martes, 10 de abril de 2007

JUANA CASTRO





















Mencionada por:
Isabel Pérez Montalbán
Rosa Lentini
Elsa López
Milena Rodríguez
Isabel Rodríguez
Julio Rivera
Domingo F. Faílde
Dolors Alberola
Esther Muntañola
Matilde Cabello
Prudencio Salces
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Mercedes Escolano
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Francisco Morales Lomas
Mª Luz Escuín
Josefa Parra
Francisco Vélez Nieto
Javier Montoro
Lucía Rosa González
Ángela Mallén
M. Cinta Montagut
María Solís
Rafaela Sánchez Cano
José Cañuelo
Antonio Flores Herrera
Enrique Sánchez Campos

Menciona a:
Aurora Luque
Isabel Pérez Montalbán
Julia Uceda
Noni Benegas
Eduardo García
Rafael Guillén
Dolors Alberola
Domingo F. Faílde











Bio-bibliografía


JUANA CASTRO. Villanueva de Córdoba 1945. Maestra especialista en Educación Infantil. Articulista y crítica literaria. Publicaciones: Cóncava mujer (1978); Del dolor y las alas ( 1982); Paranoia en otoño (1985); Narcisia (1986); Arte de cetrería (1989), 2ª ed. La Palma 2004; Alta traición (1990); Fisterra (1992); No temerás (1994); Del color de los ríos (2000); El extranjero (2001); Los cuerpos oscuros (2005) y las antologías Alada mía (1995), Memoria della luce (1996) o La extranjera (2006). En prosa Valium 5 para una naranjada (1990). Medalla de oro de Andalucía. Premios “Juan Ramón Jiménez”, “Carmen Conde”, “San Juan de la Cruz”, “Solienses”, “Carmen de Burgos” –éste de artículos periodísticos- y “Meridiana”, del Instituto Andaluz de la Mujer.




Poética

Escribo poesía porque lo necesito: para saber, para comprender, para desentrañar. Y porque cuando llevo mucho tiempo sin hacerlo me siento sucia y me sube peligrosamente la tensión (arterial).




Poemas


MÁS ALTA


Daba el sol en lo alto y mi sangre se alzaba
de su propia marea dibujándose en olas.
Hervía el agua en el fuego, y las tijeras
esperaban su turno junto al lienzo
de hilo perfumado de espliego.

Poco a poco la carne fue tornándose espuma
hasta que, yo en la cumbre, sin caballo
ni tregua me entregué a la carrera
de un ansia que colmaba la sien del mediodía.

El dolor y el placer iban ambos a una.

Me agarré a los barrotes de acero de la cama
y embestí, como pude, aquella tempestad
de la que era yo misma capitán y jadeo.

Nunca estuve más alta que, cuando entre los truenos,
oí que la matrona -marino sin frontera-
cantó más que gritaba "ya está aquí".
Y era yo sola el mundo, y entre mis piernas daba
a la luz otro mundo recobrado del frío.





MADRE DEL AGUA


Llueve sobre vosotros y llueve en mi garganta.
Llueve entera la noche este silencio y llueve
sin arca que refugie
vuestra piel en la rosa de los vientos.

–Hoy a madre le temblaba el mentón.
Chorreaban las puertas sin un ancla de amparo,
y la casa crecía,
y yo pisaba charcos descorriendo el oído
del diluvio y la nada.
Porque ahí en el brasero se sientan mis mitades,
esos dos niños huérfanos que no conoceré.
Y traigo una carcoma colgándome en los labios,
pero no sé el camino de las hojas brillantes
y me vuelvo a mi casa
y os dejo con la lluvia y el temblor de los trenes.

–No me quiero morir.
Mientras entro en mi cama oigo afuera la lluvia,
la lluvia en vuestro embozo,
la lluvia que os empapa las sombras y las manos,
mi lluvia vuestra, huérfana,
mis niños arrecidos, tan huérfanos de mí.





LA BOLSA O LA VIDA

Tú los ves ahí colgados, tirados, y dices,
vaya cosa, son cosa de mujeres, tonterías,
lo llevan para meter el pintalabios,
el móvil, quizás una compresa. Y te olvidas.

Pero ellas no olvidan, lo llevan como a un gato,
como al fiel compañero, como su santo y seña,
como su claro ex-libris.

Te equivocas si crees, en tu inocencia,
que esa cosa de rafia o de piel beige
sirve para tener a mano el colorete, las llaves, el perfume.

Yo la he visto de noche,
esa cosa respira, es una megalópolis,
no está quieta por dentro, es multiforme y crece.
A la hora del pan huele a cerveza,
y cuando está nublado
te puedes encontrar con que ahí dentro
hay una hija, un sol, unas tijeras
de robar rosas rojas.

Ahí, a tres de julio, he visto amanecer los pájaros cantando
y había un abanico para un novio
y una estrella de miel para la madre.
En el rincón azul, las gafas de coser,
las recetas del padre a la fecha de hoy,
la muestra de la tela –preciosa– que le dio el tapicero.
Al fondo la novela, la última, de Doris Lessing
y el bono de 10 horas del gimnasio.

Por ahí pasa un río,
pasa el día, la música, la niebla...

Esa cosa. Mi bolso.

Que va a dar al mar.

5 comentarios:

Escritores Independientes de Andalucía dijo...

Juana, gracias. Además de una enorme poeta, eres un sol. Abrazos

Dolors

alma dijo...

tan lindo...
el del bolso...
tan lindo...
me gustaría regalarte un elefante rosa fanzine. donde te lo mando?
conmigomecito@hotmail.com

ROSER dijo...

Descubro a Juana Castro, leo su poesía, me emociono, me sumerjo en su mundo, escribo poemas.
Gracias Juana
Roser

Blumy dijo...

Yo soy italiana y quiero saber los titulos de libros de Juana
gracias
BLUMY

Ángel Tébar dijo...

Poedeis descubir mucho sobre Juana Castro en juanacastro.es