domingo, 15 de abril de 2007

JUAN FRAU



Mencionado por:
Juan Manuel Romero
Eduardo López Truco
Elena Felíu Arquiola
Esperanza López
Iván Vergara

Menciona a:
Esperanza López García
Juan Manuel Romero
Lorenzo Oliván
Elena Felíu Arquiola
Pablo Guerrero
Josefa Parra


Bio-bibliografía

Nace en Madrigalejo en 1970, aunque vive en Sevilla, en cuya universidad es profesor titular de Teoría de la Literatura. Su primer libro de poesía es Travesía (1995, Universidad de Sevilla), 1º premio en el I Certamen Literario de la Universidad de Sevilla. Ha sido incluido en la antología Alzar el vuelo (2006, César Sastre editor) y ha publicado poemas y relatos en revistas como Alaluz, Anuario del Mediodía, Tempestas, La vaca de muchos colores, Adarve o Capela. Ha escrito textos para los espectáculos audiovisuales Oriente-occidente y Rihla, de La Zanfoña móvil. Como investigador, ha publicado los libros La teoría literaria de León Felipe y Realidad y ficciones del texto literario.




Poética

Escribo porque leo. Siempre he disfrutado al encontrar palabras que obedecían a extrañas leyes y que conseguían emocionarme por su forma: a veces por la forma de decir las verdades y a veces por la forma de construir unas ficciones que tal vez remitían a otras verdades o tal vez no. Aparte de la honestidad poética –que no tiene nada que ver con la utilidad pública o con la sinceridad-, no creo que el poeta esté sujeto a obligación alguna. Entiendo por honestidad poética el respeto por la escritura -por el lector y por uno mismo- y la seriedad hasta cuando se bromea. Como lector, aprecio la diversidad; como escritor, hago lo que puedo. Creo que sin la forma no hay poema (cuanto se añada, a partir de ahí, será bien recibido). Reivindico las cadenas y los estribos de la métrica, temo los excesos de una excesiva originalidad –cuya ingenuidad no es siempre de mi gusto- y no olvido que el verso nació junto a la música.






Poemas


TEOREMA DE FUNES


No se parece en nada. Es bien distinto
un domingo de un lunes,
un corazón de una coraza grande,
unos ojos que vi, y unos ojos que veo;
pero sólo tenemos dos palabras:
etiquetas monótonas,
tarjetas de visita, ecos vacíos.

La producción en serie
no nos viene del siglo XVIII,
es mucho más antigua. En el primer mercado
vendieron una frase al amante primero;
era de un solo uso
pero el primer amante era pobre y tramposo,
hizo copias, remiendos, y siguió
repitiendo lo mismo hasta su muerte
(eso es economía del lenguaje).

Somos sus herederos, desde entonces
masticamos las mismas dos palabras
queriendo vanamente decir algo; olvidamos
que ya fueron usadas una vez
y que además, y sobre todo, no es lo mismo
un domingo que un lunes,
un corazón que una coraza grande,
unos ojos que vi
y unos ojos que veo.

(Del libro Travesía, 1995)




A UN NOMBRE EXTRAVIADO EN EL CAMINO

Ya no tengo tu nombre,
lo he perdido,
y ahora
no sé cómo te llamas; no lo encuentro
por los bolsillos, ni en mi calendario,
ni en el aire estancado en las cortinas;
recuerdo algunas letras, pero no sé en qué orden
debo juntarlas; sigo, por lo tanto,
buscándolo, y remuevo
los muebles, la memoria, los zapatos, me asomo
debajo de la cama, y al espejo, y al mundo
que envejece detrás de la ventana.
Tu nombre no aparece.

Lo noté esta mañana, viendo el álbum de fotos;
cada objeto tenía su palabra:
árbol, torre, turista, nube, cielo,
pero tú sólo eras un pronombre,
apenas eras ella:
blusa azul de tirantes, bolso, gafas
de sol, sonrisa, pantalones cortos...
y ella,
y ,
y cómo te llamabas,
y cómo la llamaba cuando lo hacía en vano,
cuando no respondías, cuando estaba tan lejos
como ahora lo estáis.

No es que quiera llamarte, bien sabemos
que no queda un minuto en los relojes
que rompimos, es sólo
que me gusta saber dónde pongo las cosas,
que no me quiero dar contra tu nombre un día
en el momento menos indicado,
y que noto un vacío escandaloso
en la parte más triste de la lengua:
donde estaba tu nombre tengo un hueco sombrío
que duele cuando va a cambiar el tiempo,
que avisa cuando llega la estación de las lluvias
y asegura una noche interminable
de pupilas clavadas en lo oscuro.

(Recogido en Alzar el Vuelo. Antología de la joven poesía sevillana, 2006)



EL HORIZONTE

Imaginé la espuma, los jirones
de lo que fuera vela henchida un poco antes
y ahora trapo sólo entre las olas;
las tablas esparcidas,
los pedazos del mástil, los toneles
tal vez de vino, tal vez de manzanas
o de otra fruta llenos, los baúles
que dejaban la estela de camisas
sobre un mar ya tranquilo.
Allí un bote de remos volteado,
allí el bauprés y el mascarón de proa.
Y yo tal vez asido a una madera
bajo el sol, contra el viento, a la deriva.
Imaginé esa suerte desde el muelle
mientras zarpaba el barco y se alejaba,
y al tiempo en que buscaba el horizonte
crecía en mí el anhelo de zozobra,
la envidia de los restos esparcidos
por el pecho del mar.
Cualquier marino sabe que el naufragio mayor
es no salir de puerto.

(Revista Alaluz, núms. 1 y 2, primavera-otoño 2001)

2 comentarios:

Vanna dijo...

Bueno, bueno, bueno... ¿qué decir? Vaya profundidad y vaya ritmazo que se gasta el profe. Enhorabuena, caballero.

Manuel dijo...

Sólo quiero comentar que me gusta mucho la forma que tienes de escribir. Un saludo de un ex-alumno.