viernes, 11 de mayo de 2007

FERNANDO LORENTE BARAJAS
























Mencionado por:
Esther Peñas

Menciona a:
Felipe Benítez Reyes
Guillermo Espinosa Río
Rodolfo Franco
Antonio Gamoneda
Lara López
Manuel López Gil
Francisco Martínez Calvo
Ana Isabel Palacios
Esther Peñas
Mar Sancho
Santiago Sastre Ariza





Bio-bibliografía

Fernando Lorente Barajas nace en Madrid (1958). Licenciado en Literatura Hispánica por la Universidad Complutense.
Ha escrito doce libros de poemas, de los que se han publicado solo los dos más breves: Elegía del militante y La miel y la hiel, dentro de la antología Nuevos autores de la poesía española/3, publicada por Editorial Jamais (2001).
Escribe también prosa (narración corta) y algo de teatro. Trabaja como Técnico Bibliográfico en la Organización Nacional de Ciegos Españoles.




Poética

Escribo como necesidad extrema, para contarlo y contarme, para aplacarme, para agradecer y denostar, para reivindicar la palabra como la herramienta que más nos acerca a la idea de dios y de nosotros mismos. Intento por todos los medios ser fiel a mí mismo. Si algún día llego a la conclusión de que es imposible me dedicaré a otra cosa. Mientras tanto escribo.





Poemas




Contemplaciones


Uno

La palabra se ensucia al enunciarla.
Se queda dentro de su forma
acorazada y temerosa,
apresada en las estrías de la voz.
Permanece allí amedrentada
la otra más profunda, la no dicha,
diferencia entre oro y oropel.

La palabra dicha de tan necia
se impla, fatua y jactanciosa,
con su sonido nimio y desgastado
y apenas es un rastro de la aún callada,
apenas huella leve de su pisada recia.



Dos

Lo que pienso se corrompe
y alumbra lo que luego digo.
Puede que ambos se encuentren
y negocien el precio de lo expreso
en territorios contiguos al teatro
donde habita el olvido,
donde duerme la luz,
donde reina el silencio.

Porque sé que yazgo en mí,
acorazado y temeroso,
apresado en las estrías de mi vida.
Porque sé que el suelo enorme
de la celda en que me pudro
mide justo la distancia
entre vida y existencia.



Tres

La ventana se empaña suavemente
con el frío del invierno.
Galopan por la calle los chiquillos
al amparo de la prisa.
Gritan y ríen y se arrojan nieve
perpetuando su contento
con la límpida savia que rezuma
su inocente algarabía.

En la casa de enfrente una muchacha
desangra suavemente en el piano
la lacia dejadez de sus lecciones.
Severa la maestra, regurgita
su impotencia en el teclado
y la cría ya no quiere ser princesa
ni siquiera por un día,
ni pájaro, ni risa, ni cantante…

En el tejado unos gatos se acicalan,
cien palomas torpes zurean defecando
y el humo omnipresente va tiznando
los contornos de la obstinada azotea,
que se defiende erizándose
inútilmente de antenas.

Sobre mi corazón desorientado
lates tú con insistencia:
pan candeal, trigo te me presentas…
No sé ni decirte apenas.
Tu aroma me suicida los recuerdos:
compartimos nuestra carne
tan cauta y mansamente disfrazada
de distancia disculpable.



Cuatro

Tu nombre te explica con su habitual destreza.
Desde mi ventana apagada con tu ausencia
te lanzo con furia cinco letras esgrimidas
muy a mi despecho y con puntería certera.

En la cueva donde apuro el reflejo de tus besos,
en el centro justo de tu apellido postrero,
domo un haz de labios que te digan precavidos,
que alíen sin suspicacia mi sintaxis y Cupido.
Tú me clavas tu mirada clara entre las cejas,
te ríes y vas desintegrando con tus pies la acera.
Yo ya no puedo esperarte y bajo las escaleras.



Cinco

La ventana ha apagado su cristal.
El invierno se ha dormido ante la luna
y el frío va escarchando subrepticio
las palabras que agonizan en la calle.

Yo te miro dormidamente ajena.
Tiendo mi corazón junto a nosotros.
Se vuelve terciopelo entre tus manos
orientado por fin su itinerario.


(Del libro Veleidades de mi sombra)

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