miércoles, 4 de julio de 2007

ISABEL RODRÍGUEZ
























Mencionada por:
Antonio Crespo Massieu
Rafael Calero
Mario Cuenca Sandoval
Luis Oroz
Ivonne Sánchez Barea

Menciona a:
Francisco Brines
Enrique Gracia Trinidad
María Rosal
Juana Castro
Mario Cuenca Sandoval
Francisco Caro
Jerónimo Muñoz Palma
Soledad Sorribes
Damingo F. Faílde
Ana Rosetti
Antonio Crespo Massieu
Alejandro López Andrada
Juan Carlos Rodríguez-Búrdalo
Pablo García Casado
Valentín Martín
Rafael Calero





Bio-bibliografía

Nací y viví mi infancia y mi adolescencia en el devastado Madrid de la posguerra, en su frío y su grisor. Me he dedicado profesionalmente a la enseñanza en Secundaria y he impartido clases en Madrid, Barcelona, Córdoba, Durango (Vizcaya) y Priego de Córdoba, donde resido hace veinticinco años. He escrito catorce libros de poemas, una novela, una novela corta, una serie de relatos. Acabo de terminar mi último poemario y trabajo en una nueva novela.





Poética

Creo que todos tenemos una poética, pero muchas veces nos es difícil definirla en unas breves palabras. A mí me lo es, sin duda. Si tengo que resumir brevemente mi poética, creo que lo mejor será recurrir a Antonio Machado: para mí la poesía es, ante todo, decir “unas pocas palabras verdaderas”. Puede que el poeta sea un fingidor (lo es en el sentido de que, como expresa José Alcalá-Zamora, “No es confesión la poesía: / Mis versos dicen de mí, / pero no son biografía”), pero yo creo con Lorca que “el poeta dice la verdad”. Una verdad que no tiene por qué ser biográfica, pero que es profunda y real, y de ahí, de esa verdad honda, irrenunciable, nace la poesía. Al menos, la mía. Volviendo a Machado: “Se canta lo que se pierde”, tal vez tenga un tono elegíaco, pero no siempre. También hay en ella una profunda vitalidad. Y formalmente, creo que el sentido del ritmo es lo más notable. Eso me parece, a saber si disparato…





Poemas


V E R A N O

Qué fulgor derramado esta luna de cera,
qué imparable este río
de mis venas abiertas
vertiéndose incesante en tu mar sin orillas.

Qué raudal de agonía
desatinada y plena
de mi boca a tu boca,
de tu mar a mi arena.

Qué deslumbrante herida,
qué llama inapagada,
qué dulce y ardua furia de cuerpos anudados,
qué tierna la derrota después de la batalla...




II


Tan alta era, tan alta,
la torre de tu cuerpo.

Y tan honda, tan honda,
mi raíz de misterio.

Yo no acerté a escalarla.
Tú no bajaste al centro
profundo del deseo.

(Primavera lloraba
soledad a lo lejos).

Se levantó la noche
desde un mar de silencio.

(De “Ardiendo en el Ocaso”)





PRIMAVERA MORTAL


Me duelen los cabellos
y las ansias...

R. Alberti


Me deslumbra el fulgor de esta mañana
atónita y redonda, su sol alto,
ese hachazo de luz
hendiéndome la carne desde arriba,
esta carne de sombra,
de silencio y de flores agostadas.

Me hace daño este azul
de quieta aguamarina suspendida,
este aire incierto y denso y sus aromas
de magnolia lejana,
su toque levemente corrompido
sobre mi carne ajena,
sobre mi piel inerme.

Me sobresaltan las tempranas voces
de primavera en todas las esquinas
de este día que surge,
oro y rosa y azul,
su algarabía
de pájaros cantores en la fronda,
el tañido del aire entre las ramas,
las voces del amor
asaltando en tropel esta paz muerta
de soledad y asombro.

(De “Los Rosales Oscuros”)





PENÉLOPE

No creáis en mi historia.

Los hombres la forjaron
para que el sacro fuego de inventados hogares
no se apagara nunca en femeniles lámparas.

No creáis en mi historia.
Ni yo esperaba a Ulises
-tantas Troyas y mares y distancias y olvidos...-
ni mi urdimbre de tela
desurdida en la noche
se trenzaba en su nombre.

Mi tela era mi escudo,
no del honor de Ulises,
no de la insomne espera
del ya más extranjero
que los osados príncipes que acechaban mi tálamo.

Y si el arco de Ulises
esperaba su brazo,
es porque yo al arquero
sólo desdén profeso,
y nada me interesan sus símbolos de fuerza:
sus espadas, sus arcos,
sus cascos tremolantes
y las espesas sangres
de su inútil combate.

No creáis en mi historia.

Cuando volvió el ausente
me encontró defendiendo con mi ingeniosa urdimbre
mi derecho inviolable al tálamo vacío,
a la paz de mis noches,
al buscado silencio:

La soledad es un lujo que los dioses envidian.

( De “Tiempo de Lilas”)




PURA VIDA

Como una aparición, como un milagro
inesperado y súbito,
aquel caballo dominando el prado.

Blanco, impaciente y libre,
nerviosamente caracoleando
o repentinamente quieto,
inmóvil,
como un ídolo antiguo y muy lejano.

Todo puro presente, pura vida,
sin apenas ayer, sin horizontes
más allá de los montes recortados,
el limpio azul, el sol y los olivos
y la profunda soledad del campo.
Sin la aguda nostalgia de lo ido,
sin la punzante duda del mañana,
sin la pugna constante
entre lo que pasó y lo no llegado.
Libre de la esperanza y el recelo:
allí, tan sólo estando.

Su imagen acompaña mis desvelos.

Aquel caballo blanco en aquel prado...

(De “Oleajes”)

4 comentarios:

Javier Martín dijo...

Me han gustado estos poemas que le he leído. Espero que no le importe que haya colgado uno de ellos en un blog que tengo para intentar acercar la poesía a mis alumnos (yo también soy profesor). Si desea verlo está en http://quedepoemas.nireblog.com
Si por lo que sea no desea que este poema aparezca ahí, hágamelo saber, que lo borraré de inmediato.
Un abrazo.

Marina dijo...

Preciosos poemas...

Sofía dijo...

Ha llovido mucho, Isabel. Echo de menos tus letras, pero a ti no te olvido.

Un abrazo grande.

Sofía.

Isabel Rodríguez dijo...

Javier, disculpa que no te haya contestado antes, pero no he entrado en Las Afinidades... y no había visto tu comentario. No sólo no me importa, me encanta que hayas incluído en tu blog ese poema, que además a mí me gusta especialmente.Te agradezco tu lectura y la inclusión del poema. Me encanta tu blog, he leído cosas preciosas, y que compartas con tus alumnos tu amor a la poesía me parece genial. Qué potencia la de la chica china, ¿verdad? Me ha impresionado.
Espero que sigas con ese entusiasmo, es un soplo de aire fresco en este mundo de desencanto y cinismo. Saludos.