martes, 3 de abril de 2007

JUAN MIGUEL LÓPEZ MERINO























Mencionado por:
Karmelo C. Irribaren
Pepe Ramos

Menciona a:
Nicanor Parra
Ernesto Cardenal
Ángel González
Antonio Gamoneda
José Emilio Pacheco
José María Álvarez
Miguel Casado
Fernando Beltrán
José María Parreño
Karmelo C. Iribarren
Roger Wolfe
Juan Antonio González Iglesias
Pepe Ramos





Bio-bibliografía

Juan Miguel López Merino (Madrid, 1973)
He publicado el poemario El invierno metido en los pulmones (Oviedo, Línea de Fuego, 2002), el ensayo Roger Wolfe y el neorrealismo español de finales del siglo XX (Zaragoza, Pórtico, 2006) y la edición crítica conjunta de los poemarios Días perdidos en los transportes públicos y Hablando de pintura con un ciego de Roger Wolfe (San Sebastián de los Reyes, Universidad Popular, 2004).
He publicado en revistas traducciones de poemas y relatos de autores como el ruso Vladimir Vysotsky o los norteamericanos William Carlos Williams y William Saroyan.
He sido incluido en las antologías Poemas para cruzar el desierto (ed. Ángel Sierra, Oviedo, Línea de Fuego, 2004) y Poesia Espanhola, anos 90 (ed. Joaquim Manuel Magalhães Lisboa, Relógio d’Agua Editores, 2000).
Desde hace más de un lustro vivo en países de la ex Unión Soviética.




Poética

ESTA PIEDRA EN EL CANTO

No eres más bella porque te lo diga:
eres hermosa aunque no lo sepas.
No le hace falta al árbol mi poema;
soy yo el que necesita de ambos,
del árbol y el poema y de vosotras,
mujer bella e idea de belleza.
Y sois todos imagen de mí mismo,
que me construyo en estos versos
sin plan preconcebido aunque resulte
ser mi expresión la que aparece bajo
los ciegos martillazos en la piedra.
Está tan sucio el mundo de palabras
que gritan o susurran «yo soy esto».

(Inédito)




Poemas



A LA INMENSA MAYORÍA

Naces porque otros quieren,
creces sin elección posible
y te enseñan reglas —que acabas
considerando tus verdades—
de supervivencia y recato.

Y así vives, sin miramientos,
con tu puñado de apetitos lícitos,
con un fardo de convicciones
como todo conocimiento,
ajetreado por mil menudencias
que tienes por imprescindibles,
amando u odiando según convenga,
haciendo o dejando de hacer
pero dejándote llevar siempre,
sin grandes penas, sin más gloria
que ser otro correcto ciudadano
ducho en reproducir esquemas
con pequeñas variantes de catálogo.

Y llegará el momento en que te mueras
creyendo perder algo, necio
de la cabeza a los pies,
fiel e inconsciente cumplidor
hasta el último de tus días
con el nimio papel de figurante
que no está claro si elegiste.

(De El invierno metido en los pulmones, Oviedo, Línea de Fuego, 2002)





CRIMEA
La frívola elegancia
de las palmeras, apeladas
por el fluido tránsito
de la brisa.

Se sirve de tu ojo el sol
para brillar; la música no suena
si tu oído
ignora el orden de su intermitente
énfasis de silencios.

La realidad: aquello que atraviesa
las rejas de tu percepción.

Qué poco sabes tú de lo que pasa.
Tal vez no pase más que lo que sabes.

Pero después de todo, dime:
¿Qué importa que no importes nada, casi?
¿Acaso no es perfecto el orbe ahora
(ése que te construyes y te atrapa),
acaso no es lo que ha de ser,
lo que será de nuevo, lo que ha sido
desde que hubo luz y un ojo
para verla?

(Inédito)






UNA ROSA ES OTRA ROSA ES OTRA ROSA

En esta luminosa primavera
otra más luminosa me figuro.

Los olmos de Viena son aquellos
que vi hace media vida en Santander.

Los olmos que veré en otras ciudades
serán éstos que ahora me imagino.

La vida siempre está donde no estamos,
donde estuvimos o creemos
haber estado ya, donde algún día
esperamos estar, donde los otros,
donde te encuentres tú, donde la sombra
del maldito paraíso.

Jamás habrá más perfección
de la que hay ahora, ya lo sé,
ni más cielo o infierno, pero dónde.

(Inédito)