miércoles, 2 de mayo de 2007

IRIS BLANCO






















Mencionada por:
Juan Andrés García Román
Marta Merino

Menciona a:
Abraham Gragera
Ángeles Mora
Antonio Gómez
Antonio Orihuela
Carlos Pardo
Chantal Maillard
Coral Bracho
Daniel Caro
Juan Andrés García Román
Juan Antonio Bernier
Juan Carlos Reche
María do Cebreiro
Susana Velasco (Ludotek)





Bio-bibliografía

Córdoba, 1978. Escritora de habitación cerrada y abierta, habita los umbrales, que no le otorgan el don de la ubicuidad, pero acaso cierta perspectiva biaxial, plural. Ha estudiado literatura, teoría literaria y filosofía. Actualmente se dedica a deambular por Berlín. Frecuenta el Morgenrot.
Ha publicado con seudónimo un libro sobre Michel Foucault, reseñas sobre Ángeles Mora, Juan Carlos Reche, Jesús Aguado, Antonio Orihuela, entre otros.
Tiene un poemario inédito, El olvido circular y algunos poemas perdidos...





¿Poética…

No concibo una poética a no ser como práctica de nomadismo, como experimentación constante. En el camino voy pensando qué tipo de poema me gustaría como lectora e intento acercarme con lo que hago. Escribo poco, cuando el cuerpo me lo pide (cada poema es como una mala digestión). No creo que la escritura sea un “oficio”, sino una búsqueda, una fiesta: fascinación por la palabra.
Pero en cualquier caso, entre lo que yo quiera escribir y el texto hay al menos dos distancias: lo que ustedes finalmente lean y lo que el lenguaje haga consigo mismo. La distancia que existe entre los poemas y el autor es tanta como lectores posibles (el poema es un cuerpo de alma variable). Entre palabra y palabra, un pliegue y un afuera. Y luego, el juego de las palabras consigo mismas, esa ontología del lenguaje que lo hace inhumano, extraño, inhabitable. No me refiero a que uno mismo lea su propio texto y no lo entienda, o a que cada vez que uno lea el mismo poema le de/ le encuentre otro sentido; sino a la experiencia de que el lenguaje no nos pertenece, de que tiene vida propia.
En el cruce de estas tres facetas los poemas dicen o callan (en cada poema, el silencio), se muestran (la página escrita, la imagen) intermitentemente (esto suena un poco a Heidegger, pero ciertamente es Blanchot).




Poemas



La Isla

La vida en la isla era grisácea y húmeda

Pingüinos y albatros habitaban sus extensiones
y un mar circular la recorría atrayendo cuerpos
deshabitados e inevitables

La vida era apenas un rayo
Y perduraba






I. Berlín

Volver a la anarquía de las horas
la templanza de las puertas que se giran
lentas y grandes
como una gran peonza
confiada
y hablar como si esta mano fuera mía
unánime y pausada
consciente
sin embargo
de la distancia
que cada letra imprime

Volver al vicio del silencio
que se instala con esa irrealidad
que ilumina los films
en blanco y negro.
Cierta materialidad
que difumina, plenos, los rincones.

Obviar la lluvia, los tranvías, la noche
temprana, los aviones, la mañana leve, los recuerdos
imaginados, los olores
extraños.
A veces.

Cultivar el olvido que hilvana
las costumbres,
cierto júbilo
de ausencia






II.

Mis ojos no se acostumbran a esta luz que no saben interpretar
que desconocen.
La piel, sin embargo, ha sido más sabia
Una blancura inusitada la recorre
transparentando
recuerdos
no vividos quizás
intuidos o imaginados


mudada
piel
Otra
Otro













I.

A veces,
aunque parezca improbable,
me disuelvo
levemente.
Será el olvido que se agarra
o el tiempo que martillea,
obsesivo y
circular.

A veces me debato entre las algas
(que no es nuevo, pero el (d)olor
a mar no se aprende,
duele siempre).








Otras,
parece que no hay nada más
que dejar que se escape la última
burbuja
bajo la piscina
que no baje nadie a recogerme de esa infinidad
verde

el sueño acuático en la boca, el pulso lento, la calma
que olvida al cuerpo
pequeño
y un silencio que no molesta.
Será que una parte se quedó allí ya
desde siempre
buceando canciones de letargo
verdes
las olas mínimas y medidas.





II.

A veces,
la espuma ondea espesa y arrastra
cualquier recuerdo, cualquier cuerpo.
La cara contra el fondo

sin aire que respirar.
Una mala película, todo se nubla, todo se nitiva, o cambia de color, con esa luz de desierto que quiere imponer su existencia, sin conseguirlo.

Y todo tiembla pequeño,
menos orientado, menos arraigado… menos todo…
y es imposible plantear la cuestión de qué tiene esto
que ver…
con nada.







III.

Será esta mirada acuática la que recrea
cierta imagen del silencio
como de luna líquida
o de página extrañada
de su propio desleimiento.
(Siempre la huella…)

Y
es que
no todo
el que es
aniquilado
mira
al cielo.

6 comentarios:

toño dijo...

la vida en la isla sigue grís no obstante arroja algo de luz leerte a las dos y veintycuatro.

un saludo, soy antonio alfaro me puedes encontrar aqui en la página

Sin Cara dijo...

Impresionaaaante. Todavía estoy alucinando con el pasaje del fondo de la piscina.

Mariano Cruz dijo...

Pues yo quiero leer ese libro sobre Foucault..eh.. eso. Es sobre sus inicios literarios? Salud!!!!

Josué Ramírez dijo...

Me gusta la descripción evocativa con que compones tus poemas. Por estas geografías la grisura la da la contaminación y el frío se rompe pronto por los motivos de inversión y cosas tan excesivas como no sé, tanta y tanta cosa suspendida. Me gusta la brevedad y la precisión de tus versos, el personaje que ve a través de ellos, melancólico pero no decadente, tiene claro el ánimo.

Jordi Bresoli Blasi dijo...

...y es imposible plantear la cuestión de qué tiene esto
que ver…
con nada...

que bueno!!!
un abrazo!

Frank dijo...

Saludos a Iris y a su poesía.

Mi vagón está en Costa Rica, aunque mis padres son españoles.

Hermandad en la poesía.

Saludos, Frank Ruffino.