lunes, 2 de abril de 2007

VENTURA CAMACHO










Mencionado por:
Alma Aguado Calvo
Rosario Villajos
Rafael Calero
Domingo C. Ayala
Mario Cuenca Sandoval
Trinidad Gan
Yolanda Sáenz de Tejada
Juan Carlos Friebe
Jordi Corominas i Julián

Menciona a:
Alma Aguado
Mario Cuenca Sandoval
Carlos Pardo
Rafael Calero Palma
Alberto Santamaría
Jorge B. Ortiz
Rubén Martín
Juan Antonio Bernier
Julieta Valero
Lara Cantizani
José Daniel García
Elena Medel





Bio-bibliografía

Ventura Camacho. 1975. Barcelona. Licenciado en Filología Inglesa por la Universidad de Barcelona trabaja de educador social. En agosto de 2005 se muda a Granada donde en la actualidad reside y estudia un doctorado en Literatura española e Hispanoamericana. Gana el Premio Federico García Lorca 2006 de Poesía de la Universidad de Granada con la obra De Nagasaki a Novosibirsk (en prensa). Funda la revista digital http://www.ciudadpoetica.com/ para la difusión de la poesía y el fomento de la lectura. De su experiencia como educador surge Alas de insecto que inaugura la Colección de Poesía Alea Blanca de Granada, con una serie de poemas que se adentran mediante un diálogo entre el educador y el menor por algunos de los aspectos más relevantes de la intervención educativa en un centro residencial de menores.


Poética

Poética del adstrato. Soy la convivencia pacífica de todo lo que me invade: Mis primeros discos, el desorden de mis lecturas, las enseñanzas en el aula, el juego en la calle, mi vocación de educador, la educación recibida en mi familia, mi voluntad de respuestas, mi barrio, el mundo, las respuestas comunes servidas en bandeja, el tiempo y mis contradicciones, el potencial de la infancia y los trenes de cercanías. Como persona me preocupa todo lo que tiene que ver con el comportamiento del ser humano y tengo una voluntad de última hora de reflexionar sobre los límites de la verdad en la que vivo y sobre los límites de mi propia geografía. Por todo esto, los personajes de mis poemas salen de viaje con los restos de mi mismo, destrozado contra las paredes del mundo que habito antes de que cada poema.


Poemas

Kyoto

Me bastarían quince minutos, estoy seguro, para llegar al supremo hastía de mí mismo.Jean-Paul Sartre en La Náusea

Ryonosuke nunca había leído a Sartre,
ni a Nietzsche.
No le había dado tiempo
y tampoco lo necesitaba
para tener nuevos motivos de angustia,
para sentir que su existenciadesde los doce años
le era absolutamente insoportable.
En la adolescencia
no tuvo el valor suficiente
para transformar nada.
Nunca fue un agente de cambio.
No lo fue la primera juventud,
no lo fue Naoko,
no lo fue el efecto rebote de los primeros versos.
-“Nacemos en el primer llanto
recitaba entre pausas tragicómica,
y al morir dejamos un vacío
que sólo llena esa misma lluvia
Esas eran partes de sus reflexiones
al calor de la tristeza.
-“Es la condición del hombre
la rueda del llanto,
y sólo la escritura
nos compensa la desdicha
de la existencia”.
Aunque esta última frase la decía orgulloso
no sabía que Doubrovskiy
a la había dicho antes.

*
Chevemjovo

No supimos hacer del silencio una virtud
Por hablar demasiado fuimos perdiéndonos de vista,
no vimos como crecía nuestro silencio
(se hacía mayor, incomprendido),
y más tarde, por callar a destiempo,
no supimos reparar el olvido adolescente,
la separación de bienes intangibles,
la crisis matrimonial de las palabras.


Ulst-IlimsK

Bajo los escombros
de mi renovada moral de principios de siglo
agonizaban mis últimos impulsos elementales,
los restos de un subconsciente
venido a menos durante el destierro,
tras el fracaso
de un golpe de estado mental inoportuno.

No supe de mi síndrome de Ulises
hasta pasado dos meses,
cuando harto de deseos frustrados,
de impulsos reprimidos contra el cristal,
de haber rehecho veintidós veces
mi conciencia hecha pedazos,
veía el mar de lejos y lloraba.

Fui feliz mientras busqué la felicidad.
Esa fue mi última voz interior
al abrigo de la derrota mundial,
de la muerte y de lo breve.


De Nagasaki a Novosibirsk
Premio federico garcía Lorca 2006
Universidad de Granada



* Diferenciábamos abiertamente
entre autonomía moral e intelectual.
Fingíamos saber lo que decíamos.
Éramos grandes fingidores sin verdades propias
que llevarnos al discurso.
Hasta que llegaste tú,
con la docilidad con la que se posan el tiempo
y el polvo sobre las cosas,
centrifugando la inutilidad de las verdades que importan,
cuestionando nuestro poder visionario,
y desmitificando nuestra tan henchida cosmovisión.
Nos llevabas, en un proceso lento y natural,
hacia un minimalismo más desenfadado,
hacia el mundo de las pequeñas cosas
que nos sobreviven sin preguntarse quién las vive.

*
Giramos de improviso
treinta grados espacio/tiempo/sur.
La lentitud de los mapas
evidenciaba en el parabrisas
el retroceso que en la lengua
dejan las despedidas.
El reflejo del sol en el asiento
y tu dedo húmedo
buscando por la ventanilla
el viento de poniente,
nos volvieron a orientar
con dudosa precisión.
Coordenadas espacio/tiempo reestablecidas.
Ahora entiendo aquello que decías
sobre la dificultad de definirnos.Somos una amable crisis, decías,
en busca de soluciones
no demasiado prácticas.
Una excusa, añadía yo,
para tener la vida como instrumento.
Invento y doctrina, sentenciabas,
voluntad y conciencia.
Todo es pura mentira,
y en eso estábamos de acuerdo,
en el diálogo constante con la verdad.


*

Con sólo un gesto
la lógica del tiempo
se imponía como un trapo
sobre la soledad del polvo.

*

Con los astros alineados
no nos quedó más remedio
que mirar la vida
a través de una radiografía.
Es curioso que lo que una vez
evidenció una enfermedad
proteja ahora
nuestra nueva manera
de vivir un diagnóstico