miércoles, 13 de junio de 2007

JUAN LUIS CALBARRO






















Mencionado por:
Eduardo Moga
José María Castrillón

Menciona a:
Agustín Fernández Mallo
Arturo Tendero
Eduardo Moga
Estrella Sánchez Marcos
José Luis Puerto
José María Castrillón
Juan Carlos Mestre
Juan Manuel Rodríguez Tobal
Luis Javier Moreno
Mª Ángeles Pérez López
Máximo Hernández
Ricardo Hernández Bravo
Tomás Sánchez Santiago



Bio-bibliografía

Zamora, 1966; reside en Palma de Mallorca. Poeta, historiador y crítico literario y de arte. Ha publicado ocho títulos; son los últimos Sazón de los barrancos (poemario, Cáceres, 2006), La mano y la mirada (crítica de arte, Palma de Mallorca, 2006) y La duda como premisa (crítica de arte, Palma de Mallorca, 2007 -en prensa-). Entre 2002 y 2004 dirigió en Fuerteventura la revista literaria Perenquén.



Poética

Si uno tuviera una poética, seguramente no escribiría poemas. No es que menosprecie la importancia de tener una poética clara: es que carezco de ella y dudo que nunca alcance a formular una que me cuadre. Lo único que hasta ahora acierto a señalar es qué cosas hacen que un poema sea para mí una experiencia enriquecedora. A saber: que el poema no pase por mí sin consecuencias, que yo no sea el mismo después de haberlo leído. Que ningún concepto del poema sea irrelevante, y que ninguna de las palabras que expresan esos conceptos sea prescindible. Que el poema contenga un mundo autónomo que me incomode y me permita reorientar mi pensamiento, y no sólo confirmar las certezas o prejuicios que me hacen la vida más fácil. Que, si confirma mis certezas, les aporte una luz nueva, reveladora. Que no sea pedestre, que no sea banal, que no sea comercio de funcionario. Declarar el modo de conseguir esto me resulta imposible; por eso escribo poemas.



Poemas


[De Sazón de los barrancos, 2006]

Catilinaria

Mucho después de constatar
la dulce concavidad del fósil,
tan lejos de la adecuada variedad de roca
como de la olvidada instigación,
tu fiesta ya no es caminar infantil, sino más bien
pediatra sudoroso, no sal de minerales, sino
sustento de luminoso, falso coleóptero,
no sulfato de cal. Y el clavicordio que golpeas
(¿ansias de música?, ¿adaptación al medio?)
nada tiene que ver con la jactancia juvenil de
ese gato montés que anda acechando
la sed,
la multiplicación de tus pezones,
la solemne inscripción,
veneno de pez o golpe de verdasca
en una sola sombra,
absolutamente montés el gato.


Antiguas contradicciones (I)

No ángeles caídos, no Paul Klee, no Benjamin.
No la trampa de la metapoesía.
No el respeto a las idiosincrasias.
Sólo un sistema de paralelismos, poco más.
No la furia; la codicia de la sangre.
No la paz alambicada de los tigres.
No la industria, no el hielo, no las babas.
Tan sólo un verbo caliente como caldo.
No el juego de los significantes.


Antiguas contradicciones (y II)

Hacia el interior.
Hacia el fondo en agraz de los barrancos:
hacia el interior.
Lejos del son de las excavadoras.
Donde está la raíz
y nacen las corrientes, si es que nacen.
Hacia el rumor de nubes.
Lejos del mar del tráfico y del tráfico y
de la luz del mar: muy sin metales.
Hacia el interior.
Donde crece el cardón.
Donde la nada.
Hacia el interior:
donde volaba el guirre.
Hacia el claro misterio de las aguas.
En el justo momento
(todo momento es justo).
Sin calzado especial: hacia la vida.
Con el riesgo constante de
ser sal para siempre.
Hacia el interior:
con desnudez pisando aquella roca.
Como un presentimiento, sin nunca
haber osado.
A conciencia, con saña:
hacia el interior.
Con el mirar pequeño y
dos pulmones.
Parando en
cada mata, en
cada insecto,
con la dulce avaricia de los viejos.
Con la desesperanza de los débiles: tocando
cada brizna.
Cada roca.
Hacia el interior:
hacia el interior.

1 comentario:

bydiox dijo...

No conocía a este poeta... pero oye, creo que me va a gustar... y mucho.