entre dos amantes.

Lloré por mi abuelo.
Lloré por mi abuela.
Lloré por mí.
Espacios estancos.
Eso era todo.
Dolor por dolor.

(inédito)

9 comentarios:

Pedro Pergamo dijo...

Si me permites la osadía "Hoy ha muerto mi abuela", que he leído unas 6 o 7 veces me parece el mejor poema sobre el duelo que he leído nunca, o no he leído tanto o no hace falta hacerlo. Gracias.

Antonio Aguilar dijo...

Gracias, Pedro. Este poema es especial para mí por muchos motivos, por lo que dice, por quiénes lo dice, por cómo lo dice. Aunque creo que el elogio excede a la realidad.

Ramón A. López dijo...

Hola, Antonio. Esta mañana, hojeando libros de poesía en Expolibro (soy de Murcia), he tropezado con "Allí donde no estuve". Con solo echar un vistazo y leer algunos versos, me he dado cuenta de que era el tipo de poesía que me gusta, y que encuentro muy pocas veces entre autores contemporáneos. DAdo que también escribo, busco a otros cuya poesía pueda conectar con la que yo llevo tantos años procurando perfeccionar. Lo he comprado, y lo he ido leyendo despacio. Son muchos los poemas que me han gustado, pero destaco "El ahogado", porque ha sido el que me ha impulsado a comprar el libro. Si no te molesta, dejaré más comentarios en tu blog.

Ramón A. López dijo...

Bueno, no sé si el comentario anterior te ha sido enviado o si lo he borrado sin querer al registrarme en el blog. Si lo veo publicado me enteraré, si no, supongo que vagará por el ciberlimbo, o quizá entre los comentarios que no consideraste adecuado hacer públicos.
Un saludo.

Antonio Aguilar dijo...

Hola Ramón A. López, gracias por tu comentario. Hacía meses que no entraba aquí, desde que le contesté a Pedro, y por eso no te había dicho nada. Muchas gracias y siento que no nos hayamos cruzado, aunque haya sido aquí, antes. Te invito a que visites mis blogs, cajadetormentas.blogspot.com y mi salondelospasosperdidos.blogspot.com.

Mi correo es lanuevaresistencia@gmail.com

Un abrazo y gracias por tus palabras.

Antonio Aguilar dijo...

Hola, soy Antonio Aguilar, el otro. El que ha publicado alguna antología de poesía y algún ensayo. El que tiene en su bibliografía títulos que nunca escribió y premios que nunca recibió. El que se sintió el poeta más afortunado del mundo el día que supo que un libro que nunca escribió había recibido el accésit de un premio al que nunca se había presentado. El que ama y odia con locura al otro otro. O sea a ti. Que ahora firmas con tu segundo apellido y que ya nunca me sorprenderás con un nuevo título en mi bibliografía. A veces sueño con los libros que escribes. Con los poemas que escribes. Y luego los leo aquí. Aumentados y corregidos. Perfectos ya para su publicación. ¿Por qué me has sido infiel? Yo jamás firmaría con un segundo apellido. Me gusta ser yo y el otro. O sea tú. Con todo mi afecto,
Antonio Aguilar
El Otro

Antonio Aguilar dijo...

Yo tengo entre mis libros uno que no sé cuando escribí. Un día un compañero me trajo una antología para que se la firmara, Todo a cien, y no supe decirle que no, que no era yo, o que era yo en una parte mínima, en esa parte de la coincidencia. Así que lo firmé y luego, cuando al tiempo le aclaré el error, me regaló un ejemplar. Cuando alguien me visita y repara en mis libros yo no le aclaro la confusión, dejo que pase por mío, sí, es cierto, es algo rastrero, pero bueno, si el fin es seducir a alguna chica bien empleado está. Muchas gracias, Antonio Aguilar, por tu comentario. También escribo en el salondelospasosperdidos.blogspot.com y me encantaría hablar contigo, conmigo algún día.
Además, es curioso, otra coincidencia, que tu comentario lo has dejado justo el día que cumplo treinta y seis años. Mi cumpleaños, en parte un día que nos envejece a los dos.

Gines dijo...

Hola, amigo Antonio:

Hoy un admirador de tu poesía, les ha hecho también llorar. Qué profundo el poema dedicado a tu abuela, es magistral. Enhorabuena que sigas aportando a la poesía y a los amigos cosas tan buenas como estas, aunque nos dejes el corazón escogido.

Un abrazo,

Ginés Reche

David dijo...

Tan triste,
la tristeza que trenza los trapecios y las tragedias.

Bien hallado.