sábado, 19 de mayo de 2007

JOSÉ LUIS GÓMEZ TORÉ





















Mencionado por:
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Bio-Bibliografía

José Luis Gómez Toré (Madrid, 1973) Ha cultivado la poesía, el ensayo y el teatro. Como poeta, ha publicado Contra los espejos (1999, Premio Blas de Otero), Se oyen pájaros (2003), así como He heredado la noche (2003), poemario galardonado con un accésit del premio Adonais.
Es autor del ensayo La mirada elegíaca. El espacio y la memoria en la poesía de Francisco Brines (2002), Premio Internacional Gerardo Diego de Investigación Literaria.




Poética

Digo cantil
como digo tu cuerpo
o mis manos vacías.
Me arriesgo a las palabras.
Escribo en la impaciencia de la luz,
en la blanca inclemencia del amor,
en este extraño vértigo que soy
cuando digo
anochece.





Poemas



Paul Celan duerme en un río de olvido

1970

París es buen lugar
para hacerse de lluvia.
Decir es ser un eco.
Aun después del silencio,
la madre muerta sigue pronunciando
en alemán su indescifrable ausencia.
Acude tercamente,
sin elección posible,
traición para ser fiel cada palabra,
una amapola ardiendo de memoria
que suena a muchas voces,
que debe repetirse y que se pierde
porque ya no hay orillas,
porque ya no hay orillas sino fondo.

París es buen lugar
para ignorarse lluvia.
Ahora es preciso reposar sin albas,
no soñar con ser piedra,
ser eco solamente sin origen
como si nada fuese,
como si la luz fuera
el reverso culpable de la sombra,
como si fuese madre hasta el rocío.

París llueve tu insomnio.
Que la nieve pregunte por los muertos,
pero sólo la nieve,
sólo la nieve nombre su blancura.
Duérmete, Paul Celan,
con los ojos abiertos
y perdónale al agua su pureza.

(De He heredado la noche)




fragmentos

Son fragmentos
y la piedad del aire
hace gesta la luz. Nadie pregunte
quién teje este temblor
de muerte y pájaros.

Son heridas, son sílabas, son nombres,
es olor de cantueso y transparencia,
es tan sólo ese sol
que gotea del fruto,
es esta piedad justa
que lava la mirada
de quien no la merece,
de quien no la merece todavía,
miel de infancia en los párpados.

Es la no luz del cuerpo.
Es también esta arcilla
caliente del lenguaje
y este rumor que pronuncian las manos
e ignoran pero saben las palabras.

Podría no decirlos.
Son fragmentos.
La urdimbre de la nieve.





la mujer en la luz

Vermeer

Esta mujer debe verter el agua. No lo hace todavía. Habita espera. El agua espera. La mujer espera. Sólo la luz no espera. La mujer la ha invitado y no lo sabe. Ha abierto la ventana porque tenía sed. Su sed de espacio lava los ojos de quien no beberá la transparencia.

La luz debe verterse sobre el agua.

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