jueves, 12 de julio de 2007

BEN CLARK















Mencionado por:
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Bio-bibliografía

Ben Clark (Ibiza, 1984). Premio de Poesía Mariano Villangómez 2001. II Premio Josep Pla, 2001. Publicaciones: Secrets d’una Sargantana (Ibiza, 2001), Solstici d’Estiu VI (Fundació ACA, 2002), Capítulo Tres (Libros del Claustro Alto, 2005), Cabotaje (Premio Arte Joven de Baleares, 2005), Los hijos de los hijos de la ira (Premio Hiperión 2006 ex aequo con David Leo García). Ha recibido la beca para jóvenes creadores de la Fundación Antonio Gala. Estudia y trabaja en Salamanca.





Poética

Es fácil ser difícil. Lo complicado es ser sencillo. Estas dos frases, que obviamente no son mías, han dictado –incluso antes de que yo lo supiera– mi obtuso quehacer poético. Porque, en el fondo, soy un narrador frustrado. Empecé con este tremendo oficio de muy pequeño y, como todos los niños explotados laboralmente, trabajé y trabajé sin prestarle mucha atención a nada más. Casi sin quererlo dejé de lado las matemáticas, la geografía y la química: me había condenando a poder desempeñar una única tarea en la vida que, además, resultó ser inacabable y de un valor más que discutible. Soy poco amigo de los grupos poéticos, muy amigos de los amigos poetas –y de las amigas. Quisiera, algún día, escribir un buen poema. Con esa esperanza (y con un lugar cómodo y tranquilo para leer) me conformo.






Poemas


La hora del paseo
Un hombre que ha salido con su perro,
un hombre que ha salido muy temprano,
que pasa por delante de la mar
sintiéndose distinto a la mañana
anterior, repitiendo sin embargo
cada paso de ayer, como una máquina.
Se ignora si es la bestia quien lo lleva,
o si en cambio conduce el ser humano;
o si se necesitan mutuamente
como se necesitan con urgencia
los amantes los sábados.
Amanece despacio y alguien grita
sin que nadie pregunte ni responda.

Y es que sólo hay un hombre paseando,
no arrastra tras de sí ningún dolor,
no representa nada, no es un símbolo
de ningún tipo, no es una metáfora
de la pena y la angustia de vivir,
hay poemas mejores para aquello.

Aquí sólo hay un hombre que ha sacado
a su perro a la calle unos minutos.
Que pretende volver en cuanto pueda
a la cama a seguir imaginando
que el perro se le muere, que de pronto
se le destina a un sitio donde nadie
entienda una palabra en castellano.
Un sitio sin correas. Eso piensa
el hombre que pasea con su perro,
el hombre que ha salido tan temprano
porque le aterroriza que otros hombres
puedan interrogarle con preguntas
sobre la raza y sobre las costumbres
del animal que tiene amordazado,
mientras sale a la calle con su perro
aburrido del mundo, junto al mar,
y piensa que ha vivido muchos años
y que ha sido feliz muy pocas veces,
y que ha tenido varios perros buenos
pero sólo un amor, y ese fue malo.

(inédito)






Análisis sintacto

IV

Para Alberto de la Rocha

HOY es domingo en casi todo el mundo.
Pero aquí, sin embargo, muere el miércoles,
porque aquí la semana está borracha.
Y en su ebriedad, a veces, se le ocurren
cosas estrafalarias, por ejemplo
supo que me dejaste un jueves frío,
un día sin anécdotas –aparte
de que tú me dejaras –.
Y desde entonces siempre que se aburre
–y se aburre a menudo –
se entretiene conmigo transformando
cualquier mañana en miércoles, cualquier
radiante día nuevo en aquel día
en que sentí que el viento me miraba
un poco compasivo, cuando vi
–o eso me pareció – un gesto tuyo
en aquella mujer del restaurante,
la que no estaba sola.
Aquel miércoles
tan largo y tan espeso que avanzaba
hacia el último jueves de mi vida.

De Los hijos de los hijos de la ira





Acero inoxidable


II

"Hijos de la bonanza" nos llamaban:
los que no conocieron ni hambruna
ni las agudas larvas de estridencia
chillando en el oído por las bombas.
Y cuando nuestras piernas tan delgadas
caían y sangraban porque el parque
era de un hormigón armado y frío,
se quedaban callados, observando
nuestro llanto con un gesto de sorna.

Debíamos vivir y dar las gracias
por la ocre rozadura en la garganta
que provocaba el aire al refugiarse.
Agradecer las flechas de las nubes
y que un fango lechoso a nuestros pies
-en un último gesto agonizante-
le mordiera las botas al progreso.
¿Y cómo agradecerles la alegría?
La risa provocada por los hombres
inocentes del mar
cuando se encaminan hacia el río
dispuestos a bañarse entre excrementos.

También estaba el tedio
de tener que explicarles a los niños
palabras como pueblo indio, oso
pardo, ballena azul o lince ibérico.
Pero esto eran minucias, sacrificios
en nada comparables con el sufrido
por aquellos que ahora nos decían
"hijos de nuestra sangre", tan severos.

Aunque a veces, es cierto, no era fácil,
simplemente intentamos ir viviendo.
Haciendo caso omiso al comezón,
al vacío que moraba en nosotros,
hijos de la bonanza;
los hijos de los hijos de la ira,
herederos de todos los despojos.


De Los hijos de los hijos de la ira








4 comentarios:

Gata dijo...

Un SALUDO, BEN.
ME IDENTIFICO CON TU COMENT DE NO GRUPOS, SÍ PERSONAS , INDIVIDUOS AMIGOS. TODAS LAS CONCIENCIAS SON VALIOSAS Y ATESORAN.
TANTO BUSCAR LA ENERGÍA GRUPAL..

Luciernaguilla dijo...

¿Cómo puedes ser tan pequeño y tan grande?

Te admiro por no envidiarte.

José Antonio Gallardo dijo...

me alegra volver a leerte y encontrarte por aquí. Publicamos juntos en el primer número de Anayita. Espero que lo conserves y te invito a visitar mi blog en construcción. un saludo, sigue a tus palabras

Revista Viento en Vela dijo...

ben,

me llamo benjamin morales, pertenezco a una organizacion que hace cada año un festival de poesia en la ciudad de mexico.


queremos invitarte a venir. es en octubre de este año. nosotros cubririamos tus gastos y leerias en varias mesas con otros poetas jovenes de iberoamerica.

no se como contactarte asi que puede escribir por favor??? asi te explico mejor el proyecto y te mando las cartas invitacion y compromiso.

mi correo es vientoenvela@hotmail.com

espero leas este mensaje, aun asi voy a seguir intentando.

b