miércoles, 18 de abril de 2007

RAFAEL-JOSÉ DÍAZ



















Mencionado por:
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Joan de la Vega




Bio-bibliografía

Nació en Santa Cruz de Tenerife en 1971. Fue lector de español en la Universidad de Jena (1995-1998) y en la Universidad de Leipzig (1998-2000). Dirigió entre 1993 y 1994 la revista Paradiso. Como poeta ha publicado los siguientes títulos: El canto en el umbral (1997), Llamada en la primera nieve (2000), Los párpados cautivos (2003), Premio Tomás Morales de poesía 2002, y Moradas del insomne (2005). También han visto la luz varias entregas de su diario, entre las que cabe destacar La nieve, los sepulcros (2005). Ha publicado traducciones de los siguientes autores: Arthur Schopenhauer, Hermann Broch, Philippe Jaccottet, Gustave Roud, Jacques Ancet y Ramón Xirau. Por último, ha aparecido recientemente Rutas y rituales, una selección de sus ensayos escritos entre 1993 y 2003.

http://www.rafaeljosediaz.blogspot.com/



Fragmentos de poética

El poeta (al menos el poeta que yo desearía ser) escribe siempre en los bordes del sueño: en la incertidumbre del adormecimiento o en la lenta resurrección del despertar; en la encrucijada de los caminos; en la oscuridad de la noche irrigada de estrellas; junto a las tumbas de los muertos, frente a esa última morada que es a veces la luz crujiente del mediodía; en habitaciones vacías asediadas de pronto por remotos recuerdos; bajo acantilados extasiados ante los pliegues de un mar inaccesible; en medio del bramido de un viento que desgasta y desnuda las palabras. El poeta (al menos el poeta que yo desearía ser) habita desde el principio los límites difusos de un umbral en el que las palabras se adelgazan para cruzar silenciosas entre la vida y la muerte.




Poemas


LAS SIETE CAÑADAS

El volcán no es un sueño. Tú y yo lo rodeamos
por las siete cañadas bajo el sol
que giraba más lento que nosotros.

No dormía el volcán. Acompañaba
los pasos entre flores, los abrazos furtivos
como hogueras al borde de otro cielo.

Tú descubriste para mí dos pájaros
conversando abrasados por las ramas
que ardían con el fuego antiguo del volcán.

El sol o el ojo o el cráter
daban luz y embebían
la luz que sólo daban los párpados del sueño.

Párpados,
tus párpados,
enhebrados al sueño de los míos.

Como la tela de la araña
que vimos resistirse al viento
y a la presencia oscura del volcán,

así los párpados delgados
buscaban en el aire el centro intacto
de la vida y la muerte.

Secreta estancia del amor, adonde
tú acudías de muy lejos, del centro
de una tela tejida entre el sol y la nada.

No era un sueño el volcán. Por las siete cañadas
nos decía la luz que no era un sueño
el amor, que otra luz verían los ojos a la sombra del sueño.

[De Los párpados cautivos, Las Palmas, Ediciones del Cabildo de Gran Canaria, 2003]






BRECHA SOLAR

Pienso ahora
que ha sido sólo aquí, en este banco
de un parque en el que fui
un niño que corría, se internaba
entre las hojas de la tarde
y se escondía
tras los troncos de arbustos y palmeras,
fingiendo olvidarse de su madre,
pero siempre pendiente de sus ojos, su voz;

que ha sido sólo aquí, en tantos días
de veranos sucesivos, de brechas
abiertas entre tiempos de ausencia o de ceguera,
donde el sol descorría
las cortinas de nubes, delicado,
y bajaba hasta el cuerpo, hasta la ropa
ligera que lo cubre en el verano,
hasta el libro, hasta el iris
de los ojos que leen, hasta
las manos que componen sin saberlo otro libro,
menos luminoso;

pienso ahora, también, aunque tal vez
lo haya sabido siempre, que estas nubes,
en su danza, descubren
y cubren, o desvelan y velan la mirada
calurosa del sol, y con sus gestos
de nada hacen que el cuerpo todo
se estremezca y recuerde lo que nunca sintió,
sienta ahora lo que nunca ha pensado
y piense en este instante y más allá
de este instante, del sello
huidizo del sol sobre el espíritu,

que ha sido sólo aquí, en este banco
de madera ya casi despintada,
donde el sol se ha entregado de verdad,
donde el cuerpo ha sabido,
desde siempre,
que su carne es un mínimo fragmento
del sol que ahora se derrama,
tímido,
por una brecha abierta entre las nubes.

(De Moradas del insomne, Barcelona, La Garúa, 2005)





EN MEDIO DEL CAMINO

Con qué paz
me rodean
estos pinos
que nada
sabrán nunca de mí.

A lo lejos
se escuchan unos pájaros.
Trenzan sus tímidas
canciones
y yo no las entiendo.

Estoy dentro del bosque
y a la vez
estoy tan fuera de él
con mis zapatos, mi ropa,
mis palabras.

Entre las ramas cruza
una niebla muy leve.
Se oye un soplo subir
desde el fondo del bosque.
Se desliza una brisa por mi piel.

Va llegando
la noche.
No quisiera perderme
en el camino
de vuelta.

La vi ya
al ir bajando: en medio
del camino, una flor
alzada por un tallo hasta la altura
de mis ojos, blanca.

Ahora rodeada
de más oscuridad, de un verde
más profundo, es casi
un milagro ofrecido al caminante
por el bosque.

No es agua
para saciar la sed,
no tiene aroma ni excesiva
belleza, es sólo
una flor blanca en medio del camino.

Aprisa, aunque yo crea
que el blanco de esa flor podría iluminarme,
lo cierto es que la noche
nos tragará a los dos, si me descuido.
Debo ya regresar.

[Inédito, 2007]

2 comentarios:

alumno dijo...

Hola profe!!! que tal?? me parece genial que seas escritor, no nos lo habias comentado... eres la polla! nos vemos mañana.
deW

Alicia dijo...

Estos tres poemas son de lo mejor que aparece en esta página. Me gustaría leer más de este autor.