miércoles, 4 de abril de 2007

PILAR ADÓN















Mencionada por:
Elena Medel
Pepe Ramos
Marta López Vilar

Annelisa Addolorato

Sofía Rhei

Dolors Alberola

Javier Vázquez Losada

Menciona a:
Dolors Alberola
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Julio Espinosa Guerra
Elena Fuentes
Carmen Jodra
Marta López Vilar
Elena Medel
Vanesa Pérez-Sauquillo
Sofía Rhei
Julieta Valero




Bio-bibliografía

Pilar Adón (Madrid, 1971). Ha publicado, entre otros, el libro de relatos Viajes Inocentes (Editorial Páginas de Espuma), por el que obtuvo el Premio Ojo Crítico de Narrativa 2005, y la novela Las hijas de Sara (Alianza Editorial). Ha sido incluida en diversos volúmenes de relato: Ni Ariadnas ni Penélopes (Editorial Castalia), Todo un placer (Editorial Berenice) o Contar las olas (Ediciones Lengua de Trapo). Ha publicado relatos y poesía en distintas revistas y suplementos literarios: Babelia, Eñe, Turia, Müsu… Ha traducido el libro de relatos Parecidos razonables, de Christina Rossetti (Editorial Funambulista, 2006) y la novela El mentiroso, de Henry James (Editorial Funambulista, 2005). En 2006 publica el poemario Con nubes y animales y fantasmas (EH Editores), y forma parte de distintas antologías poéticas: Los jueves poéticos (Ediciones Hiperión), La voz y la escritura (Sial Ediciones), Hilanderas (Ediciones Amargord) o Todo es poesía menos la poesía (Editorial Eneida).

Más información: http://www.pilaradon.com/





Poética

Son pocas las veces en mi poesía en que la voz no alegoriza sobre las cuestiones que más me preocupan: la soledad, la niñez, la fertilidad, la procreación, el anhelo de lugares lejanos… Puedo plasmar en mis poemas a las mujeres que admiro, los autores y autoras a los que amo, mis juegos infantiles, una imagen en el espejo, los viajes que he hecho y los que no he hecho, los animales que he tenido, los libros que me han marcado… La idea esencial suele centrarse en que, tras la pretensión de tranquilidad habitual, se suceden pasiones y temores secretos que dominan nuestra realidad.




Poemas



Estas piernas húmedas no me pertenecen.
Caminan junto a mí, pero no son las mías.
Mi corazón sabio me sugiere que no me asuste, porque no son mías.
Mis piernas han desaparecido,
suplantadas por trozos de carne húmeda que no reconozco, que olvido.

El azul de los brazos,
la devoción de los labios,
el giro de la cabeza hacia el firmamento. Universo negro.

Creador de paraísos ajenos, ¿en qué dirección buscarte?

Virajes, latitudes, orientación en brújula.
Vergel de verdes pájaros y sonidos mansos,
explícame en qué cumbre. Explícame cómo. Y dime, ¿por qué esa altura?
Semejante altura para seres tan diminutos.

No puedo interrumpir ahora la huida. Iniciada está y seguiré.
Las piernas no mías me orientan.
Observador de mi escasez, háblame.
¿Cómo sabré que puedo detenerme?

De “Con nubes y animales y fantasmas” (EH Editores, 2006)



***



¿Quieres algo de mí? ¿Has llamado a mi puerta?
Dije sí al cansancio y dije sí al temor.
Dije sí a la más profunda pérdida de lo habitual y a la charla amable
bajo los pinos iluminados por el farolillo de noche.
Dije sí a los ojos siempre abiertos y a la extrañeza.
Y, ahora que lo sabes, dime, ¿quieres algo de mí?
¿Has sido tú, en realidad, quien ha llamado a mi puerta?

De “Con nubes y animales y fantasmas” (EH Editores, 2006)




***



La nueva mujer


Aplazo la decisión de moverme.
Aplazo la posibilidad de transformarme en otro ser.

No deseo convertirme en un tronco maduro
del que comiencen a brotar ramitas fuertes y hermosas.
Aplazo la búsqueda de alimento, la construcción de una cúpula
bajo la que esconderme.
Rechazo el movimiento hacia una postura quizá más cómoda
o quizá más insoportable aún. El aislamiento. El abandono.
La carencia.

Renuncio al salto sobre el río
y a la nueva mujer que empuja dentro de mí.

De “Con nubes y animales y fantasmas” (EH Editores, 2006)

1 comentario:

viviana solaroli dijo...

Pilar me gusto especialmente tu poema donde te preguntas si alguien llama a la puerta y tanto que traté de interpretarlo. Espero no haber sido demasiado concluyente. Es algo asi:
No, no fue un otro el que llamo a su puerta, a no engañarme, sino los conocidos de siempre: el temor, el cansancio, la charla amable y la extrañeza. En el fondo le habria gustado, quiza, que hubiese sido un otro el que golpeando y ella abriendo, la sacase de su machacadas cosas. Pero no. En absoluto. Nada de esto ocurre. Un desdoblamiento de si misma. Solo ella con sus cosas. Sin embargo, hay una pregunta que hace, el interlocutor? quien sabe? Es como un mensaje en una botella tirada al mar. Es decir algo eventualmente, o mejor, todavia, al divino boton.